
Fic TWC de Setsuka
Capítulo 1: El inicio
El amaba a su hermano, seguro que lo hacía. Tan dulce, sonriente, amable…tan intocable.
Había deseado eso desde muy temprano, tan temprano que apenas lograba recordar, tan temprano que lo único que quedaba en su mente era la sonrisa de Bill, calcada en su memoria, porque al decir verdad, Bill no había cambiado para nada esta.
Hay cierta gente que desea siempre lo prohibido y Tom era la prueba viviente de la existencia de ese tipo de personas.
Habían millones de chicas lindas, pero el siempre deseó algo más que eso, mucho más que eso. Y no era un reto, ya que si fuera por eso se hubiese puesto hace mucho tiempo la meta de conquistarle. Pero no, Bill era infinitos mucho más que eso, era su luz, la luz que buscaba para salir de su miserable existir o para sobrellevar el día a día.
Que ironía, era como un santo para un fanático religioso, como un auto para un corredor, como el lápiz labial y los tacos para Paris Hilton.
Los seis años que los separaba era suficiente para volverlo a la tierra.
Triste realidad.
Ahora que Bill tenía dieciséis años, lamentaba no haberlo encaminado por la senda de la soledad o algo así, para tenerlo siempre a su lado, y no tener que ver a estas alturas, como su hermano salía con sus amigos, descubriendo cosas que seguro el mismo podría haberle mostrado. Aunque no podía quejarse de nada; Bill siempre pasaba tiempo junto a él, desde que eran muy niños, aunque tuviera amigos o no.
Seguro que si buscara «loco por amor» en la web saldría su nombre.
Estaba enamorado de su hermano menor.
Era una locura, una hermosa locura.
Lo deseaba, lo deseaba con intensidad, pero no podía tenerle.
A veces se hacía irresistible para su persona poder lidiar con toda esa presión mental, pero a lo largo de los años había tratado de calmarse y sobrellevarlo como el chico maduro que estaba empezando a ser.
Ya había pasado por lo más duro. Recordaba haber vivido dolorosamente sus dieciséis y diecisiete masturbándose como loco en la habitación, pensando en una sola persona, olvidándose del mundo completo para gritar el nombre de su hermano, cuando llegaba al climax.
Y no había sido tan diferente los años que continuaron.
¡Que patético!
&
—Tom—llamó Adelin, su novia.
Tom miraba fijamente al horizonte, sin tomar en cuenta a la chica que sacudía su hombro.
—Tom—dijo ya molesta, en un tono más que audible.
—Um—respondió visiblemente despreocupado.
—No entiendo, Tom, enserio no te entiendo.
—Yo tampoco me entiendo—suspiró.
—No entiendo por qué me invitaste a ver una película si ni siquiera le pusiste atención. Y lo peor de todo—frunció el ceño.— no me pusiste nada de atención.
—Lo siento, amor— se disculpó, cuando se dio cuenta que ignoraba a la chica con la cual había decidido formar una relación.
Era extraño. Nunca se sintió más falso en su vida, algo más impropio y más poco cuerdo que eso. Incluso el amor que le profesaba a su hermano tenía más sentido que lo que hacía en ese momento, contradictoriamente.
—Siempre haces lo mismo— miró fijamente al rubio.—Siempre te disculpas cuando me tratas como si no existiera. Y me pregunto si alguna vez lo has sentido verdaderamente.
—No, es que yo…
—Creo que hablaremos cuando tengas algo sincero que decirme.
Y Tom no luchó contra ella. Tantas veces le rogó para que se quedara un poco más y solucionaran esos problemas, más bien, su problema. Pero esta vez dejó que la chica se marchara porque estaba avergonzado de seguir excusándose como un tonto.
—Sabía que era difícil tener una novia— se oyó.
Tom miró. Bill descansaba su brazo en el marco, mirándolo entre serio y apenado.
Hizo su camino silencioso, sentándose a un lado de Tom en el sofá.
—Los hombres son menos complicados—prosiguió.
—¿Perdón?— abrió desmesuradamente los ojos.
—No, no me mal interpretes—rió.— Me gustan las chicas; su cuerpo delicado; sus labios rosados, pequeños; su cintura diminuta. Dios, lo más importante, sus senos.
Tom continuaba perplejo. No entendía como Bill podía verse así de inocente, aún hablando cosas tan…explícitas como esas.
—¿ Y bien, que pasó?—los ojitos curiosos del pelinegro derretían a Tom.
—Cosas sin importancia—se decidió por responder. No podía explicarle que la verdadera razón por la que peleaban era porque pasaba distraído pensando en él.
—No parecía así. Además no es la primera vez que los he oído discutir— se acomodó de lado en el sofá, de rodillas, de modo de quedar viendo al de rastas, mirándolo con expectación.
—¿De verdad quieres saber, uh?—sonrió enigmáticamente. Bill asintió enérgicamente y se acercó como si Tom fuera a contarle algún secreto.—Entonces tendrás que averiguarlo cuando tengas alguna pareja en el futuro.
Bill hizo un puchero; Tom casi se derritió. Además de darse cuenta que estaban a una mínima distancia, y el aroma del menor era tan invitante que si Bill se hubiese acercado más, no hubiera dudado en tirársele encima.
—Tomiiiiii—aún tenía su boca fruncida.—No eres divertido. Yo solo quería ayudar.
—¿Ayudar?
—Uju—pestañó inocentemente, dándole una de sus incontables e inmejorables sonrisas.
—No veo el modo de que puedas hacerlo—y su voz sonó de flirteo sin que pudiera evitarlo.
—Ahora no lo sabrás, porque no me contaste nada. Aburrido—ignoró el rostro juguetón del mayor.
—Bill.
—Iba a ser muy, muy, muy bueno. Lo iba a hacer muy bueno para ti.
—¿Ibas a hacer qué?— preguntó intrigado. Por su mente pasaron un sin fin de cosas pervertidas que su hermano podía hacer muy, muy, bien.
Sacudió su cabeza. No era correcto pensar que Bill podía hacerle sexo oral o que podía diestramente sacudir su erección hasta hacerla desaparecer.
—Jamás lo descubrirás—se levantó, alejándose, contorneando sus caderas de un modo sexy.
Si Bill seguía haciendo esas cosas, algún día perdería el autocontrol y sinceramente lo tomaría sin piedad.
&
—Hijo, estoy muy orgulloso de ti—dijo su padre, una vez todos estaban sentados en la mesa.—Es maravilloso saber que tan solo te queda presentar la tesis.
—Gracias, padre—dijo educadamente y Bill soltó una risilla boba.
—Bill, compórtate— lo reprendió su padre.— Estamos en una cena seria.
—Si, Bill, compórtate— se burló Mandy, su hermana dos años mayor. Angelo, su hermano de diecinueve, negó con la cabeza.
—Jorg, no seas tan duro—dijo suavemente Simone.
Jorg asintió y volvió su vista a su hijo predilecto.—Con tu madre te tenemos una sorpresa que pensábamos darte más adelante. Pero creo que ya es el momento, debido a lo bien que lo has estado haciendo todos estos años.
—Jorg—volvió a decir la mujer.
—No, mi amor, esto tiene que quedar listo. Tom ya es grande.
Bill miró curioso. Adoraba las sorpresas con pasión, más si eran para su adorado hermano mayor, porque de cierto modo Tom siempre terminaba incluyéndolo.
—Empezarás a empacar tus cosas, porque te hemos comprado un departamento.
Tom abrió la boca como un pez y Bill botó los cubiertos, levantándose de la mesa para escapar de esa mentira.
Su Tomi no podía irse de la casa.
&
—¿Estás despierto?— preguntó Tom, ingresando a la habitación.
Bill lo esperaba siempre, por eso jamás cerraba la puerta. Incluso en ese momento esperaba que el rubio apareciera para que lo consolara.
—Si—sollozó.—Te esperaba antes— le hizo un espacio a su hermano en la cama.
—Sabes como es de estricto papá. Estaba extremadamente molesto porque abandonaste la mesa sin pedirle permiso— se sentó e inmediatamente acercó el cuerpo delgado de Bill al suyo.
—No me importa— contrajo sus puños, hundiéndolos en las sábanas. Pero los relajó instantáneamente al sentir el calor de su hermano favorito. Suspiró profundamente, y albergó su cabeza en el cuello del mayor, rozando sus labios suavemente en aquel íntimo lugar.—No quiero que te vayas, Tomi.
—Sabes que yo no quiero dejarte—sintió un escalofrío. Bill solía hacer cosas que simplemente lo dejaban estupefacto.
Bill sonrió ante la honestidad de sus palabras. Le alegraba saber que el sentimiento de cariño era mutuo. Siempre supo que con Tom tendría una buena relación, desde que eran pequeños y como siempre pensó, su Tomi jamás cambiaría.
Acarició con su nariz el cuello del mayor y sonrió. Ya no estaba tan triste.
—No te vayas— pidió.
—Sabes que cuando papá dice algo debemos obedecerle.
—Lo sé—dijo entre dientes—. ¡Como odio a papá!
—Bill…
—Lo odio—repitió.
—Ok, ódialo, pero trata de entenderlo—suspiró el mayor.— Es mayor, tiene otras costumbres, y…
—No lo justifiques—puso un dedo en sus labios, mirándolo a los ojos.—No vuelvas a hacerlo.
—Ok— se quedó paralizado, viendo esas enormes lagunas color chocolate mirándolo intensamente. De pronto sintió un escalofrío. Seriamente se preguntaba que era lo que pasaba por la mente de su pequeño hermanito.
—No me dejes—pidió esta vez, y Tom iba a replicar, pero nada salió de su boca. Ya no era la misma petición, era una más significativa.
Tom sonrió.—Ok, no lo haré.
—Promételo—sus ojos se veían brillantes, vivos, expectantes.
—Jamás te dejaré—besó su frente, cerrando los ojos, disfrutando del placer de tener a ese hermoso pedacito de ternura bajo ese tibio abrazo.
Bill se quedó dormido en los brazos del mayor.
Continúa…
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