Notas: Para la que quería acción e.e

Fic Toll de Miss Anunnaki

Capítulo 37

Después de la cena, y varias copas de vino para bajar la comida, los enamorados descansaban en el living sentados, riéndose de estupideces que recordaban, de recuerdos que pasaron juntos, de ellos en sí. El pelinegro ya entonado había olvidado por completo lo de su mejor amiga, decía que era mejor no arruinar la mágica velada que su novio había preparado.

— ¿No crees que ya bebiste suficiente? —Tom le sonrió y le quitó la copa. La depositó sobre la mesita y se acercó para besar a su novio, Bill sonrió dentro del beso y se separaron, mirándose.

— ¿No crees que tu plan de emborracharme resultó? —se rió como una niña inocente, eso hizo sonreír de ternura a Tom, entonces volvió a acercarse y besó nuevamente los labios de su chico.

El pelinegro llevó sus manos a la nuca de Trümper mientras lo acercaba más a él, sin despegar sus labios de esa unión tan maravillosa. El de rastas comenzó a buscar la comodidad, entonces arrastró despacio al pelinegro, logrando acostarlo en el sofá, corría los mechones de su rostro mientras continuaban con esa adorable acción. Desde hacía tiempo que no intimidaban, y ellos pensaban que ya era el momento de darse un gusto, uno realmente bueno.

Las manos del pelinegro pasearon por los hombros del chico de rastas, mientras que éste se sujetaba para no aplastar a su novio. Bill llevó sus dedos por debajo de la camiseta de su chico, sintió su piel y como se erizaba ante el roce de sus delgados, finos y fríos dedos por su torso. Los llevó de arriba hacia abajo mientras la pasión y el deseo aumentaban, mientras que sus corazones latían al compás de sus movimientos. Los labios de Tom comenzaron un itinerario, dejó de besar los labios Bill para pasear por su mejilla y descender a su cuello, cuando llegó a ese lugar el pelinegro ladeó la cabeza y abrazó por el cuello a su chico.

Con cada instante, el fuego comenzaba a avivarse entre los dos, Tom buscaba con su mano el trasero del pelinegro, inspeccionó por toda su espalda, pasando por su cintura hasta tomar un glúteo y lo apretó atrayéndolo hacía él, chocando sus miembros bajo esos jeans prisioneros. El pelinegro liberó un jadeo, lo que hizo estremecer de placer a Thomas. La intensidad iba aumentando de acuerdo a los besos fogosos que se daban, todo se estaba calentando en el living, pero ellos comenzaron a sentirse un poco incómodos debido al poco espacio que tenían en ese sofá, por lo que Tom lo tomó del trasero y lo levantó. Bill se rió dentro del beso y lo abrazó por el cuello, los dos se dirigieron al pasillo, pero Tom apoyó la espalda del pelinegro en la pared, logrando rozar una vez más sus miembros.

—Vaya manera de premiar. —decía el pelinegro con una sonrisa y una agitación media. Sus labios estaban rojos y sus ojos poseían un brillo notable, eso era lo que veía Tom al verlo, un brillito como los que les agregaban los dibujantes a sus obras para demostrar lo especial que eran sus personajes.

—Todo sea por ti. —dijo el de rastas con una sonrisa radiante. Los dos estaban enamorados, eso era seguro, ninguno pensaba en otra cosa más que en entregarse al amor esa noche. Nadie pensaba en cuernos ni prostitutas, ni mucho menos en ex novios. Eran ellos dos, solos, con esa magia que jamás se había desvanecido, porque jamás discutieron al punto de querer tirarse algo por la cabeza.

Volvieron a unir sus labios y el de rastas lo llevó hacia la habitación, al ingresar tiraron todo a su paso. Dejó a Bill sobre la cama y comenzó a quitarse la remera frente a él, el pelinegro se deslizó por la cama hasta tomar la hebilla del cinturón de Tom, tironeó y logró quitárselo, luego bajó la cremallera de su pantalón y deslizó los mismos hacía abajo. El de rastas se inclinó y tomó del rostro a Bill para besarlo, lo llevó a la cabecera de la cama, se liberó de sus pantalones dando patadas y se colocó encima de él, continuando con el beso. Ahora el pelinegro bajó su mano por el torso de Tom y se metió entre su boxer, tomó el miembro y comenzó a masajearlo. Eso hizo que el chico soltara un gemido dentro del beso, sentía ese placer indescriptible al sentir su miembro siendo favorecido por la mano mágica del pelinegro. Los movimientos iban y venían, Bill oía gemir a su chico cerca de su oído izquierdo, comenzaban a acelerar la respiración, a disfrutar de ese placer que solo te podía brindar esa persona con la cuál sentías una conexión fuerte.

Trümper se deshizo de los pantalones de Bill, le subió la remera y comenzó a dejarle besos por su pecho y abdomen, mientras que el otro continuaba con el trabajo manual. Los dos comenzaron a darse placer mutuamente, el deseo aumentaba y el pelinegro se preparaba para lo que tenía que venir después. Sentir las manos de Tom otra vez era algo surrealista, como un sueño, algo no racional. Era la lujuria eterna, era todo aquello que estaba esperando, ninguno de sus ex novios podía hacerlo sentir de esa manera nuevamente. Fue en ese entonces que Bill se había dado cuenta de que ya no sentía absolutamente nada por ninguno de los tres, y que ahora la única persona que podía tocarlo, besarlo y decirle cuanto lo amaba era Tom.

Sintió los dedos húmedos del chico de rastas sobre su entrada y ya no estaba en sus cabales, tenía el deseo y el placer muy bien cubiertos, tan solo quería dejar que él lo amara como merecía, que se conectarán por medio de esa acción. Quería que Tom le hiciera el amor una y otra vez, porque con él se sentía realmente completo y seguro, quería permanecer con él y disfrutar de bellas noches como ésta, quería estar con su novio todas las noches para siempre. Lo amaba demasiado, y eso era anestesia para cualquier dolor y cicatriz.

Mojó sus labios cuando ya no sintió los de su chico, ambos se miraron a los ojos y asintió dándole la orden. Pronto comenzó a sentir el miembro de Tom entrando en él, eso le hizo lanzar un gemido que lo hizo estremecer, un escalofrío abrigó su espalda. Tenía las piernas separadas y una la sostenía el chico de rastas que comenzaba con los movimientos pélvicos, primero adoptó un ritmo normal, para que Bill pudiera estar cómodo pero eso lo hacía volverse más loco de placer. Pronto el de rastas empezó a aumentar la velocidad, entonces el pelinegro ya sentía miles de sensaciones. Sintió la mano de su chico sobre su miembro y comenzó a darle un masaje, eso era el doble. Mordió la almohada mientras se aguantaba ese ardor y placer que le hacía perder el control de sí mismo.

Era tanto placer, tantos gemidos, tantos susurros y tantas gotas de sudor que parecía que en cualquier momento todo se iba a desmoronar a su alrededor. El tiempo transcurría pero ninguno quería separarse del otro, estaban tan conectados que habían perdido la noción del tiempo. El pelinegro y él de rastas se miraron el uno al otro, ambos estaban llegando al punto más alto de la cumbre, vieron que sus ojos brillaban al mirar al otro, entonces ambos se sonrieron.

El de rastas se acercó, al tiempo que retiraba su miembro del cuerpo de Bill, lo que hizo que él flaqueara las piernas. Se dieron un apasionado beso. Kaulitz sintió la esencia de su chico depositarse sobre su abdomen mientras que a él le faltaba un poco más para poder terminar. Tom le ayudó un poco, y cuando pudo hacerlo, el de rastas se acercó para dejarle un tierno beso en la frente y los dos se recostaron en la cama, exhaustos y complacientes por la muestra de amor. Más enamorados que nunca.

Continúa…

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por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

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