Fic Toll de Miss Anunnaki

Capítulo 59

Caminaba tranquilamente por la avenida de la ciudad, el pelinegro se perdía en las prendas que lucían los maniquís. Era viernes y se dirigía al departamento de Shannon para poder descansar un poco del trabajo. Digamos que de apoco se iba recuperando de todo lo malo que su, ahora ex novio, le había hecho, claro que no estaba enterado de la golpiza que el baterista le dio a Trümper; de haber sabido eso directamente le iba armar un escándalo. Él mismo le había dicho que no fuera a buscarlo para gritarle o pegarle, pero no fue así.

El teléfono le empezó a sonar, lo tomó rápidamente y sin ver de quién era la llamada, contestó.

— ¿Si? —habló mirando unos zapatos hermosos.

Ah, Bill… —era la voz de Tom, el pelinegro frunció el entrecejo y se giró, dándole la espalda a la vidriera. —Antes de que cuelgues, necesito hablar contigo.

—Tom, ya te dije que no quiero hablar contigo. —dijo apresurado. — ¡Y deja de llamarme! ¡Mi teléfono se satura con quinientas llamadas tuyas todos los días!

En serio, deja que hable contigo y luego no te molesto nunca más, dame esa oportunidad de decirte lo que quiero.

Era absurdo, él había sido quién cortó la relación, sin embargo le llamaba todos los días para poder hablar sobre lo sucedido. El pelinegro ya estaba harto de eso, además, ¿Qué podría decirle? Todos le habían dicho lo mismo, que era un error, una debilidad, que el diablo se disfrazó de mujer y lo sedujo. Esas chorradas para él ya no servían, no lo calificaba como válido, había sufrido tanto por sus anteriores amores que no creía ni en su propia sombra.

—¿Y como voy a estar tan seguro de eso? —le preguntó mientras caminaba para tomar el bus. — ¿Cómo voy a saber si no eres capaz de seguir con las llamadas?

Créeme, no voy a insistir. Te doy mi palabra.

Kaulitz se rió ante eso, pero luego lo meditó. Si le estaba diciendo la verdad, entonces debía ceder y luego no volvería a verlo nunca más en su vida, aunque en algún rincón de su mente, le agradaba que le llamara, aunque eso le costara lágrimas por las noches. Lo extrañaba, pero una traición como esa era demasiado para él.

—Está bien. —dijo casi en un susurro. — ¿Dónde nos encontramos?

—Dime donde estás ahora, pasaré a buscarte en auto.

El pelinegro le dio la dirección y él le dijo que estaría en unos minutos. Le cortó y miró el móvil, ¿Eso estaba bien? ¿Qué podría pasar si se volvían a encontrar? No iba a permitir que cayera en la trampa, si era que Tom estaba planeando algo, Bill debía mantenerse fuerte y decidido. Solo iban a juntarse para hablar, solo eso, otra cosa no podía ser.

Pronto los nervios le empezaron a comer por dentro, era como un gusano que se tragaba todo su organismo; en unos momentos iba a ver a Thomas, iban a estar cara a cara para hablar, ¿De qué iban hablar? Se mostró confundido, no sabía exactamente de qué, o sea, no sabía porqué habría de hablar de eso cuando todo el mundo ya sabía lo que eso significaba. Capaz le quería pedir disculpas, pero eso no le sería suficiente, tampoco era que quería verlo sufrir; no era tan malo después de todo.

Decidió ir a comprarse unos dulces para calmar esa ansiedad tremenda que los nervios le producían, compró dos bolsas de gomitas, aunque pensaba que tal vez debería haber comprado unas cincos bolsas. Caminó hasta el lugar donde le dijo que le esperaría y decidió abrir un paquete para aliviar la sensación.

Instantes después, reconoció el vehículo cuando dobló la esquina, Bill se atragantó con una gomita y empezó a toser para recuperarse, al hacerlo se acomodó un poco el cabello, ¿Se le habrá corrido el maquillaje? ¿Estaba bien? ¿Se veía tan lindo como siempre? Negó con la cabeza repentinamente, ¿Por qué se preocupaba tanto por su aspecto si solo iba a ver a su ex?

El auto frenó en la vereda y el rostro de Thomas se asomó a la ventanilla, el pelinegro notó que su rostro estaba destrozado, en el sentido de que tenía ojeras y no se le veía para nada bien. Dio un largo suspiro y decidió avanzar, abrió la puerta del copiloto al ser destrabada e ingresó. Cerró la puerta y miró adelante unos momentos, no sabía qué iba a suceder si lo miraba a los ojos. Apretó sus labios, despacio deslizó su mirada para encontrarse con la del chico de rastas, el otro tan solo le observaba serio; el pelinegro tomó una gran respiro, sentía que sus pulmones se saldrían de su interior, ese contacto visual le hizo dar unas palpitaciones tremendas y no pudo evitar recordar el pasado.

— ¿Cómo estás? —le preguntó en un hilo de voz, se sintió avergonzado del tono, parecía como si estuviera muriendo.

—Mírame y te darás cuenta —le respondió el chico de rastas, esas miradas que se lanzaban eran muy intensas, por un momento el pelinegro quiso acercarse para darle un abrazo, pero debía ser fuerte y no ponerse vulnerable.

—Lo hago. —asintió, por dentro se sintió un completo idiota por preguntar algo como eso.

Sin decir más, Bill miró adelante y el motor del auto dio inicio a un viaje sin destino, o por lo menos el pelinegro no sabía a donde se dirigían. La tensión entre los dos fue algo incómodo al principio, el pelinegro quería preguntar algo para que el ambiente frío se derrumbara, pero no sabía si eso era correcto, tal vez era mejor quedarse callados hasta llegar al final del recorrido.

Se quedó mirando la guantera, tenía a su ex novio al lado y no hablaban de nada. Puede que estaba esperando hasta que llegaran a donde tuvieran que llegar, de todas formas, había sido Thomas quién lo había citado, así que por ley él debía ser el primero en hablar de algo.

Kaulitz levantó la vista y reconoció la calle, estaban yendo para el departamento del chico de rastas, el sol le daba en el rostro debido a que estaba atardeciendo, se tapó la vista con la mano y reconoció a alguien que estaba parada en la vereda; frunció al entrecejo y miró de mala gana al conductor.

— ¿Esto es en serio? —preguntó sin poder creerlo. — ¿Qué hace ella afuera? ¿Acaso te está esperando?

Thomas frenó el auto cerca de la persona, ésta fue hacía el asiento trasero y abrió la puerta ingresando en la misma. El pelinegro respiró de manera resignada y miró al chico de rastas, quién bajaba la mirada y apoyaba su frente en el volante. ¿Qué mierda hacía Gema en el interior del vehículo? ¿Acaso se estaban burlando de él? No, no iba a permitir eso.

Tomó sus cosas de forma descarada, mirándolos a los dos, cuando abrió la puerta sintió el agarre y se dio la vuelta para encontrarse con la mirada de Tom.

— ¿Qué es esto? —preguntó Bill. — ¿Qué estás planeando? ¿Por qué ella está aquí? ¿¡Quieres humillarme más!?

—Cálmate. —dijo soltándolo del agarre. —Tenemos que hablar, los tres.

Trümper deslizó la mirada hacía la rubia y ella asintió. El pelinegro se empezó a reír cínicamente, los otros dos le quedaron mirando, ¿Qué le parecía gracioso?

—Yo paso, en serio. —decía volviendo abrir la puerta.

—En realidad tendrías que escucharlo. —habló Gema por fin, el pelinegro volvió a sentarse y miró a la tipa de mala gana.

—Mira zorra, no quiero que me digas qué tan bien lo hace. —le fulminó con la mirada y ella tragó saliva. Thomas se golpeó la frente con la palma de su mano y se lamentaba por eso.

—Bill, solo tienes que escucharme, si te pones en ese plan no vas a llegar a nada.

Se calmó y decidió cerrar la puerta del auto, exhaló el aire exageradamente y no dijo nada por unos momentos, se mojó los labios y decidió darse por vencido. Se cruzó de brazos sin despegar la vista del vecindario que conocía perfectamente.

—Muy bien, los escucho.

Continúa…

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por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

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