Believer 2: Acosado

«Believer» Fic TWC de MizukyChan

No codiciarás la esposa de tu prójimo, ni desearás la casa de tu prójimo, ni su tierra, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni ninguna cosa que sea de tu prójimo. (Deuteronomio 5:21)

Capítulo 2: Acosado

La pequeña y tranquila comunidad de Avery se vio fuertemente golpeada por el hallazgo de esa mañana. El sheriff se presentó en la iglesia en pocos minutos, pidiendo a todos los presentes que pasaran por la comisaria a prestar una declaración de lo que había acontecido. Organizó al grupo de peritos para que peinaran el área y, finalmente, se acercó al padre Kaulitz, notando la palidez en su semblante.

¿Está bien, Padre?

Tom arrugó el ceño y pasó la mano por su rostro, mostrando lo agotado que se sentía—. No —dijo honestamente, ganándose una palmada del sheriff en el hombro.

Este es el verdadero mal, Padre. La maldad que se describe en sus libros se manifiesta de esta forma en el mundo.

Tom alzó la vista, todavía con el ceño fruncido, y asintió—. ¿Debo presentarme también en la estación?

Me temo que sí, Padre —respondió, sintiendo lástima por el joven sacerdote—, aunque no es necesario que lo haga ahora —agregó con una pequeña sonrisa—. Es probable que más fieles busquen consuelo en la iglesia. Los jardines laterales estarán invadidos por un par de horas, mientras los peritos buscan pistas y huellas, pero seguro que todo estará libre de oficiales para la misa siguiente.

Tom asintió, en una comunidad pequeña, las noticias se expandían como el fuego en la pólvora, por tanto, como dijo el oficial, era muy probable que la misa de once estuviera llena de gente que, más que fieles al Señor, estarían ávidas de noticias sobre el tétrico hallazgo.

Cuando la iglesia quedó vacía, Tom caminó tembloroso hasta el altar y se arrodilló allí, con el rosario en su mano, pidiendo por el alma del desafortunado y rogando con fervor por hacer lo correcto. Aquel hombre misterioso había confesado haber asesinado a una persona, haber disfrutado de ello, pero más importante y más aterrador, había asegurado que lo volvería a hacer… esa noche

Se levantó de golpe y corrió a la oficina de la iglesia, tomando el teléfono y marcando el número de su confidente y amigo, el Padre John Morgan.

¿John? —Habló desesperado—. Estoy en problemas.

&

La iglesia de piedra tenía las bancas llenas de gente, deseosa de oír la prédica del día. Tom los miró a todos desde su lugar tras el altar y arrugó el ceño. Los semblantes serios de la multitud no le convencían, él sabía que no estaban ahí por fidelidad, ni siquiera por miedo, sino por morbo, ya había visto a un grupo de jóvenes recorriendo innumerables veces la entrada del recinto en busca de alguna mancha de sangre que confirmara el lugar donde la mano había sido encontrada. Sintió nauseas y deseó mandarlos a todos al infierno, pero aquello no era parte de su deber. Al contrario, su misión como sacerdote era tomar a todas esas almas descarriadas y devolverlas al redil del Señor.

Pasó la mano por su cara, extrañando la barba espesa que había llevado hasta la noche anterior, pero aliviado de sentir todavía la aspereza que todavía continuaba ahí.

Se ubicó junto al micrófono y comenzó—. Creo que hoy no podré saludarles con el acostumbrado “buenos días”, pues… —suspiró profundamente con los ojos cerrados—, creo que no tendremos días buenos en algún tiempo…

Más atrás, en las últimas bancas de la congregación, un grupo de jóvenes miraba con atención al sacerdote, las chicas sonreían y suspiraban en silencio, mientras los varones rodaban los ojos, pero no se atrevían a levantarse y dejar la iglesia en mitad del sermón, ellos sabían que a sus padres no les haría gracia, además, les habían permitido faltar a la escuela, siempre y cuando asistieran a la misa con ellos.

Cuando el servicio por fin terminó, el grupo caminó rápidamente fuera de la iglesia, no con el afán de regresar a sus casas, sino para explorar los alrededores.

No creo que vayas a encontrar un dedo o la otra mano, Corbin —dijo Jen, una chica rubia de falda corta, rodando los ojos—. La policía ya estuvo aquí y dieron una vuelta con perros y toda esa mierda.

¿Vieron lo guapo que está el Padre Thomas con esa sombra de barba? —Preguntó Mandy, llevándose la mano al pecho, con un suspiro exagerado.

Se ve delicioso —respondió su amiga Tamara, suspirando también.

Eeww, deberían confesarse, ustedes dos —las regañó Ben, mirando el piso por donde caminaban, buscando al igual que su amigo, alguna señal del crimen.

Mandy, arderás en el fuego del infierno —Corbin imitó la voz de su madre, para regañar a su hermana. La rubia bufó y alzó la mano para golpearlo, pero el chico corrió, para evitar su ataque.

Tú deberías confesarte, Ben —dijo Jen muy bajito—. Deberías contarle al Padre que te tocas pensando en él —agregó, pasando la lengua por la oreja del chico, estremeciéndolo.

¡Cállate! —gruñó el chico y continuó caminando.

Ninguno de ellos notó como el tiempo pasaba, ni como se alejaron de la iglesia, hasta que la voz de barítono del cura los llamó.

A medida que se acercaban, notaron que el Padre Kaulitz no llevaba su sotana habitual, sino que vestía unos jeans desgastado y una playera negra, cubierta por una camisa de franela a cuadros rojos y negros que marcaba su trabajado cuerpo.

Me lleva el diablo —susurró Jen, pasando la lengua por sus labios.

Ben también apreció el cambio en el sacerdote y tragó pesadamente, recordándose respirar para no desmayarse ante él y quedar en ridículo.

Chicos, ¿por qué no regresaron a casa con sus familias? —Preguntó con el ceño apretado.

Sólo dábamos un paseo, Padre Kaulitz —respondió Tamara, quien parecía ser la única que había recuperado la capacidad de hablar.

Es peligroso estar aquí —dijo Tom, dando una mirada al exterior—. Es mejor que no salgan de sus casas hasta que el asesino sea atrapado.

El sheriff Pileggi dijo que hasta no hallar el cuerpo no hay caso —la voz de Corbin se oyó muy fría y Tom lo miró con una ceja alzada.

¿Y tú cómo sabes eso?

Escuché la frecuencia de la radio de policía —respondió, alzando los hombros.

¿Y qué hay de la mano? —Preguntó su hermana, mirando a su hermano con voz demandante—. No creo que alguien cuerdo se corte la mano sólo porque sí.

Creo que van a comprobar las huellas digitales y el ADN o algo así —contestó con simpleza.

Pobre bastardo —susurró Jen, ganándose una mirada de todo el grupo—. ¡¿Qué?! Yo creo que sí está muerto.

Yo también —agregó el sacerdote—. Y prefiero que ustedes estén a salvo en sus casas o en la escuela —los miró alzando una ceja—, a que estén vagando por aquí, desprotegidos y vulnerables.

Estamos en la iglesia, Padre, ¿no se supone que es el sitio más seguro en el que podemos estar? —Preguntó Ben, sin estar seguro de dónde había sacado la fuerza para decir eso.

Me alegra que pienses eso, Ben —respondió Tom, dándole una palmada en el hombro—, pero me temo que el asesino ha pensado que ofender la Casa de Dios es algo, no sé, ¿divertido? Y si ha estado aquí esta mañana, con mayor razón no me gustaría que encontrara a un grupo de niños en bandeja de plata.

¡No somos niños! —Gruñó molesto Corbin.

¿No tienes doce? —Preguntó Jen para molestarlo.

¡Catorce! —respondió irritado.

Claro, eres casi un adulto —agregó Tom, sujetando los hombros del chico—. Ahora quiero que salgan de aquí y vayan a un lugar seguro.

Los jóvenes resoplaron, pero comenzaron a caminar en dirección a la salida, con el sacerdote junto a ellos.

¿Padre, por qué está usando esa ropa? —Preguntó Tamara, sintiendo las mejillas arder, porque no podía dejar de pensar en lo guapo que se veía el Padre con esas vestiduras.

Tom sonrió y respondió—. Voy donde la viuda Ferris, le estoy ayudando con el huerto. No avanzaría mucho con la pala y el azadón, usando mi sotana, ¿no creen?

Oh, claro.

Se despidieron y se marcharon, dejando al padre mirando la entrada de la iglesia. Tomó los extremos de ambas puertas y las unió, pasando el gran cierre de metal, para proceder a poner el candado. Observó cada detalle con el ceño apretado, no había señal de que la cerradura hubiera sido forzada.

¿Cómo pudo entrar? —Se preguntó en voz alta.

Finalmente giró y caminó hasta el coche de la parroquia, un Jeep Cherokee de segunda generación de color rojo. Se ajustó el cinturón de seguridad y arrancó.

.

La viuda Ferris lo recibió con cariño, intentando no agobiarlo con preguntas con respecto a lo acontecido aquella mañana. Lo acompañó hasta la parte trasera de su propiedad y, junto a él, se puso a trabajar la tierra.

No es necesario que me ayudes, Samantha, esta es la parte dura, creo que puedo hacerla yo solo —dijo Tom, quitándose la camisa de franela.

No viviría en Texas si no fuera capaz de cuidar de mi tierra, sin ofender, Padre Thomas —respondió la mujer, secándose el sudor de la frente.

Claro, lo que tú digas, Samantha.

Estuvieron un rato más y Tom insistió en tomar una limonada, para evitar que la mujer continuara extenuándose con un esfuerzo que él estaba más que deseoso de realizar. La viuda accedió a preparar la bebida, a regañadientes, pero se retiró con una mirada de gratitud.

Vuelvo enseguida.

Tom se dedicó con más ahínco a la misión, enterrando la picota en el suelo, abriendo surcos para poner las semillas. De pronto escuchó el sonido de una rama rompiéndose a sus espaldas. Bajó la herramienta y giró, entrecerrando los ojos para mirar con mayor claridad, pero no logró ver nada.

Ahora me estoy volviendo paranoico —dijo en un susurro y continuó con su trabajo.

Tras un grueso tronco de árbol, la respiración de un hombre se agitaba cada vez más, mientras con una mano masturbaba su carne, disfrutando de la sensación y de la vista de la amplia espalda y de los músculos contrayéndose del sacerdote. Expulsó su semilla caliente y resopló satisfecho, ya se encargaría de la culpa después.

& Continuará &

Chan, chan, chan, alguien está acosando a nuestro hermoso sacerdote. Aunque vistiendo así, uuff a cualquiera le vienen pensamientos pecaminosos, ¿no? Gracias por leer.

PD: Voy a dejar una imagen de la imagen de la Iglesia que tengo en mente para esta historia. Obviamente esta edificación no está realmente en Avery, Texas, pero sirve para fines del fic.

por Mizuky

Escritora y traductora del fandom

2 comentario en “Believer 2: Acosado”
  1. Creo que un día de estos habrá una fila que le dé la vuelta a la cuadra de personas que van a confesarse porque han tenido pensamientos pecaminosos con él XD

  2. Ohh por Dios!! Pero cómo no vamos a arder en las llamas del infierno con ese padre taaaan sexy.
    Y en verdad me intriga saber quien es ese chico misterioso que ahora hasta lo acosa y se toca viendolo. Es el mismonque el asesino?????

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