Temporada I. Por Amy-Stalinalsky

Capítulo 15

Estuvimos en Las Vegas una semana más y a Bill le había gustado tanto cada rincón del hotel. Prácticamente habíamos hecho de todo, pero hoy volveríamos a Los Ángeles y ese encanto se desvanecería.

Quise que antes de tomar el helicóptero viniéramos a cenar al restaurante donde le traje por primera vez. Esta ocasión no pedí el servicio completo porque desde el encuentro con Noa, he mantenido mi distancia con Bill y, por mucho que quiera y que mis miradas le incitaran, no me acercaría. Sabía que a él le extrañaba que no hubiese ningún tipo de acercamiento o no respondiera a su extraña forma de seducirme, porque lo había hecho, pero Bill es nuevo en todo y realmente debe mejorar sus tácticas de seducción. Ahora me estaba guardando todo el morbo para cuando aceptara mi propuesta de esta noche.

Bill mira distraídamente el lugar mientras come a bocados pequeños. Se ve nervioso, aunque no pedí el servicio completo, asumo que él siente que algo podía pasar en cualquier momento. Tomo la copa del Martini y mientras lo miro, le doy un pequeño sorbo, intentando averiguar qué pasa por su cabeza. Últimamente me gusta hacerlo, me he dado cuenta que casi siempre he acertado en todo, pero esta vez su nerviosismo me confunde ¿Quiere ir a un apartado o le asusta volver a uno?

Lo miro y lo miro. Me gusta hacerlo. Me encanta. Deseo que sus ojos conecten con los míos porque su sensual mirada me provoca algo desde el interior. Me doy cuenta de que inconscientemente he lamido mis labios al verle mientras Bill intenta acabarse el postre. Pica con el tenedor una jugosa frambuesa para después comerla. Sé que la frutilla ha explotado dentro de su boca porque algo de su jugo sale sin cuidado por la comisura de sus labios. Sonrío, él lo ha notado, y antes de que lleve la servilleta hasta sus labios, mi mano va hasta él y con el pulgar detengo la gota de jugo que se ha deslizado por su comisura, acariciando débilmente. Tentado, llevo el pulgar a mi boca para probar ese sabor. Es exquisito. Su boca me encanta, no dejo de pensar en cómo fue capaz de llevarme al exceso. Como pudo disfrutar de mí y complacerme. Fue jodidamente intenso.

Frutillas de estas, o con cualquiera, imagino como será probar esos sabores directamente de su boca. Imagino como es besarle, morderle los labios, chupárselos, como puede su lengua moverse al compás de la mía, penetrar en mi boca y no detenerse.

¡Quiero besarlo y quiero que él de el primer paso!

Me da un subidón desde el interior por imaginar todo aquello.

Su mirada sensual conecta con la mía. Hay algo oculto y quiero averiguarlo. Mi mano va sobre la suya y le sonrío.

—Llevo unos minutos intentando averiguar qué pasa por tu mente— le confieso y él deja el tenedor sobre el plato—. ¿Qué te pone tan nervioso? ¿Te incomodó lo que hice? —con el pulgar comienzo a dibujar suavemente círculos en su mano.

—No es eso— responde en un tono bajito.

—¿Entonces?

—Me trajiste a este lugar y pensé…, tan solo pensé en que sería como ese día que estuve aquí por primera vez— dice con toda la inocencia que hay en él en estos momentos.

Me pone. Vaya que sí.

—No pediste servicio completo y…

—¿Querías ir a un apartado? — pregunto con curiosidad y mi sonrisa se ensancha. Los ojos de Bill se fijan en nuestras manos y asiente.

Lo imagino. Me excita hacerlo.

Ambos en un apartado, disfrutando de un gran espectáculo, mirando en primera fila como alguien más llega al orgasmo, como Bill pueda actuar, como intentaría yo desnudarlo ahí mismo, follarlo mientras los sonidos de placer de alguien más inundan la habitación, o incluso ser nosotros quienes demos el espectáculo.

¡Sí! ¡Que nos miren! Que sientan lo intenso que es, lo mucho que lo disfrutamos y se deleiten.

¡La idea me enciende! Lo deseo. ¡Necesito de Bill ya mismo!

Suspiro profundamente e intento calmar los latidos de mi corazón desbocado.

—Creo que tenías altas expectativas para esta noche— digo y vuelve asentir—. Precioso, desde nuestro encuentro con Noa me he reservado lo mejor para hoy.

—¿Vamos a…?

—No— le corto de repente. La idea de ir a un apartado vuelve a cruzar por mi cabeza, pero la hago a un lado por lo que estoy por decir: — Te tengo una propuesta.

—¡¿Para mí?! —cuestiona con asombro, su mueca se ve divertida y lleva la otra mano hasta su pecho para señalarse a sí mismo.

—No, para la mujer de vestido rojo detrás de ti— respondo en broma, su gesto cambia a uno molesto y hace amago de mirar detrás de él para ver a tal mujer, pero lo detengo, mi agarre en su mano se vuelve un poco posesivo y halo de él para llamar su atención—. Es una propuesta para ti, Precioso, solo para ti— aclaro sin mostrar nada de burla pese a que aún me parece graciosa la manera en que ha actuado.

A que se creyó lo de aquella mujer.

Me mira con seriedad e intenta retirar su mano, pero no lo dejo.

—Acompáñame a la terraza— le pido.

Nos levantamos y sin soltar su mano, le guío hasta ahí. Bill no quiere mirarme después de esa diminuta broma que le he hecho, tan sólo mira las luces de la ciudad y se recarga débilmente en el antepecho una vez llegamos.

No aguanta nada, en verdad que no. Su actitud consigue darme gracia. Hasta hubiera pensado que sintió celos.

Quiero reparar lo dicho y entonces aclaro la voz.

—Desde que te conocí, solo he deseado poder llevarte a un lugar— comienzo por decir, pero sigue sin querer mirarme. Lentamente me muevo detrás de él y junto mi pecho a su espalda—. Sólo he deseado poder hacerte disfrutar al máximo— susurro cerca de su oído y mis manos van desde sus hombros hasta sus codos—. Sólo he deseado una cosa, Precioso.

De no ser por esa chaqueta nueva que le he comprado y se empeñó en estrenar hoy, hubiese sentido como su piel se erizaba bajo mi tacto.

Recuerdo la sensación, es algo que me gusta, me pone y definitivamente le provocaría un millón de veces para tan solo sentir su suave piel erizarse por mis caricias.

Bill se remueve en su lugar para que quedemos frente a frente y se cruza de brazos haciendo un suave puchero. Tan inocentón que se ve haciéndolo.

Me puede.

—¿En verdad creíste que quería llevar aquella mujer conmigo? ¡Ja! Como si la conociera— a mí me hace gracia, pero él me dirige una mirada furibunda para luego esquivarme—. Bill, es una propuesta para ti— me acerco a él y logro darle un beso en la sien—. Los últimos días me reservé el morbo porque quiero que conozcas mis verdaderos juegos. En unos días habrá una gran reunión y quiero que conozcas a otras personas y disfrutes del sexo. Quiero que me dejes a mí y a otros disfrutar de tu cuerpo para darte placer. Mucho placer, Precioso— a medida que me acercaba y le susurraba, Bill abandonaba su enfado y se derretía con cada palabra que salía de mi boca. Llevó los brazos a los costados, rindiéndose entonces.

—¿Qu-Qué cl-clase de juegos?

Debe estar muy nervioso como para volver a los pequeños tartamudeos. Puedo escuchar su pesada respiración.

—Precioso, el límite es tu disposición.

—¿Habremos tres?

Sus manos se encuentran a mis costados y sujeta débilmente de mi chaqueta.

—Cuatro, cinco…, podría compartirte a diez personas si también lo quisieras.

Dicho esto, busca mi mirada, sus ojos conectan con los míos y me mira con los ojos muy abiertos. Bill muerde su labio hasta jalonearlo muy despacio. Así se ve muy sensual, tanto que guardo la imagen en mi mente y pretendo recordarle así cada segundo que cierre los ojos.

Comienza a correrme un calorcito por dentro. Justo ahora en su mirada comienzan a combinarse su ingenuidad con la lujuria que revolotea a mí alrededor. Me encanta. Bill está perfecto de esta manera, aunque de preferencia, lo quiero desnudo, totalmente expuesto ante mí y a mi disposición.

—¿Por eso no hemos jugado? ¿Quieres llevarme a otro lugar?

—Así es, Bill— le tomo del rostro y continúo—: Ven conmigo a Francia.

—¿Francia? No, yo no no puedo— niega débilmente con la cabeza, comienza a alertarse, pero le calmo.

—Tranquilo— el aire mueve el cabello de Bill y le acomodo un mechón que revoloteaba sobre su cabeza—. Dime una cosa. ¿disfrutaste el encuentro con Noa? ¿Te gustó que te ofreciera a él? ¿Te gustó cuando le permití penetrarte?

—No entiendo porque de repente preguntas eso. No entiendo qué tiene qué ver con ese lugar, pero no quiero.

—Vamos, déjame explicarte; es simple, Precioso, si te ha gustado y tu interés ha crecido, realmente espero que aceptes venir conmigo. Además, sé que te encantará estar ahí.

—Lo que pasó con él. Lo que dices de Francia…

—¿Qué? ¿Hubieses querido que ambos te llevásemos al orgasmo en una doble penetración? Eso podremos arreglarlo estando allá.

Me mira con los ojos muy abiertos. Siento que se le ha ido la respiración y ha tragado pesadamente a causa de ello. Las mejillas se le ruborizan poco a poco y entre abre la boca para decir algo, pero se congela. Mis manos descienden y le toman por los costados hasta dirigirse a su espalda, me acerco a su oído para juntar mis labios un poco y tentarle con palabras.

—¿Te gustan mis juegos? —susurro. Su cuerpo se estremece ligeramente por el éxtasis.

—Tom, no hagas…

—Lo único que podría hacer contigo, es hacerte mío— interrumpo sus palabras—. Entonces dime, ¿te gustan?

—Sí— responde después de unos segundos.

—Tienes curiosidad, ¿cierto? ¿Quieres experimentar con el sexo?

—No imagino cómo es que… ¡Vamos, Tom! Sólo sucedió, hiciste que cayera dispuesto a eso justo frente a ti y yo sólo…— responde en un tono bajo. Sus manos suben por mi torso hasta mantenerse inertes en mi pecho.

—Sí o no.

—Sí.

Sonrío satisfactoriamente.

Lo tengo. Se ha enganchado. Le gusta lo que tengo para él. Le gustan mis juegos. Disfruta del sexo y quiero que cada vez más todo sea tan intenso. Deseo verdaderamente jugar con él.

—Ven conmigo a Francia y conocerás mis verdaderos juegos.

—Pero no me siento preparado…— se encoge y pongo distancia para mirarle detenidamente.

—¿Confías en mí?

—Yo…

—Respóndeme— le corto de repente y él asiente.

—Confío en ti— sus ojos brillan mostrándome el destello de inocencia que tiene. Me puede. Esa carita que me pone comienza a derretirme por dentro.

Quiero hacerlo mío justo ahora. Quiero desnudarlo, acariciar y besar su piel para saciar mí necesidad de él.

—Entonces no debes preocuparte. Sabes que no haremos nada que no quieras.

—Lo sé— suelta una sonrisa discreta y baja la mirada—. Y sé que iremos tan lejos como lo desee. Se trata de nuestro placer.

Sus palabras me encienden, me acerco para juntar mi rostro con el suyo y siento su aliento oscilar sobre mis labios. Percibo un sabor dulce, es el de la frutilla del postre.

Sus labios se entreabren y ladea la cabeza haciendo amago de juntar nuestros labios. Quiero que lo haga. Quiero que rompa la cercanía y me bese.

Me da un subidón repentino porque él se acerca y aleja a momentos solo para darse a desear.

—Iré contigo con una condición. Escuchar eso me hace reír.

Siento que la situación me domina. Soy presa de la tentación y por primera vez estoy dispuesto a acceder a las condiciones de un sumiso con tal de que venga conmigo y me permita mostrarle el máximo placer.

—Te escucho— pongo distancia y su mirada se une a la mía.

Ha cambiado, ya no hay una chispa de inocencia en sus ojos, solo de lujuria.

—Llévame a un apartado…

Esas palabras… ¡Joder! ¡Qué delicia! Él y yo en un apartado justo ahora.

Me carbonizo. Siento que el corazón se me sale repentinamente, me da un subidón y en instantes estoy absolutamente alucinado.

Bill expuesto ante mí ¡Pero qué cosa tan más excitante!

Le tomo con posesión por la muñeca y hago ademán de volver dentro, pero pone resistencia y me vuelvo a verle.

—Eso no es todo. Si logras que diga tu nombre, iré contigo a dónde quieras y jugaré tus juegos, sino…

—Ya verás, Precioso— le interrumpo—, antes del orgasmo estarás diciendo mi nombre entre gemidos.

Estoy seguro de que así será.

Beso la cara interna de su muñeca y le hago seguirme.

Sé que no he pedido el servicio completo, pero eso no me detiene. Voy por el pasillo de la derecha, miro los triángulos rojos que marcan la ocupación y por fortuna sobre la sexta puerta no hay dicho triángulo. Sonrío con malicia y me vuelvo para ver a Bill.

—Tus expectativas se quedan cortas a comparación de lo que vamos a experimentar— le digo.

Él está abochornado, puedo ver que el rubor crece en sus mejillas y lo ansioso que está. Se suelta de mi agarre cuando abro la puerta para permitirle pasar y en vez de avanzar ahí dentro, se estira para poner el triángulo sobre el umbral y después se adentra.

Sigo sus pasos y cierro poniendo el seguro.

Me mira alternadamente con lo que nos rodea, parece que no entiende lo que está a punto de suceder. Las paredes tienen un terciopelo escarlata, a la izquierda está el cristal que da a otros la visión de lo que hagamos, pero nosotros tan solo miramos nuestros reflejos, al centro yace el diván y una luz ámbar en el techo alumbra el lugar.

—Seremos quienes ofrezcamos un espectáculo para un par de personas detrás del cristal.

Me acerco a él y le tomo con posesión para restregarme contra su cuerpo y le llevo contra el muro. Él suelta la respiración que ha contenido y me mira sin decir nada.

—Te voy a follar, Precioso, lo vas a disfrutar al máximo mientras alguien más nos mira, se deleita y excita con lo que hagamos— me acerco a su oído para murmurar de tal manera que logre encenderlo y chupo el lóbulo de su oreja, Bill echa la cabeza hacia atrás y su apetecible cuello se ve dispuesto a recibir mis mordidas—. Tus gemidos y jadeos, e incluso tus gestos y movimientos, serán motivo de placer continuo ¿Lo imaginas?

—Ssssí.

Sus brazos rodean mi cuello, entonces lo levanto con determinación y sus piernas se abrazan a mi cintura.

—Ellos sabrán que soy tu amo y que tú eres completamente mío—le doy un par de besos en el cuello hasta llegar a su mentón, seguir por su mandíbula y llegar a su oído —. Pero nada me dará más placer que escuchar cuando entre gemidos digas mi nombre. Lo harás, yo lo sé.

Es un hecho; de su garganta arrancaré ese gemido triunfal, Bill dirá mi nombre, gozará del encuentro y cumplirá su palabra al venir conmigo a Francia.

—Es hora de jugar, Precioso.

&

Siento que el corazón se me sale del pecho. Bill gime y encaja las uñas en el diván hasta que una de sus manos va a su erección para aumentar su placer, y de paso, el placer de quienes estuviesen detrás del cristal.

Pensar que alguien disfrutaba mirándonos, me ponía cada vez más al cien e intentaba desesperadamente que Bill dijera mi nombre para dejar en claro a quién pertenece.

El clímax ya estaba muy cerca y él no dice palabra alguna. Se está haciendo el difícil.

«¡Joder! Si es necesario, te parto en dos hasta que digas mi nombre» Me digo en el pensamiento.

Cuando aumento el ritmo, mi pene sufre dentro de Bill. Suelto el mayor de los suspiros y al final, después de que me diera un vuelco en el interior, su espalda se curvea tan deliciosamente y sus fuerzas flaquean hasta que se funde en el diván y salgo de él por escasos momentos. Le hago girarse, abro sus piernas para mi total deleite y levanto sus caderas con el propósito de acercarme e insertarme nuevamente en él. Bill cierra los ojos con fuerza, separa los labios y echa la cabeza hacia atrás.

Me acerco al acecho, si era necesario que rompiera una de mis reglas, lo haría con tal de que Bill aceptara mi propuesta.

Mis labios siguen un camino desde el aretillo en su pezón hasta su barbilla. Me estremezco por el placer, las piernas me tiemblan y me impulso hasta lo más profundo en Bill con un suave movimiento, provocando que mis labios se abran sobre los suyos y compartiéramos un jadeo. Tomo su rostro entre mis manos, pretendiendo encajar a la perfección para besarlo hasta que Bill gime suavemente.

—Tom…

Sonrío.

Bill lo había hecho.

Sin importar que fuera hasta el final, había logrado que Bill dijera mi nombre en un gemido.

Ya no había necesidad de romper mis reglas, él vendría conmigo porque he ganado el juego y fue tan placentero el dejarme llevar por sus condiciones.

Continúa…

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2 comentario en “Compláceme 15”

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