Compláceme. FIN

Temporada I. Por Amy-Stalinalsky

Capítulo 31

Retomar el ritmo que llevábamos y aún más, demostrar la misma confianza de antes, fue difícil. A pesar de haber solucionado las cosas y que cada uno nos permitiéramos justificarnos a fondo, algo indescriptible pero palpable había entre nosotros.

Recién que volvimos a Los Ángeles, no compartimos la cama en un par de noches, fue la mañana del jueves que desperté con la sorpresa de verle a mi lado.

El cambio me tenía complacido, bastante, a decir verdad. Y así fue este tiempo.

Hemos pasado toda la mañana en la cama sin importarnos el no haber preparado ya el equipaje para ir a Las Vegas, preferiría seguir aquí con él. Lucía delicioso y me apeteció el poder poseerlo. Lanzando una mirada cual león al acecho, Bill se cubre con las sábanas y va al otro extremo de la cama. Me hundo en las sábanas, siguiéndole el juego y una vez estando cerca, me posiciono sobre Bill. Entre risas cortas y besos, éstas nos enredan para no dejarnos, cooperando en el juego.

—Que silencioso eres— digo con sarcasmo y se ríe.

Bill se remueve debajo de mi cuerpo, se fricciona contra mí y en su intento por deshacerse de la sábana que nos cubría y poder escapar, pero sujeto sus muñecas y las llevo a ambos lados de su cabeza. Despeinado, excitado y con esa mirada; luce tan exquisito.

—Que te vez Precioso— murmuro y me acerco para besarle.

—Gracias, Precioso— responde a carcajada limpia y le sujeto con fuerza, recriminándole el que me haya dicho de tal manera.

—No me vuelvas a decir así— le pido y muerdo sus labios a modo de castigo.

—¿Por? Te va de maravilla, Precioso— se mofa.

Mis manos van a sus costillas y muevo mis dedos para que él se retuerza en gracia. Se encoge, manotea y remueve por las cosquillas.

¡Me puede ver su gesto!

Me pide que me detenga. Veo como achina los ojos hasta que los abre y me mira. Le atraigo a mí, y él aún ríe entre pequeños jadeos.

—Tal parece que debo recordártelo, Bill— mi mano sube por su pecho y tomo ligeramente el dije que cuelga de éste—. Solo hay una estrella que lleva tu nombre. «Precioso» es lo que te define, y por eso solo tú puedes ser llamado así. Porque eres único y eres mío.

—Es la enésima vez que me lo dices.

—La quinta, para ser exactos— le corrijo cuanto antes—. Eres tremendamente exagerado, Precioso.

—¿Yo? Mira que regalar estrellas no habla de exageraciones.

Sus palabras me hacen gracia. Sus brazos rodean mi cuello y vuelvo a besarle entre risas.

—Te tomaría ahora mismo— digo a medida que me inclino a besar su cuello.

—Ah, ¿sí?

Se hace el interesante.

—Sí… y se me haría muy fácil.

—¿El qué?

—El desnudarte.

Mis manos descienden sin despegarse de su cuerpo, sintiendo su delgadez. Levanto el mentón, me acerco un poco más y mi nariz roza el lóbulo de su oreja hasta que lo muerdo suavemente con los labios.

—No— ronronea y se estremece a causa de las cosquillas. Es una de sus partes sensibles mientras jugamos.

—¿Y por qué no? —deslizo mis manos debajo de su cuerpo para llegar a su espalda y acercarle a mí toda vía más.

—Que me haces cosquillas— conteniendo la risa, baja el tono de su voz y se remueve otra vez, pero no le dejo ir.

—Quiero hacerte algo más que solo cosquillas.

Nos movemos en la cama, las sábanas nos detienen y él levanta los brazos para salir del ahogamiento, logrando manotear y tirar la desayunadora que estaba a la orilla de la mesita de noche.

—¡Shhht!

—¿Qué tiene?

—Steve puede venir.

—¿Y? No me apetece un trio a esta hora de la mañana. A quien quiero follar es a ti— me burlo—. Además, no tienes por qué susurrar.

—Me gusta la discreción.

—A mí no—respondo—. Me gusta escuchar que gimas mi nombre.

Aquello le hace gracia y termina por salir de las sábanas. Su gesto cambia cuando le veo.

—De alguna manera todo siempre va a ser un secreto.

—Pues ya no. Seremos nosotros nada más. Hoy es el día, Bill. Su sonrisa vuelve, pero ahora más amplia que nunca.

—Pero seguirás siendo mi secreto.

—¿Por qué?

—A ti te gusta que diga esa clase de cursilerías, así que… Sí— al momento en que me muevo para colocarme a su costado y poso mi cabeza sobre la almohada, sus dedos pinchan en mi pecho a modo de juego y le abrazo repentinamente a mi cuerpo—. Admítelo— susurro—, te encanta ser mi secreto.

No dice nada, se acerca para asaltar mis labios.

—Feliz cumpleaños.

Poco a poco logra subir a horcajadas sobre mí, lleva sus manos hacia atrás, sujetando la sábana hasta que nos cubre con ella. Se acerca y sus cabellos caen ambos lados de su cara, cosquilleando en mis mejillas y en mis hombros.

Muerdo mi labio inferior al ver la chispa de deseo que destella en su mirada. Él sonríe con malicia y sus manos se centran en mi pecho. Desciende, haciendo ligeramente presión y sus uñas dejan una marca en mi piel.

—Y si soy yo quien te demuestra que puedes ver las estrellas… ¿Qué dirías?

Se me detiene el corazón y sube hasta mi garganta y me quedo sin aliento. Su mirada, sus palabras y el tono en que lo ha dicho, lograron excitarme. Trago con pesadez, sujeto su cuerpo con fuerza y me inclino para hablar junto a sus labios:

—Quizás, y solo quizás, respondería que lo has hecho tantas veces que he disfrutado el quedarme callado.

—¿Eso también era un secreto?

—Sí. Y lo es por…— me detengo, lanzo una sonrisa y él no resiste el silencio—. Lo sabrás esta noche, lo prometo.

Vuelvo a sonreír. La razón por la que es un secreto, es porque por él siento más que deseo y cariño. Es algo mucho más intenso y se resume en una palabra, dos, si se las dedico. Pienso decirle algo muy importante esta noche, muchas personas lo sabrán, de hecho.

Cuando vuelvo a sus labios con ansia contenida, mi mano va hasta la cinturilla de su ropa interior y en el momento justo en que empiezo a deslizarla por sus nalgas, Steve llama a la puerta.

Qué manera de matar la pasión, anunciando una llamada tan inoportuna como él.

Quisiera poder levantarme y decirle que no vuelva a molestar, pero también me hace ver que tan tarde es y cuando le exijo que se retire, voy con Bill a la ducha para terminar lo que empezábamos. Después de haber tomado una ducha de casi una hora y haber llenado la valija con lo esencial, llamo a Steve para que la lleve al auto al igual que la valija en la habitación de Bill, mientras intento poner algo de orden en la habitación. Tomo la desayunadora y lo que se ha caído al suelo para llevarlo a la cocina.

Miro mi reloj, son casi las cuatro en punto. A las seis debo estar allá, y considerando el tráfico, quizás lleguemos retardados.

Dejo todo en la lavaplatos y tiro los restos de comida a la basura. Me acerco a enjuagar mis manos al momento en que escucho el móvil sonar dentro de mi bolsillo. Escurro las manos y tomo el móvil para llevarlo entre el oído y el hombro para poder secarme.

—¡Al fin! —me dice Amara en la otra línea—. Te llamé hace horas y Steve me dijo…

—Pues Bill y yo estábamos ocupados en ese momento, así que es a ti a quien debo agradecer nos hayas interrumpido desde el inicio— me burlo.

—No quiero saber…, bien, si quiero saber. ¿Consensuamos esta noche?

—¡Ja! Pues tendré que hablar con Jace al respecto.

—Lo haré por ti— se ríe—. Tom, ¿ya vas de salida?

—¿Por?

—Es que no puedo esperar a esta noche…

—Será un caos— menciono pesimista.

—¡Vamos! No pasa de que cancelen la celebración.

—O me repudien…

—Tom, ¿de nuevo piensas así?

—No, pero no descarto la realidad y eso puede pasar. Muy en fuera de que todos sepan lo que anunciaré y entregue a Bill eso que quiero darle…

—Todo saldrá bien. No tienes que hacerlo frente a todos, pudiste empezar por un círculo pequeño, pero ¡Ah, no! Eres Tom Kaulitz y te vas a los extremos. Que te conozco, querido.

—Me conoces…— repito.

—Y conozco a Bill y sé que aceptará y todo será maravilloso. Vamos, dilo— me anima.

—Solo por hoy intentaré no ser tan obsesivo con cada detalle. He pasado noches sin dormir por pensarme en todas las posibilidades, pero, en fin, quizás deba hacerte caso.

—Le quieres en serio, ¿verdad? Todo lo que has hecho…

—Creo que se nota, Amara. No siento en verdad que pueda arrepentirme. Al pensar en eso, levanto la mirada y Steve se adentra a la cocina.

—Señor, ¿puedo hablarle de algo?

Sus palabras me extrañan. Luce tan serio y espera mi respuesta. Noto que trae un pequeño sobre entre las manos.

—Debo irme, Amara. Nos vemos esta noche.

—De acuerdo. Hasta pronto— manda un beso y entonces cuelgo.

—Dime, Steve—Suelto la respiración. Guardo el móvil en el bolsillo y retrocedo un paso para recargarme cerca de la nevera.

Se acerca a la isla con nerviosismo y deja el sobre en la superficie.

—Bien, primero que nada, le pido disculpas por el atrevimiento. Sé muy bien que su vida privada no es de mi incumbencia y que yo solo le sirvo a usted, así que…

—Steve— levanto una mano y le interrumpo—. ¿A qué viene eso?

—Usted disculpará, pero es algo que debe saber. Le pido no me tome como a un soplón.

—Pues dilo— medio frunzo el entrecejo y le miro con atención al cruzarme de brazos.

—Hace un par de noches sonó el teléfono y al contestar me di cuenta de que Bill ya lo había cogido, pero no pude evitar escuchar que cruzó palabras con Leo Morgan— se detiene en espera de una reacción de mi parte, como no lo hago, prosigue—. Me ha extrañado el escuchar su nombre y aquella noche en que él vino por el joven Bill…

—No te entiendo— le interrumpo—. Él no vino por Bill, solo estuvo aquí de paso.

—Lo siento, no fue así. Que imprudencia la mía— se acerca a darme el sobre—. Creí que lo sabía, de lo contrario no hubiese empezado a hablar. Entendería que pensara mal de mí en estos momentos.

Algo se enciende en mi interior e intento no alarmarme.

—Solo ve al punto, no importa.

Le quito de las manos lo que sostiene y reviso su interior.

—Esa noche volvieron tarde y, muy temprano en la mañana, el joven Bill me llamó para que arreglara todo y le llevara a Las Vegas. Cuando entramos al hotel no quiso que le siguiera y me parece que se encontró con su padre y creo que igual con Leo Morgan, entonces ustedes volvieron ese mismo día y ahora este sobre aparecer en el buzón con la firma de ese hombre. Disculpará si he cometido alguna falta hacia usted…

—¡Deja de hacer eso! —le pido. Que se disculpe me pone de nervios.

Cuando reviso lo que el sobre contiene solo veo tres cosas; una tarjeta de crédito, una nota con una dirección y una fotografía donde se encuentran ellos dos muy cerca y en el reverso hay un número telefónico.

La sangre me bulle y la siento correr por mis venas al momento en que quema.

Por eso fue a buscarme. Por eso había guardado distancia los primeros días después de arreglar nuestra situación, esperando que las cosas se enfriaran para volver a acercarse. Por eso había estado intranquilo y al inicio no tan convencido sobre lo de esta noche.

¡Iba a irse con él!

A que solo esperaba la oportunidad para dejarme más que enganchado y después desaparecer. Que no sería la primera vez que me pasa esto.

No me equivocaba…, en el fondo es como Alina.

No.…, no. Debe ser, al contrario. Quiero arrepentirme de lo que estoy pensando. No quiero sacar conclusiones, pero ¡JODER! Que todo viene a mí tan rápidamente que me convenzo de que él es el mentiroso.

—Debía saberlo, aunque esto me costara estar a su servicio— dice y le lanzo una mirada inquisitiva.

—Si esto es mentira, va a costarte mucho más que solo estar a mi servicio.

Le paso el sobre delante del rostro y voy escaleras arriba a con Bill. Debe haber una buena justificación para esto.

Son palabrerías de Steve. Quiero creer que Bill no haría eso. Quiero equivocarme, y me arrepiento de pensar en que he vuelto a compararle con Alina.

Cuando entro a su habitación sin avisar, se vuelve a verme antes de ponerse la chaqueta y cerrar la puerta corrediza que da al balcón.

Calmo el tornado que se origina en mi interior y cierro la puerta. Sus ojos me miran con detenimiento y le indico que tome asiento en la cama. Extrañado, lo hace y me adentro más para plantarme delante de él.

—¿Hay algo que no me hayas dicho?

—¿Cómo qué?

—Eso es lo que quiero saber— abro el sobre y saco la nota—. ¿Esta dirección te dice algo?

La pongo ante su mirada, hace amago de tomarla, pero se lo prohíbo. Vuelvo a ponerla delante de sus ojos y, tras unos momentos, me mira y niega con la cabeza.

Lanzo la nota hacia el suelo. Abro el sobre y le enseño la tarjeta de crédito.

—Quiero saber por qué dice tu nombre. Traga con pesadez y se encoge de hombros.

El nerviosismo le pincha y se remueve sobre la cama con incomodidad.

—No voy a preguntarlo de nuevo, Bill. ¿Hay algo que no me hayas dicho?

—No entiendo porque…

—Responde— le corto.

Se levanta casi de un salto para darme la cara.

—No sé qué clase de broma es esta. Debemos irnos o llegaremos tarde.

—No, el que no sabe si es una broma o no, soy yo.

Termino por sacar la fotografía y arrugo el sobre hasta dejarlo caer.

—Quiero saber dónde estabas aquí y por qué con él.

Paseo la imagen ante su mirada y él la toma de inmediato.

—Soy yo, pero eso no…

—Entonces ilumíname— la deja caer al suelo—. Quiero escuchar tu justificación, seguro que es muy buena como para contradecir todo lo que estoy pensando justo ahora.

—Ni siquiera se ve como si la hubiese tomado él— protesta—. Solo sale a mi lado en la imagen, no hay nada de malo.

—¡Eso que importa! Vas a decirme que no eres el que aparece ahí, ¡eh!

Suelta la respiración y frunce el entrecejo. Su mirada me revela su poco coraje. Quiere darme batalla.

—¿¡Todo es por él!? —espetó con cansancio.

—Lo es gracias a ti.

Me doy cuenta de que no era un engaño como rogaba que fuera.

—¿Cuál es el problema? Es una imagen y ya. No dice nada.

—Él es el problema— le aclaro—. Y ahora que lo veo, lo eres tú también. Tú y tus mentiras. ¡Me dijiste que tan sólo se había aparecido por aquí y ya! Olvidaste mencionar que salieron y consensuaron, quizás.

—¡Eso no es cierto! —nervioso, niega rotundamente—. Tú eres el problema— me señala mientras se mueve para rodearme—. Tus jodidos celos me enferman. ¿No te das cuenta de que alguien puede estar jugando sucio conmigo? En vez de preguntarme las cosas de buena gana, levantas la voz y me tachas de…

—¡Ah…! En estos momentos no estás para reclamos, Bill.

—¡¿Qué no?! Pues sí. Si estoy para reclamarte.

—Mejor cállate y escucha…

—¡Pues no me va! —su actitud comienza a impacientarme—. Después de lo que hiciste…

—¿De lo que yo hice? ¿Cómo te atreves…? —estallo, él igual se enciende como pólvora.

—¡Estuviste con ella!

«No de nuevo». Pienso con cansancio.

—Bill, en ningún momento te reclamé tus faltas anteriores, pero cuando lo haga, puedes hacerlo conmigo. Este no es el caso y creo que el tema de Alina ya está fuera de nuestro alcance— asevero la mirada—. Pero como veo que las justificaciones las tomas como reclamo, bien. Así será…

—¡¿Por qué lo involucras?!

Su falsa indignación me la paso por la mierda.

—Oh, discúlpame… ¡Pero fuiste tú quien le dejó tocarte aquella noche!

—Eso no debió haber sucedido.

—Pues te tengo las nuevas, así fue y no puedes borrar aquello—le tomo por el codo—. Intenté de mil maneras ahogar la rabia que me hacía sentir el recordar cómo te ofrecías a él solo para que nada estuviera mal entre nosotros, porque te quería de regreso y que todo mejorara. Porque yo iba a tomar todo en serio, pero tú no lo hiciste.

—Quita…— intenta zafarse, pero no le dejo.

—Mira que no quería que algo así sucediera nunca, el tener que gritarnos las cosas que son o no verdad, lo que nos callamos e incluso el restregarnos nuestras faltas por un solo motivo y sé que entiendes cual es…

—Quien haya enviado eso me señala de mala manera— logra mencionar.

—¡Yo quería que te justificaras! ¿Qué querías que pensara? Que al ver eso solo puedo creer en una cosa, vengo aquí esperando que digas algo para no perder la cabeza y entonces te delatas y das la razón a mis pensamientos.

—De acuerdo, sí. Mentí. Leo había venido y salí con él, pero algo pasó y fui a por ti porque iba a decirlo, pero entonces arreglamos las cosas, me propusiste algo que solo me había pensado y se suponía que hoy lo sabrían todos. Iban a vernos como lo que somos y yo no pude decirte la verdad. No pude hacerlo— se apresura a decir. Se oye ligeramente agitado, forcejear y hablar le ha costado ese tono de voz—. Íbamos a estar bien y no tuve valor para decirlo porque no quería arruinarlo.

Me doy cuenta de que sus palabras me han provocado solo para detonar. Igual caigo en cuenta de sus intenciones y entiendo lo diferente que luce él ante sus expresiones. Detrás de ese rubor fúrico, sigue escondiendo algo.

—Tal vez no entiendas que cuando algo está jodido, no se puede estropear aún más. ¡Hice algo por ti que jamás daría por alguien! ¿Así de tanto significa para ti? —suelto su brazo despreciativamente.

Si le veo a los ojos, solo puedo ver el engaño.

—Tú y Leo… ¿se acostaron? ¡Dime!

—¡No! No puedo…, yo no… puedo decirte.

«Eso es un sí» aprieto los puños.

¡ME HA VISTO LA CARA!

La rabia latiguea en mi interior y comienzo a perder aún más los estribos.

¡Lo hizo! ¡Pasó la noche con él mientras yo me culpaba por lo sucedido con Alina!

—Tom… Tom, si tan sólo me dejaras.

—¡Cállate!

—Quiero que sepas.

—¡No hables!

—No sé qué significa esa dirección, pero la tarjeta es de tu padre. Sus palabras me dejan en blanco.

—Esa acusación no tiene lugar— me vuelvo a mirarle.

—Estoy seguro que él la ha enviado porque el día en que te fui a buscar…

—¡Mientes!

Steve dijo algo como esto. Pero debe ser otra mentira, seguramente.

—… Me acorraló y advirtió sobre seguir contigo. ¡Ibas a darme mi lugar! Esta noche iba a disfrutar tanto verle cuando tú dijeras que somos pareja— me toma del brazo con desesperación.

—Increíble, Bill. Llegar al extremo de involucrar a mi padre en esto para salvar tu pellejo.

—No me hables así, que esa es la verdad.

—Mejor acepta los hechos— niego con la cabeza al escanearle con la mirada y recordar aquello que dijo mi padre hace tiempo.

—¡Que no! —se acerca y toma mi rostro para hacer que le mire, pero no puedo. Soy incapaz y le alejo de mí—. Tu padre me ofreció cincuenta millones para irme. Luche estaba ahí y lo escuchó todo, por eso fue a contigo, tenía que sacarte del penthouse para que no te hallara. ¡Me llamó oportunista! Mencionó que no era la primera vez que lo hacía, por eso Alina se fue. ¡Le dio la misma suma de dinero y ella aceptó irse!

—¡Deja de mentir!

—Que esta mañana al despertar no parabas de decirme que me querías y ahora nos encontramos en medio de esto, encima no me crees que te digo la verdad. ¡Yo no te mentiría!

—Te informo que ya lo has hecho, Bill— le aparto de mí—. Tus jodidas mentiras al fin me abrieron los ojos. Todo lo que me dijeron e incluso me había pensado, era una equivocación. Quise convencerme de que sería diferente, que no estaba repitiendo los mismos errores de antes y que tal vez tú serías diferente a la mierda de gente que he conocido, pero ya me doy cuenta de que perteneces a ellos. Me doy cuenta de que en realidad eres tan oportunista y manipulador como Alina. Que te creí la manera en la que llegaste a la subasta, te creí cada lágrima derramada y que limpié de tu rostro… creí como un estúpido hasta en tu jodida ausencia ¡TODO! Y solo resulta ser que eras igual. Que lo que sucedía solo existía en mi cabeza y que no eres más que un asqueroso gato que recogieron de una esquina para llevar a la subasta. No eres nadie… ¡Nadie! Una persona como tú solo podría merecer mi desprecio. ¡Basta! Esa cara de inocente no te queda— le volteo el rostro con un fuerte bofetón. Me siento arder de furia. Extiendo el brazo para tomarle por la quijada con fuerza—. Te perdoné el que me hayas ofendido al meterte con Leo y sabes porque, pero esto no te lo perdono. ¡Y NO ME PERDONO EL COMETER EL MISMO ERROR!

Sus ojos se cristalizan y se queda sin aliento. Su mejilla está más que ruborizada a causa del golpe que le he dado.

¡Me da asco tener que tratar con él ahora bajo esta situación!

¡ASCO!

La garganta me quema por tanta palabrería. Un fuego me emana del pecho y me siento tan jodidamente impotente cuando interpreto la mirada que él me lanza.

—Saliste con él porque querías pagarme con la misma moneda, pero te convenciste a ti mismo de pretender no caer tan bajo y por eso fuiste a buscarme. Lo que te has inventado del dinero es tu coartada para largarte a donde Leo te ha pedido y esa fotografía es para recordarte a quien perteneces ahora. Y sé cuál es la verdad; eres una persona sin orgullo, dignidad o valor. Eres lo que figurabas a ser cuando te compré en la subasta; un simple objeto— añado. Perdido en la ira, palabra a palabra, sé que le hiero. Merece mucho más que esto—. ¡Fueron doscientos cincuenta millones invertidos en mierda! ¡Nada más que en eso!

—¿Cómo puedes decirlo? —la voz a penas y le sale. Le veo temblar de impotencia, quizás.

—El dinero pareciera lo de menos, porque me costaste hasta el último centavo de placer y vaya que me complaciste, pero eso no se compara con la jodida vergüenza que siento ahora. Debí preverlo, debí prestar atención a lo que decían de ti y no dejarme llevar por los patéticos consejos de quien te defendía. ¡Me siento menos mierda de lo que tú eres! ¡Tienes la puta culpa de todo!

Solloza. ¡Me enferma!

—¡Que esa actitud no te va! —le sujeto con tanta fuerza que por momentos creo que no le tengo bajo mi agarre—. Después de todo no mereces esto— del cuello le arranco el dije que le había dado—. No merecías nada de lo que te di, ni mi tiempo, ni la vida que estabas empezando, ni que te tratase como a una persona y mucho menos te diera valor. No eres nada… ¡Y TE METISTE CON ÉL! ¡Me viste la cara! Apuesto que lo hiciste durante meses, que lo único que buscabas de mí era solo quebrantarme por diversión. Te saliste con la tuya hasta el final, pero adivina qué, no más.

Introduzco la mano a mi bolsillo y tomo aquello que, durante días, estúpidamente había ansiado entregarle.

—Ves esto, ¿verdad? Pues iba a ser para la única persona que me había hecho creer mierda y media, e incluso me hizo pensar que también creía firmemente en todo lo que le propusiera para bien, pero ahora no existe. Era para ti— arrojo el anillo algún lugar de la habitación—. Pero de mi nadie se burla. ¡Nadie! Y quien lo intenta solo es digno de llevarse mi repudio. Ahora, Bill, en vista que no te queda nada más en mí por destruir, me toca invertir los papeles. No te quiero en mi casa, no te quiero ni dentro de mi corazón, ni en mi vida. Así que te largas. Llegaste sin nada y te vas sin nada.

Entre lloriqueos y exigencias de que le soltara y dejara justificarse, le llevo a rastras hasta fuera de la casa.

Con la voz rota, me miente al decirme que me quiere. Eso logra detonar en mí y al cruzar el umbral de la puerta, le boto al suelo y dirijo al auto para sacar de la cajuela su equipaje. No quiero cerca de mí nada que le pertenezca.

Le veo sobre el césped del jardín delantero. La barbilla le tiembla y, en un intento por levantarse, flaquea y vuelve a quedar donde mismo. Le miro desde arriba. Algo se hunde en mi interior, pincha en mi fibra sensible y la vista se me nubla. ¡No! Mis ojos no pueden volverse agua.

¡ME ODIO POR CREER EN ÉL!

Todo lo que había creído. Lo que había pensado. Mis intentos por verle de maneras diferentes, por sentir algo por él, por creer que era verdadero, dejan de existir junto con él en este momento.

Trago con pesadez. Los labios me tiemblan y entonces le digo: — El suelo parece un buen lugar para ti.

Vuelvo sobre mis pasos, cierro la cajuela de golpe y entro al auto. En menos de tres segundos voy a más de ochenta por la avenida, la impotencia hace su mejor intento por extinguirme.

Freno en la luz roja y me obligo a detener las jodidas lágrimas que se me escapan. Todo es tan frenético en mi interior. No puedo controlarlo.

Grito y golpeo el volante por la frustración. ¡Joder! ¡Que le odio!

Las manos me tiemblan cuando aprieto el volante. Levanto la mirada. La luz cambia a verde. Suelto la respiración y paso de lo que siento.

—Sí…, si se puede odiar, incluso repudiar a alguien a quien ya se le había amado…

F I N

Administración: Este es el final de temporada, nos deja a todos con ataque, pero es la idea, ya que nos invita a continuar con la historia. Pronto estará disponible la continuación. A estar atentos y gracias por la visita.

por administrador

Publico con autorización del autor

4 comentario en “Compláceme. FIN”
    1. Con fics como este o como híbrido, estamos todas apuntándonos al psiquiatra 😉
      Muchas gracias por leer y dejar tu amor en los comentarios. MUAK

  1. NOOOO!!!! NO PUEDO CREER COMO LO TRATO, QUE GANAS DE DARLE UN BUEN PUTAZO AL TOM, HDP!! Igual re molestaba que dejara que otros lo tocaran y después que el Tom se sintiera celoso porque el leo le hablo al bill,lo peor es que iban a consensuar otra vez en grupo y lo dejo por el rumor de leo, si el sabía que el padre era un hdp, que rabia!!!😡😡😡😡

  2. Y ahora estoy destrozada y lloro porque Bill no se merecía ese trato todo el tiempo hizo todo por Tom y este desgraciado no miro ni mierda ojala lo ovide 😡😭😭😭 Bill te espera una mejor vida sin ese loco

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