
Fic TWC de Setsuka
Capítulo 14: Promesa cumplida
No era que quisiera dejar de lado a Bill, pero prefirió enfocarse de lleno en su presentación para las autoridades de la Universidad. Ya había recorrido un vasto camino con ello, y no era correcto que lo descuidara por algo que podía solucionar más tarde.
Le trató de mandar cinco mensajes a su hermano para hacerle saber que no lo odiaba ni nada similar, pero sus intentos fueron fallidos, porque cada vez que escribía algo, esto sonaba frío y distante; nada parecido a su típica actitud con el menor.
Pero no era fácil tratar de ser amable luego de todo lo que había sucedido entre ellos. Intentaba dejar de pensar en todo lo que habían hecho, pero le era imposible. Ahora que todo había terminado, las cosas parecían más horrendas; todo se hacía más real y azotaba con mayor fuerza.
Le dio el toque final a su presentación en power point, y se levantó, dispuesto a preparar algo para comer y olvidar completamente esa maldita tesis, que si bien le había ayudado a olvidar todos sus problemas con Bill, lo había dejado agotado mentalmente.
Se dirigió a la cocina, pero se detuvo en el pasillo, donde había una foto gigante de Bill y él cuando uno tenía nueve y el otro quince. Bill había insistido en ponerla allí, porque quería que Tom lo recordara siempre. Y no había fallado, sólo que la mente de Tom había tratado de luchar contra la tentación de quedarse mirando por horas a ese dulce niño que alguna vez fue el pelinegro.
Poco después de prepararse un bocado, sonó el teléfono. Tom decidió que quería un momento de paz, así que ignorando el insistente ring, se encerró en su habitación para devorar su comida.
Durante todo el rato que estuvo comiendo, el teléfono continuó sonando, así que para poder tomar una siesta y no escucharlo más, decidió contestar.—¿Si?
—¡Tom!
—¿Mandy? —abrió los ojos de par en par. La voz de su hermana a través del teléfono nunca eran buenas noticias.
—¿Por qué no contestabas?, dios, ahora que más te…lo importante es que has contestado finalmente —habló rápido, que Tom apenas podía captar lo que decía con claridad.
—Dime que no le ha pasado nada a Bill.
Hubo un silencio de un par de segundos, inquietando al rubio.
—Papá… papá se descontroló, yo, yo no sé que pasó… oh, si, si lo sé. Papá le gritaba a Bill sobre sus constantes ausencias, su irresponsabilidad, algo sobre el libertinaje… No sé cómo pasó, yo sólo oí, porque papá y Bill estaban encerrados en su estudio y luego…—empezó a llorar.
—Mandy, demonios, dime que pasó.
—Bill salió de…de la habit…ación con heridas y…—se detuvo.—Papá lo..lo gol..golpeó… y duro—continuaba llorando.
El corazón de Tom se apretó ante aquello. El solo pensamiento de un Bill herido lo descomponía. Nadie que se atreviera a golpear a Bill merecía su respeto o atención.
—¿Dónde está mamá?, ¿No había nadie en casa?
—No. Traté de contactar a mamá al trabajo, pero la línea estaba ocupada, así que decidí llamarte a ti ,¡ tienes que encontrarlo! —rogó.
—Mandy, tienes que estar tranquila. Yo iré por Bill, y tú debes encargarte de llamar nuevamente a mamá —pidió, antes de cortar.
Su padre no se pudo atrever a hacer algo tan bajo, se trató de convencer. Ese hombre no podía ser un ejemplo a seguir, si se había atrevido a tocar a su hermanito menor.
Salió del departamento con una sensación de angustia, enfocando todos sus pensamientos en Bill.
&
Eran las ocho de las noche y Tom volvía a su departamento sin rastro alguno de Bill.
Era frustrante pensar que podría haberle pasado algo, que por la culpa de su padre, Bill hubiera decidido hacer una locura. Aunque aquello era demasiado doloroso para considerarlo por un tiempo prolongado.
Sacando toda mala idea de su cabeza, se bajó del auto a paso apresurado. Tenía que buscar algo que comer, llamar a su madre para contarle las malas noticias y luego volver a buscar al menor.
No iba a descansar hasta encontrarlo.
Se buscó las llaves del departamento con dificultad. Ni siquiera podía hacer una tarea tan simple sin temblar, y era que saber que posiblemente la persona más importante en tu vida podía estar en peligro, no era menor.
—¿Bill? —preguntó en voz baja, como temiendo que aquella figura que estaba sentada al lado de su puerta fuera a desaparecer.
Bill llevaba unos jeans gastados y rotos, más un polerón azul marino varias tallas más grandes, que lo hacía lucir frágil y pequeño. Su pelo negro se veía más desordenado de lo usual, lo que terminó por encoger su corazón.
Tom no lo pensó más y corrió a su lado, tratando de no tropezar con sus grande pantalones, que a pesar de llevarlos tanto tiempo, aún no les encontraba la técnica para no correr sin caer en el intento. Afortunadamente la suerte lo acompañó y llegó a un lado de Bill, agachándose para comprobar si estaba despierto, dormía y su estado en general.
—Bill —repitió, esta vez un poco más fuerte.
Bill pareció responder a su llamado apenas levantando su cabeza, lo que poco ayudó, ya que su pelo, que cada vez estaba más largo, tapaba la visión de su rostro. Ante eso decidió no perder más tiempo, y se dispuso a abrir la puerta; sus manos aún temblando. Cargó a Bill, desplazándose en la oscuridad por la casa hasta la pieza del moreno.
Todo estaba intacto. La habitación de Bill lucía casi como el primer día en que el Tom se la había mostrado, y era que Bill se pasó la mayoría del tiempo en cualquier parte del lugar menos allí.
—Ouch —se quejó apenas Bill, cuando el mayor lo depositó en la cama, de medio lado.
—¿Estás bien? —tocó su hombro, recibiendo un salto por parte de su hermano.
—¿Tomi? —apenas habló, volteando, por fin enfrentando al rubio que ya se había instalado a un costado de la cama a la espera de alguna reacción.
La cara del aludido se transformó en una de espanto e incredulidad frente a lo que tenía delante de él. El rostro de Bill tenía varios moretones pequeños de color entre amarillo y café en el lado izquierdo de su mejilla; su frente tenía un pequeño corte, nada de que preocuparse, pero su labio inferior…Además de todo, su maquillaje estaba corrido, prueba que el menor había estado llorando.
—¿Luzco muy horrible? —trató de sonreír, pero con su labio medio deformado aquello pareció un puchero.
—Oh, Dios, tenemos que desinfectar eso —acarició su mejilla derecha, acto que hizo que Bill cerrara los ojos y suspirara.
Tom se levantó para buscar alcohol, algodón, y lo necesario para ayudar a que ese corte luciera más normal. Cerró la puerta del baño un segundo, y se apoyó en la esta, tomando todo el aire que podía y luego botándolo. Con ambas manos se tomó la cabeza, frustrado, tratando de asimilar lo que había pasado el día entero.
Como quería matar a su padre…
Volvió luego de un par de minutos, en los que no había podido reponerse de su tristeza, rabia, shock, decepción, odio y otros sentimientos que le provocaba ver a Bill en un estado como ese.
—¿Tom, estás molesto?
Tom negó con la cabeza, pese a que era cierto. Estaba tan molesto que ni siquiera quería hablar. Aún le era chocante ver a Bill en ese estado, y temía que si abría la boca escapara un extraño sonido desde la garganta, anticipo de un llanto desconsolado.
Trabajó en su labor hasta que estuvo seguro que toda herida estaba cubierta con una bandita; luego se paró en silencio y dejó todo en orden.
—Creo que deberías descan…—habló, mientras lo tapaba y se aseguraba que las almohadas estuvieran en su sitio y a una altura correcta.
—Creo que necesito una ducha —intervino antes que el otro terminara.
Tom asintió, ayudando al menor a incorporarse; le llevó la toalla, ropa interior, un pijama y cerró la puerta para darle privacidad.
En el tiempo que Bill estuvo bañándose se encargó de cambiar las sábanas por unas limpias. Hizo todo con calma, cuidado, pensando en todo momento en su hermano.
Se sentó en el lado de la cama opuesto a la puerta del baño, mirando sus manos como si fueran lo más interesante del mundo. No sabía por qué tenía un vacío y ver a Bill más tranquilo y repuesto no lo confortaba como debería. No, no era ese el problema, era que no se sentía una gran ayuda; no se veía como alguien que estuviera proveyéndole todos los cuidados necesarios. A pesar de estar allí, sentía que sus intentos por confortar a Bill eran fútiles.
—¿Qué hice mal?
—No hiciste nada mal, Tomi —habló Bill, gateando sobre la cama para llegar donde esta el mayor sentado. Lo abrazó por la espalda, apoyando su cabeza en el hombro derecho del rubio.—Realmente nada malo—abrazó con fuerza su cintura.
—Sien…siento que no es suficiente —tomó las manos del pelinegro, sorprendido de lo frías que estaban. El pelo húmedo de Bill mojaba su mejilla, haciéndolo sonreír levemente, confortándolo sólo un poco.
Bill estaba con él, allí; su padre no podría arrebatárselo si permanecían juntos.
—Debería matar a papá.
—Tomi —movió un poco su rostro para besar su mejilla.—Tal vez lo merecía.
—¡No! —frunció el ceño, pero Bill no podía verlo.—No puede decir eso, Bill. ¿Dónde se metió ese Bill valiente que no le temía a nada?, ¿dónde está el Bill que luchaba contra papá y nunca le daba la razón en nada?, no puedes justificar un acto como ese bajo ninguna circunstancia. Bill, es estúpido—trató de voltearse para verlo, pero Bill no se lo permitió.
—Lo sé —murmuró, mirando hacia el el piso alfombrado, abrazando con más fuerza la cintura del otro.
—No, Bill, no lo sabes. No sé lo que pasa contigo, pero jamás puedes volver a decir algo así —más suplicó que retó.— No importa lo que hayas hecho, papá no debió haberte golpeado.
—Ok —prometió, soltando su agarre.
Tom se volteó, viendo como Bill tomaba la toalla que había dejado olvidada y se secaba su pelo.
—Dime qué sucedió —pidió, una vez Bill estaba de vuelta en la cama.
Bill encogió sus piernas, abrazando estas.—El director llamó a papá, pero esta vez le dijo todo por teléfono. Creo que no confió demasiado en tu presencia aquella vez que papá te envió —vió un segundo al rubio y luego desvió su vista hacia la puerta.—Papá me llamó a su estudio y…ya sabes que puede ser muy duro conmigo…y más cuando no hay nadie alrededor. No puedo reproducir todo lo sucedido, sólo decirte que sus palabras no fueron nada amorosas y me golpeó como castigo.
—Dime…—dudó en preguntar.—¿Papá te golpeó antes?, ya sabes…aumm…
Bill asintió.
—Voy a…Oh mi…por qué, ¿Bill? —arrugó la frente.—¿Por qué no me lo dijiste?
—No pensé que era algo relevante —se encogió de hombros.—No pensé que lo haría nuevamente.
—Ahora si que voy a matarlo—sus puños se contrajeron, su mente dibujó el rostro de su padre, vivo, haciéndolo golpear la colcha con rabia.
—Deberías olvidarlo, Tomi. Estoy aquí—sonrió débilmente.
Tom pareció darse por vencido. No había razón por la cual sulfurarse si el causante de toda su ira estaba a una distancia considerable, seguramente discutiendo con su madre.
Su madre…
—Ven aquí —abrió las sábanas de la cama. Bill con rapidez se metió en ellas, y Tom lo tapó.—Quieres fruta picada, dulces, pan…ughh… algo que no…dañe—señaló su labio inferior.
—Fruta está bien —sonrió ampliamente, y esa vez pareció más una sonrisa.
—Ok, entonces —le sonrió de vuelta, se agachó a su altura y besó su frente.— Estaré de vuelta en un rato.
Antes de salir, Bill lo llamó.
—¿Si?
—Gracias por mantener tu promesa.
Tom pareció meditarlo un segundo, pero luego sonrió. No habían muchas promesas entre ellos y la que tenía más sentido era solo una.
—Gracias por no dejarme.
—De nada —le sonrió, antes de abandonar la habitación.
Bill se mordió el labio. Todo lo que habían hablado tenían sentido,¿ cómo no había pensado en eso?, Bill no era el débil que le temía a su padre, o si lo temía, pero no lo demostraba, y así tenía que ser. La mente fuerte era un comienzo para no darse por vencido en su lucha contra ese animal.
Suspiró como un enamorado al recordar todas las atenciones que había tenido el de rastas hacia él. Santo cielo, como quería al mayor, y ya no había duda que era amor, y nada fraternal. Cada vez que lo veía su corazón palpitaba con una rapidez inusual, su estómago se contraía placenteramente y ahí estaban todas las señales que probaban que esto era algo especial, distinto, único.
Él era valiente como Tom bien había dicho. No iba a ver como su amor real se iba con alguien más; iba a luchar y demostrar que seguía siendo el osado Bill, que no le temía al fracaso, que primero actuaba y después pensaba. No iba a preparar el momento para decirle a Tom lo que sentía, ese momento se presentaría sólo y lo aprovecharía.
No podía esperar para que ese momento llegara.
Iba a besar a su maldito hermano y decirle que lo amaba.
Continúa…
Quedan sólo dos capítulos, que subiremos la próxima semana. Gracias por la visita.
Noooo 😭 no quiero que termine pero ya quiero que sea lunes 🥹