Fic Toll de Miss Anunnaki

Capítulo 22

La jornada laboral había sido extensa y estresante, por suerte era viernes.

Se preparaba, se estaba echando perfume, ya iba a ser hora de marchar al Bar a picar algo, cenar y beber un poco antes de ingresar al club nocturno. Thomas se puso a pensar si algo extraño iba a suceder por ir de nuevo a un lugar bailable, pero recordó que ese día estaba pasado de copas, y que hoy, no iba a cometer el mismo error, o al menos pensaba en no hacerlo.

Cuando estaba listo, tomó sus objetos personales y salió. El pelinegro le iba a esperar en el Bar junto con su amiga y el chico de su amiga.

Lo que había pasado en el Parque de diversiones se quedó en la nada, ninguno de los dos mencionó algo al respecto, era mejor, sino Tom tendría que haber formulado un testamento de explicaciones para decirle que se estaba mareando y por eso se acercaba de manera intimidante. Pero eso ni su madre hubiera creído.

Llegó al lugar y observó que Bill estaba afuera hablando con alguien, lo reconocó al instante. Se trataba de uno de sus ex novios, Shannon, para ser más específicos.

— ¡Déjame en paz! —Le decía fastidiado. —Ya no quiero saber más nada de ti, ni de tu hermano, ni de la banda de mierda que tienen, ni de tu jodido instrumento, ¿No lo entiendes? Lo que pasó, se esfumó; tú rompiste la promesa, dijiste que nunca me ibas a hacer daño y te encuentro con el idiota de mi amigo, ¿Crees que voy a poder superar eso?

—Bill, en verdad lo lamento, si pudiera…

— ¡No, ya no puedes hacer nada! —Exclamó mirándole con el ceño fruncido. —Lo nuestro terminó ese día, y si luego nos seguimos viendo fue porque quería saber si en verdad todo eso valdría la pena, pero veo que no.

Se cruzó de brazos y quiso mirar para la calle, pero en vez de eso, se encontró con la mirada preocupada de su compañero de habitación. Inmediatamente se irguió y deshizo la unión de sus brazos. Su ex novio notó la mirada, entonces él movió sus ojos en la misma dirección, los dos observaron a Tom, y él solo pudo hacer una sola cosa: salir del vehículo como si nada hubiera sucedido.

—Mejor vete, Shannon —Le dijo en un susurro.

— ¿Me cambiaste por ese pedazo de pelo enmarañado rubio? —Señaló con su pulgar, claramente se notaba los celos en el tono de su voz.

El pelinegro dio un suspiro. —Por favor, vete y no vuelvas a meterte en mi vida nunca más.

Leto giró para ver como venía su reemplazo, le dio una mirada a Bill y decidió marcharse. Tom solo vio como se retiraba del lugar y luego al pelinegro, que exhalaba el aire como si lo estuviera aguantando por varios minutos.

— ¿Todo bien? —preguntó cuando estuvo cerca.

—ah… Sí, todo bien —Dijo la diva mirándole. —Solo asuntos de muebles que quedaron pendientes.

Trümper no sonó convencido de eso, pero prefirió ignorarlo, no era nada suyo como para andar haciendo un cuestionario de lo sucedido. Y tampoco debía tratarlo como si fuera de su propiedad.

—Y bien… ¿Entramos? —Dijo con una sonrisa para esparcir el mal momento, el de rastas asintió y ambos ingresaron.

Al entrar vieron la pintoresca y relajante ambientación que les rodeaba, todo era tan meloso y romántico, parecía un albergue transitorio más que un Bar-Restaurante. Pero esa era la magia del lugar, emanar amor para que las parejas se sintieran más atraídas.

El aperitivo y la cena se pasaron volando, se contaban anécdotas viejas que les sucedieron, hablaban de política, de religión, de la sociedad en general. Tantas cosas se conversaban que el tiempo se les había pasado volando y ellos fueron por las bebidas fuertes que servían allí.

Los tragos pasaban de la barra a la mesa, por lo que cada vez se reían más fuerte y sin sentido. El amigo de Lissa ya estaba algo ebrio al igual que la chica, Bill solo estaba mareado y Tom se sentía sobrio por el momento.

—Ay chicos, son lo mejor de la vida —Decía Lissa tocándose la panza de tanta risa, su chico la sostenía de la mano mientras intentaba calmarse también. —Nunca cambien.

Quería brindar con su copa y se cayó al suelo, todos volvieron a estallar en carcajadas y el chico la ayudó a levantarse mientras le preguntaba de forma insistente si se había golpeado fuerte o algo, ella le decía que estaba bien entre risas, entonces el pelinegro tiró el comentario de que ya era hora de marcharse a casa.

El más sobrio de todos aceptó por llevar a la pareja al departamento de la joven, pagaron y la mesera los saludaba con una sonrisa diciendo que volvieran porque les agradaba ver un buen ambiente en el restaurante, qué suerte que no era de esas tipas que iba echando humo y los echaba a la primera falta de respeto del establecimiento.

Cuando todos subieron al auto de Tom, encendieron el reproductor de música e iban bailando y cantando a lo loco. Atrás iba la pareja y adelante estaban Bill y el de rastas, que conducía con cuidado debido a que había ingerido un poco de alcohol y no quería cometer un error en el trayecto.

Kaulitz empezó a buscar una canción mientras le hablaba al que manejaba, Tom iba concentrado pero no quitaba esa expansible sonrisa de su rostro.

Había sido una noche grandiosa, una de las mejores noches que pudieron haber pasado.

Don’t know what your thinking sugar, oh

Ambos miraron los labios del otro, Tom hizo una respiración profunda.

But I just got that feeling sugar, oh

El pelinegro también inspiró y exhaló sin dejar de mirar los labios de su compañero.

And I can hear the sirens burning

Era una magnífica madrugada, el momento había sido perfecto.

Red lights turning, I can’t turn back now

El de ojos delineados tragó saliva, su corazón comenzó a latir como un loco.

So hold on tight

Y entonces bastó un movimiento, solo uno por parte del chico de rastas.

I don’t know where the lights are taking us

Se acercó rápidamente y tomó al pelinegro del cuello.

But something in the night is dangerous

Le besó, sin permiso, sin decirle algo. El otro no se quedó atrás, lo aceptó con gusto.

And nothing is holding back the two of us

Bill lo atrajo más para sí y lo tomó del cuello de su campera para poder sentir mejor el beso.

Baby this is getting serious

Tom se inclinó más hasta que el pelinegro apoyó su espalda contra el asiento y el de rastas le aprisionaba con su cuerpo mientras no dejaba de besarlo.

Oh, oh, oh-oh, oh, dangerous

Kaulitz le tomó de las mejillas, no quería que se separara tan rápido, él lo iba hacer disfrutar hasta lo último que pudiera.

Ninguno decía algo, no hacía falta, tan solo demostrarlo en acciones le daban todas las respuestas que querían saber, y ellos dos, aún estando ebrios, aún estando sobrios, sabían perfectamente las respuestas a sus preguntas.

Continúa…

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por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

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