Fic Toll de Miss Anunnaki

Capítulo 50

Solo tenía quince minutos de descanso antes de la próxima reunión, así que decidió descansar un momento en la oficina temporal que le habían asignado para que acomodara proyectos y los revisara con antelación. El chico de rastas apoyó su espalda en el respaldo y exhaló el aire. Miró la iluminación un momento y se puso a pensar: ¿Porqué había insistido tanto en conseguir ese trabajo si ahora se lamentaba? Extrañaba demasiado a su novio, lo quería abrazar, besar y acariciar, pero debía soportar el trabajo si quería unas merecidas vacaciones.

Con el peso de su cuerpo movió la silla de oficina y se deslizó hasta dar con el afuera, podía ver la ciudad desde un piso treinta. El sol estaba casi en su punto más alto y vio que algunas nubes podían brindar algo de sombra a las personas que transitaban abajo como unas hormigas alteradas debido al avistamiento de una lupa.

Habían pasado más de dos semanas desde que había partido, y ahora le quedaba contar los días para regresar, a pesar de que el otoño se acercaba, el calor infernal con el que se despedía el verano era insoportable. Por suerte Tom se la pasaba casi todo el día en la oficina y el aire acondicionado lo tenía algo relajado. A veces se le daba por ir caminando al hotel solo para estirar las piernas y conocer un poco más de la ciudad, y se daba ese gusto pero no siempre.

El teléfono comenzó a sonar y el se giró para tomarlo, postró su vista en la pantalla y bufó al reconocer el remitente. Revoleó los ojos y decidió contestar.

— ¿Qué quieres? —dijo efusivo, no le ponía de buen humor encontrarse con el pasado, y menos si eso implicaba dañar a Bill.

¿Es esa la manera de contestarme? —le respondió con otra pregunta del otro lado de la línea. Tom se irguió en su silla y decidió centrarse en un edificio para tener algo de calma. — Un, «¿Hola, como estás?», no vendría nada mal.

— ¿Por qué llamas? —dijo molesto Tom, frunció las cejas desplazando su vista hacia las nubes. —Ya te dije que no me busques más, Gema.

Tranquilo, baja la guardia. —dijo entre risas. —Solo quiero asegurarme como va el hombre más afortunado del mundo.

Trümper apartó el móvil un segundo para echarle un vistazo por unos segundos, pensó mucho en esa frase. ¿Por qué lo había dicho? ¿Acaso había sucedido algo? O tal vez ella quería ser algo sarcástica con la situación. Volvió acercar el aparato y escuchó la respiración tranquila de Gema, tragó saliva y habló.

— ¿Por qué dices eso? —no entendía, tampoco le gustaba que jugara a la misteriosa porque eso le ponía aún más molesto. No le iban las vueltas.

Es tan curioso ahora que lo preguntas. —decía aún riéndose. ¿Qué era tan gracioso? —En verdad, no quiero joderte la vida, sé que estás feliz con… Ese chico. —Dijo eso último con algo de repugnancia. —Pero debes saberlo, no quiero que después esto sea un escándalo.

— ¿De qué estás hablando, Gema? —estaba confundido, no entendía absolutamente nada.

Tom. —se oyó que tomó un gran respiro. —Estoy embarazada.

Trümper se quedó estático por unos momentos, ¿Escuchó bien? Su rostro se mostró aún más desconcertado al oír eso. Lo habían hecho en dos ocasiones pero, lo estúpido de todo ese disparate, era que no recordaba si la primera vez había usado protección. Había estado bebiendo y perdió el control de la situación, lo que lo llevó a cometer semejante desliz.

Trató de hacer memoria y solo le venían cortas escenas de esa noche. Apretó con precisión los párpados, borrando esas imágenes destructivas para la relación que llevaba con el pelinegro. ¿Podía ser cierto? no lo sabía, estaba tan subido de alcohol que ni siquiera recordaba los métodos anticonceptivos. Se paseó la mano libre por sus rastas, como queriendo arrancarse parte de ellas por haber oído tal noticia.

Tom, ¿Estás ahí? —dijo algo preocupada Gema, temía que se había arrojado al vacío, aunque no estaba tan lejos de esa idea.

El chico de rastas no podía creer, tenía un revoltijo de recuerdos y voces, tenía un remolino en su mente de imágenes y risas, besos y cosas estúpidas. Si el trabajo era un peso sobre su espalda, lo que Gema acababa de decirle eran miles de toneladas sobre él, era increíble, no podía creerlo, estaba en trance total.

Mira, sé que es demasiado pronto para hablarlo pero… Deberías hacerte cargo. —dijo ella decidida. —No quiero joderte la vida pero yo sola no voy a poder con esto.

— ¿Estás segura de lo que me estás diciendo? ¿Ya te hiciste una prueba? —insistió en desmentir esa noticia, pensaba que si le decía que no entonces podía zafar.

Ah… —titubeó la chica. —Bueno… Sí. —dijo con énfasis y cierta aceleración en su voz. Eso le pareció algo extraño al chico de rastas. —Yo no voy a decirle a mi padre todavía, voy a esperar a que regreses y hablaremos de esto.

— ¿Señor Trümper? —dijo una muchacha pequeña. Él asintió y le hizo una seña con el dedo de que le diera un minuto, la mujer asintió.

—Tengo que colgar ahora, Gema. Después hablamos. —le cortó y guardó el móvil en su bolsillo.

Dejó que la mujer ingresara y le pidió unas cosas, él mientras hacía intercambio de carpetas y pendrives, también organizaba una junta con su jefe para darle la opinión final y las ideas frescas que había tenido en base a lo que había leído de otros aspirantes. Él era como un asesor, entre otras categorías; era Thomas multiuso, pero ahora era Thomas multifusilado por la noticia de Gema y su embarazo.

Mientras hacía su trabajo no dejaba de pensar en la noticia. ¿Qué iba a pensar Bill a todo esto? Ya lo había perdido una vez, había provocado casi una tragedia por eso, y ahora se le presentaba otro caso mucho peor. Estaba en el borde del abismo, debía calcular para donde pisar si no quería terminar cayéndose por el precipicio. Pensaba en las reacciones de su chico si se enteraba, o peor, si él regresaba y el pelinegro lo esperaba ya con la noticia sobre su frente; eso iba a ser el infierno, porque ahí le daría por sentado que todo terminaría para siempre.

No quería perderlo, apenas lo había recuperado, apenas volvían a vivir esa pasión. Necesitaba llegar al fondo de todo eso, quería estar seguro de que Gema tuviera la confirmación sobre su estado. Dios, ¿Un hijo? ¿A su edad? Era demasiado joven para tener una criatura, tenía un buen trabajo, un novio que lo amaba, una vida plena, unos padres amorosos. Pero eso se desvanecía con la palabra «Embarazo».

Empezó a tener algo de pánico por esa palabra, le desagradaba bastante, no la toleraba. Tenía que buscar la respuesta correcta a su pregunta, y ahora más que nada quería volver rápido para el departamento y arreglar todo ese asunto. Pero… ¿Y Bill? ¿Cómo iba a reaccionar Tom al escucharlo por el teléfono la próxima vez que tuvieran que hablarse? ¿Sería capaz de decirle todo en ese momento?

No lo sabía, pero lo que no quería era lastimarlo, y a distancia las cosas se iban a poner difíciles, así que decidió no decir nada al respecto hasta que volviera a su hogar.

Continúa…

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por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

Un comentario en «Café 50»

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