Temporada I. Por Amy-Stalinalsky

Capítulo 7

Desde que Bill dijo aquellas deliciosas palabras, no pude evitar el acercarme lo suficiente como para tentarle. Un par de veces me sorprendió el que él tomara la iniciativa, pero no duraba mucho. En cuanto respondía a sus insinuaciones, él se quedaba estático, sin mirarme, con las mejillas ruborizadas por unas cuantas palabras dichas cerca de su oído mientras le tenía acorralado y hacía ademán de bajarle los pantalones o introducir una mano entre sus prendas y lograr en él una erección.

Tal vez se avergonzaba cuando le mencionaba algo respecto a tenerle para mí o si le recordaba nuestro pequeño encuentro en la piscina, lo mucho que me hubiese gustado disfrutar con él y el deseo que despertaba en mí. Comprendía esa reacción en él, igual y nunca se le insinuaron como yo lo hacía o él tampoco lo había intentado hacer, pero con el paso de los días, parecía aceptarlo.

Por las noches el recordar cosas así, solo me hizo fantasear con una infinidad de encuentros. Pensaba en Bill mientras llegaba a la masturbación. Imaginaba lo calientes que serían nuestros encuentros y lo sensual que se mostraba en mis fantasías, desde la manera en que curveaba la espalda hasta los gestos que hacía cuando sentía venir el orgasmo. Incluso el par de veces que mis manos estaban sobre mi erección, imaginaba que era él quien me masturbaba, así el placer se expandía por mi cuerpo de una manera rápida.

Han pasado ya tres semanas y Bill se ha dejado llevar. No tanto como quisiera, pero lo ha hecho, y ya no solo por el lujo, sino también por mis señales. Responde ante mis acercamientos de una manera única y eso me pone. Bill me enciende y sé que causo el mismo efecto en él, por eso iremos a un lugar especial esta noche. Quiero que disfrute y se divierta. Quiero conocer una nueva faceta de él y ponerlo a prueba.

Vamos en el auto, Bill mira por la ventana para disimular que no se siente incómodo con el silencio que se formó hacía unos minutos atrás. Le miro a detalle por enésima vez; viste de negro, tiene la chaqueta de piel sobre sus piernas y mi mirada sube por sus brazos descubiertos. Su camiseta — adornada con pedrería diminuta en color plateado— no tiene mangas y lo agradezco. Mi imaginación vuela al ver sus lunares y me pregunto si seré capaz de unirlos todos y cada uno con mis labios. Apuesto a que sí. Hay un par de estos en su cuello que llaman mi atención y deseo poder lamerlos y unirlos para formar la inicial de mi nombre.

Sonrío con malicia. Bill descansa ligeramente en el respaldo y nota gracias al reflejo en la ventana que estoy mirándolo. Se vuelve hacia mí hasta que cruzamos miradas. Me encanta el brillo en sus ojos, me indica que tiene ese sentimiento entre nerviosismo y excitación no declarada. Sus apetecibles labios me llaman, quiero acariciarlos y verles formar una “O” debido al placer. Pareciera que sabe lo que pienso y para tentarme chupa su labio inferior. Mi mirada desciende, una cadenilla de oro brilla en su finísimo cuello y estoy tentado en repartir besos húmedos por la zona y dejar una marca donde me apetezca.

—¿Qué miras?

—Tu exquisitez— respondo con simpleza y él resopla.

—Claro…— la ironía no le va.

—No tengo porque mentirte, Precioso.

Ahí va de nuevo esa reacción ante la palabra «Precioso».

Traga saliva pesadamente, baja la mirada con lentitud y pestañea. Segundos después levanta la mirada, suspira y aparece ese rubor en sus mejillas. Está incomodo, su diestra va hasta su rodilla y se escucha el ruido de sus uñas contra la tela. Así ha sido estos días. Su reacción es algo que me gustaría tener en video y darle repetición un millón de veces.

—Gracias, ¿supongo? —murmura y me cambia de tema—. ¿Puedo preguntar a dónde vamos?

—Precioso, tú puedes preguntar lo que quieras— mi mano va sobre la suya. Bill no se sobresalta, mi tacto sobre él y mis palabras son confiables y lo sabe—. Sólo iremos a divertirnos.

—¿Iremos a un Night Club como esos en los que te encuentras a famosos caerse de borrachos y todo eso? —su mirada se enciende y no sé si sea por conocer la vida nocturna o por lo de los famosos.

—Así es— le dedico una sonrisa—, pero en este club no hay celebridades, o al menos no las he visto.

—¿No? —medio frunce ligeramente el entrecejo. Se ve tan divertido haciéndolo.

—No, Precioso. Este es un Night Club con…, ciertos permisos. ¿Puedes imaginar de qué se trata? — él niega con la cabeza y yo continúo: — Bueno, al igual que ese restaurante en Las Vegas, hay apartados en dos secciones.

Bill traga saliva pesadamente e intenta retirar su mano de mi agarre, no se lo permito y aprieto con un poco de fuerza sin provocarle pánico.

—Dije que veníamos a divertirnos, los apartados no estarán en los planes a menos de que así lo quieras— el rostro de Bill se relaja un poco, pero sigue nervioso, así que lo tranquilizo—. Precioso, no haremos nada que no quieras.

—Sí, yo. Qu-Quizá acepte porque debo complacerte, ¿verdad? —sus cejas casi se juntan y en su

voz hay algo parecido a la confusión.

—De momento compláceme divirtiéndote esta noche.

Aflojo mi agarre sobre su mano y entonces él se queda estático hasta que siento como su pulgar roza por mis dedos. ¿Intenta darme una caricia en agradecimiento?

Bajo la mirada, su pulgar se detiene y retira su mano poco a poco mientras me dirige una sonrisa apenas visible.

Cuando estamos en el FOXX, indico al guarro que Bill viene conmigo y que probablemente hagamos uso de un apartado, entonces nos coloca un brazalete fluorescente en color naranja y entramos al lugar. Hay mucha gente, tomo a Bill de la mano en gesto posesivo y nos movemos hasta la barra. La música me incita a dejarme llevar en todos los sentidos. Las luces que me permiten apreciar el ambiente son aquellas que se mueven en todas direcciones y chocan contra la bola de espejos en el techo. Chicos y chicas mueven sus cuerpos en la improvisada pista de baile y noto a un grupo de

lesbianas cerca de nosotros. Menean sus caderas de un lado a otro de manera sensual, alzan las manos por encima de sus cabezas y otras juegan con sus cabellos. Hay una morena guapísima cerca de una pelirroja ¡Con lo que me gustan las morenas, Dios! Juntan sus cuerpos y siguen bailando. Las manos de la pelirroja van a la espalda de aquella zorrita de cabellos negros y desciende hasta acariciarle el culo con saña, luego su mano va al frente y se introduce bajo su vestido.

Delicioso, caliente y excitante ¡Que espectáculo!

Sigo atento, mordiéndome el labio por el puro deleite y fantaseando con un apartado ¿Vendrán juntas?

Recuerdo cuando fui espectador en un juego de chicas. Ambas estaban tan deseosas que terminaron por invitarme. Lo confieso, fue el mejor orgasmo que pude haberles dado. Sus gritos de placer fueron música para mis oídos.

El inicio de esta noche se pone interesante cuando notan mi mirada, y para tentarme, se besan y acarician mutuamente. Pero por mucho que quiera consensuar con alguien, no aceptaré. Bill viene conmigo y si él me lo pide, lo haremos.

Él se sienta en un banco alto que se ha desocupado y me mira con asombro. Suelto el agarre y se me acerca para hablarme al oído.

—¿Viste eso? —pregunta con sorpresa.

Sentir sus labios muy cerca de mi oído me hace vibrar.

—¿Te gustó lo que viste?

Me reincorporo después de preguntar y le miro detenidamente, él niega con un cabeceo y se dirige al barman para pedir algo.

Aquello de las lesbianas fue algo de primer nivel y deseo mostrarle algo más atrevido en cuanto se decida en jugar mis juegos.

Me pido algo también para acompañar a Bill con los tragos, veo que lleva prisa, en seguida se bebe un shot y pide otro aun cuando apenas aguantó lo fuerte que éste era. Su gesto me hace gracia y me burlo de él.

—A ver…— interrumpo su trago y se lo retiro—. ¿Cuál es la prisa, novato?

—No sé de lo que me estás hablando— se encoge de hombros e intenta arrebatarme el shot.

—Eres nuevo en todo, Bill, a mí no puedes engañarme ¿Qué pretendes?

—Emborracharme, divertirme y complacerte— dice por encima de la música. Se estira para arrebatarme el shot y lo consigue.

Casi me quedo en blanco por sus palabras, pero sin evitarlo le sonrío, aquello fue jodidamente inesperado y me ha gustado su determinación.

«Emborracharme, divertirme y complacerte». Sus palabras resonaban en mi cabeza una y otra vez. Espero que sea así.

La mirada de Bill luce tan excitante bajo las luces de colores y se ve realmente delicioso en una postura medio inclinada hacia mí. Se lame los labios para provocarme y su comisura derecha se levanta ligeramente en una sonrisita juguetona.

¡Me prende!

Él sabe lo que hace, o quizás no. Le doy señales de cachondeo, me acerco, acaricio su rostro, le tomo por la barbilla para acercarle a mí en lo que bromeamos y bebemos. Bill se deja llevar, comienza a salírsele la risa floja por tanto alcohol y comienza a coquetearme.

Me carbonizo. Mi piel arde cuando las puntas de sus dedos acarician una de mis manos y me invita a ser yo quien reparta caricias en su espalda baja cuando me hace rodearle con un brazo. Voy debajo de su prenda, las puntas de mis dedos apenas y tocan su piel, Bill se estremece y junta su cuerpo al mío. Una oleada de éxtasis recorre mi cuerpo en fracciones de segundos y despierta en mí la necesidad de más contacto.

Bill comienza a dejar sus cinco sentidos. Jamás he intentado nada con alguien alcoholizado, pero quiero ver hasta dónde llega. Pone algo de distancia, se acerca a mi oído para decir algo, pero el ruido alto no me permite escucharle. Cuando se separa lo suficiente de mí, se vuelve al barman y se pide un mix, me parece algo exagerado para él y se lo digo, pero sigue bebiendo. Se toma de golpe ese mix, hace una mueca al dejar el vaso y sacude la cabeza. Me burlo de él, se levanta de su asiento y me encara, pero en segundos suelta una risa y hace que le siga al tomarme por el cuello de la camisa con su dedo índice. Tengo una mejor idea, así que le detengo posando mi mano en su cadera y atrayéndolo.

—Hay otro lugar que puede interesarte— digo junto a su oído. Me separo de él para esperar una respuesta.

No muy convencido sobre experimentar algo nuevo, se chupa el labio con nerviosismo y finalmente dice:

—¿Por qué tan ansioso? ¿No me vas a dejar siquiera seducirte?

Caigo rendido ante él sin siquiera intentar convencerle de aceptar ir a un apartado. Él me puede, esa no es ninguna novedad.

Bill comienza a mover su cuerpo muy cerca de mí, pidiéndome que le atraiga a mí de nuevo. Mis manos acarician sus brazos descubiertos, su piel se siente caliente y es tan suave que me encanta la sensación. Llego hasta sus codos e intento acercarlo, pero alza los brazos por encima de su cabeza y sigue bailando. Su mirada cargada de picardía penetra en lo más profundo de mí, siento un subidón desde el vientre hasta que se desvanece en mi pecho. Ahora mis manos van a su espalda y le atraigo. Dice algo cerca de mis labios, pero la música está tan alta que no escucho su voz, así que se acerca a mi oído y se ríe. Se me eriza la piel cuando siento que él se restriega contra mí. El corazón me late desbocadamente y siento un cosquilleo en el interior.

Se aleja y su jugueteo tiene un patrón irrepetible. Lo veo muy claro, está jugando conmigo, lo peor es que le dejo hacerlo porque me gusta. En estos momentos estoy tan excitado que no me importa nada, si se acerca a mí por tres segundos, esos valen oro puro y no me permito el desaprovecharlos.

Cuanto habían cambiado las cosas después de unos tragos.

Comienzo a sentirme sofocado. Mi piel arde no solo porque Bill se menee de un lado a otro muy cerca de mí, sino que tanta gente junta, friccionándonos deliciosamente unos contra otros, hace que el calor aumente. Me veo en la necesidad de moverme por el lugar hasta llegar a uno de los sillones que han quedado libres. Bill me sigue muy de cerca y en vez de sentarse a mi lado, se sube a horcajadas sobre mis piernas.

¡Joder!

Se me ha detenido el corazón. Que Bill se ha determinado en complacerme.

Juega conmigo. Su dedo índice va hasta la punta de mi barbilla y me atrae hacia él. Veamos qué tan atrevido llega a ser.

—¿Por qué dejas de bailar? Me estaba divirtiendo— sonríe ampliamente y se separa un poco solo para echar su cabello a un lado.

Veo las gotitas de sudor descender por su apetecible cuello y es cuando caigo en cuenta que una de sus manos se encuentra muy cerca de mi entrepierna. Ha funcionado todo el alcohol que ha bebido. Bill quiere llegar lejos esta noche.

—¿Y si bailamos de nuevo? —dice cerca de mí oído.

Desprende un aroma a excitación lo suficientemente delicioso, aspiro cerca de su cuello y conforme pone distancia, deja que la punta de mi nariz siga la curvatura de su cuello hasta llegar a su mentón. Mi diestra sube lentamente desde su hombro hasta llegar a su nuca, entrelazo sus cabellos a mis dedos y le sujeto con firmeza. Mi temperatura corporal aumenta a un nivel incontrolable. Ahora mismo quisiera arrancarle la ropa y demostrarle también de lo que soy capaz.

—Si no bailas conmigo no te complaceré— condiciona.

Me da gracia el que lo diga y no contengo la carcajada. Bill se levanta, dejándome totalmente alucinado. Se me ha secado la garganta. Y necesito algo fresco. En la mesa cercana hay un par de tragos ya listos, no me importa de quienes sean, los bebo enseguida. Bill se dirige de nuevo a donde estábamos bailando y sin romper el contacto visual, me seduce como aprendió hacerlo esta noche. Sus movimientos no me provocan solamente a mí, sino también a las personas que están a su alrededor, sólo que no lo nota. Hay hombres que lo miran con morbo mientras él se menea de un lado a otro tan deliciosamente que las miradas que me dirigen suplican una invitación de juego, pero los ignoro y me concentro en Bill.

El calor comienza a recorrerme por dentro. Le estoy deseando tanto como los hombres y mujeres que fijan sus miradas en mi precioso acompañante, pero el hecho de no responder sus invitaciones mediante una mirada, hace lucir a Bill como algo prohibido e inalcanzable para ellos. No quiero que nadie más juegue con él. Quiero ser el primero en corromperlo y vaya que lo estoy pensando seriamente en este momento. Podría aprovechar que no está en sus cinco sentidos.

Nadie puede tocarlo, bailan cerca de él, pero no se acercan más porque saben que no les he permitido la cercanía. Sólo quiero que experimente cosas nuevas. Que seduzca a todo el mundo, porque eso me prende. Esta noche es suya, pero él es mío y de nadie más.

Es sensual y provocativo. Se está riendo mientras baila y sus ojos conectan con los míos. Su mirada está cargada de una electrizante excitación. Le dedico una media sonrisa morbosa, él levanta ligeramente los labios, pidiendo un beso y con su dedo índice me hace una señal para que me acerque.

En sus cinco sentidos o no, quiero llevarlo a un apartado para hacerle mío.

¡Oh, sí! Aquí viene…

El mirarlo solo logrará ponerme duro.

Lo que haría si estuviese frente a él…, le tomaría del collar que pende de su cuello y le atraía hacia mí, tentaría sus labios a querer probar los míos en un excitante juego donde yo saldría ganando. Juntaría mi cuerpo al suyo, estoy seguro que él jadearía sin control alguno y echaría la cabeza para atrás, dejándome ver su apetecible cuello y sus pequeños lunares a la vista, dispuestos a que haga un camino húmedo hasta donde yo lo desee. Me acercaría a su oído y susurraría de la forma más irresistiblemente posible: «Compláceme, Precioso» Y él se entregaría a mí sin pensarlo dos veces.

Esa fantasía permanece en mi mente hasta que me pongo de pie y tomo la iniciativa. Me acerco hasta él y digo junto a su oído: — ¿Te apetece un apartado para los dos?

Me carbonizo.

Muero porque acepte.

Se vuelve, Bill me mira directamente y siento esa corriente eléctrica recorrerme por el cuerpo gracias a que él sabe interpretar la mirada que le doy.

«Compláceme», le digo sin palabras. Él asiente y entonces posando mi mano en su trasero, le atraigo y vuelvo a su oído.

—Espérame en la barra, no tardo.

Asiente y al apartarse un poco, de un movimiento rápido mis labios quedan a milímetros de los suyos. Sé que quiere hacerlo y yo quiero jugar con la situación, pero tomo mi venganza y aparto cuando él se inclina un poco. Le doy un rápido guantazo en el trasero antes de que se vaya y noto sus mejillas arder.

Me doy la vuelta y dirijo a la zona de apartados, debe haber uno disponible, siempre lo hay para mí. Después de que el sujeto revisa una lista corta, me mira y asiente. Le digo que iré a por mi acompañante y anota mi nombre en la lista. Regreso por Bill. Le busco con la mirada, pero no lo veo. Le sigo buscando, me muevo por el lugar. Esto es un mar de gente y si le ven solo, capaz lo llevan a un apartado.

Camino hasta la barra y es donde su inconfundible vestuario me hace saber que es él. Está sentado en un asiento alto junto con una rubia quien le invita un shot y lo beben de golpe. Intento moverme para llegar hasta él, casi aviento a todo aquel que me pasa por el frente. Esa rubia le toca el cabello e invita otro shot, pero a uno le agrega algo, se lo ofrece a Bill y éste lo mira.

La rubia se baja del asiento y Bill se gira para mirarle y alarmado se recarga en la barra cuando la chica se hace espacio entre sus piernas y acerca para querer besarle.

Estoy que exploto o aún peor.

Nadie toca lo que es mío sin mi permiso. ¡Nadie!

—No haría eso si fuese tú— le digo una vez estoy ahí, la tomo de la muñeca y aparto de Bill.

—¡Suelta! —se zafa de mi agarre con brusquedad y en seguida un sujeto se planta a mi lado.

—¿Algún problema? Lo vimos primero y llevaremos a un apartado— me enfrenta. Esto me temía.

—Más vale que lo pienses dos veces— lo empujo y reclamo a Bill como mío—. Él viene conmigo— estiro la mano para sujetarle de la muñeca y hago que baje del asiento.

—Estaba solo— se defiende.

—Pues ya vez que no— paso de largo chocando de hombros con él y me dirijo afuera entre empujones.

—¿Ya nos vamos? Apenas me divertía— dice y me vuelvo hasta él para sujetarle de los hombros.

—¡Solo te pedí que fueras a la barra! ¿Por qué aceptaste los tragos? ¡¿Por qué?!¡Aceptaste su invitación a un apartado!

—¿Un qué? Tom… ¿Estás celoso? —arrastrando las palabras, se burla y definitivamente sé que no está en sus cinco—. Lo siento, ¡Ja, Ja, Ja!

Le suelto y pido que traigan el auto, minutos después hago que Bill se siente en la parte de atrás. Conduzco a casa con un humor de la mierda. Le hubiera arrancado la cabeza a ese sujeto por permitir a su chica tocar a Bill.

—Estabas lo suficientemente idiota como para darte cuenta que pusieron algo en la bebida que iban a darte— menciono sin siquiera mirarle por el retrovisor. No me apetece.

—Espera, espera… ¡Eso fue bueno! Vamos, dime que fue bueno y que lo bebí, eso explicaría por qué quiero que me arranques la ropa y me folles justo ahora ¡Ja, Ja, Ja! —éste es de los que no paran de reír cuando se emborrachan—. ¿Qué harás cuando lleguemos a casa? ¿Me harás tuyo? — ronronea—. Tuyo… tuyo ¡TUYO! ¡Ja, Ja, Ja! Ya fóllame, Tom. Te mueres por hacerlo.

Me detengo en una luz roja y exasperado me vuelvo para verle. Está idiota y alucinado, me mira y se muerde el labio.

—Oh, Precioso… Haré más que sólo follarte. Te daré un par de azotes apenas lleguemos.

Ha quedado pálido ante mis palabras. Traga saliva con pesadez y se queda quietecito. La luz cambia a verde y tomo un atajo para llegar a casa.

Le haré pagar. De esta no se salva.

Continúa…

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