Notas: Bueno, este capítulo es un poco largo porque tiene un contenido realmente importante; agradecería que escucharan la canción antes o después, así le dan un poco más de sentido a la trama. Saludos!

Fic Toll de Miss Anunnaki

Capítulo 31

Thomas se preocupó al encontrar la puerta abierta, desapareció su sonrisa e ingresó. Se encontró con la música que venía de la radio en la cocina, cerró la puerta y dejó las llaves sobre la mesita que había al lado de la puerta, se quitó el abrigo y lo depositó sobre el sofá, caminó despacio y pisó algo suave, bajó la mirada y se encontró con un pañuelo. Lo tomó entre sus manos, frunció el ceño, lo reconocía ¿Pero de dónde?

Fue por el pasillo con el pañuelo en mano, recorrió las habitaciones y no encontró a Bill, fue a la cocina y allí estaba todo, como si Bill estuviera en algún lado pero no, no estaba. Se fue hacia la mesada de mármol, vio las papas ya listas para meter al horno, vio el pavo sobre la cocina, vio que el horno estaba a temperatura media, pero Bill no estaba al mando de la cocina. Comenzó con la incertidumbre, empezó a buscarlo nuevamente por todos lados, más no lo encontraba, observó el pañuelo nuevamente y olió la loción que había en él. ¿De dónde provenía? Recordó que sus amigos, uno de ellos, lo usaba siempre; frunció el ceño intentando recordar, intentando hacer memoria de quién le pertenecía.

—Matt… —Susurró el de rastas, se dio la vuelta, miró por todos lados, tomó su celular y empezó a marcar a la mejor amiga de Bill. Lissa contestó gritando, la música en donde se encontraba estaba fuerte y la muchacha comenzó a ir hacía afuera para poder entender con claridad las preguntas que Tom le estaba haciendo.

—No, no sé dónde puede estar Bill ahora. —Le contestó extraña ella. — ¿Llamaste a su celular?

Se consideró un idiota cuando no hizo eso primero, Lissa le dijo que iba a tratar de ayudar desde donde se encontraba, entonces la saludó y le cortó. Marcó a Bill y el teléfono sonaba por el departamento, el de rastas seguía el rastro e ingresó a la habitación, el celular estaba en la cama. ¿Dónde mierda estaba Bill?

El pañuelo de su amigo Matt estaba en casa, ¿Será que él se lo habrá llevado? ¿Pero por qué lo haría de la nada y sin avisarle? ¿Por qué quería a Bill si no eran nada? El de rastas empezaba a imaginarse miles de cosas pero no sabía cual elegir, rápidamente tomó sus llaves, el pañuelo, el abrigo y salió disparando hacía su vehículo, tenía que buscar al pelinegro, algo le decía que no se encontraba bien, que no estaba en buenas manos. Se metió al auto y arrancó a toda velocidad, importándole una mierda toda la nieve que había en el camino.

Pensaba, pensaba mucho, no podía no estar preocupado, quería saber por qué Matt se había llevado a su casi novio, porque ese pañuelo y loción le pertenecían, y si se equivocaba, entonces tendría que buscarlo por toda la ciudad hasta encontrarlo. Manejaba como un paranoico, necesitaba llegar a la casa de su amigo, y necesitaba encontrar a Bill en ese lugar.

De pronto, el de rastas recordó que su amigo estaba desesperado por saber de su relación amorosa, ¿Acaso también le gustaba Bill? Bueno, le gustaba la parte mujer de él. No lo sabía, pero luego comenzó a pensar, y pensar: Matt era homofóbico, evitaba los comentarios homosexuales; una vez les había dejado por sentado que no quería ningún comentario, anécdota o situación que incluyera a gente de ese linaje. Entonces fue ahí que Tom cayó en la cuenta de lo que estaba sucediendo, lo que pasaba era que Matt, tal vez, se había dado cuenta de la relación, ¡Por eso la visita y las preguntas! Porque él sabía lo que estaba pasando con el chico de rastas.

Se maldijo, insultó fuerte, dio un sopetón fuerte contra el volante culpándose de no haberse dado cuenta de eso antes, entonces apretó el acelerador, como un desquiciado quería llegar rápido a destino. Él decía entre dientes que Bill iba a estar bien y que nada malo le iba a pasar.

Cuando salió de la ciudad y se metió en los suburbios, supo que ya estaba cerca. Matt vivía en una de esas gigantes casas y lo último que sabía era que iba a estar solo, ya que sus padres se habían ido de viaje. Tom tomó su teléfono y llamó a la policia, iba a necesitar ayuda, quería que lo ayudaran de cualquier manera aunque para ellos fuera algo mínimo, pero para él era algo realmente importante: se trataba del amor de su vida, de la persona que alegraba sus mañanas y el día entero.

Le dio aviso, dirección y cortó, entonces fue tranquilo, pero no tanto, hacía la casa de Matt. Estacionó el vehículo en la vereda opuesta a donde se encontraba la casa de Jackson, salió rápido y cruzó la calle, metiéndose en la propiedad de su amigo. Saltó la medianera e ingresó hacía el patio trasero, se metió entre unos arbustos al reconocer la voz de su amigo y unos gritos que eran callados por algo o alguien.

Entonces vio a Bill que estaba tomado de ambos brazos, tironeando a lados opuestos, él estaba llorando y miraba a quién tenía en frente, lo miraba como si fuera algo que realmente le tenía mucho miedo, como si fuera su pesadilla hecha realidad. Tenía un pañuelo blanco amarrado a su boca para que no se le escucharan los gritos. Su rostro estaba sonrojado, su cabello estaba alborotado.

—Así que… Inculcaste en mi amigo algo que es considerado asqueroso en la tierra. —Decía Matt mirándolo con indiferencia. Por la luna llena se podía ver un poco el panorama. —No mereces vivir, no mereces ni siquiera mirarme a los ojos y respirar.

Se acercó rápido y le dio un golpe con el puño cerrado en el estómago, Bill se estremeció e hizo su cabeza hacía adelante, se veía que movía su cuerpo, esos eran sollozos ahogados por el pañuelo blanco que no le permitía gritar y llorar como quería. El pelinegro sentía que era su fin, que nadie iba a venir a buscarlo, ni siquiera sabía si Tom había llegado a su departamento.

El chico de rastas iba ganando algo malo en su interior, no le gustaba para nada esa faceta que mostraba su amigo y los demás, quería ir y molerlo a golpes pero no sabía si ellos, tal vez, estarían armados, tampoco quería dejar que terminara con la vida de Bill; todo era una pesadilla para Trümper.

—Te iras al infierno y allí sufrirás por el pecado que cometiste aquí. —Le decía Jackson, sus amigos lo sujetaban fuerte, pero Sam no, Sam estaba mirándolos a un costado.

El homofóbico se acercó con una navaja que sacó por arte de magia, tomó del rostro al pelinegro y lo obligó a mirarlo a lo ojos, le escupió la cara y le tajeó la mejilla, el chico del café ahogó otro grito desgarrador, lloraba como si fuera el sufrimiento eterno, y para él lo era.

— ¿¡Qué mierda crees que estás haciendo!? —Todos escucharon la voz de Tom, él se acercaba a pasos agigantados. Matt le gritó a Sam que sostuviera el brazo de Bill y le ordenó al otro que vaya por el chico de rastas, entonces éste se acercó e intentó golpearlo pero uno de sus amigos lo detuvo y lo empujó fuerte. Jackson se rió.

— ¿Qué pasa, Tom? —Le preguntó en un tono irónico. — ¿Te enamoraste de un hombre?

Bill gritaba al ver a su chico, se sintió aliviado. Pensaba que iba a morir sin saber si Tom sabía de su paradero. El de rastas empujaba a su amigo pero no lograba tumbarlo, quería avanzar hacía Matt y molerlo a golpes, quería descargar su furia por haberse tragado siempre sus comentarios homofóbicos, porque pensaba que su patético Dios tenía la razón de la pareja perfecta, y no era así.

—Llegaste justo para ver el espectáculo. —Dijo Jackson, se acercó al pelinegro y del brazo izquierdo clavó la navaja, le cortó desde el antebrazo hasta la muñeca, pronto la sangre comenzó a salir, Tom se enfureció más y empujaba al amigo, bueno, no era su amigo si intentaba distanciarlo de su chico. —Y ahora que ves a tu lindo noviecito desangrarse, puedes ver que se va a desangrar el doble. —Caminó hasta el otro lado, e hizo lo mismo con la otra extremidad. El pelinegro lloraba, nunca había sentido un dolor tan terrible como ese, parecía como si le quemaran, como si aceite hirviendo cayera sobre sus brazos.

— ¡Déjalo, déjalo en paz! —Decía el chico de rastas. — ¡Si te consideras tan hombre y ciervo de tu Señor, entonces ven a pelear como el hombre que tanto te crees!

Jackson se dio la vuelta, aceptó su propuesta y le soltaron del agarre, Matt se quitó la campera y la arrojó al suelo, comenzó a rotar sus hombros en forma circular, torció su cuello de un lado a otro preparándose para pelear. El de rastas le miraba enojado, molesto.

Pronto se pusieron en posición, caminaban en forma circular, preparándose. Matt gritó y se acercó corriendo, fue con el puño cerrado y le dio un puñetazo en el estomago, entonces Tom retrocedió, el otro aprovechó y corrió para empujarlo, el de rastas cayó sobre la nieve. Jackson se limpió la nariz y comenzó a dar saltitos como si de un luchador profesional se tratara. El chico de rastas se levantó, sacudió su cabeza y volvió a su posición, se acercó e hizo un gancho, pudo darle a su amigo y aprovechó para darle una patada en las costillas, lo que mandó a Matthew a toser, entonces corrió y le dio otro gancho de izquierda, dándole sobre su oído, eso hizo que su amigo cayera al suelo.

Las sirenas de la policía se escucharon, Matt, como pudo, se levantó de su lugar y comenzó a correr junto con sus amigos a quién sabía dónde. Trümper volteó a ver a su chico, estaba tumbado en el piso, bajo la nieve congelante y manchada con su sangre. Corrió y se tiró en la nieve, arrodillado lo socorrió, lo tomó entre sus brazos e hizo que el rostro del pelinegro se encontrara con el suyo. Empezó a impacientarse, tenía miedo, por primera vez sentía demasiado miedo; los dolores eran fuertes pero no tan fuertes como el miedo a perder a su chico.

—Bill, Bill, ¡Por favor, Bill! —Le decía mientras le miraba a los ojos, los del pelinegro estaban desorbitados y su piel estaba muy pálida. Comenzó a sollozar, se maldecía en voz alta, se mecía con el cuerpo del pelinegro de un lado a otro, no quería perderlo, apenas llevaban una estadía juntos y le sucedía esto.

Era un dolor horrible, incomparable con cualquier otro dolor, un dolor que no se lo deseaba a nadie, ni siquiera a Matthew Jackson.

Continúa…

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por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

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