Fic Toll de Miss Anunnaki
Capítulo 19
Le besó el hombro, el pelinegro jadeó al sentir sus labios sobre su piel. Estaba tan aturdido por la música y el alcohol que no tenía idea de lo que estaba haciendo. El de rastas acariciaba la pierna de Bill, incitándolo a realizar aquello que está prohibido en el cielo. Estaban casi desnudos, la oscuridad era la única testigo de lo que iba a suceder. Ni él ni Tom sabían perfectamente lo que estaban haciendo, el alcohol les hacia levitar, les hacía sentir como si estuvieran en un sueño y solo tenían que concretar el mismo para poder despertarse.
Liberó el humo de su interior, Trümper se encontraba sentado en el balcón de su departamento. Eran las tres de la madrugada, no podía conciliar el sueño, no podía dormir a causa de lo sucedido, y de que todo había ocurrido en su cama.
Escuchó que cerraron la puerta corrediza, se levantó de inmediato y vio al responsable. Bill estaba con un enorme buzo que no era de él, tenía la melena oscura alborotada, no portaba maquillaje y usaba un ridículo pantalón de dormir de nubes blancas con fondo celeste.
— ¿Qué haces despierto a esta hora? —Le preguntó con los ojos casi cerrados, pestañeaba a cada instante. —Mañana tienes que ir a trabajar y sé que lo tuyo es jodido.
Le hablaba como si fuera su madre, el de rastas no podía dejar de ver la pinta que traía. Fumó lo último que le quedaba de su cigarrillo y lo apagó en la baranda del balcón.
— ¿No tienes frío? —Volvió a preguntarle. Bill estaba dormido, y así actuaba cuando recién se despertaba, ni siquiera pensaba en lo que había pasado entre ellos, y eso alivió a Tom.
—No, estaba pensando en un par de cosas —Le contestó mientras se estiraba como un pequeño felino.
Bill se refregó los ojos un momento, luego vio todo a su alrededor y se puso al lado de su compañero, miró hacia abajo, el viento empezó a golpearlo suavemente y él se hizo para atrás. Recordó de inmediato lo que había pasado entre ellos, sus ojos se abrieron de par en par.
—Am, bueno. Qué descanses. —Le dijo y se dispuso a ingresar para ir a su habitación.
—No quiero joderte la vida, pero tenemos que hablar de lo que pasó.
Bill se dio vuelta rápido, ambos se miraron. Él alzó los hombros, como dándole igual si era ahora, mañana o en tres años. Se acercó, se sentó en el suelo, cerca de las barras de metal del balcón, el de rastas hizo lo mismo tomando su lugar.
—Bien, ¿Qué es lo que tienes para decir? —Tomó la iniciativa el pelinegro. Estaba nervioso pero no quería que Tom lo supiera.
No podía acobardarse ahora ya que él había sido quién pidió para hablar de lo que pasó, no podía echarse atrás, tenía que si o si decir lo que pensaba, darle una disculpa y hacer como si nada hubiera sucedido.
—Con respecto a lo que sucedió —Aclaró su garganta, el pelinegro volteó a mirarle, tenía la expresión seria. —Quiero pedirte disculpas. Está bien, estábamos ebrios, lo admito, pero no sé qué nos llevó a realizar… Eso.
— ¿Te refieres a los besos y todo el toqueteo? —Lanzó la bomba el pelinegro. «heterosexual»
—Si, a esas cosas —Dijo el de rastas. — Y no pienso eso de ti, no pienso que seas un acosador o algo peor, pero me causó gracia que lo digas.
—Está bien, puedes estar seguro que no lo haré más, y trataremos de evitar pasarnos con las bebidas. —Tomó aire. —O creo que deberíamos evitar salir juntos.
— ¿Estábamos saliendo? —Le miró Tom, tenía los ojos abiertos de par en par. Estaba perplejo de oír eso.
—Ah, no. Bueno, no quise decir eso —El otro se trababa al hablar, quería tirarse del balcón en ese instante. —Me refiero a que, salir con los amigos. ¡No fue una salida! ¡Salimos todos juntos! ¡No tiene nada que ver!
Trümper no podía evitar reírse por como chillaba su compañero, Bill le quedó mirando y luego se ablandó para también reírse.
Cuando el momento de risa pasó, se quedaron en silencio observando la ciudad nocturna. Martes a la madrugada daba mucho que odiar, sobre todo porque no era miércoles ni mucho menos viernes. Faltaban muchas horas por vivir, mucho trabajo qué hacer, y estos dos andaban hablando en la madrugada de algo que, inconscientemente, querían hacer.
—Bueno —El pelinegro se puso de pie, se sacudió la parte trasera de su pantalón para quitar algo de suciedad. —Dado a que ya concluimos la conversación, señor empresario, yo me voy a la cama.
—Yo también voy —Bill le miró. —Eh, a la mía, claro.
Deslizaron la puerta y los dos ingresaron. Fueron al pasillo, se detuvieron en el mismo, estaba todo oscuro. Se enfrentaron, pero no sabían si se estaban mirando debido a la penumbra que los rodeaba.
—Bien, buenas madrugadas. —Le dijo a modo de broma y se rió bajito. El pelinegro asintió con la cabeza y le contestó:
—Qué tengas una buena madrugada —Le saludó con la mano e ingresó a su habitación.
Al cerrar la puerta, Bill se apoyó contra la misma y dejó escapar un suspiro, no sabía lo que le estaba sucediendo, pero se sentía muy extraño. Era una mezcla de cosas inexplicables, ni él mismo se entendía.
Continúa…
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