Fic Toll de Miss Anunnaki

Capítulo 35

El día de San Valentin hubiera sido perfecto, si no fuera porque hacía un frío de morirse. Tom y Bill tuvieron que cancelar la salida hacía el exterior para quedarse abrazados en el living, cenando a la luz de las velas. Eso era más romántico, pero el chico de rastas quería impresionar al pelinegro con una salida exquisita y memorable, pero debido al jodido tiempo se le estropeó el plan.

—No te enojes, Tom. —intentaba calmar a su chico, el de rastas se mostraba con el entrecejo fruncido y tenía ganas de tirar todo contra la ventana. —No tienes que montar un enorme circo solo para impresionarme.

Le decía mientras lo veía caminar de un lado a otro por el living. El pelinegro sostenía una copa de vino entre sus manos mientras se cubría con la manta. Bebió con gusto y dejó la copa sobre la mesita de café de vidrio. Luego del pleito de hacía varias semanas atrás con los hermanos Leto, el pelinegro decidió cortar cualquier conexión con ellos y con su otro ex, porque no quería que Tom se volviera paranoico con sus presencias; sabía que estaba mal lo de la cena, él tenía un expectativa positiva pero la realidad fue una mierda.

—Tom, no tienes que complacerme con cosas materiales. —le decía él en un intento por calmarlo. — ¡Y deja de caminar así que me pones nervioso!

El de rastas se detuvo, sabía que no debía estresar ni poner presión sobre el pelinegro porque aún se debía recuperar, los puntos de las cortadas ya habían sido retiradas, solo le quedaba la recuperación normal de los movimientos en ambas extremidades. Se colocó a su lado, acurrucándose con él. Bill se puso sobre su pecho, cubriéndose con sus brazos, al de rastas le agradaba tenerlo así, ambos se taparon con la manta mientras miraban hacía el ventanal por donde veían la lluvia caer, o no sabían si todavía era la nieve que caía. Era tan raro que siguiera nevando de todas formas.

—No es por eso, en verdad quería que tuvieras un lindo San Valentin. —le decía el de rastas mientras buscaba la mano del pelinegro para entrelazar sus dedos, cuando lo consiguió lo alzó en alto para que ambos pudieran ver la unión.

—No me mientas. —levantó la cabeza el pelinegro para poder mirar a su chico. —Me estás mintiendo en la cara.

Se echó a reír y el otro le acompañó, negaba con la cabeza mientras mantenía esa sonrisa tan linda que lo había cautivado hacía unos meses atrás en el café. Tomó la unión y la acercó a sus labios para poder besar el dorso de la mano de su chico, Trümper tan solo le observaba cometer esa acción, le causaba mucha ternura verlo así.

—Bien, me pillaste —Decía no resistiéndose al gesto noble por parte del pelinegro. —Es solo que en esa jodida cena todos me pusieron nervioso, tengo que admitir eso.

—Lo siento, no debí presionarte ese día, creo que lo que mierda sea que me dieron me puso un poco mareado y dije lo que tenía en mente. —Se rió. —Y tú tampoco te quedaste atrás.

—No quería hacerte sentir mal si te decía que no. —le respondió, hizo una breve pausa y continuó. —Además, creo que fue una oportunidad para saber quienes fueron los idiotas que no supieron valorarte y amarte como debían.

Bill se levantó, quedando sentado aún con la manta encima, observó los ojos de su chico. Sabía que con él no estaba hacía mucho pero todo lo que atravesaron le hizo sentir como si hubieran pasado años desde que se conocieron. Era la primera vez que uno de sus tantos chicos le decía eso, nunca antes: ni Liam, Jared o Shannon, le habían dicho esa frase cuando salía con ellos, o cuando ellos se enteraban de la desgracia que le habían hecho vivir al pobre pelinegro en su anterior relación.

Sintió un nudo en la garganta y tenía ganas de llorar, pero no porque había recordado a los idiotas de sus ex novios, sino que quería llorar de la emoción de escucharle a él decirle eso. Era como si el destino le demostraba que el chico de rastas era el indicado, y que con él podría estar para siempre, o por lo menos hasta que uno de ellos tirara de la patita pero eso sería cuando fueran unos ancianitos. Se acercó a su chico para besarle en forma de agradecimiento, el otro aceptó y se entregaron al amor.

No importaba cuantos hermanos Leto se le vinieran encima, no importaba si Liam o sus amigos volvían para pedirle otra oportunidad, el pelinegro ya había tomado una decisión, la decisión de quedarse con el chico de rastas. Sí, aún no habían pasado seis meses desde que sus vidas se cruzaron pero esa conexión, ese amor, esa promesa que ambos no iban a romper nunca, permanecía intacta. El pelinegro ahora tenía en claro sus sentimientos, si Tom fue a socorrerlo el día de Año Nuevo, si se puso como un histérico y nervioso en la cena Tres más uno, si impidió que el cantante de Mars se apoderara de sus labios ese día, era porque en realidad lo amaba y en verdad sentía algo por él. Bueno, no sentía algo, el de rastas sentía absolutamente todo por él.

Se separaron para recuperar aire, de pronto el frío del living se había vuelto en un cálido ambiente.

Los dos se miraron, Bill se estremecía al sentir esos ojos color miel sobre su mirada, lo hacía temblar, le hacía sentir como un estúpido. El de rastas se sumergía en las angelicales facciones del chico del cafe; nadie, ninguna mujer en la tierra, podría igualarle o pasarle de belleza, él tenía la perfección en su rostro. Era todo perfecto, y agradecía haberse cruzado con él, aunque en aquel entonces las circunstancias no eran buenas y el pelinegro casi le tiraba el café por la cabeza.

Sí, la primera impresión e interacción que tuvieron no fue buena, Tom estaba de mal humor por tema de trabajo, y Bill, se había molestado porque era la primera vez que quería ser simpático y el otro le había tratado para la mierda debido a sus problemas. Pero, algunos decían, los opuestos se atraen, los que se peleaban se amaban, los que se llevaban mal eran los primeros en caer enamorados. Ellos probaron esa teoría, ellos le demostraron a todos que eso si existía y que no había límites para el amor.

—Te amo, Tom —soltó de repente, si lo sentía debía decirlo. No era bueno guardarse las cosas.

El otro le quedó mirando, hubo un silencio incómodo en el medio. Tal vez era demasiado pronto para aclarar los sentimientos verdaderos, tal vez el pelinegro estaba acelerado y el otro tan solo intentaba acomodarse las cosas en su cabeza. Empezó a mirar a su alrededor, pensaba que no había sido una buena idea soltar eso, estaba por ponerse de pie para irse al baño y desaparecer, pero Trümper le detuvo el paso y se quedaron quietos.

— ¿Esa es la manera de aceptar que quieres ser mi novio? —le dijo con una sonrisa radiante.

El pelinegro no lo podía creer, él le confesaba sus sentimientos y Tom le pedía para ser su novio. Quería salir corriendo a contarle a sus amigas pero no podía ya que no tenía la fuerza suficiente, y si salía con lo que tenía puesto, probablemente podría pescar una hipotermia.

—Pensé que ya lo era —decía volviendo a su lugar, quedando cara a cara. Le tocó el rostro con sus manos y el de rasta las tomó y las besó al mismo tiempo.

—Quería que fuera oficial, ya sabes. —No dejaba de sonreír, y eso le volvía loco al pelinegro. —Por eso quería que este día fuera perfecto. Quería decírtelo hoy.

Al pelinegro se le cristalizaron los ojos, apretó sus labios para ahogar un sollozo. Parecía una embarazada estando así de sensible, era como si él fuera una mujer y le pedían matrimonio frente a todo el público en un estadio. Asintió y se acercó para besarlo, aceptando su petición. Ahora no podía estar más contento, se estaba completando, se sentía feliz, más feliz de lo que ya era al lado del chico de rastas.

Continúa…

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por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

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