Fic Toll de Miss Anunnaki
Capítulo 23
— ¿Saben que ya es veintiuno de Diciembre? —Preguntó el gerente, todos asintieron.
El lugar ya estaba cerrado, las cafeteras y el aroma a café ya no abundaban por los aires, todos los empleados observaban fijamente, y con atención, al hombre a cargo de su tribu.
—Entonces ya saben que le vamos a pagar el aguinaldo. —Todos sonrieron, al fin una buena paga por el esfuerzo, además del sueldo era como un bono de regalo de Navidad anticipado. —Bien, solo espero que se esmeren en estos pocos días que nos queda antes de pasar la Navidad en familia.
Para Bill, esa fecha era algo insignificante, no le decía nada, era como otro día más en la vida rutinaria. No la pasaba junto a su familia desde hacía bastante tiempo, y todo porque ellos se habían enterado de la orientación sexual del pelinegro.
—Bien. —Dijo el gerente caminando. — ¡A trabajar, señoritas!
Todas volvieron a su labor, el pelinegro no se incomodaba si le trataban de mujer, ya se había acostumbrado tanto que a veces se impresionaba si le decían hombre.
Lo empujó contra la pared del living, el de rastas se rió al ver como el pelinegro le observaba de forma determinante. Volvieron a conectar sus labios para sumergirse en un beso de perdición.
Bill le tironeaba la campera ancha que llevaba, la temperatura de pronto comenzaba a surtir efecto en ambos, y necesitaban liberarse de esos atuendos. Logró bajar la cremallera del abrigo de Tom y lo abrió de par en par, para luego introducir sus manos por sobre su remera, remarcando su torso. Desplazó sus manos hacía atrás, Trümper no dejaba de besarlo, no quería hacerlo, estaba tan complacido que no iba a permitirse los límites. No por el momento.
Él lo tomó de la cintura para atraerlo más para sí, consiguió hacerlo mientras desaparecía su abrigo por el aire cayendo por algún lado en la habitación. Luego el de rastas tomó por las mejillas a Bill para continuar besándolo hasta cansarse. El pelinegro ahora iba por los pantalones de su compañero de habitación, forcejeaba para quitárselos, quería contemplarlo en bóxer, o mejor, quería verlo desnudo sobre él.
Bill suspiró y volvió a meter el trapeador en el balde de agua sucia, se barrió unos mechones hacía atrás para intentar disipar ese recuerdo, pero era tan potente que continúo recordando.
En la cama, Tom no dejaba de besar el cuello de Bill. Ninguno sabía hasta donde había llegado ese deseo por estar de esa manera, estaban algo ebrios, estaban con ganas de hacerlo y no les importaba, o por lo menos al pelinegro, si era con un hombre. El de rastas despojó la remera del pelinegro pudiendo observar la estrella en su abdomen, paseó sus dedos por esa zona y Bill se estremeció al sentirlo, era todo tan rápido y mágico, tan placentero y prohibido.
— ¡Bill, deja de distraerte con porquerías! —Le gritó una de sus compañeras.
Mientras el pelinegro estaba debajo del chico de rastas, él, muy pícaro, logró meter su mano dentro del bóxer de su compañero. Tomó el miembro de Tom, ni él mismo podía creer que lo estaba haciendo. Sin más vueltas, sin más cuestionamientos o bajadas a la realidad, Bill comenzó a realizar lo que mejor sabía hacer.
Trümper saltó de su lugar sin dejar de besar los labios del pelinegro, se sintió un poco extraño el sentir otro paquete cerca de él, pero se sintió a gusto cuando disfrutaba de la manipulación placentera que el otro le otorgaba. Cada roce, cada movimiento, cada beso, cada respiración que tomaban era parte de la magia que germinaba entre ellos. Cada sensación y escalofrío que los envolvían era algo que no querían dejar de sentir.
Las manos de Bill ahora paseaban por la espalda del chico de rastas, lo acariciaba suavemente, se estremecía cuando sentía sus embestidas. Trümper jamás en su vida se había metido con un chico, ni siquiera había logrado fantasear con eso, pero hacerlo por primera vez con alguien de su mismo sexo le daban distintas sensaciones, le hacía sentir cosas realmente extraordinarias. No sabía si era miedo a que alguien entrara y los viera así, o era la adrenalina y la atracción demasiado fuerte que sentía al estar con Bill, con un chico.
—Uff… —Dijo el pelinegro y se movió el uniforme gris por unos instantes, dándose aire para no sofocarse.
Tragó saliva, sin darse cuenta ya había terminado de trapear el pasillo y estaba por limpiar el área de trabajo con café. Se irguió y exhaló el aire, observó hacía afuera y el corazón se le contrajo al reconocer esas rastas rebeldes rubias que ingresaban al lugar. Tom estaba más bueno que nunca, y verlo le hizo recordar el momento más culminante de esa velada.
Él estaba boca abajo, podía sentir el placer recorrer por todo su cuerpo, el placer que Tom le otorgaba con su mano sobre su miembro mientras estaba dentro de él. Se sostenía con sus manos pero flaqueaban sus brazos, era como si en cualquier momento se rompería. Se impresionaba de la fuerza, de la intensidad de las embestidas que Tom tenía para con él. Podía ser doloroso, pero también podía ser jodidamente exquisito y placentero, y así era.
Bill ahogaba sus gemidos en la almohada, el maquillaje se le había corrido demasiado que parecía que estaba llorando, pero no, lo estaba gozando como si estuviera en el infierno. Ya no era un sueño o una fantasía para él, ya no eran alucinaciones ni otra cosa. Ahora estaba sucediendo, Tom se lo estaba tirando de lo lindo.
Suspiró y decidió terminar de trapear.
—Solo vine a preguntar una cosa —Dijo Tom, evitaba no hacer mucho contacto visual con el pelinegro.
—Bueno, ah —Balbuceaba el de rastas.
Cara de culo, era todo lo que Bill podía dar.
Continúa…
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