Fic Toll de Miss Anunnaki

Capítulo 8

A mitad de la semana, sus primeros signos de cansancio se notaron, y no era el único, todos los que estaban en la reunión tendían a caérseles la cabeza o moverse de un lado a otro debido al aburrimiento que el jefe emanaba en palabras. Lo que Tom necesitaba era una buena taza de café, preferiblemente un cappuccino moca, le encantaba eso, era lo único que podía ingerir luego de escuchar durante dos horas seguidas al vejete que caminaba de un lado a otro hablando con gran alegría, como si en realidad estuviera predicando.
—Así que lo que quiero que hagan ustedes es un informe, y aporten sus ideas en base a la trama que les vine contando, ¿entendido?
Todos asintieron, el vejete tomó sus pertenencias y casi salió disparando de la sala, al parecer tenía otras reuniones a las cuales asistir. Tom fue el último en abandonar la sala de reuniones, siempre era el último en todo, aún no se adaptaba como los otros, aún no tenía esas ganas terribles de irse a casa y alejarse del trabajo por un instante.
Cuando tenía todas sus carpetas en orden, las tomó y salió, vio que unas chicas le miraban. La primera vez que había ingresado todos le quedaron viendo debido a las rastas, él mismo pudo oír que decían que eran desagradables, repugnantes y sucias, pero Tom no les hacía caso, él seguía contento por haber ingresado a la empresa como uno más del grupo.
Luego de que casi todos le tiraran mierda por sus fachas, las chicas, la mayoría secretarias, empezaron a mirarle con otros ojos, encontrando guapo al tipo. Pero él no daba riendas, no porque no quería, las ganas estaban, solo que él se había propuesto no estar con nadie hasta por lo menos estabilizar su lugar en la empresa y ganar su primer sueldo.
Saludó a uno de sus compañeros, adelante del sujeto había dos chicas que le miraban, éstas pensaron que él les saludaba así que alzaron sus manos sonriendo, Tom se echó a reír negando con la cabeza y se dirigió al ascensor. Ingresó y descendió los ocho pisos. Luego del trayecto, y de estar afuera, sonrió mirando en la dirección donde se encontraba el café. Pensó en pasar y saludar, casi siempre saludaba desde el exterior a Bill, ahora quería hacerlo pero de cerca. Además, también quería saber cómo iba el asunto de Shannon, si él le había provocado que le odiara, aunque eso estaba más que claro.
Caminó muy animado, a pesar de que ya sabía la verdadera identidad de la falsa Lina, se sentía a gusto de que, por lo menos, no había caído en esa absurda trampa que Lissa le había tendido. Lo peor había pasado, la verdad había salido a la luz, y él no se sentía para nada incomodo, estaba más neutral que nunca.
Al estar afuera del café, se inclinó para ver a través de la pared de vidrio que dividía la vereda del local. Entrecerró sus ojos para buscar a alguien, tapó un poco con una de sus manos, ya que con la otra sostenía sus carpetas y demás cosas del trabajo. Cuando encontró al individuo, empezó a mover su mano. Bill terminaba de servir un café, llamó por el nombre escrito en el mismo y se lo tendió al cliente cuando éste apareció. Entonces, él miró de reojo hacia afuera, allí vio a Tom saludándolo.
El pelinegro sintió un destello de nervios y un leve revoltijo de estomago, pero cesó de inmediato. Sonrió, estaba a gusto de verle otra vez allí, parado como un imbécil, saludándolo como si fuera un niño de cinco años.
Le llamó con una mano, invitándolo a ingresar al café, Tom miró la puerta y fue a ella para entrar.
—Ah, veo que tienes a alguien nuevo. —Le dijo una de sus compañeras que se situaba a su lado. —Está guapo.
—Cállate. —Susurró él. —Es solo un amigo.
El de rastas venía en su dirección, no había arrancado esa tierna sonrisa de su rostro. De hecho, siempre que saludaba a Bill adoptaba esa sonrisa confortante, y era la única que le lanzaba. Tenía otras sí, pero al pelinegro le dedicaba esa en especial.
—Entonces si es tu amigo, y no tiene novia, preséntamelo. —Se rió la tipa y continúo con su trabajo.
Bill revoleó los ojos, cansado de que todas se babearan por él. Igual, no entendía por qué se ponía así, cuando él también debería estar babeando.
Tom se puso detrás del tipo que estaba por pedir, esperando a que le llegara su turno, mientras aguardaba chequeaba que no le faltara nada en sus carpetas, que las hojas estuvieran bien acomodadas. Escuchó un gracias que el pelinegro le lanzó al tipo que estaba delante de él y éste se dirigió al área de entrega.
Tom se acercó. Bill le sonrió.
— ¿vas a tomar algo? —Le preguntó en tono neutral.
El de rastas depositó las carpetas sobre la mesa, al lado de la caja, corriendo unos dulces que estaban de muestra para llevar, cerca de las tres torres de distintas medidas de vasos.
—Lo de siempre. —Le contestó mientras apoyaba su mano derecha sobre las carpetas. El pelinegro tomó un vaso mediano y colocó su nombre.
Uno de sus tantos sueños de fangirl había sido el de atenderlo y escribirle. Se dijo a sí mismo que anhelaría ese momento, que no viviría para contarlo porque cuando ocurriese él ya estaría muerto.
Pero aún así, aún estando frente a Tom en el café, aún sosteniendo el vaso y a punto de anotar su nombre en el mismo, no se sintió que iba a morir, las piernas no flaqueaban, los nervios no estaban, el revoltijo en el estomago no se presentaba como hacía unos momentos. Se dio cuenta, en ese momento, que lo que tenía con él era de instancia, era solo una sensación por hablarle, una curiosidad por saber más sobre su voz, sobre sus ojos, sobre él. Solo eran las ganas de hablarle, y se sintió un idiota al ver que no tenía ningún problema para hablar como a cualquier otra persona, o su mejor amiga o, incluso, si fuera Shannon.
Al terminar de poner su nombre, colocó un punto. Giró sus ojos color miel al cliente y él le estaba mirando. Al notar que los dos se observaban, desvió el suyo a sus carpetas.
—Bien. —Dijo el de rastas y buscó dinero en sus bolsillos, le tendió con el cambio justo.
—Oh, qué dulce eres —Habló el pelinegro con total normalidad, no podía evitar sonreír como niño pequeño. —Eres el primero en mucho tiempo que da cambio, siempre tenemos que dar cambio nosotros.
El otro negó, sintiéndose un poco halagado, agarró sus pertenencias y se estaba por marchar. Se detuvo y volvió a observar a Bill.
— ¿puedo invitarte a comer?
Al preguntar eso, el pelinegro desvaneció su sonrisa para transformar la curva de sus labios en una delgada línea. Eso alarmó al de rastas porque pensaba que no era correcto aceptar eso. Luego recordó, quedaba todo tan mal interpretado, así que se golpeó la frente con la palma de su mano.
—Es cierto, tu novio va a asesinarme si se entera —Caminó hacia el área de retiro, lamentándose por dentro, odiándose. —Y Shannon viene a buscarte.
Sabiendo que Bill no era una persona normal, ni mucho menos era Lina, su pregunta podía haber advertido muchas intenciones que el de rastas podría tener para con el pelinegro.
—No. —Respondió de inmediato. —Él ahora debe estar buscando a un abogado, supongo.
Los dos se miraron. El silencio reinó en ambos, era como si las demás voces solo retumbaban a lo lejos.
— ¿a qué hora termina tu turno? —Pareciera como si un alivio se impregnó por los poros del chico de rastas.
Bill le dio el vaso a una de sus compañeras que cuchicheaba con otra por el ligue que se estaba armando entre estos dos, pero que ninguno se daba cuenta. Las tipas se reían y ellos ni se inmutaban de eso.
—En unos minutos. —Dijo Bill.
—Perfecto, entonces beberé mi café tranquilo.
Le dio una última sonrisa antes de desaparecer. El pelinegro le quedó viendo, volteó de repente a ver a sus compañeras y éstas, al notarlo, volvieron a su rutina. Las muy chismosas veían la romántica escenita.

Continúa…

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por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

Un comentario en «Café 8»

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