Fic Toll de Miss Anunnaki
Capítulo 14
A los cinco días, Tom y Bill convivían un poco distanciados. Por un lado el de rastas se distraía fácilmente por la presencia de Gema, y por otro lado el pelinegro salía tarde del trabajo o a veces ni iba al departamento de Trümper, solo iba a la casa de su mejor amiga a hablar de la vida y de paso se quedaba a dormir para marcharse al día siguiente al Café.
En cuanto a Shannon, no le había ido a molestar a su trabajo, pero le mandaba constantes mensajes de texto y le llamaba para arreglar las cosas, claro que el pelinegro no se inmutaba por aquello, no quería tener nada que ver con alguno de los dos Leto, sobre todo porque no tenían códigos entre sí. Igual, él no tenía códigos porque había estado con los dos.
Fueron horas interminables para el chico de rastas, tan solo quería salir y recoger a su compañero de cuarto. Se dio cuenta que ya no actuaba como antes, que a veces ni veía el desayuno o la cena porque Bill desaparecía. Se sintió mal por aquello, había reemplazado a su compañero de cuarto por un culo y una par de tetas provenientes de Gema, pero tampoco podía culparla, la chica parecía ser amable con todos (Aclaro, parecía).
Cuando el jefe dio por finalizada la reunión, todos se pusieron de pie para abandonar la sala de reuniones, el de rastas veía que salían como si fuera el fin del mundo. Claro, trabajar un sábado por la tarde no era común. Observó que una de las secretarias le miraba y se acercó a él algo tímida, no era de esas típicas zorras que hacían hasta lo imposible por llevárselas a la cama, ésta era tímida y utilizaba grandes gafas debido a su problema de visión.
—Ah… Te está esperando alguien en tu oficina —Le dijo la muchacha mientras se trababa al hablar, Tom le sonrió en forma de agradecimiento, le enternecía esa joven.
Salió de la sala y se dirigió a su oficina. Observó a lo lejos una persona familiar, Bill estaba de espaldas observando la planta que yacía al lado de la oficina de Trümper, el de rastas tragó saliva y se sintió extraño de verlo allí parado. ¿Algo grave sucedió para que él estuviera allí? Una curiosidad indescriptible reinó en su mente y quiso averiguarlo lo antes posible.
Bill tenía su bolso sobre el hombro, unos jeans desgastados, una chaqueta de cuero que tenía dos rayas a los costados de su manga y el cabello como si fuera una palmera, le sorprendió ese look, nunca antes lo había visto así.
—Ah… ¿Bill? —Preguntó cuando estuvo cerca, el pelinegro giró y ambos se miraron.
Tenía su rostro angelical perfectamente lúcido, el maquillaje oscuro resaltaba sus ojos, sus labios con brillo lo hacían tan exquisito. Sus mejillas tenían rubor, lucía como un muñeco, un adorable y hermoso muñeco.
—Solo quería invitarte a salir esta noche, vengo de la casa de mi amiga, hoy no fui a trabajar y mañana tampoco voy. —Le comentó de lo más normal, no entendía por qué de repente ese cambio de actitud cuando, en los últimos cinco días, no le había dirigido casi nada la palabra.
Pensó que tal vez estaba enojado por una situación estúpida que lo relacionaba con Gema, pero luego Tom se dijo a sí mismo que era absurdo pensar en eso, porque estaba claro que Bill y él solo eran compañeros de departamento y nada más.
—Ah… me parece buena idea —Dijo confundido. —Solo déjame sacar unas cosas y nos vamos.
— ¡Perfecto! —Sentenció Bill con una hermosa sonrisa, Trümper le quedó mirando unos segundos e ingresó a su oficina para sacar unos papeles y su nuevo maletín. Lucía todo un novato empresario rebelde con sus rastas rubias y su piercing en el labio inferior.
Cuando tuvo todo en su poder, cerró la puerta de su oficina. Ambos se pusieron en marcha, algunos compañeros se detenían a ver a los dos chicos, las secretarias que pasaban por allí observaban con algo de envidia a la chica que acompañaba a Tom, ya que tenía una belleza tan cautivante e indescriptible que ni miles de cirugías podían reemplazar. Pero nadie se daba cuenta, excepto Tom, que la chica que lo acompañaba era Bill y que no eran nada más que compañeros de habitación, de departamento, de desayuno, de lo que sea. Cuando ambos dos salieron del edificio, Tom le abrió la puerta del copiloto y él ingresó segundos después. El vehículo dio marcha y ellos se pusieron a hablar:
—Lamento tanto que no te haya servido el desayuno y la cena en estos días —Empezó Bill por disculparse, su mejor amiga le había lavado el cerebro y ahora solo tenía que ceder a su petición. —Es que con todo este asunto de Shannon y Jared, yo…
—No tienes que pedir perdón —Le cortó el de rastas, le dio una mirada de reojo. —Sé que puede ser difícil esa situación, no digo que lo entienda, claro, a mí nunca me pasó algo como eso, pero no es obligatorio que cocines para mí todos los días.
El pelinegro se quedó callado, analizando sus palabras. Pero para él era difícil abandonar eso, se había acostumbrado tanto a prepararle el desayuno y la cena a sus ex que ya era parte de él hacerlo.
—Solo espero que te encuentres bien —Siguió Tom. —Sabes que, como compañero de departamento, me preocupo por ti aunque no parezca pero no quiero molestarte con mis mensajes ni llamados.
—Y no lo haces —Continuó Bill. —En verdad agradezco que me des una mano en esto, no sabes cuan agradecido estoy por lo que has hecho por mí, y por eso quiero que salgamos esta noche a divertirnos, como lo hacen los amigos.
Tanto Bill como Tom sentían que esa palabra les quedaba corta, como si fuera algo extraño llamarse amigos.
— ¿Puedo preguntarte algo? —Dijo el de rastas mientras doblaba a la derecha, el de melena bicolor asintió. Trümper necesitaba aclarar sus ideas, aún había cosas que no entendía de su relación con los dos hermanos, quiso empezar por eso, tampoco quería saber toda su vida, con tan solo saber un poco le bastaba, así que le preguntó:
— ¿Cómo conociste a tus ex? Digo, no es que quiera sonar entrometido pero hay algo que no me cuadra de que sean hermanos y hayan salido contigo sin ni siquiera matarse entre ellos primero. El pelinegro lanzó un suspiro, no le molestaba hablar de ello, ni tampoco decírselo a quien antes le hacía gritar como una fan maniática cada vez que le miraba.
—Vamos a merendar a casa, esto tiene para rato.
El de rastas había comprado refresco y un paquete de galletitas con chips de chocolate para merendar en casa, oír la anécdota del pelinegro, y prepararse para salir después.
—Bien, puedes contarlo —Le dijo Tom mientras se llevaba dos galletas a la boca, el pelinegro tan solo le miraba sonriente.
El concierto había terminado con harto éxito, los integrantes de Mars se dirigieron al backstage para refrescarse y alistarse para salir a la firma de CD del último álbum. Solo los que llevaban mucho dinero podrían comprar el cd y poder quedarse a ver a los integrantes en persona, y si eras rápido, podías sacarte una foto con ellos.
Bill y su mejor amiga Lissa habían ahorrado lo suficiente como para abastecer toda una comunidad, así que fueron una de las primeras en comprarse el cd que vendían junto con una cinta roja que te daba acceso a quedarte en el predio luego de finalizar la función para que los chicos de Mars te firmaran dicho cd.
Fueron treinta minutos en los que se hicieron interminables a la espera, la banda estaba esperando a que el resto que no había tenido la oportunidad se marchara del establecimiento para crear un ambiente más íntimo entre músicos y fans.
Colocaron a todos los afortunados en el área de cabecera del estadio cubierto, todos esperaban entusiasmados, cuando aparecieron los integrantes de Mars se contuvieron de no desmayarse o chillar como infantes frente a ellos. Pronto la fila avanzaba, y Lissa sentía que se iba a morir. Por su parte, el pelinegro la había acompañado, había escuchado un par de canciones y solo estaba ahí para acompañar a su mejor amiga.
El turno de ellas se acercó bastante rápido, Jared inmediatamente clavó sus ojos azules en los ojos color miel del adolescente Bill. El pelinegro, que en ese entonces tenía el cabello por los hombros y no tenía las mechas rubias, tan solo quería que le firmaran el disco e irse a la mierda, lo habían destrozado tanto que quería irse a descansar en paz.
—Tú —Le dijo Jared a Bill cuando estuvieron cara a cara. —Quédate con él.
Le hizo señas al de seguridad, le dijo algo al oído y el tipo asintió con gusto. Dejó que Bill se colocara a su lado y observó que atrás venía su mejor amiga, a quién también llamó. Cuando todo acabó, más pronto de lo que se esperaba. Shannon se ocupó de Lissa, mientras que el pelinegro, no se supo cómo, terminó en la habitación de Jared besándolo como si fuera el fin de la humanidad.
Ambos se encontraban sin remera, a Jared no le importó si era un hombre, por su forma andrógina ya lo había bastado para tenerlo entre sus brazos y besarlo hasta que se le hincharan los labios.
Torpemente cayeron en la cama y se rieron.
Fue amor a primer polvo.
—Bueno, no hace falta contarte el resto de esa noche —Le dijo el pelinegro mientras sonreía al suelo recordando aquellos tiempos.
Tom observaba esa sonrisa, al parecer después de todo no había sido una relación tan mala, él se puso a pensar que tal vez lo horrible vino después, a mitad de la historia. Vio que el pelinegro se sentía a gusto de contarle un poco de su pasado.
No le pareció raro imaginarse a dos hombres besándose y entregándose al amor, claro que no, él pensaba que, si había amor de por medio, no importaba lo demás.
Continúa…
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