
Fic TWC de Setsuka
Capítulo 13: Farewell
Tom despertó solo en la mañana, algo raro, considerando que Bill siempre estaba allí para pedirle un poco más. Pero quizá y tenía que ver con su actitud de la noche anterior, en la que parecía estar viviendo un conflicto mental intenso. Y no había modo que pudiera averiguar sobre eso sin que Bill no se le tirara encima y terminaran haciendo cosas que no estaban contempladas.
Su corazón se oprimió. La cama parecía más fría de lo que era por la ausencia de Bill, por su inevitable manera de inundarlo de calor con tan solo mirarlo, con tan solo tenderse a su lado para conversar de todo o de nada. Así quería pasar el resto de su vida, tendido al lado de Bill, escuchando todas su historias, viéndolo sonreír hasta por la mínima cosa, riendo con él sobre tonterías.
Quizá era mejor tener a Bill lejos por la mañana. Ya venía el proceso final de su tesis y no que había concentrado suficiente en eso, ni mucho menos en la presentación final a las autoridades de la universidad. Aquello iba a ser un real desastre si no se ponía a trabajar al instante. Tenía que empezar a olvidar por un segundo a Bill y centrarse en esto, pese a que fuera algo complicado.
Bill podía esperar.
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Estaban en la clase de natación. Bill no sabía nada de nada sobre la clase porque se había ausentado las últimas dos clases. De todas maneras le iba y le venía el colegio en general. No era una cosa que le importara mucho, ya que para él la escuela no era más que un mero trámite, no, un castigo, lo más parecido a una maldición. No le veía sentido alguno el ir cada día para escuchar como los profesores recitaban la materia como si se trataran de robots y también ir para que los profesores le llamaran la atención hasta por el mínimo detalle.
Daba igual todo, pensó el menor. Su descubrimiento hacía parecer todo lo demás minúsculo. No sabía como proceder, no sabía que pensar, no tenía plan B. Y era que nunca se lo pasó por la mente que las cosas fueran a salirse de control, o pasó, pero fue algo que eliminó al segundo después de pensarlo. Ahora se veía inmerso en este callejón sin salida por verse inevitablemente atraído por su hermano, ¿atraído?, enamorado era la palabra correcta para describir esos sentimientos que no le permitían llevar una vida normal.
Tom, Tom, Tom, ¿qué diría Tom cuando le dijera lo que sentía?, no, no iba a decirle nada, porque los sentimientos no serían correspondidos. Al fin y al cabo todo esto era un juego. Tom siempre lo trató con cariño en la cama, con respeto, con ternura y en todo momento se preocupó de no dañarlo, pero era netamente por el lazo sanguíneo que compartían. No era que Bill se estuviera haciendo muchas ilusiones con el mayor.
¿Qué podría querer Tom que el tuviera?, el amor no se basaba solamente en su trasero suave y perfecto, sino en algo más que seguramente Tom jamás vería en el, porque eran malditos hermanos. Y era triste pensar que el mayor encontraría muchas cualidades en alguna chica y se casaría. Ahora pensar en eso dolía más que pensar en perderlo, ¡era como perderlo!.
—Te ves compungido— se sentó la rubia.
Glenda era una chica que había estado detrás de Bill desde que el menor tenía uso de razón. La chica siempre le mandó cartas, cuando hablaban le mandó indirectas muy directas, cuando estuvo borracha se lo gritó al colegio entero. Sin duda esa chica estaba loca de amor por Bill. Pero Bill nunca le dio ninguna esperanza, porque siempre existieron chicas mejores, con más curvas, con menos cerebro, pero más desarrolladas. Bien, era mejor decir que la chica era feísima y no cumplía con los estándares que Bill buscaba en una muchacha, que se reducían a un no cerebro, cara bonita, grandes senos y prominente trasero.
A Bill le dio ganas de mandarla al diablo, pero prefirió ser educado.—Estoy bien.
—No luces bien—insistió.
—Pues es porque no lo estoy, pero no quiero hablar con nadie, menos contigo que no te conozco—explotó. Pestañeó varias veces, dándose cuenta de lo que había dicho y como lo había expresado.—Yo…no…lo siento…
—Está bien—se encogió de hombros.— Esta vez no venía con una doble intención—se levantó y volvió con su grupo de amigas.
—Parece que esa loca sigue estúpida por ti—comentó Andreas sentándose a su lado.
—No, Andreas, no estoy de ánimo para burlas ni imbecilidades de ningún tipo—se puso ambas manos en su cabeza.
—¿Quién pudo herir tu corazón en un lapso de tiempo tan corto?—se puso la mano en la barbilla, pensativo.
Andreas tenía esa capacidad de inferir, de leer las expresiones, suponer y poner a prueba la paciencia de su amigo. No se hacía demasiado problema por las cosas, por eso Bill lo adoraba aún siendo un maldito insoportable en ocasiones.
—No estoy herido—dijo entre dientes.
—Ummm… ¿Conozco a ese chico con el que te acuestas?
—Andreas —bufó.—Hoy no.
—Soy tu amigo y sé que algo pasa. Es culpa de ese chico; no puede haber otra explicación.
—Vete-a-la-mierda —se paró.
—Creo que te hace falta una chica—dijo el rubio antes que Bill abandonara el lugar.
Ahí iba otra clase perdida…
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¿Y si de verdad requería una chica para olvidarse de esto?, pensó Bill, mientras besaba a Brittany, una «amiga» que conoció en una fiesta tiempo atrás. No eran nada oficial lo que existía entre ambos, pero siempre cuando se veían volvía esa conexión, que aunque fuera más primitiva que amorosa, era conexión al fin.
Estaban en la casa de Bill. Su padre lo había visto besándose con la chica en el living y había negado con la cabeza. Realmente no le molestaba ver a su hijo con chicas, porque eso le daba la seguridad que su hijo no era ni un gay como parecía. Desde temprana edad lo vio rodeado de chicas lo que le pareció sospechoso, hasta que vio que esa fascinación por las amigas no era más que deseo hacia el sexo opuesto, lo que lo dejó satisfecho y nunca volvió a dudar de la sexualidad de su hijo.
Bill y Brittany se quedaron en silencio, hasta que Bill habló.—¿Quieres salir esta noche?
—¿Me lo estás pidiendo? —pestañeó, sonriéndole encantadoramente.—¿Algo así como una cita?
—Si, definitivamente —asintió.
—Entonces es una cita —saltó emocionada, abrazando a Bill.
Parecía que no iba a ser tan difícil concretar algo con ella.
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Hoy se supone que sería un buen día, pensó Bill, tomando un poco de su chocolate caliente. Tenía todo lo que quería, su gigante oso de peluche que Tom le había regalado hace cuatro años atrás, una enorme chimenea en frente, un pijama abrigador, una deliciosa leche caliente, y estaba desparramado en el sofá sin gente alrededor para molestarlo. ¿Qué más podía pedir?
—Oh Dios— dejó la taza en el mueble y se tapó la cara con ambas manos.
¿A quién quería engañar?, su vida con una novia no se sentía mejor, ni mucho menos haberse alejado de Tom sin darle una explicación. Lo peor de toda la situación era que Tom ni siquiera lo había llamado para saber si aún vivía, ¿ acaso Tom se había olvidado que existía?
De malas ganas se levantó a contestar el teléfono que insistentemente sonaba cerca del televisor.
—Biiiiiiiiillllll—se escuchó gritar por el otro lado de la línea.
—Um… si, el mismo —contestó, sabiendo ya de quien se trataba.
—No olvidaste que hoy iría a tu casa, ¿verdad?
Bill miró su tenida ridícula, casera, y suspiró.—No, claro que no, si ya estoy vestido incluso—mintió.
—Que dulce—rió la chica.—Entonces estaré en menos de un suspiro allí. Te amo.
Bill cortó sin responder a aquella idiota confesión de amor. No podía decirle que lo amaba en dos días, eso era estúpido, sin sentido, tonto. El amor requería tiempo, conocerse, entenderse, tener una conexión más profunda que la normal con una persona. Era un idiota…estaba con una chica porque sentía algo de eso, ¿ o no?…No, respondió una vocecita en su cabeza; la voz de la cordura.
—Bill, vístete—ordenó su madre, entrando al living y propinándole un beso en la frente al menor.— Has estado todo el día en pijama, ¿no crees que es un poco informal para la cena de esta noche?
—¿Cena? —alzó la ceja Bill, sintiendo que era el último que se enteraba de todo en la casa.
—Tom vendrá hoy, pensé que lo sabías —contestó mientras acomodaba los cojines que Bill había desordenado en el sofá.—Lleva esto a tu pieza—le tendió el peluche.
Bill quedó viendo el peluche por tiempo prolongado, la realidad azotándolo fuertemente. Vería a Tom, lo vería luego de varios días, sería algo nuevo, algo distinto mirarlo a los ojos, porque ahora sabía lo que sentía por el otro, porque por fin todos esos sentimientos confusos tenían un nombre: amor, amor gay, incesto, ilegalidad, problemas…sus favoritos.
—Bill, apúrate, tu hermano va a llegar pronto.
—Aummm, ¿Mamá?
—¿Si, bebé? —se volteó su madre.
—Invité a Brittany, mi…em…novia.
—¿Novia? —ladeó el rostro con una expresión confusa. Sabía bien que su hijo no era mucho de compromiso, por eso mismo que le había visto la última novia largo tiempo atrás.
—Nada serio—se encogió de hombros.
—No puede no ser algo serio si es que es tu novia, Bill—lo miró con desaprobación.
—Ok, es serio—volvió a encoger los hombros.
—Ok, bebé, puede acompañarnos a cenar—respondió, más confundida que al principio.
Bill subió las escaleras a paso apresurado, tratando de escapar lo más rápido posible de la mirada acusadora de su madre. Hasta su propia madre se había dado cuenta que todo eso era una mentira, que esa chica no era algo serio, algo que amara, algo por lo que diera un cinco.
—Angelo abre la puerta —escuchó Bill de pronto.
—Dios…—murmuró. O Tom o Brittany y lo más probable era que fuera su hermano, porque Brittany tendría que haber estado al lado de su casa para lograrlo en cuatro minutos.
Iba a morir si veía a Tom. No, no iba a morir literalmente. Lo más estúpido de todo era que ahora no quería verlo, cuando durante toda la semana lo recordó, lo necesitó y hasta lo soñó.
Se fue a dar un baño que duró menos de diez minutos y luego salió para tomar algunas ropas de su closet. Escogió cuidadosamente su conjunto, tratando de hacerlo combinar y que fuera lo suficientemente atractivo para llamar la atención de su hermano…novia, de Brittany, se corrigió internamente.
¿Que no lo iba a superar?
Bajó sin hacer ruido, a paso lento, como si se tratara de un personaje de una película de terror, intentando pasar inadvertido para que su acechador no lo atrapara. Cuando iba a pisar tierra firme, el timbre volvió a sonar, haciéndolo saltar del susto.
—Demonios. Yo abro —gritó antes que alguien se asomara. No quería jugar al antisocial, sólo que tres minutos más eran cruciales para que tomara aliento y pudiera enfrentarse al otro. Era como un gran suceso, porque sus sentimientos eran distintos, porque ahora entendía que era el real significado de extrañar a alguien, que ya no solo fueran palabras que pronto se llevaba el viento.
—Hey, hey—saludó Brittany, capturando sus labios ávidamente, como si los labios de Bill fueran a gastarse o algo similar.
—Ujummm…
—Me alegra verte —sonrió.—Te ves guapo.
Ese comentario era un poco raro, pensó Bill. Antes no solía decirle tantas cursilerías, era directo a la acción y eso era todo. Pero ahora era esta cosa de » yo también mi amor», cuchi cuchi, nainai nanai, nombres de animales y cosas raras para las que no estaba preparado para hacer…con una mujer, porque con Tom…
—Tu también—respondió como entre preguntando y afirmando.—Umm, pasa.
La chica no tardó en pasar y tirarse en el sofá.
—¿Dónde está Tom?—preguntó Bill a su madre.
—Está hablando con Angelo en su habitación, creo.
El corazón de Bill saltó al escuchar eso. Angelo no podía decirle a su hermano lo que sabía, porque eso haría que Tom se espantara y lamentara todo lo que habían hecho. El no quería que Tom lamentara nada por nada del mundo.
—Hoy comeremos en el comedor. Ayúdame a llevar los platos y servicios— avisó desde la cocina.— Tu también puedes ayudarnos si gustas—le sonrió cálidamente a la chica.
Una vez todo se hizo, todos estaban sentados en el comedor, incluso Tom y Angelo, que a pesar de haberse tardado en aparecer, aparecieron. El ambiente era tenso, o así parecía porque nadie se dignaba a decir nada. El único sonido era el de los servicios chocando con la fina loza exportada.
—Y bien —aclaró la garganta Jorg.—Pensábamos que jamás vendrías.
—Eso mismo le dije yo—se encogió de hombros Angelo.
—Gracias a ti logramos tenerlo aquí —sonrió satisfecho Jorg.
—Estaba ocupado, ya saben…
—La tesis —asintió su padre.—¿Y como va el proceso final?, esa es la peor parte.
—Lo es, pero creo que va todo bien. Debo ver como resuelvo unas cuantas cosas y creo que estaré listo.
—Me alegra, ¿Y cuándo piensas cortarte esas rastas y sacarte el…—hizo un gesto extraño para referirse al piercing.
—Papá —dijo negando la cabeza.—Las rastas se quedan y el aro…el aro se irá mientras hago la presentación.
—Pero…
—No voy a discutir eso nuevamente, ya sabes que es parte de mi estilo y quiero conservarlo por un buen tiempo —dijo firmemente.
—Pero con esa facha no vas a conseguir ningún trabajo, hijo —dijo, tratando de ser cuidadoso, sin embargó falló miserablemente porque la palabra facha no tenía una connotación muy positiva, menos cuando la lanzaba con esa voz.
—Quiero hacer varias cosas antes de trabajar en ese rubro. Papá…de verdad—lo vio como advirtiéndole con la mirada que no llegaría a ningún lado su conversación, que era tema saldado.
—Bien —se levantó Jorg.—El postre lo comeré en el estudio—dijo seriamente, antes de retirarse.
Bill largó todo el aire contuvo durante ese tenso momento. Su padre no podía decirle eso a Tom, no podía querer que se cortara su hermoso cabello y se sacara el aro, era una locura, Tom no lo iba a permitir mientras el mismo no lo quisiera.
—Entonces, ¿cómo se conocieron? —preguntó Simone, ignorando la rabieta de su esposo y centrando su atención en Brittany.
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Ya eran las doce de la noche y todo el mundo parecía haberse ido a la cama. Bill simplemente no podía porque sabía que Tom aún estaba en la casa y no habían cruzado palabra en toda la tarde.
Divisó a Tom en el living, en la penumbra, con su hermosas rastas sueltas, masajeando su sien con movimientos cortos pero concisos. Bill podía ver que Tom estaba entre cansado, frustrado, soñoliento y…¿triste?, ¿podía leer eso?…quizá era el ambiente o su propia tristeza lo que lo hacía sentir melancólico y pensar que el otro también lo estaba.
Tratando de hacer el menor ruido posible se sentó a su lado. Tom pareció sentir su presencia, pero lo ignoró.
—Hey, Tomi —saludó sintiéndose tímido de pronto.
—Hola —saludó, tomó el control y comenzó a cambiar la tele sin mirar a Bill en ningún momento.
Tom no era así de distante, nunca en su vida no le había puesto atención. De pronto le dio miedo que verdaderamente Angelo hubiera hablado con el y ahora era frialdad fuera por la culpa de el otro.
—¿Estás molesto? —acortó la distancia entre sus cuerpo, percibiendo como el otro se tensaba frente a un contacto mínimo.
—No—negó. Pero Bill sabía que mentía, por la mirada que le dio en la mesa, porque ni siquiera se dio la molestia de buscarlo para saludarlo, porque ahora mismo no le estaba sonriendo, ni mirando con esos ojos llenos de ternura.
—Estás molesto—sentenció.
—No sabía que tenías novia—soltó.
—Tomi…
—No me contaste nada, se supone que siempre me dices todo—dejó el control de lado para jugar con sus dedos. Nunca se sintió más pequeño al mostrarse tan abiertamente dolido.
Un alivio cayó sobre Bill al saber que quizá esa era la razón, la única por la que Tom no le miraba de frente.
—Yo…nosotros…—pestañeó varias veces, no tenía explicación que darle a Tom. La sensación que le producía estar ahí tratando de sacar alguna palabra del otro era extraña, como si le hubiera engañado y ahora viniera por una el perdón.—No lo sé.
Tom no podía creer que esto le estuviera pasando. Llevó ambas manos a sus hombros y los masajeó, aún rehusando mirar al otro. Ahora no solo había estrés por la culpa de su maldita tesis, su padre, su novia loca; ahora Bill se le había sumado a su lista de problemas fatales, porque Bill en si era un problema, pero uno bueno.
—¿Te duele demasiado?—preguntó Bill, quitando las manos del otro y remplazándolas por las suyas.—Siento no haberte dicho, Tomi, solo que fue…apresurado, algo que no fue contemplado…
—¿No fue contemplado?, Bill, esa chica es tu novia…
—Lo sé —continuó masajeando sus hombros, como pudo, pese a lo incómodo de la posición. Podía sentir los músculos del otro relajarse ante el toque.—Es algo que no puedo explicar.
—Entonces es grande, ¿uh? —preguntó. Quería una confirmación de que aquello no era serio, pero con la actitud de Bill cuando se habían visto la última vez, con su indiferencia por varios días, esta novia, estas explicaciones vagas, las cosas parecían mucho más serias, diferente a sus otras relaciones.
—Tom, no —subió el volumen. Sin duda el otro le había entendido mal.—No…es…—suspiró. No podía explicarle que su apuro, lo rápido de todo era porque quería ver si lo que sentía por Tom era por la falta de una novia, cosa estúpida, porque bien sabía que nadie nunca lo había hecho sentir tan especial como Tom porque estaba enamorado de él. No se explicaba por qué seguía buscando algo que tenía al lado, por qué diablos era tan arrebatado.
—Está bien, supongo, sólo que me gustaría que lo hubieras compartido—dijo casi en un susurro, pena evidente en su voz.
Bill logró que Tom quedara de frente y le masajeó la sien como vio que el otro lo hacía rato atrás. El otro cerró los ojos y suspiró placenteramente, su aroma inundando los pulmones del menor. Bill podía ver una sonrisa aparecer el sus labios, esos deliciosos labios que había extrañado.
Se acercó a su labios, rozándolos, pero ese contacto no fue suficiente y se abalanzó prácticamente a los brazos del otro para tener tener mejor acceso a su boca. Tom recibió el beso con shock, quedándose estático.—No…—lo alejó.—No podemos.
El pelinegro se quedó sin saber que decir, pestañeando confuso.
—Tienes novia.
El menor abrió la boca como un pez.
—Tienes novia—repitió.—No podemos continuar haciéndolo.
—Pero…No…—abrió los ojos de par en par. Tom tenía razón y eso era lo que tal vez trataba de lograr con tener una novia, alejar al otro. Pero ahora enfrentarse con esta realidad, así…
—No puedes hacerle eso a tu novia.
—Tú se lo haces a Adelin.
—Es distinto, Bill. Yo empecé a hacerlo porque tu querías, porque no salías con nadie formalmente…ahora no podemos—volvió a decir. Y no era que no le doliera la distancia que estaba tomando de pronto con el otro, pero no podía permitir que Bill le hiciera eso a otra persona, que jugara con los sentimientos de otra persona tal como el lo había hecho con los de su actual novia.
—¡No es distinto! —alzó la voz. Tom no le podía decir que se tenían que detener, que ya no compartirían ese nivel de intimidad nuevamente.—No…no me estás dando ninguna razón concreta—su voz se escuchaba desesperada.
—Mi relación con Adelin jamás ha sido perfecta, comenzaste esto y como mi relación no andaba de lo mejor, acepté. Bill…—ladeó su cabeza y alzó su mano para acariciar la mejilla del menor, que lo miraba herido.—Tienes alguien especial en tu vida y no deberías perderlo por algo como esto.
—No puedes…—lo miró suplicante. No podía decirle por qué no quería que pararan, pero quería lograr que el otro lo comprendiera mediante un ruego silencioso.
—Creo que debería irme —se levantó.
—No tienes por qu…
—Dile a mamá que…tenía varias cosas que hacer, por eso no pude quedarme —se detuvo, volteándose.—Te deseo suerte con esa chica.
¿Era una despedida?, sonaba como una maldita despedida. Todo lo que planeó resultó, pero dolía más que la mierda. Perder a Tom era algo que no se perdonaría. Le daba la sensación que esta despedida cambiaría muchas cosas, y aquello lo estaba matando desde el instante que Tom había abandonado la casa.
¿Qué demonios había hecho?
Continúa…
Gracias por la visita. Te invitamos a dejar un comentario.
Hago un paréntesis y vine a comentar antes de leer, no puedo Martha tengo miedo de los que pueda pasar Hhhhh -se arranca los pelos-
Mi Tomi 😞