Fic Toll de Miss Anunnaki

Capítulo 5

Sus ojos estaban plasmados en aquellos labios, su boca estaba entre abierta, admirando cada palabra, o cada movimiento que su objetivo efectuaba. Deslizó su vista hacia sus cejas, observaba cómo esas se mecían cada que hablaba o se reía con sus colegas. Tom estaba al fondo de todo, en una esquina, como si lo hubieran delatado de una travesura de niño y lo mandaron al rincón a pensar en lo que había hecho. Inhaló más de la cuenta y lo exhaló. ¿Acaso estaba suspirando como una colegiala? Esfumó esos pensamientos y bajó su mirada al cappuccino moca que tenía en su mano izquierda, mientras que con la otra sostenía una carta de la empresa. No lo había leído en todo el tiempo que llevaba fuera del establecimiento, sin embargo, estaba más pendiente de lo que la tipa que trabajaba en el café hacía que el contenido de dicha carta. Le dio un sorbo a su infusión antes de abrir el sobre. Lo rompió, dejando ver un papel que contenía pocas palabras en su interior.

Leyó para sí:

Estimado señor, nos complace avisarle por medio de esta presente, que dado a sus buenas cualidades con el proyecto Blake, y sus insistentes aportes al mismo, la comisión directiva ha decidido aceptar sus propuestas, dado por sabido que, a sí mismo, aceptamos trabajar con usted en el ámbito. Felicitaciones.

Sonrió al papel, no lo podía creer. Después de tanto luchar, de intentar que se fijaran en él de manera laboral, lo había logrado y ahora lo convocaban para trabajar con ellos. Con su alegre expresión, alzó sus ojos, directamente los enfocó en la tipa, y ella le estaba mirando. Cuando ésta reaccionó, se giró para chocar con la torre de vasos de café, todo se cayó al suelo y una de las chicas gritó una barbaridad. Los clientes miraban de chismosos. Tom se puso de pie, preocupado por ver si la tipa se lastimó o algo. Al ver que ella se levantó y acomodó toda su melena, ordenó todo y desapareció, tal vez porque se dio cuenta que el de rastas rubias le observaba.

Buscó su móvil y vio su agenda de contactos, el número de la chica estaba allí. Recordó cuando se lo había pedido a su amiga, después de que la otra se marchara.

Lissa salió del sanitario de damas, Matt hablaba con uno de sus amigos. Tom estaba de pie con su bebida en mano. Al ver salir a la tipa y acercarse, se irguió.

Mi amiga tuvo un percance, creo que se retirará —Se corrió varios mechones del rostro, ocultando lo fastidiada que estaba.

Qué pena —Dijo Matt. —Estábamos hablando que haría buena pareja con Tom.

El de rastas castañas claras le miró tan sorprendido como la chica, la sonrisa de Jackson desapareció y enfocó sus ojos oscuros en la amiga de Lissa, que salía como si hubiera visto la peor de las calamidades.

¿de qué hablas? —Dijo confundido, sonriendo para ocultar un poco sus nervios. Tom se pasó los dedos por la nariz, tratando de mostrarse normal pero algo en su interior le decía que debía saber algo más de la amiga de Lissa.

Detrás de la pareja dispareja, Lina salió seria, sus ojos estaban apagados, ya no tenía esa sonrisa, ni el brillo en sus pupilas, tampoco tenía ese toque especial en su andar, ni lo glamoroso se desparramaba con cada pisada. Tom vio cada movimiento sin vida, sin sentido, cada paso que la joven emitía mientras se alejaba de ellos sin siquiera despedirse o decir A. Algo había sucedido en el sanitario, pero no quería andar como una chismosa preguntándole a su amiga, cuando apenas y se sabía el nombre.

¿te interesa? —Dio un respingo al escuchar la melosa voz de Lissa. Matt ya no estaba cerca, él se encontraba con sus amigos parados en la línea mientras uno de ellos le daba lecciones para un tiro perfecto.

¿Disculpa? —Parpadeó repetidas veces, se cruzó de brazos observando a la pequeña chica.

Lissa, aún fuera una hormiga, aún fuera un elefante, no perdía aquella mirada fulminante. Mostró una sonrisa cortes y observó el suelo, Tom se dio cuenta que con eso, estaba por decirle algo que le daría justo en las pelotas.

¿quieres su número? —Le mostró su celular, ahora enseñó una sonrisa divertida, incitándolo, alentándolo, mostrándole un lado macabro con aquella expresión. —No te niegues a Lina.

Tom echó una risita, claramente estaba intentando cubrir su mera curiosidad y las ganas de saltar al teléfono de Lissa como un psicópata solo para obtener algo más de la muchacha.

Qué simpática eres —Dijo relamiéndose los labios, conservando esa sonrisa cálida.

Lissa frunció sus labios y caminó hasta ponerse frente a Tom, le mostró la pantalla de su móvil.

¿Lo guardaras o tienes la capacidad de retener estos números? —Insistió. —Tus intenciones fueron detectadas hasta por el personal de maestranza.

¿quieres callarte? —Le dijo molesto, comenzó a buscar su móvil. —No entiendo por qué Matt siempre elige a las tipas más habladoras. Jesús.

Apúrate. —Continuó insistiendo. Lissa estaba más que decidida, ella iba a ser quien iniciara el romance entre Tom y Bill, porque si su mejor amigo chillaba como una loca cada vez que lo veía en el café, ni se imaginaba cómo se iba a poner al escuchar su voz en el teléfono.

Lo anotaré solo porque me insistes —Argumentó mientras tecleaba en su móvil.

— ¿cómo te trata la vida? —Le preguntó su colega, Tom enfocó sus ojos color miel en su amigo.

El tipo se acomodó en el asiento de enfrente y alzó la mano, llamando a una de las tipas que pasaba casualmente por allí. Le pidió un café cortado con leche, la joven sonrió y se fue a por el pedido.

—Estupendo —Tom estaba sobresaltado. La emoción de haber sido aceptado se le notaba en el rostro. —Tengo el puesto en la empresa.

— ¡Felicitaciones! —Sonrió, pasó su mano sobre la mesa y le golpeó suavemente el hombro. —Sabía que podías conseguirlo.

El de rastas sonrió, en verdad no podía caer en la cuenta de que por fin habían notado su insistencia y las ganas de trabajar. Le apasionaba su carrera, y le habían comentado que esa empresa era una de las mejores y que, por lo tanto, iba a poder expresar sus ideas y proyectos para que fueran tomados y llevados al éxito sin problemas.

—Bill, ve a la mesa nueve y lleva este café. —Le dijo una de sus compañeras, el de melena bicolor enfocó sus ojos miel en la mesa, casi se le cae el vaso con la bebida caliente al ver que Tom estaba allí con un tipo, él sonreía como si nada, como si una buena noticia se esparcía por el aire.

— ¿en serio? —Le dijo a la tipa. — ¿no puedes hacerlo tú? Estoy en caja.

Volvió a retomar una cálida sonrisa en su rostro mientras escuchaba atentamente lo que su cliente le pedía con gran entusiasmo.

—Claro que no, estoy limpiando el desastre que dejaron ustedes. —Dijo a medida que pasaba el trapo por el suelo. —Es solo un momento, anda, ve. Yo me ocuparé de la caja.

Lo empujó y retomó el pedido del cliente, Bill bufó y vio la bebida. Los nervios se notaron al ver que el vaso empezó a temblar en sus manos, tragó saliva fuertemente, y la misma le raspaba la garganta, era como ácido.

«Muy bien, Bill. Esto va a ser fácil, solo tienes que ir como si nada, dejar el vaso, corres y te disparas en la sien, sí, eso es todo.» Pensó él para sí.

Contó hasta tres en su interior y emprendió la caminata. Miles de opciones se le pasaron por la cabeza, lo más normal que podía hacer era darle el vaso a otra compañera para que se lo entregara, pero todas lucían tan ocupadas. Todas estaban luchando día a día para ganarse el sueldo y poder gastarlo en fiestas, chucherías o para pagar los estudios y el alquiler.

Para su suerte, Tom estaba tan concentrado, era como si Bill fuera un fantasma y solo iría a molestarlo para dejarlo más asustado que nunca. El tiempo parecía detenerse, de a poco todas las personas callaban sus voces, de pronto todo iba en cámara lenta, y Bill solo quería irse a la mierda. Su corazón parecía que en cualquier momento iba a salir disparando del pecho, esa sensación horrible de sus latidos al chocar contra sus músculos de manera bruta le ponía más paranoico de lo que ya estaba.

Abrió bien grande sus ojos, cuando los de Tom se postraron en él, y desvaneció su sonrisa.

«Definitivamente es la muerte», pensó Bill.

— ¿café cortado con leche? —Lo que jamás en su vida podía cambiar, era el tono de su voz. A veces lograba el tono normal de un chico de su edad, pero la mayoría de las veces lucía como toda una señorita.

Tom por dentro se contenía de trepar la pared y subirse al techo como una araña. En lugar de eso, se mantuvo serio, desvió sus ojos hacia su colega que alzó la vista y le sonrió a la tipa.

—Oh, es para mí —Dijo en tono divertido. —Vaya, de haber sabido que chicas lindas como tú sirven el café, hubiera venido antes.

Por más extraño que pareciera, ese halago hizo ruborizar un poco a Bill, sus mejillas adoptaron un tinte rosa y sonrió. Después quería reírse como un desquiciado pero lo evitaba a toda costa.

—Dime hermosa, ¿cómo te llamas? —Siguió alargando la corta visita del pelinegro a la mesa. En ese entonces, de reojo fijó a Tom y éste le miraba. El de rastas viró hacia otro lado, maldiciéndose por dentro de haber hecho contacto visual.

Antes de que Bill dijera mu, el otro se le adelantó.

—Yo soy Georg —Extendió su mano para que la muchacha lo estrechara. —Y él es Tom.

Corrió sus ojos al tipo de rastas. Éste, como si nada, le miró y movió su cabeza en señal de saludo, esbozó un intento de sonrisa pero sin mostrar sus dientes.

—Soy Lina —Determinó.

Si le mentía, si decía otro nombre, o si tal vez sacaba a la luz su verdadera identidad, todo se iba a ir al demonio. Toda la sociedad lo tachaba de mujer, solo por ser un metrosexual al extremo y por aparentar ser una chica. Todos, excepto Shannon y sus ex, sabían que Bill no era una tipa, sabían que tenía algo que no tenía de qué avergonzarse entre medio de sus piernas.

— ¿a qué hora termina tu turno, lindura? —Coqueteó Georg.

Sus ojos verdes eran alegres, y con esa sonrisa bien extendida, que mostraba un poco de arrugas a sus costados, le hacía ver jodidamente bien.

—Hagen. —Le llamó por otro nombre Tom, su amigo volteó a verle, Bill también. —Déjala, está trabajando. Seguro tiene muchas cosas que hacer.

—Oh, es cierto —Le siguió la corriente. —Lo siento, debo continuar. Disfruta tu café.

Luego de eso, la diva abandonó el lugar. Georg aún no dejaba de mirar el trasero flacucho de Lina y el andar particular que ella tenía.

—Tu café se te enfría. —Soltó Tom, el otro le miró y éste se encontraba cruzado de brazos, mirándolo serio.

— ¿desde cuándo te comportas como si fueras un viejo?

No dijo más, su amigo se sumergió en su café. Tomó dos sobrecitos de azúcar que había en la pequeña caja sobre la mesa. Tom no dejaba de observar a la tipa, realmente algo le atraía, más allá de que le llamó la noche anterior y de que le había visto el día anterior a ese, él nunca se había interesado así por alguien, normalmente siempre iba y encaraba a las chicas, pero con ésta en particular tenía cierto problema, y eso era la maldita timidez. Se sentía como un niño de cinco años.

Continúa…

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por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

Un comentario en «Café 5»

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