Fic Toll de Miss Anunnaki
Capítulo 2
El momento había llegado, Lissa y Bill estaban afuera del boliche, la cita había sido acordada en ese lugar. La muy zorra fue con la ropa más provocadora que pudiera existir. En cuanto a su mejor amigo gay, iba vestido como todo un demonio dispuesto a jugar muy sucio. Tenía un pantalón oscuro ancho con cierres por todos lados, y una remera negra lisa, con una campera de cuero, los ojos delineados, el cabello alisado; estaba para matar.
Él suspiró, preparándose para lo que sea que iba a venir en cuanto se cruzara con Jackson.
—Relájate perra —Le palmeó el pecho. —Solo sé cómo eres, una vil zorra.
—Gracias por las esperanzas, Lis. —Dijo el de melena oscura. —Ahora si me siento mejor.
—No tienes que ser tan cínico conmigo —Le miró a los ojos con su cara de culo.
—Es peor no comer durante el día solo para que esta ropa me entre.
—Claro, como engordas cada segundo transcurrido… —Revoleó los ojos Bill.
—Cállate, mierda —Susurró la joven. —Es mejor que entremos antes de que nos jodan aquí.
Empezó a caminar hacia la entrada, dejando solo a su mejor amigo.
—Prefiero que me jodan unos extraños que Jackson.
La mejor amiga abrió la puerta, y giró para ver que el otro ni se había movido de su lugar.
—Vamos perra. —Le hizo puchero. —No tengo toda la noche.
Bill se adelantó y casi corrió por alcanzarla. Al entrar, el personal de maestranza que cruzaba por allí, fue lo único que pudo admirarlas, ya que los jugadores se concentraban en sus puestos. Lissa resopló, pensando en que tal vez nadie la había visto. Pero a lo lejos divisó a Jackson, alzó una mano y le gritó:
— ¡Hola, Jackson! —Movió su extremidad como una desquiciada. El responsable del nombre se encontraba al fondo del establecimiento reunido con sus amigos. Alzó el dedo índice y sonrió de manera cínica. Sus amigos le dijeron algo y él alzó los hombros, Bill pudo notar esa comunicación.
Cuando quería advertirle a su mejor amiga, la muy zorra ya lo había abandonado y se dirigía a ellos.
—Hola cariño —Dijo Lissa con un chirrido, se inclinó solo un poco, porque no quería ver que sus rollos se salieron por todo el vestido. Besó los labios de Matt, y luego se separó observando al resto. — ¿no vas a presentarme?
—Ah, Lissa —Carraspeó Jackson. —No sabía que vendrías.
La muchacha le miró con cara de culo, los amigos del tipo ya empezaron a comentar entre ellos. Excepto uno que estaba sumido en su bebida, todo desparramado por el asiento.
El de ojos oscuros y cabello rubio, no tenía más remedio que presentar a su cita con los amigos. Uno por uno, cada uno inspeccionaba el atuendo y el trasero de la chica, ella iba toda contenta ya que conocía a los amigos de su crush.
—Y él… —Bufó Matt. —Es Tom.
—Hola —Sonrió Lissa, observándole divertida.
De a poco, el tipo despegó sus ojos de la bebida y le miró, tenía la mirada cansada y se mostraba de mal humor. Rápidamente la chica desvaneció su sonrisa y se transformó en una mueca.
Le sonrió de manera débil. —Un gusto, sexta zorra.
— ¡Hey! —Matt se mostró molesto ante el mal comentario de Tom hacia Lissa.
—No, descuida —Intentó ser amable la chica, pero por dentro quería clavarle los tacos en los ojos. —Está bien.
Mostró una sonrisa a Jackson y él no tenía más remedio que besarla. Pero la idiota recordó que no venía sola, así que se separó y observó hacia atrás, Bill estaba viendo la máquina de ositos que estaba cerca de la entrada, observaba fijamente cada chuchería que había en su interior. Tenía una sonrisa boba.
— ¿viniste con tu amiga? —Le preguntó uno de los amigos de Matt.
Ella iba a responder, y en lugar de eso, puso sus dedos sobre los labios y silbó, llamando la atención de su mejor amigo. Él volteó y le miró, ella le llamó con las manos.
Este era el momento.
Tomó aire, y se dispuso a caminar, yendo hacia ellos. El cabello le molestaba, así que lo corrió todo hacia la derecha, haciendo un movimiento sensual. Un mechón se le interpuso en la cara, por lo que sopló mirando hacia arriba y el intruso se corrió, luego de haber logrado ese objetivo, él sonrió observando al barman que no dejaba de mirarlo.
Su andar era determinante, lo hacía como una modelo, una diva que transitaba por la alfombra roja. Movía sus brazos con estilo, tenía lo glamoroso por sus venas, un chico con mucha clase.
— ¿Esa es tu amiga? —Dijo otro, se le caía la baba de ver a Bill caminando tan jodidamente sexy.
Tom, curioso de ver cómo todo el mundo se inclinaba para ver algo que él no sabía qué era, decidió hacer lo mismo. Pero él se levantó de su lugar y observó.
Pudo ver que esos ojos delineados, oscuros, que resaltaban el iris color miel de los mismos, observaban hacia los pinos que se derribaban, al tiempo que continuaba caminando hacia la tipa, hacia los chicos, hacia él.
Un chico, un poco más grande que Tom, pasó por al lado de Bill y le miraba de pies a cabeza, al mismo tiempo que le susurró algo que solo el de melena oscura podía entender, y bajó la mirada un tanto sonrojado, sonriendo cómo el sol. Alzó su vista para poder encontrarse con el grupo que no dejaba de observarlo, Tom había retrocedido y tomado su lugar, había algo en él que había surgido, y eso era interés.
— ¡Whoa! —Dijo el tercero de los amigos. —Eso fue una entrada triunfal. Soy Sam, un gusto.
Se presentó ante Bill y le tendió la mano, él le quedó mirando. De todo el grupo, Sam era el más educado de todos y el más responsable.
El de melena oscura se lo estrechó con gusto, sonriendo.
—Soy… —Le había salido una voz tan femenina.
— ¡Lina! —Le interrumpió Lissa. —Ella es Lina.
Bill arqueó una ceja, pensando en su interior qué mierda tenía su mejor amiga en la cabeza como para cambiarle el nombre. Pronto todos se abalanzaron a la diva, presentándose, excepto Tom y Matt. Este último estaba desconcertado, era como si conociera a la persona pero por el nombre asignado se le hacía difícil de creer. Estaba sospechando de la identidad de Lina.
—Oh, y él es Tom —Dijo Lissa mirando fijo a su mejor amigo, Bill le asesinaba con la mirada.
Posó sus ojos en el tipo, y se quedó estupefacto. Sus párpados no bajaban, el aliento se le cortó, y sintió una puntada en su pecho. A todo esto, Tom le había mirado, entrecerró sus ojos un poco, algo le decía que eso era un dejá vú, o que ya lo había visto antes porque se le hacía conocido, familiar de algún lugar. Tampoco se atrevió a preguntarle porque no correspondía, apenas y recién lo veía.
—Hola —Sonrió, mostrando aquellos hermosos dientes, hermosa sonrisa, hermosas pequeñas arrugas que se presentaban al estirar la curva de sus labios, todo en él era hermoso; eso decía Bill. —Soy Tom.
—Ah… —Balbuceó. Por dentro se derretía como un helado de agua de frutilla. —Lo mismo.
Se giró y observó a su mejor amiga.
—Tenemos que correr al baño ya. —Susurró y siguió de largo. Por poco y lo veían volar por el lugar.
Las dos «chicas» ingresaron al sanitario de damas, nadie le dijo nada a Bill, claro, él lucía como toda una zorra. Para su suerte, no había nadie que pudiera presionarles, así que inmediatamente el de ojos color miel fue al grano.
— ¿qué mierda se te cruzó por la cabeza al decir que me llamo Lina? —Chilló. —Ni siquiera es un nombre bonito.
Se cruzó de brazos, resoplando como un niño chiquito. Para esas cosas, Bill era todo un jodido profesional, manipulaba y compraba a las personas de la manera más inocente y tierna del mundo. Lissa no podía resistirse al puchero que su mejor amigo estaba lanzando, era como para comérselo entero, le provocaba una ternura indescriptible. Todo un pedacito de algodón de azúcar color rosa.
—Está bien —Vaciló la chica. —Les diré que eres Angelina.
—Hey —Dijo por lo bajo el otro, los dos se rieron.
— ¿te diste cuenta que un idiota no dejaba de mirarte? —Soltó en tono sospechoso.
—De eso te quería hablar —Comentó el pelinegro, se acercó al lavado y se inclinó para observarse al espejo.
Se esfumaba un poco más la sombra de los párpados, entrecerró un poco los ojos para ver que esos estuvieran parejos, y al conseguirlos, se relamió los labios y continúo con su argumento.
—Hay un tipo ahí… El último que me presentaste. —Miró el suelo.
— ¿Tom? —Frunció el ceño, sonriendo divertida. — ¿te gusta?
Se acercó y le golpeó el hombro, el de melena oscura le miró con indiferencia.
—No, ese tipo es del que siempre te hablo.
La mandíbula de Lissa cayó, literalmente, al suelo. Todas esas chorradas que Bill decía que le haría al chico del café, todas esas lujurias que quería compartir con él, todas esas sensaciones y besos que quería sentir, estaban allí, afuera.
La tipa empezó a gritar en silencio, como si fuera un festejo de la victoria del partido para clasificar en la semifinal para el mundial.
— ¡Vete a la mierda! ¡Ese tipo está para comérselo hasta con salsa blanca! —Le señaló, mientras aún no salía de su asombro. — ¿porqué mierda no me lo dijiste?
Empezó a caminar de un lado a otro, Bill chistó para callarla, por ahí la podían escuchar desde afuera y eso iba a ser el doble de vergüenza.
—No te iba a decir en frente de todos —Aclaró su garganta, tomando la voz de su mejor amiga chillona. —Ay, miren todos, este es el tipo que hace que me eche un polvo cada que entro a bañarme. Y el otro idiota, es el que me hizo bullying en la preparatoria.
—Ya, cálmate —Dijo Lissa en un tono por intentar relajar a su mejor amigo. —Mejor sigue sirviendo café porque para imitar vas del asco.
El de melena oscura suspiró.
—Creo que no fue una buena idea venir hasta aquí. —La mejor amiga le miró a los ojos. —Me iré a casa.
—Gracias —Dijo con ironía. —Menos mal que los mejores amigos están siempre que los necesitas.
—Tú no sabes toda la humillación que tuve que soportar.
Dicho eso, Bill miró a su mejor amiga un tanto dolido. Dolido por haber recordado todas las cosas malas que Jackson le había hecho; y sabiendo que Lissa estuvo en ese momento, aún aceptaba salir con él.
La chica salió del sanitario sin decir ni una palabra. El pelinegro lanzó un suspiro.
Continúa…
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