
Temporada I. Por Amy-Stalinalsky
Capítulo 13
Estaba tendido en la cama, manteniendo los ojos cerrados, dejándome llevar por el momento; por los suspiros y jadeos de Bill, por la excitación que me consumía y como parecía que un fuego recorría mi piel centímetro a centímetro, el interior me dio un vuelco repentino que subió con fuerza desde mi vientre hasta nublarme los pensamientos.
Él era todo lo que quería en este momento. Ahora con más necesidad que antes.
—Mmm…— la voz de Bill tan cargada de placer hizo que se me erizara la piel.
Intenté subir el volumen al móvil, quería que su voz llegara hasta lo más profundo de mis oídos y causar un eco capaz de derretirme por dentro, pero terminé encendiendo el altavoz.
—Sigue tocándote para mí, Bill. No dejes de pensar en mí, en que te estoy mirando y como esto nos gusta ambos.
—¡Uh! Ya no, Tom— dice sofocado. Eso me hace abrir los ojos.
—Tócate— demando. Escucho como se tapa la bocina y se remueve por una superficie—. Bill, hazlo.
—Pero…
—¿Te gusta? Dime, ¿esta sensación te gusta?
—Me encanta— dice en un tono cargado de sensualidad. Imagino que al decir eso, una sonrisa maliciosa se acentúa en sus labios y entonces me mira—. Sería mejor si estuvieses aquí… ¡Mmm!
¡Joderrrrrr!
Puedo imaginarlo en la cama mientras le miro estando de pie, él curvea la espalda y me mira con esa chispa de deseo en sus ojos, intentando guardar el poco pudor que le queda al cubrir su erección con ambas manos. Está expuesto ante mí. Su piel blanquecina, sus tatuajes, cada uno de sus lunares, incluso el sudor en su piel lo hace ver jodidamente delicioso.
Está agitado y me gusta que lo esté porque me prende. Su aura inocentona sólo lo hace ver más exquisito.
—Si te gusta, sigue tocándote para mí, Precioso.
—Lo haré, Tom— menciona en medio de un suspiro.
—Eso es, Precioso, disfruta de mí.
Cierro los ojos. Imagino como es que Bill se arquea y como su piel se eriza al escucharme decir eso. Es tan delicioso.
Le indico por donde se mueven mis manos y donde quería que se movieran las suyas en mi cuerpo. Paseo las manos por mi cuerpo visualizando mentalmente que era él quien lo hacía, pero mi tacto no se igualaba al suyo. Sentía una excitación incontrolable, sí, pero no era justo como Bill me había
hecho sentir. Sus manos habían dejado un camino ardiente e imposible de borrar sobre mi piel cuando me acarició. Ahora mismo intento recorrer ese camino, pero no obtengo el mismo efecto.
Imagino que mis labios van sobre su piel, haciendo miles de caminos con besos húmedos sobre su espalda baja, subiendo por su columna y seguir por sus hombros.
Le di la razón. Hubiese sido mejor si estuviera ahí con él, siendo espectador de cómo disfrutaba plenamente del sexo. Sintiendo el calor que emanan sus caricias, su aliento chocar contra el mío, su divina piel y aquellas muecas de placer que me ponían aún más duro.
—Introduce tus dedos en ti. Vamos, Precioso, piensa que soy yo quien lo hace.
Bill gime para mí, se le corta la respiración y jadea—. Me gusta así. Me gusta que… ¡Uhhh!
No sé si mi erección ha crecido o es que me olvidé que fuese tan grande. No importa, me concentro en escucharle, en sentir y en dejarme llevar.
—Tu espalda me gusta— dice de repente y recuerdo la sensación de cómo sus uñas se encajan en mi espalda.
Su diestra manipula mi miembro en un ritmo mortal. Las puntas de sus dedos delinean el glande y me hace gemir inmediatamente.
Me estremezco en su agarre.
Jadea. Su respiración se entrecorta y murmura algo que no entiendo. No identifico esa frase en alemán, pero no quiero hacerlo. Momentáneamente en fantasías le permito invertir las posiciones.
—Me gustan tus músculos— me dice entre un gemido. Siento como los recorre uno a uno—. Me gusta tu abdomen— es como si su lengua y sus labios hicieran un camino hasta el sur y terminara en la base de mi miembro—. Voy a probar tu sabor, Tom.
Ha dicho mi nombre.
Me pone. De verdad que sí.
¡Estoy carbonizándome, joder!
Quiero penetrar su boca. Quiero que me chupe y saboree. Quiero sentir su ávida lengua recorrer mi longitud, correrme, salpicar en su boca y sepa que ese es el verdadero sabor del sexo.
Fuerte. Más intenso y caliente.
Sus gemidos ahogados logran hacer eco en mí. Me gusta. Me incita cada vez más.
Los músculos de mis piernas se contraen, arqueo un poco la espalda y mi cabeza se hunde entre las almohadas. Gruño. El móvil queda junto a mi hombro. Cierro los ojos fuertemente y en el instante en que se me corta la respiración lo siento venir; el corazón se me detiene, mi puño izquierdo aprieta la almohada con tanta fuerza que ya no siento los dedos y mi diestra llega a la base de mi miembro en cuanto alzo las caderas para poder llegar a la cima.
Había alcanzado el orgasmo y sé que Bill también lo ha había hecho gracias a su gemido triunfal.
Me quedo tendido en la cama esperando que mi cuerpo se relaje y la respiración se me tranquilice. Los latidos de mi corazón se sienten normales después de un rato y los jadeos cesan.
Cuando mi mano suelta la almohada soy capaz de ver mis dedos y tomar el móvil.
—¿Qué sientes ahora, precioso? Quiero escucharlo.
—Yo…— se aclara la garganta con un suave carraspeo—. Tom, esto se sintió muy bien.
—¿Tan bien como para repetir?
—¿Ahora? —cuestiona con cierta impresión y me causa gracia.
—Ahora, por la mañana, o todo el día. Puedo cuando sea— le aclaro en medio de una carcajada.
—E-Estoy fatigado— consigue responder con algo de nerviosismo.
—Mañana.
—¿Por teléfono otra vez? — dice con mucha más impresión y vuelvo a reír.
—Mañana estarás aquí, Bill. Así que eso que has sentido, será dos veces mejor cuando nos veamos. Ahora ándate a tomar una ducha y vuelves a la cama.
—¿Tomarás una ducha también? —cuestiona y suspiro en un asentimiento—. Entonces piensa en mí, Tom— añade con algo de picardía y cuelga inmediatamente.
Bill de ha desinhibido de todo y eso me encanta.
&
A la mañana siguiente estoy en la sala de conferencias. Permanezco a la derecha de mi padre mientras presto atención a lo que hablan los accionistas. Tengo un par de hojas frente a mí y en una de las esquinas garabateo algo con el bolígrafo porque todo comienza a tornarse aburrido. No entiendo ni una mierda. Quizá debí leer los papeles que Luche dejó en la mesita de noche en vez de pasar el tiempo reviviendo los estragos de aquella candente llamada, pero era inevitable. Disfrutaba del recuerdo.
Cada vez se me ocurrían más y mejores encuentros para él. Desde un inicio le tuve planes, pero no está de más agregar ciertos encuentros.
Me había pensado muy bien las cosas por la noche. La reunión anual se acercaba, podía notar que el interés de Bill iba creciendo y si quería realmente que él me acompañara a la reunión, tan solo debía aumentar más el morbo en él.
Estoy planeando algo para la estadía aquí en la ciudad. Hay un par de colegas a quienes he contactado esta mañana y han aceptado, además, Noa estará de regreso y puede que nos veamos también.
Según Steve me informó, el helicóptero llegaría aquí en unas horas. Tengo tiempo de ir a recorrer las tiendas y comprarle algo para la ocasión.
Algo se revuelve en mi estómago, es casi como un cosquilleo. No entendía su significado, quizá era la ansiedad por tenerle aquí de una buena vez.
Una hora más tarde estamos en el salón privado degustando el almuerzo. La corbata me hace sentir incómodo y me siento ligeramente abochornado. No me gusta vestir así, muero por ponerme cómodo y perderme con Bill una vez llegue al hotel.
Mi padre saca un tema distinto, hay estancias del hotel que quiere re decorar, como el jardín botánico, por ejemplo. Yo no le veo nada de malo, pero al escucharle cambio de opinión. No vendría mal cambiar algunas cosas del lugar.
Cerca de la 1 pm tenemos las juntas de pre-servicio. Los empleados me miran como si estuviese ahí para despedir gente. Bueno, no los culpo, la última vez eché a diez personas de lavandería y otros tantos de recepción en menos de una hora. Todo eso de «dar un buen servicio» me suena a que mi padre debería ser orador vocacional en vez de director del hotel. Era simple, no entiendo porque él le da vueltas al asunto. Bastaba con recordarles que huésped es lo más importante, sino está satisfecho, perderán tu empleo tan rápido como él se queje.
La junta termina antes de que pueda darme cuenta, aunque no suelen durar mucho, esperaba que mi padre se extendiera, igual que siempre.
Aprovecho que se ha distraído y me largo de una buena vez. No me apetece quedarme un segundo más. Llamo a Luche y quedo de verme con él cerca de los elevadores en recepción, necesito que vaya conmigo y después lleve el regalo de Bill hasta el penthouse.
Recorro las tiendas una vez estando con él, no hay algo que me agrade realmente, no siento que algo vaya con Bill hasta que mis ojos se fijan en algo que le encantará.
Luche hace la transacción y me volteo a la derecha para seguir viendo los aparadores, cuando detrás una luz fucsia capta mi atención, me vuelvo por completo y a unos metros de donde estamos hay una tienda como las que frecuentaba. La mirada se me enciende al ver uno de los trajes, me muerdo el labio interior e imagino como es que luciría Bill en el, incluso noto las esposas, pañuelos de seda y los consoladores en una pequeña repisa.
Estoy terriblemente tentado. Si ya le tengo planes, ¿por qué no divertirnos hoy un poco? Le dije que hiciéramos de éste día algo interesante y creo que definitivamente esta será la mejor parte.
Me separo de Luche y voy hasta aquel lugar. Las luces de neón iluminan el interior y miro los aparadores y repisas en las paredes. Cada objeto me hace desear un encuentro con Bill. Hay una especie de ropa interior comestible, vibradores, cadenas y correas que van al cuello y terminan en un cinturón. Me gustaría ver a Bill en uno de estos muy pronto.
Hay un traje de Cat Woman con todo y látigo, es tremendamente sensual, pero no siento que vaya con Bill. Hay uno inocentón, pero no me agradan las alas de ángel que tiene. Lo descarto inmediatamente. Uno solamente lleva una pajarita y lo que sujeta el miembro desde la base tiene correas pequeñas de cuero en la longitud. Hay unas correas que van al rededor del pecho y hombros, tiene dos correas extras para sujetar las piernas desde los muslos y en la espalda se adaptan las esposas. Tentador…, muy tentador. El traje del aparador que me ha gustado tiene cinco correas que
cruzan por la espalda y el pecho hasta llegar a la base del miembro donde un aro plateado lo sostiene.
Me acerco y lo pido en una talla pequeña, pero el empleado me mira con extrañeza por dos cosas; es un traje para hombres y asume que no soy yo quien lo usará.
Le intimido mediante una mirada y hace lo que le pido, cuando va hasta uno de los aparadores, le sigo con la mirada y pareciera que de entre todos los artículos sobresale lo único que me hace recordar cuán delicioso podría Bill volverse a ver.
Cambio de opinión, le pido que envuelva esos dos artículos para regalo, hago la transacción y salgo de la tienda. Veo que Luche me está buscando entre tanta gente, hago como que no salí de aquella tienda y me acerco hasta él para darle indicaciones.
—Ambos regalos en la cama de él, por favor. Y quiero que haya una botella de champaña cuando llegue.
Él asiente y toma ambas cajas—. El helicóptero llegará pronto.
—Nos vemos entonces. Nuestros caminos se separan.
Cuando llego a la pista, ésta ya se encuentra lista para recibir al helicóptero. Hay un hombre de chaleco fluorescente y un botones detrás de mí en la entrada, así como lo había solicitado. Miro la hora y después llevo ambas manos detrás de la espalda y espero pacientemente. Poco después, el ruido de las hélices se escucha a lo lejos y el efecto se va intensificando hasta poder ver como aterriza el helicóptero en medio del enorme círculo amarillo con aquel hombre del chaleco dando indicaciones.
Las hélices comenzaban a detenerse. Cuando la puertilla se abre, puedo ver a Bill. Está sonriente, la emoción enmarca su rostro. Me gusta verle así, me da algo de gracia.
Esta ocasión vestía con algo de negro y gris, su mirada castaña se intensificó gracias al maquillaje. Me gustaba así. Definitivamente era delirante.
—¡Tom! —dice por encima del ruido de las hélices.
Se acerca rápidamente, aún sonriente y su inocentona actitud sale a flote.
Chasqueo los dedos, el botones va a por el equipaje de Bill y nos quedamos a solas. Le tomo de la mano y beso la cara interna de su muñeca en modo de saludo
—Me deleitas con tu presencia, Bill.
Sus mejillas adquieren un sutil tono rosado y acorta la distancia entre nosotros.
—Gracias— responde y me admira de pies a cabeza, el destello en sus ojos aumenta.
—¿Qué? —cuestiono divertido y le dedico una sonrisa mientras coloco detrás de su oreja los mechones de cabello que revolotean por ningún lado, desciendo y sujeto finamente sus rastitas.
—Me gusta cómo te vez— sus manos van hasta las solapas del saco y siguen por mi pecho hasta que su diestra va a mi hombro y su mano izquierda sube por mi corbata, entonces sus dedos acarician en cuello de mi camisa—. Me gusta en verdad.
Niego con la cabeza burlonamente y le hago una señal al botones para que se adelante. Bill y yo nos quedamos ahí unos segundos más.
—¿Haz disfrutado el viaje?
—¡Sí! ¡Fue algo grandioso y muy diferente a viajar en avión! —sus ojos se abrieron de sobremanera y el entusiasmo destelló en su persona—. ¡Me ha encantado!
—¿Te gustaría volver a viajar en helicóptero?
—¡¿Bromeas?! —cubre su boca con ambas manos para contener el asombro. Su mueca me hace gracia.
—No. De hecho, planeemos las cosas, ¿te parece?
—¿A qué lugar iremos?
—Al que tú quieras— digo con simpleza y se vuelve a emocionar.
—¡No te creo! ¡Júralo!
—Tienes mi palabra, Precioso— respondo y por segundos me veo envuelto en sus brazos.
—¡Gracias! —su efusividad es infinita en estos momentos. Me gusta verle así, me recuerda a cuando apenas se acostumbraba al lujo.
—Vamos— le indico para que me siga y entramos por la puerta de la izquierda.
Bill va junto a mí intentando seguirme el paso. Al entrar, vamos codo a codo y sus dedos rozan mi mano. Sonrío, siento sus intenciones y lo miro de reojo, está ruborizado y mantiene una sonrisa. Su meñique se engancha al mío y se apega más a mi cuerpo hasta que llegamos a los elevadores. Presiono el botón del piso de penthouse y subimos.
—Y… ¿haremos algo por la noche? — inquiere moviéndose hasta detenerse unos pasos frente a mí.
—¿Qué quieres que hagamos? —pregunto con una sonrisa maliciosa y él se acerca más tomándome de las solapas.
Su aliento oscila sobre mis labios y mi cuerpo demanda un acercamiento. Le tomo del culo y lo acerco aún más a mi cuerpo, él parece divertido pese a que su primera intención era besarme.
Me gusta la cercanía. Pensar en que quiero desnudarlo de inmediato, me eriza la piel y su mirada brilla con ese deseo que me enciende. Lo sé, Bill me desea, puedo verlo.
—¿Puedes enseñarme a jugar en las tragamonedas?
—¿Y qué más, Bill? Dime, porque pienso complacerte esta noche. Me dirige una mirada entre divertida y escéptica.
—¿En serio? —alza una ceja y suelto una carcajada.
¿Tan difícil es creerme?
—Sí.
—¿Haremos lo que yo quiera?
—Dime qué más quieres hacer— le pido y entorna los ojos mirando distraídamente el interior del elevador hasta que su vista vuelve a conectar con la mía.
—¡Vamos a uno de esos Night Clubes que hay aquí! —su emoción me gusta, entonces le dedico un ligero asentimiento con la cabeza—. Deben ser mejores que los de Los Ángeles, supongo. Y también quiero subir a la torre Eiffel.
—Es un restaurante mirador— menciono y se encoje de hombros.
—Pero podemos ir, ¿verdad?
—Sí, podemos ir— mi mano va hasta su mejilla, y miro los movimientos que hace mi pulgar sobre su piel.
Bill se acerca toda vía más, vuelve a tener intenciones de besarme. Quiero ver si es que se anima a hacerlo.
—¿Podemos ir al…?
El sonido que nos indica hemos llegado a nuestro piso interrumpe las palabras de Bill, pongo distancia cuando las puertas se abren y salimos. Avanzamos hasta la puerta del penthouse y le permito la entrada.
—Tengo algo para ti— le digo y se vuelve hasta a mí. Estoy decidido en tentarlo.
Nos dirigimos a su habitación y abro la puerta para presentarle el interior. Bill se adentra mirando cada detalle. No es para tanto, es de un simple tapiz claro y con decoraciones. Hay unos cuadros en las paredes, el closet está a la derecha, en el lado opuesto, la ventana va del techo al suelo y la cortina está completamente corrida. Hay un sillón y una mesa de lectura junto a la ventana, seguido del enorme televisor en el muro frente a nosotros y debajo hay un mueble alto con un florero. La enorme cama está en medio de las mesillas de noche y justo en medio yacen los dos regalos que le tengo a Bill.
—Esta es tu habitación. Siempre que estemos en el hotel dormirás aquí.
—¡Me encanta! Podría tumbarme en la cama ahora mismo, pero… ¿y esos obsequios?
—Para ti, obviamente. Abre el que quieras
Intento ocultar una sonrisa. Ansío explicarle el porqué de los obsequios.
Bill se acerca a la cama y toma la caja pequeña, supuse que eso haría. Quita la decoración y me muevo hasta quedar plantado tras él. Mi pecho choca ligeramente con su espalda y me acerco a mirar por encima de su hombro.
—Es un móvil…
—Lo sé. Quería que lo tuvieras para que cuando no esté contigo puedas, ya sabes…, mandarme fotos de ti y no dejar las cosas a la imaginación como anoche— decir eso me enciende. Retiro su cabello a un lado para poder ver su nuca y no me sorprende el ver que su piel en esa zona se ha erizado—. ¿Te gusta la idea, Precioso? —pregunto, él se vuelve un poco y nos miramos. Está nervioso, pero intenta seguirme la corriente, lo veo en sus ojos.
—¿Mandarás fotos también?
Soy incapaz de encontrar esa pregunta inocente. Suelto una leve carcajada y le digo: —Ya lo veremos…
—Pero si no lo haces yo tampoco lo haré.
—Si te vistes con lo que te he regalado, te doy mi palabra de que obtendrás lo mismo que pido— condiciono. Parece acceder.
—¿Vestirme con qué? —inquiere y le hago una señal hacia el segundo obsequio.
—¿Recuerdas que te dije que hiciéramos de este día algo interesante? —menciono mientras toma entre sus manos el segundo obsequio, abre la caja y se queda estático momentáneamente.
—Es…
—¿Te gusta? A mí sí— beso su nuca y se estremece—. Iba a comprarte otra cosa, pero vi esto y, pensándolo bien, me dan unas ganas inmensas en recrear la escena ya que ese día deseché las otras orejas y rabito del conejo— Bill se da la vuelta, la caja se interpone entre nosotros, pero estamos tan cerca de la cama que él intenta mantenerse en su sitio y no caer de espaldas.
—¿Te gusté con esto?
¡Pero qué pregunta! La forma tan inocentona, ya característica de él, hace que me derrita por dentro y me de un vuelco de excitación.
—Me gustas, Bill— tomo las orejas de la caja y se las coloca en la cabeza. Mis manos aplacan sus cabellos y de pasar a tocar sutilmente sus hombros, bajo hasta sus codos, mi diestra se desliza por su brazo y de su mano tomo la caja para quitársela y dejarla en la cama—. Me gustas desnudo, vestido, molesto y emocionado— murmuro en un tono seductor que seguro lo atrapa—. ¿No te lo había dicho? Me gusta tu piel, quiero lamer cada centímetro de tu cuerpo, encontrar tus lunares y hacer miles de caminos con ellos sin despegar mis labios de ti— le hago caer en la cama y subimos hasta que su cabeza toca las almohadas.
—¿Tom?
—Shhht— le callo posando un dedo sobre sus labios. Bill cierra los ojos ante la distancia.—.
¿Aceptas, Precioso? Lo interesante del día será el que nos complaceremos el uno al otro.
Me separo de él, lo siente y sus ojos se abren. Omite un jadeo cuando mi entrepierna roza la suya y sonríe con malicia.
Los juegos le están gustando. El morbo le ha enganchado y eso me lleva hasta el exceso con tan solo imaginarlo.
—Acepto, Tom.
Continúa…
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TOM ERES EL DIABLO 😈