Crazy beautiful 15

Fic TWC de Setsuka

Capítulo 15: Cuando las palabras sobran…

Bill se despertó por la fría brisa que entraba desde la ventana. Su cuerpo, apenas cubierto, reaccionó a ese aire casi congelado, lo que logró que finalmente saliera del sopor mañanero.

Se levantó de malas ganas, tratando de recordar lo que tenía que hacer. Rápidamente todo llegó a su mente con claridad; no tenía ninguna tarea que hacer, se había ausentado por cuatro días del colegio y Tom había estado tomando cuidado de él.

Cuando abrió el closet, el espejo lo saludó mostrando su apariencia desarreglada y la razón por la que estaba congelándose. A simple vista resaltaba su labio hinchado, su pelo, que había aumentado considerablemente en volumen y largo, apuntando en todas las direcciones, y su piel expuesta, siendo apenas cubierta por unos boxer negros ajustados.

Sacó del closet su poleron largo favorito, el mismo que había usado el día de la pelea con su padre, y el mismo que al parecer Tom había lavado, y se dirigió a la cocina para buscar algo que comer.

Al entrar a la cocina la figura de Tom hablando solo le dio la bienvenida. 

—¿Qué haces? —preguntó curioso, sacando un pote de la estantería para servirse cereal.

—Hablaba conmigo —sonrió, pero luego, al levantar el rostro, se sonrojó al darse cuenta que su hermano llevaba tan sólo un poleron, dejando a la vista su larga piernas. Sus muslos lucían suaves y lo eran, pero hace tiempo que no los había tocado, que se veían más invitantes.

Negó con la cabeza, mordiéndose el labio. Era difícil tener a Bill ahí y no poder tocarlo como alguna vez lo tocó.

Bill se dio vuelta a tiempo para ver con satisfacción como el mayor lo observaba. Bill no era experto en leer caras, pero en ese momento algo le decía que su hermano no era totalmente indiferente a él. 

—Sé que me veo sexy —bromeó, sentándose en diagonal al otro.

—Bill —regañó, evitando mirar al menor. No se iba a prestar para juegos que probablemente terminaran en situaciones indeseadas, porque a pesar que quería tener a Bill bajo él, gimiendo como desesperado, ya esa posibilidad estaba descartada.

—Ok, ok —se encogió de hombros, fingiendo que el llamado de atención no le había afectado en lo más mínimo.—Entonces, ¿qué hacías?

—Ensayaba lo que tengo que decir para la presentación —vio la enorme cantidad de hojas dispersas en la mesa.—Es en dos días y esto decide mi futuro.

—Oh, ok —frunció el ceño. Le parecía que más que decidir su futuro, decidía el futuro que su padre quería para él. Pero no se lo pensaba comentar ahora, porque no era el momento para hablar de algo tan complejo.

—¿Cómo está tu labio? —preguntó de pronto, sin despegar la vista de sus papeles.

—Está bien, creo —se tocó el labio, protestando al sentir un agudo dolor.—Bueno, mucho mejor que hace cuatro días—se sonrojó, recordando todas las buenas atenciones que Tom había tenido durante esos cuatro días, dejándolo acortarse en su cama cuando quería, llevándole sopa caliente a la cama, acomodándole las almohadas o simplemente haciéndole compañía, mientras le acariciaba el pelo.

—Ok —asintió, viéndolo.—¿ No quieres que te prepare algo más para comer?, no creo que ese cereal de frutitas vaya a ser del todo nutritivo.

—Um…me preguntaba —revolvió su cereal distraídamente, ignorando lo que el mayor le había dicho.—¿Qué pasó con Adelin?, no la he visto…

—Terminamos —dijo casi en un hilo de voz, arrugando las hojas que tenía en la mano.

Bill abrió la boca haciendo un silencioso ‘Oh’. Aquello no estaba contemplado en su mente; de hecho pensó que jamás pasaría, pese a que le declarara sus sentimientos al mayor.

La vida le estaba sonriendo, ciertamente.

—¿Estás bien? —preguntó. Si bien eso era un regalo para él, no sabía como lo estaba viviendo el otro.

—Rompió conmigo —negó con la cabeza reiteradas veces.—Nunca cumplí mi rol como debía.

—Lo siento ¿Vas a estar bien?

—Si, sólo que…no lo sé, la estimaba y será un poco difícil vivir sin sus regaños, sus chistes…todo —suspiró derrotado.—Estaba acostumbrado a ella.

—Tomi —lo vio triste.— Tal vez esta sea la oportunidad para un nuevo comienzo. Me tienes a mi, siempre a tu lado— acarició su mano, consolándolo. Sus palabras estaban cargadas de verdad; no quería ganar nada con eso, no quería impresionar al otro, simplemente quería hacerle saber que no importa lo que sucediera, él siempre estaría allí.

El de rastas vio a su hermano a los ojos, intimidándose bajo esa mirada llena de…algo distinto a lo acostumbrado. Algo no estaba bien, lo sabía, pero no quería detener lo que fuera que su hermano le estaba transmitiendo.

—Pienso que deberías continuar ensayando —señaló las hojas que ya descansaban olvidadas sobre la mesa.

Tom pestañeó varias veces, antes de captar lo que el otro le hablaba.—Oh, Uh…si, claro…

—Puedo ayudar —sonrió tiernamente.—Seré tu público y tu me presentarás; luego te evaluaré con con una nota de uno a siete.

—De acuerdo —asintió, sintiéndose más nervioso de lo que pensó, viendo que Bill se sentaba ahora al frente de él, con rostro expectante.

Sería una larga jornada.

&

—No, no creo que vaya hasta la próxima semana —contestó.

—Pero…

—Andreas, cállate, de verdad. Has estado durante los últimos quince minutos tratando de saber. Yo que tú, de verdad ya me habría dado por vencido. Eres un perdedor —rió, volteando sobre la cama, mirando hacia el techo.

—Mal amigo —se quejó el rubio.

—Lo soy —admitió, suspirando.—Hablaremos de ello en el colegio. Enserio, no te has perdido de nada—trató de restarle importante a los sucesos acontecidos hace algunos días. La rabieta de su padre no valía la pena ser nombrada como un tema.

—Ok —dijo el otro, satisfecho con la respuesta.—Me caracteriza la paciencia. Entonces, ¿qué dijiste que harías?

—Iré a ver una película y comer mucho hasta perder la conciencia—mintió.

—Wow, eso suena como un plan —rió.—Entonces te dejo con tu súper panorama. Nos vemos este sábado.

Después que cortaron, Bill se dedicó a leer una y otra vez el poema que había escrito. Hace tiempo que no escribía, pero este era el momento indicado para dejar fluir sus emociones luego de todos los conflictos que había tenido en el último tiempo.

—Esto apesta—tomó el papel, lo hizo bolita y lo tiró lejos.

Un golpe en la puerta llamó la atención de Bill.—¿Estás ocupado?

—Sabes que no —sonrió el menor—Al menos no para ti—su sonrisa se acrecentó al ver a Tom con sus rastas sueltas, lamiendo el aro de su labio distraídamente, detenido con esa pose sexy que ponía sin darse cuenta.

—Quería hablar sobre…—se sentó en la cama.—¿Estás seguro que quieres volver?, es decir, sólo han pasado cuatro días desde…ya sabes, y no creo que sea aún el tiempo de regresar a casa.

—Esto seguro —asintió.—Tengo que hablar con mamá.

—¡Yo hablé con mamá! —soltó con más fuerza de la que pretendía.

Y era cierto; había hablado con su madre la misma noche que Bill había aparecido en su puerta. Hablaron durante horas sobre la situación del pelinegro, incluso discutiendo en ciertos puntos, porque no podía entender como demonios ella podía seguir con un tipo que había hecho algo tan canalla e insensato como eso.

Su madre le explicó que habían peleado con el resultado de un Jorg lejos de la habitación matrimonial, pero eso no era suficiente para calmar la rabia que tenía hacia su padre. Nada en el mundo iba a poder cambiar el concepto que tenía de ese hombre.

—Y lo agradezco —sonrió suavemente, acercando su mano para tomar la del mayor. Un apretón fuerte bastó para que el rubio se calmara y suspirara derrotado.—Pero realmente necesito hablar con ella.

—Ok…sólo que…nada —negó.—Debes prepararte; te llevo en media hora.

Bill asintió sin decir nada. 

Miró como la figura de su hermano desaparecía por la puerta y suspiró. No era que quisiera alejarse del mayor, pero dos días atrás su madre le había enviado un mensaje a su celular, rogándole para que hablaran y era algo que tal vez era tiempo de hacer. Además, tarde o temprano tendría que enfrentar a su padre, y aquello no podía alargarse más.

Ya no existía miedo.

&

Tom aún sudaba. Había estado con las autoridades universitarias por lo que había parecido una eternidad y ahora, por fin, gracias a una entidad, lo habían dejado libre, luego de ponerle la mejor cara profesional, que no demostraba si estaban complacidos o decepcionados de su trabajo.

Salió respirando profundo, sonriendo aliviado de haber terminado con ese dilema. Ya estaba aburrido de leer constantemente la misma materia, los mismo párrafos, ver las mismas imágenes, tratando de convertirse un experto en lo que había elegido.

Caminó apresurado por los pasillos al ver la figura difusa de Bill al final del corredor. Su hermano corrió a abrazarlo con efusividad, casi quitándole el aire.

—¿Quieres que vayamos a celebrar a algún lado? —susurró a su oído el pelinegro.

Tom sintió un escalofrío al percibir el cálido aliento de Bill en su oreja y cuello. Tembló de pies a cabeza al verse envuelto en el calor de ese tibio abrazo. Las manos de Bill se paseaban sin vergüenza por toda su espalda, dándole suaves apretones de vez en cuando, haciendo de ese abrazo algo prolongado y cargado de cariño.

—Ok —susurró de vuelta.

Cuando ese abrazo terminó, Tom recién se dio cuenta que no estaban solos, y que también estaban sus dos hermanos, su madre y su padre.

Frunció el ceño y tensó su mandíbula al verlo tan compuesto, tan… ¿feliz? No comprendía cómo podía estar así de relajado después de su actitud con Bill, después de lo que le había hecho.

—Hijo —habló suavemente su madre, percibiendo la incomodidad del mayor.—Con tu padre planeamos ir a un restaurante para celebrar.

Tom, que abrazaba a Mandy, vio la cara atónita de Bill. Claramente Bill no tenía idea de los planes familiares y ahora su salida estaba arruinada.

Se mordió el labio de la rabia. No, esta vez no le daría el gusto a los mayores, sino que haría lo que realmente quería, que era pasar su tarde con Bill.

—Tengo planes —vio seriamente a todo el mundo.—Con Bill pensamos pasar la tarde juntos —sentenció, poniendo su brazo para que el pelinegro lo tomara.—Podemos celebrar más tarde si así lo desean—finalizó, caminando hacia la salida con un sorprendido Bill, sin esperar respuesta de nadie.

El camino fue algo silencioso e incómodo. Tom se detuvo en una tienda para comprar un par de vasos de chocolate caliente con esencia de menta y una caja de donuts y continuó manejando por veinte minutos más hasta llegar a las afueras de la ciudad, donde no había calles concurridas, edificios y podía contemplarse como se escondía el sol.

—Este es un hermoso lugar —sonrió satisfecho Bill, saliendo del auto, aún con su vaso de chocolate en la mano.

—Sabía que te gustaría —sonrió Tom, viendo como Bill se paseaba de un lado a otro, respirando el aire cargado aromas naturales, saltando como un niño goloso, alegre con su caramelo.

—Me gusta —suspiró profundamente y luego botó.—Wow —se volteó para ver a su hermano.—Esto es mejor que cualquier celebración.

—Estamos celebrando —rió.—A mi manera.

—Oh —se detuvo, acercándose a Tom, que se había sentado en la parte delantera del auto, su espalda descansando en el parabrisas del auto, con sus ojos cerrados, respirando tranquilamente.—Gracias.

—¿Uh?

—Sé que fue duro —se sentó a su lado, imitando la posición del otro.—Es la primera vez que te veo rechazar una oferta…bueno, hablo por lo de…hace un rato con nuestros padres. Sé que no es fácil y que seguramente debes estar pensando en ello como un loco.

—¿Cómo lo sabes?—abrió los ojos, encontrándose con un hermoso cielo que estaba apagándose paulatinamente.

—Oh, Tom, eres un idiota —se carcajeó.—Luego de eso estuviste todo el rato silencioso, como analizando si lo que hiciste estaba correcto, como dudando de tu resolución. No soy estúpido.

—Lo siento.

—Aún así te agradezco —se levantó un poco, viendo que su hermano mayor tenía una vez mas sus ojos cerrados. Sus labios se veían rojos, su piercing brillaba, sus pestañas largas lo hacían lucir angelical, dulce, tal como era.—Este lugar es demasiado bello para ser real.

Estaba tan tentado por todo lo que veía. Su corazón palpitaba con fuerza, con tanta fuerza que parecía que se saldría de su pecho. No era un mero capricho; Tom era todo lo que estaba buscando, lo que necesitaba para continuar sin tener miedo al fracaso. ¿Y qué importaba si fracasaba, si tenía a alguien como Tom para apoyarlo? Quería besar esos labios nuevamente; quería que toda su vida Tom lo confortara con dulces besos y toques precisos.

Moría por decirle que lo amaba.

—¿En qué piensas? —preguntó el de rastas, viendo que su hermano lo miraba de un modo raro. Su garganta se secó por la visión de Bill. No importaba que aún tuviera esas marcas en su rostro, lo amaba con ellas o sin ellas. Bill era perfección y no había mucho que darle vueltas a eso. Bueno, no después de haberle dado vueltas por tantos años, desde que Bill era un pequeño.

Bill pestañeó, sabiendo que no podría responder aquella pregunta con palabras, porque no había modo de explicar o que un amo no sonara como una película barata de amor, donde típico que dos parejas se confesaban sus sentimientos y luego se besaban, jurándose amor eterno. No, eso no era para él. No quería que esto fuera de esa forma; quería viciar su corazón sin palabras.

Reuniendo valor, el que sabía que siempre había llevado dentro, acercó su labio herido y rasgado, a los tersos labios de Tom, besándolo con dulzura, transmitiéndole con un solo gesto lo que sentía.

—Bill…

Tenía conocimiento que las cosas podían salir mal, que su hermano podía mandarlo al infierno una vez más, como cuando supo que tenía novia, pero hoy se sentía lo suficientemente valiente para ir hasta el final para demostrarle que no jugaba y que todo lo que estaba haciendo era porque le nacía de un sentimiento puro, muy alejado lo lujurioso del comienzo.

No creía que podría hacer mucho con su labio dañado, pero aún así se concentró lo lleno en besar con entrega, mas que pensar en ese insistente ardor.

Se separaron luego de lo que pareció un buen rato de juguetear levemente uno con el labio del otro. Ambos se miraron largamente, sonrojados, insatisfechos, con deseos de continuar con ese juego peligroso.

Tom tragó duro cuando los labios de Bill se estrellaron una vez más sobre los suyos. Esta vez Bill pareció ceder más, dejando que el mayor dominara el beso. Tom mordió ligeramente el labio no dañado de Bill, pidiendo permiso para introducir su lengua y volver a experimentar esa familiaridad que le producía estar cerca, así de cerca de su hermano. Bill gimió en el beso, permitiendo que el otro recorriera toda su boca y se divirtiera con su piercing, girándolo, tironeándolo.

Se separaron nuevamente y esta vez Bill se acomodó en su posición inicial, mirando hacia el horizonte, viendo como el sol se escondía, dejando una mezcla de colores que retrataba la mejor de las escenas románticas.

—Me gustaría que alguna vez hicieras algo distinto a lo que estás acostumbrado—habló Bill, su voz llenando ese incómodo silencio.—Que alguna vez hicieras algo como lo que hiciste hoy con mamá, pero sin arrepentimiento —vio a su hermano, que ya se había sentado bien y jugaba nerviosamente con sus dedos.

—Yo…

—Sin arrepentimiento, Tomi —tomó la mano derecha de Tom.—El tomar riesgos en nuestra vida nos hace descubrir cosas —encontró los ojos del mayor.—No deberías tener miedo al qué dirán o las reacciones de los otros. Me gustaría que alguna vez hicieras algo porque realmente lo quieres, sin cuestionarte si está correcto o no…sólo hacerlo. 

Tom lo vio con los ojos bien abiertos, tratando de leer esa mirada significativa que el otro le daba. Fallando miserablemente, negó con la cabeza. Tenía mucho que pensar, partiendo por ese beso que Bill le había dado sin hesitar, dándole a entender algo que no podía leer, o tal vez no quería descifrar en ese instante.

—Lo incorrecto no es necesariamente malo —finalizó, ladeando su rostro.

Después de eso no se dijo nada más. Bill empujó el pecho de Tom para que este volviera a apoyar el peso de su espalda en el parabrisas y albergó su rostro en el.

Juntos vieron el atardecer, olvidándose del mundo que los rodeaba…sólo por un instante.

Continúa…

El próximo es el último :D. Lo sé, finalmente ROFL

por administrador

Publico con autorización del autor

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