
Notas del autor: Billacell
Fic TWC de Setsuka
Capítulo 10: Tu novia es una zorra
No era una solución que lo fuera a dejar, de hecho las cosas se volvieron peor cuando lo hizo, porque ahora tenía tiempo a solas para pensar en lo sucedido, en lo poco cuerdo de sus actos, en lo estúpido y arrebatado que había sido.
No fue su culpa, se había dejado seducir por Bill, por su propio ex inocente hermano.
La semana que continuó no le contestó las llamadas a Bill, menos a Adelin que era la mujer a la que quería y respetaba, sin embargo había engañado de la forma más horrible, con tu propio hermano.
Todo se había vuelto en algo negativo, porque su mente no dejaba de darle vuelta a las cosas.
Tal vez estaba pensando demasiado.
Caminó por los concurridos pasillos de la Universidad. Cuando algo salía mal en su vida sabía perfectamente donde refugiarse, y esas dos semanas buscó consuelo en sus libros, que ahora parecían ser más entretenidos que nunca.
Pidió un café simple en el casino, y se sentó para verse inmerso una vez más en su torre de libros.
—Has estado un tanto desaparecido—se sentó Adelin frente a él.
Tom levantó su cabeza a velocidad de tortuga, golpeándose internamente por haber escogido la ruta más fácil; descuidar e ignorar a su novia.
Allí se quedó, observando a esa atractiva y madura mujer que no merecía.
—Um…entiendo que ese rostro es de culpabilidad,¿cierto?—se cruzó de piernas, apoyando el codo sobre su muslo y la palma de la mano en su barbilla. Sus ojos inquisidores le hacían lucir seria y analítica.—Estoy esperando.
—Lo siento —se mordió la lengua al instante de decirlo. Sabía que Adelin odiaba las disculpas solas.
—No es suficiente —dijo con una voz hastiada.—Sabes que no es suficiente y lo sigues haciendo.
—Lo siento —repitió, y una mano invisible lo golpeó en la nuca. Tendría que eliminar esa palabra si quería seguir con ella.
Adelin hizo un sonido raro con la boca y se levantó.— Cuando me digas algo con más de dos palabras, tú y yo hablaremos.
—Lo siento—murmuró. El oído agudo de Adelin la hizo voltearse para verlo con cara de psicópata, pero no dijo nada y siguió su camino.
Ahí iba una vez más arruinando las oportunidades que tenía para ser una persona normal. Podía arreglarse con Adelin y olvidarse completamente del problema Bill, pero no, tenía que balbucear las dos palabras prohibidas entre ellos para dejar las cosas peor.
Nada de esto era culpa de su novia. La mayoría del tiempo el hombre atribuye lo malo de su relación a lo complicadas que son las mujeres, pero en esta relación parecía ser él el complicado, o derechamente la mujer.
&
Eran las cinco de la tarde. Estuvo toda la tarde estudiando, poniendo atención en clases como si de un nerd se tratara. Ayudó a uno de sus profesores a guardar las cosas en el auto, hizo de portero, se las dio de mesero en la cafetería…
Tenía el cielo comprado.
Seguro.
Estaba exhausto, no sabía si era física o mentalmente, sólo sabía que quería acostarse en su cama, cerrar los ojos y esperar al siguiente día. Pero no todo es como uno lo desea, y al llegar a su casa se encontró con una horrible, pero al mismo tiempo fascinante sorpresa. Bill le sonreía desparramado en el sofá en que ambos habían concretado un acto libidinoso.
—Hola,Tomi —sonrió.
Bien, Bill no parecía molesto por las dos semanas de indiferencia. Genial, otra cosa que no le favorecía. Imaginó que Bill, con lo sentido que era, estaría triste y desolado. Pero no, Bill parecía estar mucho más que feliz, lucía revitalizado, con sus pilas duracell intactas.
—Te di tus dos semanas de vacaciones, creo que podemos volver a la acción—volvió a abrir su sucia boca, la cual Tom no escuchó durante dos semanas.
—Necesito aspirinas.
—No, necesitas un masaje—se lamió los labios.—Te ves tenso.
—Bill, santo Dios. No, no necesito un masaje, necesito dormir.
—Ok…
¿Y eso era todo?, ¿Ok?, no, no podía jugar con su mente de esa manera; primero dice que quiere realizarle un masaje lamiéndose los labios y luego lo deja ir sin nada que decir…El colmo.
—Me voy a mi habitación —avisó.
—Ok.
&
—Entiéndeme, he estado ocupado con la Universidad. Sabes como es papá si bajo mi rendimiento. Tenemos que hablarlo con cal…si, lo sé.
Eran las siete y media cuando despertó. Se olvidó del mundo por un par de horas y definitivamente había valido la pena.
Volviendo a la realidad decidió llamar a su novia para pedirle disculpas por su actitud, y Adelin, como era la novia del mes, del año, del siglo, aceptó sus disculpas.
—Si puedes venir. Yo también. Si, uju, si…
Salió de la habitación dirigiéndose hacia la el living bostezando. Caminó si inhibiciones con su camisa sin mangas y sus boxer de fina tela. Se detuvo en seco cuando recordó que Bill estaba en su departamento. El menor no lo vio, porque estaba en la esquina de la habitación inmerso en las dos cajas que quedaban, ordenándolas o desordenándolas.
Tom se quedó estático, analizando la delgada figura revolver sus cosas. Se concentró en el firme trasero de Bill atrapado en esos apretados jeans negros. Podía recordar perfectamente su forma…no sólo su buen formado trasero, sino que todo lo que Bill le dejó ver cuando pasó lo que pasó.
Se sonrojó profusamente al darse cuenta en que pensaba, y aún más al ver que su cuerpo reaccionaba ante sus pensamientos y la imagen que tenía en frente.
Tenía que salir de allí.
—¡Tomi, estás vivo!, pensé que pasarías de largo y tendría que ir a despertarte.
Al parecer el piensa rápido no había funcionado esta vez. No tenía escapatoria.
—Mmm…si, yo también supuse que dormiría más, pero al parecer no estaba tan cansado como pensé—trató de seguirle la conversación normalmente, pese a que sabía que tenía una dolorosa erección que Bill podría fácilmente descubrir.
—¡Genial!, así podremos jugar.
—No, no lo creo.
—Bueno—asintió el menor.—Por ahora. Aún tengo que sacar todas algunas cosas de esas cajas—señaló el desorden.
—Ehmm… podía hacerlo yo…en fin, diviértete.
Antes que Tom pudiera hacer su huida, Bill habló.— Jamás ibas a ordenarlo, además prometí ayudarte y finalmente nunca lo hice. Me acerqué un par de veces a las cajas, pero de solo pensar en sacarles la cinta adhesiva me estresé.
Estresarse por sacarle la cinta a una caja, que chistoso, pensó el mayor. Bill era muy divertido.
Habría usado esa instancia para molestarlo, pero no podía. Su erección seguía allí y tenía que hacerla desaparecer.
—Gracias por ayudar—dijo sinceramente.
Una brillante sonrisa apareció entre sus deliciosos labios. Si, deliciosos, pensó. Nuevamente sintió palpitar su miembro y se golpeó mentalmente por pensar ese tipo de cosas.
—De nada, Tomi. Soy muy bueno ayudando a la gente. Más tarde puedo ayudarte con tu amiguito—señaló lo que Tom trató de esconder en todo momento.
Bochorno.
—Bill…ughhh…—se cubrió su parte baja.
—No es nada que no haya visto…—usó su voz cantarina.—…lamido o tocado.
Bill estaba tratando de avergonzarlo, esa era su venganza, hacerlo parecer un idiota. Por eso había llegado tan feliz, porque tenía un plan malévolo en mente. Venía para concretar su maldita venganza por las dos semanas de negligencia.
Bill era el demonio hecho persona, el demonio más lindo, tierno y sexy que había tenido la oportunidad de conocer.
—Voy a cambiarme de ropa.
—Yo creo que antes necesitarás una ducha fría —gritó Bill, antes de ver a Tom desaparecer por el pasillo.
&
Bill estaba sentado viendo televisión. Una vez más le había ganado el «estrés» y decidió sentarse a ver un reality de MTV. Pensó que sería una pérdida de tiempo, pero ver ese grupo de chicas lindas tratando de ganarse un papel para la película Saw le pareció de lo más entretenido. Las chicas tenían que besarse entre ellas, tenían que actuar semi desnudas en una tina…más bien tenían que estar semi desnudas la mayoría del tiempo, cosa que le encantaba al pelinegro.
Lo más genial de todo era que parece que era un especial, porque durante una hora habían dado dos capítulos.
Tocaron la puerta. Bill no quería ni moverse, pero al segundo toque decidió levantarse. Abrió la puerta sin ganas, encontrándose con Adelin. La chica revolvió sus cabellos exactamente como Bill odiaba que lo hiciera.
—Hola peque.
—Hola—respondió secamente. No era divertido tener más compañía.
Se sentaron en silencio, un incómodo silencio. Nunca pasó, pero ahora quizá era porque ambos estaban fastidiados con la presencia del otro. Los dos tenían algo que hacer con Tom y sus planes habían sido frustrados. Ninguno de los dos sabía como preguntar a qué hora se iba el otro.
—Hola—apareció Tom.
—Hola amor—se levantó como un resorte Adelin y abrazó al de rastas.—Te extrañé mucho—besó sus labios con pasión, sin importarle la presencia de Bill. Quizá y así lo espantaba.
—¿Y qué hacían?—preguntó cautelosa Adelin, agregando a la conversación al pelinegro. No quería ganarse de enemigo al hermano de su novio. La mayor sabía perfectamente que era equivocado tratar mal a Bill, que era todo para el de rastas.
—Yo veía una porno y Tom estaba masturbándose en su habitación—le entregó una dulce y natural sonrisa, muy propia de su persona.
Lo que siguió fue un incómodo silencio. Tom se rascó la nuca avergonzado, pensando que definitivamente la venganza de Bill no terminaba aún. No entendía cómo podía permitirle al menor hacer y decir cosas así como si fuera de lo más normal.
—Que peculiar tu sentido del humor—trató de sonreír.
Nunca actuó mal con Bill, jamás le molestó su presencia, siempre pensó que era un chico tierno y bueno por eso Tom hablaba de él a cada segundo. Conocía a Bill y jamás le provocó incomodidad, pero en este preciso instante quería hacer desaparecer al chico, el mínimo comentario le desagradaba y lo peor de todo era que le costaba disimularlo.
En cualquier segundo le preguntaría cuándo demonios iba a regresar a su casa.
—Bill suele decir tonterías todo el tiempo—intervino para aligerar el ambiente que estaba visiblemente pesado.
—Si. La verdad es que ordenábamos las cajas de Tom—señaló las cajas que descansaban en la esquina, silenciosas, mirando todos los acontecimientos que habían sucedido durante los últimos dos meses.
Si las cajas pudieran hablar…
—Um…si—dijo un tanto inseguro.
—Oh, yo puedo ayudar—sonrió Adelin.— Así terminamos de una con esto y Bill puede regresar a su casa,¿verdad?
Bill alzó la ceja, viendo al de rastas con sorpresa. Tom no supo como reaccionar, simplemente le dio una mirada suplicante. No quería que Bill le contestara de mala manera y todo esto terminara en un campo de batalla.
—Si, claro, pero no me voy luego de eso, sino que después de la cena,¿cierto, Tomi?
Tom asintió. Adelin lo vio con molestia, pero no le dijo nada porque Bill estaba al frente y ya había hecho algo que se supone que no debía hacer frente al menor
Luego de terminar de ordenar todas las cosas, Adelin se ofreció para preparar la cena. Los chicos no discutieron porque no tenían ganas de hacerlo.
Tom se sentó en el borde de su cama dando un largo suspiro. Bill se sentó sobre su regazo, viéndole con su adorable carita. Sus expresión le decía a Tom que tenía algo en mente.
—Por fin a solas.
—Estábamos a solas hace una hora.
—No supe aprovechar mi tiempo—se acercó hasta que sus narices se rozaban.— Pero ahora haré que valga la pena.
—Val…
Bill como siempre no esperó que Tom lo cuestionara. Audazmente depositó sus manos bajo las anchas poleras del otro, acariciando con experticie su piel, tocando todo lo que podía.
—No…no se supone que debía volver a pasar.
Lamió su cuello reiteradas veces haciendo sonidos húmedos que sabía que volverían loco al rubio.
—Bill…
—Eres como un peluche—dijo de pronto, su voz tierna y dulce.
—¿uh?
—Eres suave, tierno y hueles muy bien—acercó su nariz para oler la piel de su cuello. Miró a Tom y se fue acercando lentamente a sus labios.
—Chicos vengan a probar la salsa—gritó Adelin.
&
Tom llevaba a Bill a su casa, ninguno de los dos habló en todo el camino y Tom podía casi palpar la frustración de su hermano.
Bien, no fue la mejor noche de sus vidas. Durante la cena Adelin y Bill se lanzaron miradas cargadas de negatividad, cosa que hizo sentir incómodo a Tom, que no podía creer que la pelea era por él, porque si uno se ponía a analizarlo era por eso. Los dos querían su atención.
—¿Estás molesto?—preguntó Tom con temor.
—¿Qué crees tu?
—Lamento que se haya comportado así.
—Podría haber sido menos obvia—bufó.—No me agrada—hizo un puchero.
—Oh, vamos, jamás tuviste un problema con ella hasta ahora.
—Es su culpa por estar caliente—dijo.—Tenía cara de sexo ardiente, te estaba desvistiendo con la mirada.
—Mi Dios…
Bill guardó silencio. Miró hacia la ventana para evitar sentir la mirada de Tom cuando paraban en alguna luz roja.
—Prometo compensarte esta molestia.
—Me compensarás ahora—fue todo lo que dijo, antes de depositar una traviesa mano en la entrepierna del otro.
—¡Bill!—saltó de su asiento, estacionando el auto en el primer sitio que encontró.
—Dos semanas, Tom, te di dos semanas para que hicieras lo que quisieras. No voy a esperar porque a tu novia se le antojó arruinarme la noche. ¡Vaya prostituta!
—Bill—abrió desmesuradamente sus ojos. No se explicaba como un momento podía parecer tan angelito y en otras circunstancias tan demonio.
Bill cada día hablaba más suciamente. No entendía si era algo que siempre estuvo en Bill o algo que aprendió hace poco tiempo. Lo peor de todo es que él no hacía nada para detenerlo, sino que se quedaba callado incitando al otro para que continuara con esa locura.
Sus labios se encontraron desesperadamente.
Nuevamente se dejó vencer.
Esa noche Tom no volvió a su departamento.
Continúa…
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Si yo estoy frustrada ahora me imagino el pobre Bill, caes mal novia de Tom 😡