Administración: Este es el rescate de la segunda temporada del fic «Compláceme», deben leer la parte 1 para que esto tenga sentido. Voy a publicar el archivo completo, sin embargo, no estoy segura de que tenga un final definitivo.

Temporada II. Por Amy-Stalinalsky
Introducción
No han sido los mejores días. Tampoco he sido yo. Algo me falta y es evidente… Nada de esto debería estar pasando y ya no sé a quién culpar.
Todo en mí es un lío.
Es jodidamente increíble el cómo cambiaron las cosas tan de repente. Como lo que creías que era, jamás tuvo lugar y jamás lo tendrá, aunque así lo hubieses querido. Es increíble el como un segundo vale más que haber cometido cien errores juntos para aprender la lección por confesar y después, ser juzgado ante quien alguna vez en tu vida fue digno de tu admiración.
Así fue esto.
Así de jodido estaba cuando creí ciegamente en alguien, evadí a quien me advirtió sobre seguir y finalmente, éste me hizo sujetar las consecuencias como un puñado de arena, porque así, todo se desvaneció entre mis dedos.
Niego con la cabeza, no quiero recordar la sensación de los dedos de Bill y míos al ser entrelazados. Aquello me gustaba, me había acostumbrado y… ¡No! Qué debo hacerlo a un lado.
Fijo la vista en la fotografía de mi padre, mi madre se aferra a mi brazo y posa su cabeza en mi hombro. Está inconsolable. Yo, simplemente en un reflejo, acaricio su mano y ella al soltar la respiración, hace que algo se clave en mi pecho. Me siento sofocado gracias a ello y sinceramente ya no puedo más.
Algo se remueve dentro de mí tan repentinamente y hace que esto me pueda en el alma. No lo resisto. No puedo. Ya me ha tocado la fibra sensible.
Realmente echaré de menos a mi padre a pesar de que terminó por odiarme.
Respiro profundamente, cierro los ojos y evado mis propios pensamientos y mis emociones. Cuando algo en especial interrumpe el dolor que me permito sentir con cautela, es como si todo se volteara e hiciera que cayera en cuenta de que lo que sentí en estos días en verdad sería pasajero.
Se terminaba hoy. Se terminaba al permitirme sentir algo…, pareciera magia.
Los recuerdos repetitivos de mí expresando verdadero cariño y verdadero repudio hacia una persona, no dejan de cruzar por mi mente. Ahora me enferma y me pone mal.
No es el lugar más indicado para continuar con esto, pero no puedo evitarlo. Las palabras de mi padre; su desprecio hacia mi persona al enterarse de mi verdad y los gestos que enmarcaban su rostro, incluso el bofetón y la fuerza con que me había hecho reaccionar ante él, pasaban por mi mente solo para torturarme. No, la verdadera tortura era cuando yo mismo me aferraba a la imagen de él perdiendo el control por mi causa, desplomándose en el suelo y luchando por contener su ira hacia mí y mantener su propia vida.
No importó cuanto implorara que le salvaran, que me haya aferrado a él cuando su corazón se detuvo o cuando me quedé en blanco al mirar sus ojos cristalinos. Fue mi culpa.
Estaba ahí; fui el causante de lo sucedido. Yo y el único jodido error que volví a cometer; dejarme llevar por algo tan insignificante como el cariño hacia una persona ahora ya inexistente en mi vida.
¡Vaya mierda!
La sangre me bulle.
No me permito perder el control de ninguna manera, pero siento que la ira podrá conmigo antes de que me lo imagine.
Veo los rostros de todas las personas; unos más serios que otros. Algunos llorando y otros susurrando sus oraciones. Definitivamente no quiero estar aquí.
Necesito aire.
Necesito escapar y llenar mi mente de alguna otra cosa porque no lo soporto más.
Me remuevo, mi madre no entiende el rechazo y siento su mirada, pero me mantengo inmóvil y no devuelvo el gesto, en cambio, controlo las ganas de llorar por la pura rabia.
Que cambio. De sentir como podía empezar a desmoronarme por algo, ahora cierto sentimiento me planta en la tierra y hace ver que soy otro tipo de persona. Me recuerdo que yo no me dejo llevar por el sentimentalismo y de inmediato cambio mi forma de pensar.
Personas han pasado a decir algunas palabras, pero no les encuentro sentido. Me piden ser yo quien hable ahora, pero como me niego, todo llega a su fin. Me pongo de pie y la gente se acerca a mi madre y a mí para darnos sus condolencias. Recibo a todos sin decir una sola palabra, limitándome a solo asentir con la cabeza.
Esto es asqueante.
No necesito la lástima de nadie. Estoy más que furioso y me siento incapaz de seguir aquí frente a él, ante su imagen sonriente sobre el féretro, mejor dicho; y tal cual será recordado por todos. Feliz.
Su mirada me inquieta.
Recuerdo sus últimas palabras antes de que su enojo le detuviera el corazón.
«No eres mi hijo…»
Me cae de peso.
Hace un rato sentí que le echaría de menos, ahora no lo considero así.
Cierro los ojos con fuerza para intentar desvanecer el eco de su voz diciéndome aquello, pero entre más lo pienso, más me jode.
Poco a poco, la gente comienza a irse hasta el punto de quedar solamente mi madre, Amara y yo. Ella se acerca a mi madre antes de que se adelante al auto y se despiden, no quiere estar aquí por más tiempo. Cuando Amara acorta la distancia entre nosotros, me tiende una rosa para que la deje en uno de los floreros altos, pero me niego. La miro y sus ojos están hechos agua. Se precipita a darme un abrazo, uno muy fuerte y reconfortante. Pero no lo necesito.
—Ha sido mucho para ti en tan poco tiempo— me dice y le obligo a poner distancia.
—Él ya no significa nada— respondo cortante porque ambos sabemos a quién me refiero—. Para mí, ha muerto más de una persona— ella baja la mirada y toma mi mano.
—Las cosas no debieron ser así, Tom. Aun puedes darle una solución.
—Ve a casa, Amara— le pido y me alejo de ella—. Gracias por venir.
Regreso hasta el auto con mi madre.
El irme me deja un gran vacío a cada paso.
Es cierto, ahora más de una persona ha muerto; Bill, mi padre y un poco de mí también se ha ido. Subo al auto. El transcurso es excesivamente silencioso y casi siento que voy a estallar.
Estoy más que jodido. Todo se mezcla en mi interior y creo que no aguantaré un minuto más. Me duele que todo esto haya pasado, sí, lo reconozco solo para mis adentros. No me permito el expresar nada porque debo hacerme a la idea de que puedo con esto. El llorar no va conmigo. Yo no soy débil. Al contrario, el saber que me duele, me hace rabiar. Me jode tanto la idea.
Estoy tan molesto conmigo por todo esto, pero al menos aquel que también murió se encuentra lejos de mí.
Mi padre solía decir que las cosas innecesarias están mejor lejos de nosotros y hasta este momento, no creí llegar a darle sentido a todo lo que me había dicho.
He echado a Bill de mi vida.
Él tenía razón.
Siempre tuvo razón y jamás le escuché. Debí hacerle caso cuanto me dijo que dejara a Bill por ser un oportunista. Debí creerle. Debí haber hecho tantas cosas; dejar de cometer los mismos errores. Evitar dejarme llevar. Dejar de creer en que yo podía enamorarme de alguien. Pero fue muy tarde. Hice todo aquello y ahora me siento un estúpido.
Llorar y sentir el duelo no me servirán de nada cuando todo ya está hecho.
—Tom… ¿Dónde está él?
Mi madre interrumpe mis pensamientos y me vuelvo a verla.
— ¿De quién hablas?
—El chico que estaba contigo.
Que diga eso me cae de peso. Me niego a responder.
Me niego a volver a recordar aquello porque no quiero descolocarme. No otra vez.
— ¿Estaban juntos? — inquiere.
Me mantengo en silencio, pero insiste.
—Sé que ahora le necesitas. Yo no creo poder darte el mismo consuelo que él podría darte. Tú sabes, no es lo mismo.
Estira su mano para tomar la mía, pero la esquivo rápidamente y desvío la mirada.
—Yo no necesito de él. No necesito de nadie. La escucho esnifar—. Ni… ¿Ni de mí?
No sé qué duele más, que crea aquello o la frialdad con que la trato.
—Sé qué crees tener la culpa. No es así, cariño.
—Eso ya no importa. Mi padre murió
—Lo sé, y me duele como no podrías imaginar, pero… Tom, por favor.
—Madre, basta— me vuelvo a mirarla—. Discutimos, tú estuviste ahí, sabes que fui yo quien le hizo esto.
—No, no es cierto.
—¡Que sí! — me enferma que lo niegue—. Nos equivocamos y ya no hay más que decir. Las cosas son diferentes y voy hacer lo que él quería. Estaré al frente del hotel y punto.
—Tu padre hubiese querido…
—¡Él hubiese querido que su único hijo no tuviese un chico por pareja! — suelto de golpe—. ¿Pensaste por un segundo en lo que dirían todos si supieran? ¿Te imaginabas a ti mirándome en esa situación? ¡Recuerda cuan indignado estaba él! — se queda callada, yo prosigo—. ¿Él hubiese escogido alguien para quedar frente al hotel si yo no podía hacerlo? ¡No! Porque sólo confiaba en mí ¿No lo ves? — me exaspero—. Pero eso no volverá a pasar. Deberías hacer como yo; enterrar junto con él tus errores, anhelos, lo que dijiste e incluso lo que no, con el único fin de hacer las cosas bien de ahora en adelante.
—La diferencia es, Tom, que sin importar con quien, a mí me hubiese gustado verte feliz. Y no como tu padre, que ya te tenía la vida planeada.
—La felicidad no me es indispensable. Lanzo una bomba.
Sé que está vulnerable y no necesitaba de eso, pero yo tampoco necesitaba de sus palabras. La escucho esnifar de nuevo y solloza por lo bajo.
Una vez más, siento como mi pecho quiere estallar de rabia, culpa y absurdos recuerdos.
Continúa…
Gracias por la visita. Te invitamos a dejar un comentario.
🤦♀️😔😔😔