Fic Toll de Miss Anunnaki
Capítulo 42
—Antes que digas algo. —Extendió su mano, el otro miró la misma. —Lamento lo de hace un tiempo, no sabía lo que estaba haciendo, fui un estúpido.
Tom le quedó mirando, fijaba sus ojos en la mirada de Jared; no le estaba jodiendo con eso, era la pura verdad. Le estaba pidiendo disculpas por lo que había sucedido, por ese incidente en la habitación del hospital que llevó al chico de rastas a cometer un daño en Bill. Él extendió la suya y ambos la estrecharon, aceptando las disculpas y las molestias ocasionadas; era poco a comparación del daño que le había hecho a Bill, era algo mínimo de realizar ante aquello.
Separaron la unión y Tom siguió buscando con la mirada a su novio pero ya no lo veía por ningún lado, entonces comenzó a preocuparse. El cantante de Mars le observaba con bastante atención, claramente Trümper podía ser su hermano menor debido a la edad, no podía negar tampoco que el pelinegro tenía buen gusto cuando se trataba de salir con alguien; Tom no era para nada desagradable y feo, todo lo contrario.
—Ah… ¿Sabes donde lo puedes encontrar? —le dijo en un tono divertido, pero nada era divertido para el chico de rastas. Tom le dio una mirada y Jared le sonrió, le señaló el lugar donde se encontraba su novio.
Allí, donde nadie los molestaba, más allá de las personas que hablaban y se divertían, más allá de la música y las bebidas alcohólicas, se encontraba Bill junto a Shannon. Los dos estaban en el balcón del departamento, se podía notar las intenciones del baterista a través de su mirada mientras observaba a Kaulitz. El chico de rastas hirvió de celos, sentía esa incomodidad en su pecho y sentía la vibración de la molestia en sus manos, quiso avanzar pero algo se lo impidió: Jared le sostenía con su mano el pecho, ambos cruzaron miradas y el de los ojos azules no era tan agradable. Negó con la cabeza y despacio retiró su mano del pecho, Tom no entendía nada.
—Déjalos, no están haciendo nada malo. —le dijo con naturalidad, Thomas observó de nuevo al pelinegro y él le enseñaba su celular a Shannon. Cabía destacar que estaba perplejo, quería saber a toda costa qué estaban haciendo. —Escuché que pelearon.
Trümper volteó sus ojos hacía los azules de Jared. Seguramente su hermano le había contado el chisme de la parejita no tan ideal, tal vez hasta le había inventado otra cosa más para que se completara la anécdota. Por un momento Tom se sintió molesto, ¿Cómo era posible que las cosas se sabían tan de repente? ¿Y por qué justo ellos lo tenían que saber? ¡Solo eran sus ex novios! No tenían porqué enterarse de los problemas del pelinegro con el chico de rastas, ellos tenían derecho a la privacidad.
—Mira, no voy a mentirte ni inventarte nada. —Siguió hablando Leto, el otro no dejaba de observar a los dos que estaban afuera. —Shannon y Bill tienen una conexión bastante fuerte, recuerdo claramente cuando yo los escuchaba hablando de mí cada que nos peleábamos, cuando estábamos juntos. Él siempre estuvo en todo, siempre lo cuidó más allá de los errores que cometió, jamás se apartó del todo.
El de ojos azules largó un suspiro apesadumbrado. Tal vez era por eso que nunca estaba de acuerdo con su hermano, tal vez por eso siempre buscaba un motivo para pelearse, porque él sentía celos. Sí, los tenía, envidiaba tanto que Shannon pudiera estar siempre cerca de Bill, pasara lo que pasara. Sentía celos de su propio hermano solo por eso.
Al final de cuentas él estaba en lo cierto, Jared nunca había significado lo suficiente para Kaulitz, jamás había sido el indicado, sino, él estaría en el lugar de su hermano en estos momentos, los dos estarían afuera, en el balcón del departamento.
—Yo siento que ellos, verdaderamente y no lo digo porque se trata de mi hermano, se merecen. Es solo que mi hermano es algo testarudo y a veces las cosas se les va de las manos, y Bill ahora está contigo…
— ¿Estás diciendo que tengo que dejarlo? —Masculló con el entrecejo fruncido, si intentaba sacarle de quicio lo estaba consiguiendo.
—No, no, no me refería a eso. —intentó bajarle la guardia. Suspiró. —Solo quiero que sepas que ésto siempre va a ser así. No importa cuántas veces le rompas el corazón, o que otras personas lo hagan, siempre va a volver a Shannon, no digo que vuelvan a ser pareja, pero… ¿Entiendes?
Tom observó de nuevo a los dos que estaban afuera, y vio que se encontraban abrazados mirando la ciudad. Podía ser que Jared tuviera razón, siempre que sucedía algo Shannon estaba en el medio, pero no de mala manera, si no que siempre estaba en los momentos no buenos de la pareja, y siempre estaba consolando a Bill. Tal vez, él pensaba, que él era el verdadero intruso en esa historia, él había sido partícipe de la ruptura, él había estado en esos momentos de sufrimiento porque él los había causado. Por un segundo, y solo por uno, sintió que no merecía estar al lado del pelinegro.
Le había roto el corazón, y junto a ello, la promesa de amarlo solo a él.
El cumpleaños de Shannon siguió su transcurso, le prepararon un pastel solo para él, de su gusto favorito. Le cantaron el feliz cumpleaños y luego continuaron con el festejo. Pasada toda la noche, el pelinegro decidió volver al departamento a descansar un poco, Tom lo esperaba mientras llamaba al ascensor, vio de reojo que ellos dos se hablaban muy de cerca y que luego se abrazaron.
El de rastas tenía que controlarse, no tenía que armar un escándalo, no otro. Apretó constantemente el botón para que el condenado ascensor apareciera. Oía las risitas del pelinegro y la voz irritante de Shannon, sentía que en cualquier momento se le iba a salir el demonio que tenía en su interior, y terminaría destruyendo todo el departamento del baterista.
Las puertas se abrieron, entonces dio un vistazo al pelinegro, se despidió y Shannon miró al chico de rastas, él le saludó con la cabeza e ingresó al cubículo. Cuando los dos se encontraron en el mismo, las puertas se cerraron y Tom cerró sus párpados. Volvía a rememorar la conversación que había tenido con Jared, no podía estarle mintiendo con aquello, había cosas que probaban esa teoría.
Se meció de un lado a otro sin darse cuenta, intentaba olvidar esa conversación pero le era imposible, retumbaban las palabras como si de un tambor se tratara. Suspiró y abrió los ojos, miró a su chico y él estaba mirándose las uñas. Se mostraba serio, parecía haber fingido todo el tiempo en la fiesta.
Cuando salieron y se metieron al auto, la tensión se asomó. Ninguno de los dos se hablaba y Tom no quería ser el primero en decir algo porque, tal vez, el pelinegro empezaría a recriminarle los hechos que había cometido. No podía permitirse otra discusión más, estaba claro que él quería un tiempo, por lo tanto, Tom se lo tenía que dar.
¿Cómo se llevaba a cabo un «Tiempo»? ¿Cómo iban a actuar de ahora en adelante? ¿Cómo pretendían continuar viviendo en el mismo departamento si Bill quería un «Tiempo»?
Preguntas recurrentes se acumulaban en la mente del chico de rastas, y así no podía conducir, pensaba y pensaba tanto que reducía la velocidad por temor a apretar el acelerador y que todo se fuera de control. Mojó sus labios y apretó sus manos al volante, dobló a la izquierda y siguió el camino.
Ahora todo volvía como al principio, actuarían solo como compañeros de departamento, dormirían en camas separadas, en habitaciones distintas, lejos del otro. Lejos de tocarse, besarse, acariciarse, lejos del amor que sentían uno por el otro. Lo iba a extrañar, lo iba a extrañar tanto que no iba a poder conseguir dormir.
Al llegar, Bill tomó sus cosas y salió disparando, Tom le quedó mirando y retiró la llave, exhaló el aire y se apoyó en su asiento, hizo su cabeza hacía atrás y cerró sus párpados. Estaba claro que Bill se iba a tomar ese jodido tiempo, y que los días siguientes iban a ser muy tortuosos para el chico de rastas.
Sintió un golpeteo en la ventanilla, abrió sus párpados y viró hacía el lugar, el pelinegro estaba inclinado de su lado, entonces Tom bajó la ventanilla rápido y sin entender mucho lo que estaba pasando. Los dos se quedaron mirando a los ojos.
— ¿No vas a entrar?
Continúa…
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