Fic Toll de Miss Anunnaki

Capítulo 36

El primer día de Marzo era algo agradable, era el primer día en el cual Bill volvía a trabajar, aunque él decía que ya podía mover los brazos después de San Valentín, aún así el de rastas le negó el pase para volver al trabajo en ese instante. Daba igual, ahora podía trapear el suelo, atender pedidos y preparar café por todo lo que restaba del día. Ingresó con gafas de sol debido a que no llevaba maquillaje, y no quería que los de afuera le vieran el rostro al natural. Él decía que eso era el peor de los pecados.

Por primera vez en su vida, quería que el día no terminara, no era porque había discutido con su novio, si no que, como había regresado al trabajo, no quería que se le pasara rápido. Quería disfrutarlo, interactuar con otras personas, sentir ese aroma a café que le hacía dar nauseas en el pasado. Necesitaba trabajar, necesitaba mover el cuerpo, obedecer ordenes, gritar pedidos, saludar a los clientes, necesitaba socializar.

—Miren a la recién comprometida.

Una de las compañeras de trabajo dio el anuncio de la llegada del pelinegro, todos comenzaron a saludarle mientras él se dirigía a la sala de empleados para cambiarse y comenzar con el turno del mediodía. Cuando ingresó a la sala, el gerente se le acercó y comenzaron a hablar mientras se cambiaba. Se pusieron al tanto de las novedades y de los rumores que surgían durante la ausencia de Kaulitz.

—En verdad nos hacías falta, Billy. Qué suerte que volviste. —le palmeó suave el hombro el gerente y se dispuso a salir.

Él pelinegro se colocó la gorra y se acomodó los rebeldes mechones que adornaban su rostro, se miró en el espejo y luego salió de la sala de empleados para volver a su trabajo y comenzar con la rutina que tanto extrañaba.

Las primeras tres horas le resultaron eternas, claro, después de haber descansado poco más de un mes, se había olvidado la rutina. Ahora se mostraba sonriente, ya no actuaba como un amargado, desde que Tom le había confesado sus sentimientos, él cambió y se podía notar bastante. Sus compañeras se sentían aliviadas por eso, por lo menos no tenían que lidiar con él cada minuto por haberse peleado con un cliente. Una señora se retiró de la caja para retirar su pedido, Bill observó al próximo cliente y se llevó la sorpresa de encontrarse con su mejor amiga.

—Hola, perra. Necesito un mocaccino y un minuto de tu tiempo, esto es algo urgente. —le dijo seria, Bill se quedó mirándola por unos instantes y luego anotó su nombre. Se lo pasó a sus compañeras y le ordenó a una que la cubriera por unos minutos. Los mejores amigos se fueron a una de las mesas del fondo, como acostumbraban a hacerlo siempre. Se sentaron y comenzó la urgencia.

—Esto que te voy a decir es porque eres mi perra y porque en verdad te quiero, no estoy del todo segura, mi chico no ha podido dar la certeza, no sabe si fue él o se confundió pero tienes que saberlo.

El pelinegro le observaba confundido, no entendía porqué le decía eso pero asintió, sabía que las respuestas vendrían después, así que no apuró a su amiga como una novia desesperada. Claro que tenía curiosidad por saber el nuevo chisme, cualquiera lo tenía, pero Bill no era tan jodido como sus amigos.

— ¿Recuerdas a mi chico? ¿Con el que hicimos la cita doble aquella vez? —trataba de rememorizar los hechos, Lissa lucía preocupada pero intentaba tranquilizarse, si se ponía alterada eso iba a ser peor para el pelinegro. Su mejor amigo asintió, eso había sido una salida mágica, pues para Bill todo había cambiado esa noche. Tomó una bocanada de aire, como una preparación antes de combatir con el mal, como una meditación antes de salir al exterior y enfrentar la realidad.

—Bueno, él no está seguro de todo lo que me contó, no lo recuerda mucho. Había estado bebiendo con sus amigos, pero no llegó a emborracharse del todo, estaba mareado. —contaba con sumo cuidado. Bill le escuchaba atentamente, realmente desconocía ese lado de su mejor amiga, era como si tuviera miedo de decirle. —Perra, en serio, puede que él esté equivocado en esto pero anoche me contó que ese día, creo que fue cuando te encontró con Jared, ese día del incidente en el hospital. Me dijo que esa noche, encontró a tu chico en el bar con una rubia, y no estaban de amigos.

Los ojos de Bill se abrieron un poco más, captando lo que su mejor amiga le había contado. ¿Acaso Tom andaba de parranda? ¿Desde cuándo? ¿Y quién era esa rubia? Quería empezar con el cuestionario para saber más de la situación, pero antes de que eso sucediera, su mejor amiga continuó hablando.

—En serio, perra, tal vez mi chico se equivocó, me lo contó anoche porque se había acordado. —se sentía apenada en ese momento, miraba a su mejor amigo con incertidumbre, quería que lo que su chico le había contado fuera un mal entendido, ojalá y así fuera. —Espero que sea una falacia todo esto, cuando sepas algo me llamas.

Tomó su bolso y lo arrimó a su hombro, se puso de pie y su mejor amigo le siguió. No podía reaccionar, estaba procesando esa información que acababa de oír. Lissa se giró para mirarle y no pudo evitar en su rostro una expresión apenada. Tal vez no era correcto decirle eso, pero ella no era una zorra que esperaba a que sucediera la peor de las calamidades para contar lo que sabía, ella prefería prevenir antes que lamentar.

—Por favor, no te pongas histérica. —le acomodó el delantal y el gorro, Bill no salía de su asombro, las palabras de su mejor amiga retumbaban en su mente una y otra vez. —lo tenías que saber.

—A… Agradezco que lo dijeras, Lis. En verdad, eres una buena amiga.

&

Abrió la puerta de su casa y sintió un aroma familiar, cerró la puerta y dejó las llaves en la mesita que tenían al lado de la puerta. Observó a su alrededor al tiempo que colgaba su bolso sobre el gancho en la pared, luego se quitó el abrigo y lo colgó también. Le parecía extraño sentir olorcito a comida, miró el living y había unas copas vacías sobre la mesa de café, alzó la vista para enfocarse en el pasillo cuando vio que alguien se asomaba.

—Hola… —Tom se mostraba sonriente y Bill le imitó. Traía consigo una botella de vino, se acercó a él y le dio un beso de bienvenida. — ¿Qué tal el primer día?

Caminó hasta el living, el pelinegro miraba su andar, se veía tan resplandeciente. Le parecía raro que él llegara primero.

—Saliste temprano del trabajo. —le dijo mientras se situaba frente al sofá, el otro asintió y sirvió vino en las dos copas. Le tendió uno y el otro lo alzó para dar iniciación a un brindis.

—Quise darte una sorpresa, preparé pasta. Celebraremos que has vuelto al trabajo. —Chocó su copa con la del pelinegro. Aún pensaba en lo que su amiga le había dicho, no quería cortar ese aire cálido pero si no se lo hacía saber, después las cosas podrían ir peor.

—Ah… Tom —le llamó y el otro emitió sonido ya que bebía un poco del vino.

— ¿Qué sucede? —Bajó la copa y le quedó mirando, podía ver el rostro sin expresión alguna por la sorpresa. — ¿Estás bien?

El pelinegro debatía en su cabeza si decirle o no lo que su amiga le había contado, veía la sonrisa de Tom al principio que pensaba que tal vez el chico de su amiga se había equivocado. Es decir, Tom le había confesado sus sentimientos primero, ¿Porqué habría de buscar consuelo en otra parte?

—Ah, si. —Curvó sus labios en una sonrisa y bebió un poco. —Me muero de ganas de probar la cena.

Dejó la copa en la mesita y Tom le tomó de la mano para poder ir juntos a la cocina y cenar la delicia que había preparado el chico de rastas. En el camino, el pelinegro intentaba disipar todo, no quería ocasionar problemas en una noche como esa, pero tampoco creía posible lo que le habían contado. No creía que el joven empresario le metiera los cuernos cuando él había dado el primer paso.

No, no podía hacerle eso.

Continúa…

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por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

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