Fic Toll de Miss Anunnaki

Capítulo 39

<< El número al que usted intenta comunicarse, se encuentra apagado o fuera del área de cobertura. >>

— ¡Mierda, que te jodan Lis! —decía molesto, tiró su móvil al suelo, se encontraba sentado, apoyado contra la pared de la habitación. Estaba con las rodillas flexionadas y tenía los ojos hinchados, llevó ambas manos a su cabeza y comenzó a barrer sus cabellos de la desesperación. Tenía mucha bronca, no podía creer que su novio lo estaba engañando con su vecina, eso se veía en una porno pero no en la vida real.

El nudo en la garganta le molestaba, lloraba por eso y por lo que se había enterado. Sentía tanta ira, tanta impotencia, tantas cosas negativas que pensaba en cosas macabras, no podía aguantar tanto sabiendo que su novio se había acostado con esa rubia, y vaya uno a saber cuantas veces lo había hecho. Él estaba seguro de que Tom era el indicado, ¿Qué mierda había pasado con eso? Estaban enamorados, se amaban, ¿Por qué tenía que pasar algo como eso?

Se puso a llorar otra vez, se lamentaba en cada segundo. Todo lo que había pasado había sido un fraude, ahora todo cobraba sentido. Por eso actuaba así, porque tal vez esa zorra le daba un poco de su culo para que tuviera, y Tom actuaba indiferente con el pelinegro a causa de eso. No podía aguantarlo, no podía soportarlo, el amor de su vida estaba con una mujer. ¡No podía pasar eso! ¡Si él mismo fue quién le pidió para estar juntos! O tal vez, solo tal vez, él lo había hecho por lástima, porque veía sufrir al pelinegro con sus ex novios y Tom solo quería darle un poquito de esperanza de que todos no eran así, pero no, al final todos eran iguales.

Necesitaba que alguien le escuchara, cargar con eso sobre su pecho le hacía tan mal, le dolía bastante, era ese tipo de angustia que tenías cuando estabas deprimido y necesitabas descargarte, era esa presión indescriptible, imposible de descifrar en palabras, aquella que siempre aparecía cuando algo malo te sucedía y te apretujaba de forma terrible el corazón. Sollozaba, sollozaba en voz alta y voz baja, nadie podía escucharlo, se encontraba solo en el departamento. Se mojó los labios y decidió llamar a alguien, se arrastró por la cama y se deslizó por el suelo hasta tomar de nuevo el celular, se quedó sentado cruzado de piernas y buscó en su agenda el número. No tenía otra opción, necesitaba contención de alguien, y si su mejor amiga no estaba disponible, entonces la siguiente persona podía hacerlo. Le marcó y depositó el aparato en su oreja, se apoyó en la cama y volvió a llorar, apretaba sus labios recordando todo y quería matarse.

¿Hola? —Contestaron del otro lado, se notaba que estaban festejando algo. El pelinegro tragó saliva.

—Shannon, soy yo. —le dijo con la voz temblorosa, lloraba sin control y se secaba las lágrimas en vano. —No quiero molestarte pero…

¿Qué sucede? Estás… ¿Estás llorando? —cuando le dijo eso, el pelinegro se echó a llorar más y no podía dominarlo. —Ok, lo entendí. ¿Dónde estás?

Shannon se mostraba preocupado, no sabía porqué le llamaba y estaba llorando, sentía pena, quería ayudarlo de alguna manera, pero si el pelinegro continuaba llorando mucho no se podía progresar. Le dijo que lo iría a buscar pero el pelinegro le decía que solo quería hablar con alguien, entonces el baterista le convenció de hacerlo con la condición de que fuera cara a cara, el otro no tuvo más remedio que aceptarlo.

Pasado una hora, Shannon tocaba el timbre, Bill se había arreglado un poco, no quería que lo viera así, aunque ya había sido varias las ocasiones en los que le había encontrado peor. Tomó su bolso y salió del departamento, cerró la puerta con llave y descendió los pisos. Casi corrió para abrir la puerta; cuando salió, Shannon se quitaba las gafas, aunque era de noche él las usaba.

— ¿Qué pasó? —le preguntó cuando miró al pelinegro, el otro se acercó y lo abrazó. El baterista se sorprendió de eso, pero correspondió la acción y lo abrazó también, cerró sus ojos y disfrutó de esa cercanía. Permanecieron así por unos instantes, luego, sin decir nada, ambos se subieron al vehículo de Shannon.

En el trayecto ninguno de los dos hablaba, el baterista pensaba que tal vez necesitaba un poco de espacio y aire para relajarse de lo que fuera que le estaba sucediendo. Claramente tenía muchas preguntas por hacerle con respecto a su estado de ánimo, pero lo mejor era permanecer callado hasta llegar a un lugar y poder hablar tranquilamente allí.

El baterista lo llevó a su departamento, en silencio ingresaron y Leto encendió las luces. Fue a la cocina a buscar algo para que el pelinegro bebiera. Mientras tanto, Bill miraba a su alrededor lo que él había dejado luego de separarse, todo estaba casi vacío, era como si los muebles y muchas chucherías hubieran desaparecido con su abandono, en verdad, no pensaba que él pudiera ocasionarle tanta culpa que decidiera vender los muebles para olvidarse de él.

—Aquí tienes. —Shannon le tendió una botella de agua y Bill le dio una mirada antes de hacerlo, lo agarró y lo bebió. El baterista se fue a sentar en el sofá, en el mismo donde habían pasado noches interminables.

Kaulitz se sentó también, pero no tan cerca de él, bebió con dificultad el agua ya que el nudo en la garganta no le permitía ingerir como quería. Cuando bajó la botella largó un suspiro, miró por sobre su hombro al baterista y éste le observaba con bastante atención. Estaba serio, como si estuviera intentando deducir el problema por el cual había decidido ir en su búsqueda. El pelinegro volvió su mirada hacía la botella y se relamió los labios, ahora no sabía como era que había llegado a recurrir a su ex novio. Todo había terminado entre ellos, pero ahí estaba, a su lado, en silencio.

—Y bien —cortó el momento de hielo. — ¿Qué sucedió?

La voz de Shannon era tan determinada, tenía ese tono de voz que lograba seducirte, y el pelinegro movió sus hombros al escucharlo, era como si le estuviera susurrando esas palabras cerca de su oído. El pelinegro comenzó a contarle lo que había pasado, se quebró y se puso a llorar mientras le contaba, Shannon lo observaba desde su lugar con las piernas cruzadas y apoyado contra el sofá, con un brazo sobre el posamanos y agarrándose con los dedos su sien. Le oía atentamente, mientras recreaba la escena de lo que le contaba en su mente, se sintió identificado con la historia, pues él también le había engañado; la diferencia era que Thomas lo había hecho con una mujer y no con el amigo del pelinegro.

El baterista se irguió, se colocó muy al lado de Bill y le empujó suave con su hombro, el pelinegro se secaba las lágrimas y sollozaba, hacía ese extraño sonido con la nariz. Leto rodeó un brazo por la espalda de Kaulitz, tocando su hombro, entonces le frotó el mismo y eso hizo calmar un poco al recién herido.

—Bill, no soy el indicado para opinar sobre eso, sabes porqué. —le dijo refiriéndose al engaño. —Me alegra de que me hayas elegido para contarlo, tú sabes lo que puedes hacer, decirle es la mejor opción, intentar aclarar las cosas es lo correcto.

El pelinegro asintió y exhaló el aire, vio que Shannon le dio un pañuelo y lo aceptó, se limpió la nariz y decidió beber un poco más de agua, ahora tenía un poco de calma, contarle a alguien sobre lo que había pasado era lo mejor que podía hacer. Además, el baterista de Mars tenía razón, tenía que hablarlo con el chico de rastas, aclarar los puntos, pero él tenía miedo, porque siempre terminaba en lo mismo y siempre le rompían el corazón; y él que pensaba que todo iba muy en serio con Thomas.

— ¿Qué pasó con los muebles? —preguntó el pelinegro mientras se componía de sus lágrimas, escuchó que Shannon exhaló el aire y deshizo el agarre.

—Los estoy vendiendo por iBey. Voy a mudarme. —le contestó serio. —No quiero… Ya sabes, recordar el pasado.

Bill asintió mientras observaba el pañuelo y jugaba con él, aquellos muebles los habían comprado juntos pero el pelinegro había decidido dejar algunos, se habían repartido bienes sin haberse casado antes.

—Estás haciendo un buen trabajo, Shann —se relamió los labios. —Me refiero a que… No te estás comportando como un desquiciado por haber terminado la relación.

—He llegado a pensar que tal vez tenía que dejarte ir, dejar que seas feliz con… él.

Era absurdo, pensaba eso pero resultaba ser que Thomas le había engañado y ahora se encontraba con él. Realmente, eso era absurdo.

—Espero que no te haya arruinado la noche sacándote de esa fiesta. —Dijo Bill agarrando la botella nuevamente, la destapó y comenzó a beberla.

—Descuida, me hiciste un gran favor. —El pelinegro bajó la botella y volteó a mirarle, los dos se observaron. Shannon no apartaba esa mirada que le seducía y lo volvía loco en el pasado, y él le miraba entre confundido y aliviado por haberse sacado el peso de encima. ¡Mierda, era todo tan confuso!

Continúa…

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por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

Un comentario en «Café 39»
  1. Rayos, leí está historia hace mucho raro no recuerdo que pasó y ahora Bill tiene el corazón 💔 y Tom le engañó y abandonó?? Desde el capítulo 1 estoy tan triste 😭 ….

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