Crazy beautiful 12

Fic TWC de Setsuka

Capítulo 12: Angelo

—¡Qué demonios te hace pensar que puedes mandarte solo!—gritó su padre.—Estoy cansado que se pase por sobre mi autoridad.

Bill trató de poner su expresión más dura y serena, pero a veces, frente a ese tipo, le era imposible. Si que le tenía mucho miedo y jamás lo había confesado. No era por que sí, sino que habían pasado muchas cosas entre ellos para que el gran Bill Kaulitz, el valiente y transgresor, le tuviera mucho miedo a ese hombre que tenía enfrente.

—¿Dónde pasaste la noche?

—En casa de Andreas—mintió. Pero era mucho mejor decir Andreas que Tom. Sabía bien que iba a enfadar más a su padre si le decía que había pasado con Tom, porque eso equivalía a una distracción para el mayor.

—Y porque vas donde Andreas crees que no es necesario avisarle a nadie. Es el colmo, ¿sabes lo preocupada que tenías a tu madre?

—Ella sabe que estoy bien.

—¡No me contestes! —se acercó hasta acorralar al menor a la pared, sujetando una mano en la pared tras Bill.—Estás alcanzando límite de mi paciencia y cuando sea así, vas a lamentar haberme desobedecido todos estos años. Creo que olvidaste lo que es llevar un hermoso moretón por un mes—lo vio seriamente.

Bill no lo había olvidado, como tampoco la cachetada que le dio tiempo atrás, ¿cómo podía olvidar algo que lo marcó tanto física como emocionalmente?, ese tipo no tenía idea lo marcado que lo había dejado. Incluso en todo este tiempo no había logrado sacarse de la mente como su padre le había levantado la mano, y como luego de eso había quedado satisfecho, sonriendo burlonamente frente a su sufrimiento.

—Creo que nos entendemos —asintió, alejándose.—Tu madre llegará en unos minutos, así que sube, lávate las manos y bajas a ayudarme con la ensalada.

¿Qué iba a cuestionar?, su padre le había dejado absolutamente claro que si intentaba pasarse de listo iba a golpearlo. Pudo ver claro en su mirada que no bromeaba, que la próxima vez no habría advertencia. 

No quería ni moverse. Ahora tendría que evitar quedarse fuera en la casa de Andreas, en la casa de Tom, en la casa de sus otros amigos después de las fiestas, todo hasta que las cosas se calmaran con su padre.

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Bill caminaba junto a la amigo Andreas después de clase. No se habían dirigido la palabra desde hace varios días, porque cada vez que hablaban, Andreas quería saber quién era el chico que supuestamente había robado el corazón del pelinegro. Y Bill estaba cansado de aclararle que aquello no era para nada cierto.

Andreas miró con curiosidad el auto de Tom estacionado en la entrada del colegio, viendo que para Bill no era ninguna sorpresa. El menor no se dio la molestia de despedirse de su amigo e inmediatamente corrió hacia el auto, bajo el cuidadoso escrutinio de este.

¿Qué había de emocionante en ver a Tom?, sabía que los hermanos se llevaban bien, pero no había respuesta para la actitud saltarina de Bill. Y no era su imaginación, lo había visto inquieto durante todo el día e imaginó que luego de clases vendría algo interesante, ¿ pero esto?, esto no tenía nada de interesante; Tom no era interesante a sus ojos, sino que un aburrido estudiante universitario sin vida.

No podía negar que sentía envidia de Tom, ¿quién demonios era Tom para robarle su tiempo con Bill?, los últimos meses la única excusa que tenía Bill para dejarlo era que tenía que ver la Tom. Como si no lo hubiera visto suficiente a lo largo de su vida.

Era el colmo tener que sentirse desplazado por el hermano de tu mejor amigo. Lo peor de toda la situación era que no sabía la razón por la que Tom era tan divertido. Ni siquiera lucía divertido. Sus ropas eran tan aburridas como los libros que siempre lo vio leyendo cuando iba a visitar a Bill a su casa.

Rápidamente dentro de su cerebro se hizo sinapsis, abriendo de par en par los ojos. No, no podía estar pensando en algo tan enfermo y descabellado como eso. Estaba celoso a morir de Tom, pero no por eso iba a pensar que Bill y Tom…

No, negó con la cabeza, iba a pensar en todo, cualquier cosa, menos en algo así.

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—Entonces hoy si te vas a quedar —sonrió Tom.—Extrañé tus visitas nocturnas y tu estadía permanente —confesó revolviendo sus cabellos.

—Yo también —suspiró. Era mejor hacerlo de noche que hacerlo de día, porque podía quedarse en la cama luego de eso regaloneando con Tom, tranquilo, sin pensar que tenía que pararse y caminar como un pingüino durante el resto del día.

—Creo que podríamos ver una película. Hoy te entregaré mi día entero —rió.

Tom se levantó a buscar cabritas, papas fritas, y cosas para tomar, mientras Bill se dirigió a la pieza para buscar mantas. Una vez todo ordenado, ambos se acostaron acurrucados.

—¿Y Adelin? —se atrevió a preguntar el pelinegro.—¿Se arreglaron o está enojada?

—Me odia —dio un largo suspiro.— Al menos ya no me ignora en los pasillos de la universidad. He tratado de hablar con ella, pero dijo que quería tiempo.

—Oh… Lo siento —pestañeó varias veces.—Es mi culpa.

—Más o menos —reconoció, acariciando distraídamente los cabellos del otro.—Tenemos problemas que vienen de antes, así que podríamos decir que es un poco de todo. Aunque debo reconocer que no fue muy divertido que la haya dejado esperando durante horas aquí; eso terminó por desquiciarla.

—Ummm… las mujeres son algo complejo, por eso no he encontrado a la chica ideal.

—Algún día la encontrarás —animó, pese a que de tan solo pensar que Bill tendría una chica estable le mataba.

—No lo sé —arrugó la nariz.— No digamos que estoy desesperado —se carcajeó.— Si tuviera a alguien estable no podría mirar ni tocar a ninguna otra hermosa y voluptuosa chica.

—Tonto —no pudo evitar sonreír.

—¿No es penoso?, entregarse a una persona, serle fiel. Eso de la incondicionalidad es algo muy idealista.

—Bill —dijo tristemente el mayor.—No has sentido algo grande, ni has conocido a esa persona aún; cuando la encuentres, las cosas cambiarán.

—Te tengo a ti —albergó su cabeza en el cuello del otro, acariciando la piel con la punta de su nariz.—Tu eres mi compañía eterna—lo miró seriamente.— Aunque te cases igual seguiré molestándote y la chica que se case contigo tendrá que saberlo, aceptarme, y sino…no es la chica con la que deberías casarte.

—¿Qué haré contigo?

—Creo que yo terminaré decidiendo la persona adecuada para que te cases—sonrió ampliamente.— Al menos ya tengo un objetivo en la vida.

Tom solo negó con la cabeza. No iba a explicarle a Bill que tal vez se quedaría solo, o que no era así, jamás se casaría. No era una gran meta el casamiento, ni siquiera lo pensó como una posibilidad real en su vida, sino más bien como algo tan lejano que estaba seguro que nunca se concretaría.

—¿Tomi? —vio confundido a su hermano.—¿Estás?

—¿Uh?

—Te hablaba de la película…ughhh…bobo, deja de ignorarme.

—Lo siento —respondió avergonzado. No podía ocupar sus ratos con Bill para pensar en tonteras, tenía que lograr concentrarse en los tiempos pequeños que tenía con Bill, que probablemente en un futuro cercano se volverían inexistentes o minúsculos por el tema de su tesis.

Tom no se había dado cuenta cuando ya tenía a Bill sobre su regazo, besándolo, tocándolo bajo su camisa, meciéndose para provocarlo. Era algo que inevitablemente sucedía cada vez que se encontraban, lo que Tom pensó es que no sería tan temprano, ¡eran apenas las cinco de la tarde!

Tocaron el timbre, eso fue lo único que hizo que la pareja se separara. Bill esperó pacientemente con los brazos cruzados. Odiaba con todo de si cuando se les interrumpía.

—Oh, tienes que estar bromeando—dijo entre dientes Bill al escuchar la voz de su otro hermano, Angelo.

—Era hoy…lo había olvidado, discúlpame, o bien puedes pegarme—río el de rastas.

—Sabía que lo olvidarías, siempre lo haces, junta que tenemos, junta que olvidas un minuto luego de que lo comentamos, estoy seguro.

—No es cierto—se quejó Tom.

—Deberías haber ido a casa, papá te extraña. Hace rato que no te apareces y ya pensábamos que los Aliens te habían raptado.

Bill escuchó todo eso y pensó que tal vez no era el Angelo que conocía, porque ese chico no sonaba para nada como su frío y petulante hermano. Pero era, sin duda que lo era y de cierta manera le producía pena saber que jamás lograría ese nivel de complicidad y comodidad a su alrededor.

Tal y como lo pensó, Angelo puso una expresión sorprendida al verlo, que inmediatamente remplazó por un rostro de dureza. Bill sólo se encogió de hombros, viendo a Tom que tenía cara de cuestionamiento. 

Ninguno de los dos iba a saludarse al parecer, era obvio.

—Entonces, ¿trajiste todo lo necesario o usaremos mis libros? —preguntó Tom a su hermano.

—Vine equipado —señaló su enorme bolso.

Bill estuvo cambiando los canales de televisión por lo que parecieron horas. Por la tele estaban pasando Wild on, pero las chicas no parecían tan atractivas como antes a los ojos de Bill. Y no era que hubiera perdido su gusto por las curvas, los chicas de sonrisas brillantes y voces chillonas, sino que en ese minuto no estaba muy concentrado en aquello porque su mente daba vueltas alrededor de un rubio con rastas. Tenía que dejar de pensar en Tom, pero no podía evitar hacerlo. Algo le faltaba y sabía precisamente que era. Siempre vivió bien sin sexo, no entendía porque ahora era un tema tan relevante y lo necesitaba con tantas ganas.

En vez de ir a su habitación por una ducha fría, decidió ir a hacerse espacio y sentarse sobre las piernas de Tom, poniendo sus brazos alrededor del cuello de su hermano y empezó a susurrarle tonterías.

—Auummm…—dijo nervioso.

—¿Estás bien, Tomi? —preguntó Bill.

—Yo creo que estaría mejor si no estuvieras pegado como una lapa.— Dijo serio.— Por si no te has dado cuenta estamos estudiando.

Bill y Tom parpadearon varias veces. Bill le dio una mirada asesina a su hermano y se fue a su habitación.

&

—¡Me gritó! —dijo con molestia el menor.

—Shhhh, Bill —acercó al menor para propinarle un beso en la frente.—No te gritó, estás exagerando.

Eran las dos de la mañana. Tom había terminado de estudiar con Angelo hace una media hora y ahora escuchaba sentado en el borde de la cama como su hermano se quejaba sobre el otro.

—Lo odio —hizo un puchero.

—Hey —lo acercó nuevamente a su cuerpo hasta que Bill se dio por vencido.—Angelo es un poco raro a veces, pero es un buen chico. Creo que deberían hablar para tratar de solucionar lo que sea que hay ahí de por medio.

—No hay nada que conversar —se cruzó de brazos.

Tom tomó los brazos de Bill, separándolos y lo abrazó posesivamente a su cuerpo. Abrió las piernas para darle más acceso a ese cuerpo menudo y le dio un mordisco al lóbulo de su oreja.—Deberías pensar un poco más en eso. Pero no ahora…

—Ujumm…—se dejó hacer. 

—¿Quieres dormir aquí?

—No quiero dormir—lo vio con esos ojos lujuriosos.

—¿No me vas a dar un descanso esta semana?—preguntó.

—No lo hemos hecho en la cama en años.

—Una semana…

—Lo mismo.

Bill besó el cuello de Tom, tomó su camisa y la retiró con audacia. Cuando tenía que ver con sexo, Bill era un experto en retirar ropas. 

Se arrodilló a los pies de la cama para tener un mejor acceso al cierre del otro, bajándolo sin cuidado, sin esconder su ansiedad por lo que venía. 

El miembro de Tom salió de entre la tela, semi erecto. Bill lo sostuvo firmemente de la base y le dio una certera lamida desde allí hasta la punta, lo que casi inmediatamente logró el efecto deseado. Miró hambrientamente la punta, rodeándola con la lengua un par de veces hasta estar satisfecho con la dureza del otro.

Tom gimió en respuesta. El tener la boca de Bill sobre un lugar tan sensible como ese era una bendición, una suerte, algo mágico, algo que era muy difícil de explicar.—Bill…

—Un minuto —volvió a envolver su masculinidad, haciendo sonidos húmedos en el proceso. 

El mayor se dejó hacer por un buen rato, mirando atentamente como esa deliciosa boca se perdía en su longitud.

—Tomi —se levantó de pronto Bill, dejando insatisfecho al otro. Haciendo movimientos provocativos se retiró la ropa frente a un boquiabierto Tom. 

Esto era nuevo.

—Bill, no…no podemos…Angelo…—pestañeó varias veces al ver que Bill no se detenía pese a las advertencias.

—No me importa —lamió su cuello, ubicándose a horcajadas sobre el otro. Sus labios volvieron a unirse sutil y brevemente. Bill se acercó a su garganta lamiendo desde allí hasta su oreja.—Quiero montarte, como la primera vez—masculló.

Tom se hubiera caído, pero estaba ya sentado sobre la cama, sosteniendo el peso de Bill. Llevó sus manos a ambos lados de su cintura, acariciando su piel de arriba a abajo, frotando suavemente.—Necesitamos algo para…

—Ya lo hice —se adelantó.—Lo hice antes que vinieras, aquí, con tu loción de baño—largó una risilla.—Estaba tan aburrido…

Resignado y ansioso, introdujo un dedo, comprobando lo que Bill le había dicho.—No puedo creerlo.

—Mmm…—suspiró Bill, moviendo su cuerpo para sentir como esos dedos dilataban su entrada más de lo que ya estaba.—Por favor —rogó.

Tom no requería de más insistencia porque quería lo mismo que Bill. Sus ojos se conectaron al segundo que Tom posesionó su miembro en la entrada del pelinegro para que este fácilmente tomara todo lo que podía.

—Oh,oh, oh…amo y odio esta parte —expulsó todo el aire que tenía acumulado en sus pulmones.—Esto es tan bueno —cerró los ojos, dejándose invadir, estrechar, poseer por completo.

Tom admiró cada expresión en el rostro de Bill. Agradecía que el menor tuviera sus ojos cerrados, porque seguramente su propia expresión demostraba lo embobado que Bill lo tenía, lo vulnerable y único que lo hacía sentir….lo enamorado que estaba del otro, lo perdido que se volvía con tan solo el roce de su piel.

—Oh, si, oh, si —repetía Bill cada vez que se elevaba y se dejaba caer sobre el miembro del otro, a paso corto, generando un delicioso dolor que lo consumía por completo.—Tomi, mmmm, Tom…

Tom se mordió el labio para no gritar, ni decir nada. Quería decir tantas cosas que no podía, por obvia razón. Nunca en su vida podría decirle a Bill un «te amo», una palabra dulce al oído, algo como lo hacían las parejas que se amaban una a la otra. 

—Tom, no…—se detuvo el menor. Se levantó, gateando en la cama, poniéndose en cuatro y elevando su trasero como una invitación para el otro, que no dudo ni un segundo en ponerse tras el menor y penetrarlo sin aviso, empezando a embestirlo con dureza.

Bill abrió los ojos desmesuradamente. Esta posición parecía ser la mejor de todas porque la oleada de satisfacción llegaba con más potencia. Sin embargo, algo andaba mal, muy mal con él mismo, porque lo que hacían en ese minuto no podía calmar su necesidad. Quería algo, algo más de eso…quería sentirse completo, pero por más que recibía y recibía lo que más deseó de Tom cuando comenzaron por primera vez, esto no lograba saciar su hambre.

—Mi Dios…Tom, no, ou…—se quejó de pronto.

—¿Uh?— se detuvo.—¿Te hice daño?—salió por completo del menor, volteándolo para verlo de frente.

—No…yo —miró su pene palpitante y el de Tom, mordiéndose el labio. Al parecer ninguno de los dos estaba satisfecho aún.—Creo que deberíamos hacerlo de frente—soltó luego de un segundo.

—Pero…pensé que querías…

No, pensó Bill, ni el mismo sabía lo que quería hoy. Ninguna posición hasta ahora había logrado convencerlo, ni la rapidez que siempre solicitó, ni el grosor de la masculinidad del mayor, nada. Y no era la culpa de Tom, porque Tom había estado maravilloso como siempre. Era su problema…porque nada lograba darle algo que quería, que no sabía que era, pero que quería con todo de si.

—Terminemos —rogó.—En esta posición—pidió, abriéndose de piernas para recibir a su hermano. Abrazó la cintura de Tom, atrayendo sus cuerpos sudados. En lo que pareció un segundo, ya estaban conectados nuevamente.

Tom, que en ese momento no sabía que pasaba, decidió probar su suerte una vez más y penetró lentamente a Bill, que reaccionó con sorpresa, pero suspiró asintiendo para que el otro continuara con el mismo ritmo.

—Tomi,Tomi…ahh…—acercó sus labios a los de Tom, besándolo con pasión, lujuria, ternura en momentos, luego volviendo a la rudeza.

No era algo que hacían cuando tenían sexo. Nunca. Eso de los besos mientras tenían sexo era como algo prohibido entre ellos; antes o después, pero nunca durante. Lo importante de todo era centrarse en lo que experimentaba al verse penetrado por el otro. Pero extrañamente hoy requería de los besos de Tom, los besos que calmaban un poco su inexplicable ansiedad. Era lo único que pedía, porque ahora, aunque estaban en esta posición, el vacío en Bill continuaba, solo que más apagado porque se estaba acercando al clímax.

—Tom, Tom, Tom —repitió como un rezo. Su frente estaba llena de sudor, sus uñas rasguñaban la espalda del mayor, su cuerpo completo se puso rígido al llegar. Sus ojos permanecieron abiertos al percibir la semilla del otro segundos después.

—Bill —se mordió el labio, cayendo desvanecido sobre el menor. Pronto trató de salir, pero Bill lo sujetó firmemente.

—No, quédate un segundo más —pidió, volviendo a clamar los labios de Tom, en un necesitado beso, un beso que era distinto a los otros, al menos por parte de Bill.—Oh Dios…—se llevó una mano a la frente, retirándose el sudor.

Tom aprovechó para salir por completo de Bill y ladeó la cabeza. Quitó las manos de Bill y con la sábana cuidadosamente limpió todo rastro de sudor de su rostro.—¿Mejor? —preguntó.

Bill asintió. No sabía que clase de sentimiento tenía ahora, pero cada vez que encontraba el rostro de Tom, sus ojos, una timidez inexplicable se expresaba en forma de sonrojo.

El de rastas se acomodó entre las sábanas, aún respirando con dificultad. Esto había sido una ronda larga y agotadora. Cerró los ojos, dejándose envolver por esa cortina de sueño. Bill lo vio con ternura, con algo más que deseo y pasión. Sonrió, acariciando la mejilla de su hermano suavemente, antes de levantarse a buscar un vaso de leche. 

No podía dormirse como solía hacerlo luego de buen sexo, porque si que fue buen sexo. Algo aún así impedía que se sintiera completamente feliz, tranquilo, como cada vez después que Tom lo hacía ver estrellas.

—No puedo creer que estés jugando con tu propio hermano—se escuchó al momento que Bill entró a la cocina.

El menor se volteó para encontrarse con Angelo afirmado en la cocina, con sus brazos cruzados y expresión de ira pura. Bill podría haberse asustado por el modo en como el otro lo miraba, pero simplemente se encogió de hombros.

—Sabía que algo pasaba —continuó.— No tienes respeto por ti, ni por nadie. Eres como una prostituta de las peores, de las más baratas.

—¿Cuál es tu problema? —saltó de pronto el menor.

—¿Cuál es mi problema?, no, mala pregunta, cuál es el tuyo. Lo que vi y oí es suficiente para darme cuenta que el problema es tuyo.

—No voy a discutir esto con alguien con el que ni siquiera hablo —abrió la puerta del refrigerador.

—Vas a discutir esto porque soy parte de la familia y Tom es mi hermano.

—Vete al infierno, hablo en serio —depositó el vaso más la leche sobre el mueble, frente a su hermano.

—Vas a discutirlo conmigo, porque sino vas a discutirlo con papá.

Bill abrió los ojos desmesuradamente. Si esto lo sabía su padre, iba a matarlo. No, no había posibilidad que su padre le perdonara algo así nunca. Lo culparía al él, lo golpearía y luego lo echaría de la casa sin ninguna lástima. Esta iba a ser la excusa perfecta de su padre para desheredarlo. No, iba a matarlo definitivamente, esa sonaba mucho más real según el perfil sádico de su padre.

—No lo harías…

—No —asintió.—No lo haría—vio con rabia.—Pero sabes perfectamente la razón.

—Tom —lo miró directamente a los ojos. De pronto aquel apego de su hermano hacia el mayor le disgustaba.

—No voy a permitir lo dañes. Sé que tú comenzaste este jueguito imbécil, por lo que me imagino que tu mismo deberás terminarlo. 

—No…

—Vas a terminar hiriendo a tu propio hermano que ha cuidado de ti toda tu vida. Eres un mal agradecido, alguien en el que no se puede depositar confianza, alguien que solamente piensa en el mismo. Haces lo que te conviene, ignorando al resto.

Tal vez Angelo tenía un punto. No era tan lejano a la realidad lo que decía. De hecho era exactamente como lo decía. Pero el quería a Tom; jamás pensó que las cosas terminarían mal entre ellos cuando comenzó eso. Nunca en su vida pensaría en herir al mayor, porque lo quería, con todo de si. Tom era su otra mitad, la persona con la cual se complementaba de manera perfecta, la otra pieza del rompecabezas, la persona con la que se imaginaba toda la vida…

—Oh Dios —llevó una mano a su corazón.—Tomi—susurró.

Después de eso todo tenía sentido. Ese vacío en su corazón tenía un significado. No era puto sexo…

Aquella noche no durmió. Esa noche se quedó observando detalladamente los labios de Tom, sus largas pestañas que todas las féminas envidiaban, su perfecta nariz, sus largas y bien cuidadas rastas, su piel expuesta . Todo.

Tom no tenía todo lo que Bill quería en una mujer.

Bill quería a Tom…

Continúa…

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