Fic TWC de Setsuka
Capítulo 11: ¿Un juego?
La mañana siguiente Tom y Bill despertaron en un hotel.
Bill no quería regresar a su casa porque quería hacer cosas más interesantes, así que Tom tuvo que consentirlo y llevarlo a un hotel decente, donde concretaron lo que Tom había estado evitando durante dos semanas.
Pero con Bill la cosa de la abstinencia no iba a funcionar.
Bill se acomodó entre las sábanas dando un largo suspiro entre contento y satisfecho. Las mantas eran realmente suaves, estaban tibias y olían a el y a Tom. Un pequeño dolor en su trasero lo hizo arrugar la nariz. Dolía, pero no tan horriblemente como la primera vez, por lo que trató de ignorarlo y se volteó para enfrentar al causante de ese toda esa ola de sensaciones agradables y dolorosas.
Tom estaba despierto, lo contemplaba con ternura y Bill sonrió. Parecía menos arrepentido que la primera vez que lo habían hecho, buena señal.
—Hola, Tomi —saludó. Su voz se sentía un poco ronca, y no sabía si era porque recién despertaba o porque no había parado de chillar mientras Tom lo hacía sentir en el séptimo cielo.
—Hey —respondió, acariciando los cabellos de su hermano tiernamente, como sabía que a Bill le gustaba.
Bill se acercó un poco más para esconder su cabeza en el pecho del otro, inhaló profundamente y expulsó el aire luego de un segundo. Le encantaba oler a su hermano, porque no había olor más delicioso que el suyo. Esa mezcla de su masculino perfume, más el aroma natural de su piel lo hacía más perfecto aún, adictivo.
—¿Qué hora es?—preguntó, dando un gran bostezo.
—Las nueve y media.
Su boca dibujó un silencioso «Oh». Era tarde para ir al colegio, pero aún quedaban clases y podía llegar más tarde. La cosa era que no quería levantarse por nada del mundo, porque quería disfrutar un poco más de la tibieza de las sábanas y de la familiaridad de tener a su hermano con él, tan cerca. No podía negar que lo extrañó como nunca durante esas dos semanas. Tom era lo único real en su vida.
—¿Vas a llegar tarde por mi culpa?—preguntó con sus ojitos llenos de preocupación.
—No,hoy tengo clases a las dos—medio sonrió.
Los ojos de Bill se iluminaron y una diabólica sonrisa se asomó en su rostro. Tom inmediatamente reconoció eso como una señal de alerta. Antes que pudiera tratar de descifrar algo, los labios de Bill estaban sobre los suyos, junto a peso del menor sobre su cuerpo. Los labios de Bill buscaban con desesperación el contacto permanente, su piel se sentía deliciosa sobre la del otro, quemaba.
La mente de Tom se nubló apenas su cuerpo tuvo contacto con el del menor. Lo volteó de modo de quedar sobre él, y comenzó a frotarse enérgicamente sobre su pequeño cuerpo, recibiendo gritos apagados como respuesta.
—Tomi,Tomi, no…—pidió Bill.
Tom se detuvo de inmediato con cara de cuestionamiento.
—En mi…dentro —se mordió en labio inferior para evitar que escapara un grito de excitación anticipada.
—Pero…Bill, sólo hace unas horas—llevó un par de dedos a la sensible zona que había tratado rudamente por la falta de lubricante, y la acarició con suavidad.
—En mí —dijo firmemente.
No hacía falta que se lo dijera una vez más. Como el comienzo de un ritual, Bill lamió los dedos de Tom para que lo dilatara, aunque no había mucho trabajo por hacer, evidentemente.
Bill se retorcía por lo que Tom le hacía experimentar y por las ansias de tenerlo una vez más profundamente dentro de su cuerpo. Podía recordar a la perfección lo bien que se sentía ese tipo de conexión con él. Estaba seguro que en el futuro experimentaría con más personas, pero estaba completamente seguro que nadie sería tan bueno como su hermano lo era. A pesar que esto era un juego y en un futuro no volviera a pasar, jamás olvidaría lo maravilloso y amado que Tom lo hacía sentir. Y era que Tom era su hermano adorado. Nadie nunca lo hizo sentir más amado que Tom, en todo orden de cosas, así que obviamente esta no sería la excepción.
—Ahora —urgió.
Bill apretó los ojos y labios ante la intrusión. Ahora dolía mucho más porque Tom lo estaba haciendo lentamente, sin apuro, tomándose todo el tiempo del mundo. La noche anterior lo había penetrado de una vez a paso rápido y necesitado; ahora era lo contrario y si bien no era malo, le daba tiempo para pensar en algo más que la diversión del acto, cosa que lo hacía sentir un tanto extraño. La idea era pasarlo bien, sentir la adrenalina, tal como en un juego extremo.
—Rápido —pidió.
Tom no cuestionó, porque sabía lo que Bill quería en el fondo. Hacerlo de ese modo no era más que para probar su suerte. Apuró el paso , dándole a Bill lo más anhelaba, un buen momento, una buena sensación, algo divertido y extremo.
—Tommmm—lloriqueó, arqueando su espalda.
—Bill, Bill…
Bill fue el primero en correrse, porque con alguien como Tom tomando cuidado de su erección era imposible no ser el primero; Tom por otro lado siguió frenético penetrando a Bill para alcanzar su liberación. El pelinegro no articuló palabra, así que dedicó a examinar las atractivas facciones de su hermano contraerse en deleite frente a lo que experimentaba. Tom era exquisitamente hermoso, que cada vez que lo admiraba no podía evitar sentir un tremendo orgullo de ser una gran parte de la vida del otro, alguien especial que seguramente ocupaba el primer lugar en su vida. Así tenía que ser…
—Bill —gruñó, penetrándolo una vez más, finalmente corriéndose.
Ambos se quedaron en silencio después de eso. Bill miraba un punto fijo tras la figura de su hermano. No había nada de que hablar o ambos estaban demasiado cansados después de lo recién hecho para decir alguna palabra coherente. Pero eso era solo una excusa, porque la noche anterior habían hasta bromeado luego de haberlo hecho.
Ahora algo sabía distinto.
—Voy a darme un baño, ¿quieres acompañarme?—preguntó Bill, tratando de volver el clima algo cómplice, como hace un rato.
Tom negó con la cabeza, cerrando los ojos. No quería ver el cuerpo desnudo de Bill porque sabía perfectamente lo que haría.
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No era algo que hacía con frecuencia, pero siempre conservaba en su bolsillo una cajetilla de cigarros. Le dio una profunda inhalada al cigarro, relajándose al instante. Algo en ese lejano acto le daba a entender que las cosas no andaban bien, su necesidad imperiosa de ese maldito veneno para la sangre lo aterrizaba de cierta manera.
Pensó de pronto en Bill; darle lo que quería no era malo, pero tampoco bueno…depende del punto de vista con el cual se le mirara. Estar con Bill no era malo, sentir como su cuerpo se retorcía bajo el suyo tampoco, pero si el hecho que tras todo eso se encontrara una razón tan insignificante como la de Bill.
Todo era un maldito juego.
No iba a llorar por algo como eso, pero no podía evitar pensar en ello en sus ratos libres. Tenía lo que más deseaba en el mundo, la atención de Bill, su cariño, su apoyo, incluso su cuerpo. Pero lo triste de lo último era que era un simple juego. Y pesar que lo disfrutaba tanto como sabía que Bill lo hacía, no era algo que le traía plena satisfacción, porque el quería que Bill se entregara por amor, no por capricho. Pero lo primero ciertamente no sucedería.
—Hey— apareció Bill en el balcón, llevando una mini toalla anudada a su cintura.
En otra circunstancia esa perfecta visión hubiera hecho estragos en el mayor, pero no era en lo que pensaba, así que su expresión permaneció rígida.
—Oh, por favor— se acercó el menor, palmoteando la espalda del de rastas.— No creo que Adelin se moleste porque la dejaste plantada en el departamento—rió.
Tom parpadeó varias veces. Ni siquiera había pasado por su mente Adelin. Demonios, le había prometido regresar rápido después de ir a dejar a Bill, pero nunca regreso.
Problemas, problemas y más problemas…
—Ya buscarás una excusa —aseguró.—Se lo merece por haberme tratado mal, piénsalo así —sonrió.
—Bill —advirtió.
—Ughhh… como sea. Ya encontrarás algo para decirle; no creo que vaya a patearte por algo tan nimio como haberla dejado plantada por segunda vez —rió.—Y si lo hiciera sería una idiota.
—Bill—le llamó la atención.—No puedes hablar de ella así…al menos no en mi presencia, ¿entendido?
—No en tu presencia—dijo burlesco.
—Hablo enserio.
—Ughhh… ok, como se nota que la quieres—largó una risilla.
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—¿Dónde te metiste toda la mañana?—preguntó Andreas cuando ingresaron a la tercera clase.
—Por ahí—sonrió enigmáticamente.
—No eres para nada divertido, Bill. De verdad que pierdes toda la diversión cuando no cuentas las cosas o simplemente mientes.
Andreas se sentó al lado de Bill, viéndolo de cerca.
—Tienes cara de haber pasado por una ruda sesión de sexo—rió.
Bill pestañeó, se sonrojó y evitó la mirada del otro.
—Oh mi Dios—su amigo lo tomó del brazo.— Dime que no…¡Bill!—chilló.
—Andreas, cállate—dijo molesto.—Como sea…
—Pero tu…—parpadeó.— Tu estabas buscando a la indicada…¡La indicada!
—Shhh… ughhh.
—Dime como es ella, lo exijo como amigo.
—Si no se van a callar les pido que se retiren de la clase—dijo la profesora, viendo atentamente a Andreas.
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Y Andreas no se dio por vencido hasta escuchar la historia de Bill.
—No es gran cosa.
—¡Pero es ese chico que besaste!, recuerdo haberte escuchado decir que ambos jugaban.
—Y eso hacemos —negó con la cabeza.—No significa absolutamente nada. Siempre haces de las cosas algo más grande.
—No, Bill, no me vengas a culpar a mí. Tu, yo, y todos los que te conocen sabemos que esperabas por la chica ideal. Incluso era la chica, no el chico. Esto tiene que ser grande para que lo hayas hecho y ni siquiera te cuestiones. No quisiste experimentar conmigo, pero fácilmente le entregaste tu virginidad a este tipo.
—No es cualquier persona, Andreas. Jamás lo hubiera hecho si no significara algo…
—Estás enamorado, tiene que ser así.
—¡No! —frunció el ceño. Ya era segunda vez que Andreas insinuaba que estaba enamorado de Tom, sin saber quien era, pero aún así afirmándolo.
—¿Qué hay de tu speech de la chica ideal?
—No recuerdo haber dicho tal cosa. Tal vez fue una broma.
Andreas negó con la cabeza eufóricamente.— Te conozco de hace tanto tiempo que sé cuando mientes, que he archivado cada una de las cosas que has dicho en tu vida. No me vengas con que no guardabas tu virginidad para el amor real. Claro que como todo adolescente te gustaban todas las mujeres curvilíneas y se veía que el amor real no estaba ni por asomarse, pero no por eso ibas a entregarle a cualquier individuo que pasara. ¡Menos un hombre!
—No es un tema. Además, ya te dije que no es cualquier individuo.
—Pero tu no…No es cualquier individuo…ummm…
—Es un juego.
—No —dijo firmemente.—Tu no juegas de ese modo, jamás has jugado con tus sentimientos, ni con tus ideales. Algo extraño tiene que estar pasando.
Bill se mordió la lengua. Andreas era tan insistente que le iba a hacer que se terminara creyendo que algo más pasaba tras todos sus actos. Pero no podía ser así, porque era su hermano y esas cosas no eran normales. Pero que hablaba de normalidad, si él y Tom jamás fueron hermanos normales. Siempre fueron más cercanos que el resto de los hermanos, pero eso fue tan común en su vida que nunca se lo cuestionó.
No era que ahora se lo estuviera cuestionando.
—Sexo con un hombre, esto es grande —dijo Andreas, con cara de conflicto mental.
—No vas a seguir hablando de eso, ¿verdad?
—Cuando me devuelvan a mi amigo cortaré el tema. Tengo que saber quién es ese chico.
—No lo sabrás.
—No confías en mi.
—No, no confío en ti —se levantó, tomó todas sus cosas y se alejó.
Tenía que estar un tiempo a solas. No podía estar con Andreas, el maldito lava cerebros que iba a terminar por confundirlo o convencerlo de algo que no era cierto. Tom y el no eran nada más que hermanos que la pasaban bien el uno con el otro y tenían sexo como animales salvajes…
El y Tom… Umm,¿no?, ¿boberías?…
Ok, tendría que pensar un poco sobre las cosas.
De verdad que tenía que pensar.
Continúa…
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Bill, necesitas unas buenas nalgadas 😑