Notas: Agradecer a las personas que leyeron y algunas que se dieron su tiempo para comentar. 🙂

Fic TWC de Setsuka
Capítulo 16: No regrets
—Parece que no lo estás disfrutando, amigo —comentó Andreas, acercándose.
—No, no lo estoy disfrutando —respondió, viendo desde el marco de la ventana hacia afuera.
—Vamos, pronto llegará Brittany, y verás que las cosas mejorarán.
Bill casi escupió su trago.—¿Qué? ¿Quién demonios dijo que podías invitarla?—preguntó enojado.—¡Dijiste que sería noche de amigos!
—Nunca dije que fuera noche de hombres —remarcó.
—Mi Dios —se agarró la cara.—Ella y yo no tenemos futuro.
Andreas lo miró interrogante. Había tantas dudas en su mente, y una era, claramente, por qué su amigo se había buscado a una chica, si lo único que hacía era usarla como adorno. Se preguntaba si todo tenía que ver con ese misterioso chico del cual no había querido contarle nada.
Se alejó un poco para tomar una cerveza sobre la mesa y volvió.—Vas a volverte loco, Bill.
—¿Uh? —miró el pelinegro con curiosidad a su amigo.
—Ya sabes, escondiendo por tanto tiempo a la persona que realmente amas.
—No estoy escondiendo…Oh, cállate, no necesito esto ahora.
—Estás pensando en él.
—Odio cuando haces esto —miró a su amigo con rabia.—No voy a quedarme—sentenció, buscando su celular para marcar el número de su hermano mayor.
—Espera, ¿a quién demonios llamas? —alzó la ceja.
—A Tom —lo fulminó con la mirada.—Prefiero estar con él, que con ustedes, bola de borrachos.
—Si fuera un desquiciado, pensaría que Tom es el chico —dijo, sin intención de molestar al otro.
Bill, que ya había marcado el número de Tom, miró con espanto al rubio platinado, abriendo ligeramente sus labios para responder, pero deteniéndose por falta de algo que decir.
—Oh mi… ¿Bill? —abrió los ojos desmesuradamente.—¿Hablas enserio? ¿Bill?
Bill ya no lo escuchaba. Tomó sus cosas y rápidamente salió de la casa del otro, guardando el celular de vuelta en su bolsillo. Lo de llamar a Tom estaba postergado, hasta que lograra convencer al blondo que el no tenía nada con el mayor. Aunque conociendo a Andreas, jamás podría quitarle de la mente algo que ya había conjeturado, menos actuando en la manera en la que lo hizo, escapando de la acusación.
&
Tom no era estúpido. Si quería ser fiel a es mismo, podría decir que había leído perfectamente las acciones de Bill, más sus palabras, que evidentemente lo habían alentado indirectamente a arriesgarse por él.
Si bien leyó lo que Bill quiso decirle, no entendía por qué comenzó una relación con una chica si estaba interesado en él. Bien podía ser una acción desesperada para escapar de sus extraños sentimientos…¿podría ser?. Lo más probable era que Bill estuviera tan asustado como él lo estuvo en cierto momento, y su única manera de encontrar tranquilidad fuera buscando a una chica.
Se levantó del sofá, sentándose correctamente. Ahora que lo pensaba mejor, Bill Kaulitz, su hermoso, perfecto, travieso hermano, sentía algo por él. Esto no era cualquier cosa. Lo que nunca pensó que pasaría en su vida, pasó. No había modo de escapar de esta confesión implícita que había tratado Bill para no arruinar el perfecto momento que habían tenido ese día.
No se equivocaba cuando afirmaba que Bill era especial.
Buscó su celular y llamó a Angelo.
—Hey —contestó Angelo.
—¿Todo listo?
—Mmm… Bill no salió hasta hace un rato, así que…faltan algunas cosas —contestó bostezando.
—Ok. Gracias, no tengo palabras para agradecerte lo que estás haciendo.
—Es por ti, Tom, no por…¿Estás seguro de lo que estás haciendo? —preguntó, aún sabiendo que la respuesta era obvia.
—Lo estoy.
—Ok… sólo… nada. Te llamaré cuando Bill esté de vuelta en casa.
—Gracias.
—Espero que ese mal agradecido lo valore.
—Angelo… ya lo hablamos.
—Si, pero…
—Es nuestro hermano y la persona de la que estoy enamorado.
—Lo sé —guardó silencio un segundo.—Te llamaré más tarde.
—Ok —cortó la llamada, viendo por un tiempo prolongado la pantalla. Iba a hacerlo, si que iba a hacerlo y no había vuelta atrás. No sabía que diría Bill cuando lo supiera, porque no le había comentado nada, ni pensaba comentarle hasta estar frente a él y su familia.
&
Bill llegó a su casa de malas ganas. El día había sido lo que esperó. Obviamente Andreas iba a acosarlo todo el día hasta que supiera la verdad, y así pasó. Bill esperó que la reacción de su mejor amigo fuera negativa, pero fue todo lo contrario; el blondo sonrió diabólicamente y le palmoteó el hombro, alentándolo a continuar esa locura.
Las cosas con Brittany no habían salido tan magníficas. La chica parecía no querer entender que no podían seguir juntos, así que había decidido escribirle una carta rápida, diciéndole todas las cosas claras. Sabía que así sería mejor, porque la chica no lo interrumpiría al hablar y leería tantas veces la carta que finalmente le encontraría la coherencia, y tomaría su propio rumbo.
—Bill, ¿puedes ayudarme con la ensalada? —preguntó su madre desde la cocina.
Bill suspiró frustrado. Todos esos meses fueron increíbles, llenos de emoción y aventura, pero ahora todo eso había quedado de lado. Se preguntaba si Tom había captado lo que había querido decirle, o tendría que hacer un último intento para saber si realmente estaba dispuesto a comenzar algo serio, muy lejano a lo que tuvieron en un comienzo.
—¿Estás bien? —preguntó su madre, al ver ponía la lechuga en el bowl de forma mecánica.
—Lo estoy —asintió.
—Bill, sabes que puedes contar conmigo por cualquier cosa. Lamento estar ausente la mayoría del tiempo…
—Ya hablamos de eso, y lo entiendo —asintió, concentrándose en mezclar el vinagre y aceite.—No es eso. No me siento muy bien viviendo aquí —admitió.
—Bill…
—No, espera —detuvo lo que hacia.—No es sólo por papá, es…—se detuvo al oír la puerta.—Creo que iré a abrir.
Dio gracias al cielo que habían interrumpido. No estaba muy seguro si podría pedirle que lo dejaran a ir a vivir con Tom. Tenía la sensación que su madre descubriría todo lo que habían hecho, que sabría inmediatamente que algo extraño sucedía, e iba a acosarlo hasta saber la verdad.
Vio que su padre ya había abierto la puerta, pero aún no la cerraba. Pensó en si tenía que volver a la cocina o espiar de quien se trataba. Ya no le tenía miedo a su padre, así que sin avisar se asomó a su lado, encontrándose con la persona que menos esperaba ver allí.
—¿Tomi? —abrió su boca ligeramente, sorprendido de la grata sorpresa.
—Ve a buscar tus cosas —ordenó, con su voz seria que a veces asustaba a Bill.
—¿Tom? —cuestionó su padre.
—Me llevo a Bill conmigo. Ve a buscar tus cosas —repitió, al ver que Bill permanecía quieto con sus ojos desmesuradamente abiertos.
—No puedes hacer eso —el mayor cambió su tono suave por uno severo.
—No me importa lo que tengas que decir, porque lo haré igual —entró.—Bill, ahora.
El menor parecía congelado. Tom nunca tuvo antes un desplante como esos con su padre.
El de rastas sacudió su brazo, conduciéndolo a la escalera para que fueran a buscar sus cosas. Entonces hablaba enserio, pensó Bill, dejándose conducir por ese firme, pero delicado agarre.
—¡Tom! —llamó su padre.—Dije que no podías —gritó.
—Ve a buscar tus maletas —susurró.—Te espero abajo en cinco minutos.
El corazón su Bill se agitó por la cercanía que duró apenas un par de segundos. Estaba seguro que si Tom lo hubiera sostenido por un poco más, lo hubiera besado, sin importar testigos. Estar cerca de Tom lo volvía estúpido y esa era una de las razones por la que sabía que estaba perdido, y que por más que hiciera estupideces para tratar de olvidarse de él, jamás lo lograría.
Mientras tomaba su bolso y las maletas, que sorprendentemente estaban listas, podía oír la discusión de su padre y Tom. Los gritos no eran exactamente algo que se pudiera amortiguar, al menos no en esta situación. La gran pregunta del millón era si verdaderamente podrían salir de la casa sin que su padre le diera una paliza a su hermano y luego a él.
Tomó solo una maleta y su bolso favorito. No podía con todo y…no sabía si saldría de todos modos, así que daba igual. Al salir de su pieza, Angelo venía entrando; tomó el resto de sus maletas, y sin decir nada lo acompañó. Al bajar, los gritos ya habían aminorado y Bill suspiró aliviado.
Su madre lo miró desde la puerta, donde aún permanecía su padre y hermano discutiendo.—Puedes irte, Bill —sentenció la mujer, acercándose para abrazar al pelinegro.—Te extrañaremos, pero…creo que estarás mucho más tranquilo con tu hermano —besó su frente.
Su padre cortó la discusión de repente, viendo a su mujer con escepticismo, pero no dijo nada y dejó salir a Bill, que no lo miró ninguna vez.
Por fin, después de mucho tiempo podía gritar libertad.
&
Era muy tarde y Bill quería saber dónde estaba Tom. Su hermano había dejado la casa hace varias hora y aún no volvía….o tal vez ya había vuelto, no lo sabía, porque se había quedado sobre su propia cama, luego de sentirse exhausto por todos los acontecimientos del día.
Se acomodó mejor entre las sábanas. Miró hacia el lado, el reloj de la mesa indicaba cerca de las ocho y media. Pestañeó varias veces, tratando de comprobar si era cierto y cuando comprobó que todo era real, se levantó de un salto. Tenía que hablar con Tom, tenía que agradecerle por sacarlo de ahí y luego confesarle que lo amaba como en las películas tontas y románticas.
Salió de la habitación, dirigiéndose a la habitación de su hermano. No había nadie y se entristeció. ¿Tom estaría molesto?. No tenía idea de por qué su hermano lo había dejado solo cuando necesitaba con locura decirle todo lo que tenía guardado. Al infierno las señales que le había dado, mejor era hablar claro y directo. Ya no podía esperar que hubieran más milagros como el que había pasado en la tarde. Dios había escuchado demasiado sus plegarias y no quería seguir abusando de su hospitalidad.
¿Había siquiera un Dios?, frunció el ceño Bill, no fijándose que ya había llegado al living, donde estaba Tom, mirándolo con una extraña sonrisa en sus labios.
—¿Nos quedamos sin luz? —preguntó Bill, viendo que el sitio estaba rodeado de candelabros.
—Aum… no —negó con la cabeza.—Esto es para… ti —bajó la vista, centrándolas en sus manos, como si fueran lo más interesante del mundo.
Bill se quería pegar en la cabeza por lo idiota de su pregunta. Obviamente no se quedaron sin luz si el sitio estaba rodeado de velas aromáticas y cojines blancos.
—Esto es…wow —se silenció. ¿Era correcto siquiera decir algo?. El ambiente lo decía todo; era magnífico. Tenía curiosidad en saber hace cuántas horas Tom había regresado y cuánto tiempo se había tardado en crear ese hermoso ambiente romántico.
—Puedes venir a sentarse —ofreció, con menos timidez.
Esto era todo lo que siempre quiso, pensó Bill, notando cada detalle de la decoración que Tom había puesto sólo para él. Sobre la mesa de centro descansaba una botella de champagne y dos copas, aunque también había de su bebida favorita. Las velas eran amarillas y blancas, con aroma a vainilla y los cojines estaban dispuestos de manera estratégica, tanto para sentarse, como para acostarse sobre ellos.
Decidió que no quería estar parado por siempre allí, así que se sentó.
—Tomi —no esperó más, inclinó su cuerpo y lo abrazó.—Gracias.
Tom recibió el abrazo con gusto, y acarició su espalda de arriba a abajo. Una de sus manos se enredó en su cabello oscuro, y de vez en cuando masajeaba su cuero cabelludo, logrando que Bill suspirara con satisfacción.
—No tienes que agradecerme. Lo siento, sé que debí arriesgarme antes y no lo hice. Debí haberte sacado de allí hace tiempo y haber dicho antes lo que sentía por ti.
—Te agradezco por todo —susurró a su oído.—Por enfrentarte a papá, por traerme contigo, por hacer esto, por amarme como soy —le dio varios besos cortos a lo largo de su cuello. Ese contacto no fue suficiente e inmediatamente encontró sus labios, besándolo dulcemente, como la última vez en la que se habían visto. El mayor no pudo evitar acercar más el cuerpo de Bill, hasta que no había más espacio entre ellos.
Una vez se separaron, se miraron con algo distinto a todos sus encuentros anteriores. Ambos estaban seguros de lo que querían y no tenían miedo de lo que los demás pudieran decir de lo que tenían. Aunque tampoco era como si lo fueran a gritar, pero si era el sentimiento de no temer a lo demás, sabiendo que se tenían mutuamente.
Sin dejar de besarlo, Bill metió sus manos bajo la polera del mayor, tocando suavemente su piel tibia. Lo acostó sobre la pila de almohadas y retiró sin apuro su polera, siendo ayudado por el mismo Tom. Volvió a besar sus labios hambrientamente, lamiendo su labio inferior, jugueteando un rato con su piercing, mientras con sus manos frotaba con insistencia su abdomen, pecho y hombros.
—Bill —gimió, cuando los labios de Bill rodearon su tetilla izquierda, succionando levemente. La mano de Bill trató de no descuidar su otra tetilla, pero la tarea era difícil por su entusiasmo, y lo bueno que se sentía esa tibia piel en su lengua.
—Te extrañé, Tomi —se alejó, viendo con deseo esa piel levemente tostada que tenía un tono anaranjado por las velas y la oscuridad. Se lamió los labios, percibiendo aún la piel salada del otro y sonrió, bajando nuevamente su rostro para envolver la otra tetilla.
Después de un minuto sus labios volvieron a unirse, junto con sus manos. Tom profundizó el beso, introduciendo su lengua y Bill se dejó hacer, porque extrañaba el control que Tom ejercía sobre él. Era genial estar en control, pero aún mejor cuando el mayor lo dominaba completamente, haciéndolo sentir débil, pequeño, indefenso.
Tom cambió posiciones, situándose sobre Bill, repitiendo el mismo proceder que Bill tuvo con él. Retiró sin ningún problema su polera, tirándola a un lado, sin cuidar donde caía y atacó su pecho, trazándolo con su lengua, marcando lo que era suyo y siempre sería. Bill dejó que las fuertes manos del otro tocaran todo lo que podían; arqueó su espalda al percibir que las manos de su hermano bajaban y bajaban, sin detenerse. Su respiración se agitó, cuando la mano de Tom comenzó a desabrochar su cinturón, tocando al mismo tiempo la evidente erección sobre la gruesa tela.
—Oh, Tomi —suspiró, ayudando a Tom a retirar sus pantalones, junto con su boxer.
Tom se detuvo para admirar con calma el cuerpo de su hermano. Siempre quiso tener este nivel de intimidad y tranquilidad antes, pero jamás pudo, porque nunca se trató más que de sexo rápido, en el que dejaba que Bill a veces lo tocara y luego Bill se dejaba penetrar rudamente. Era algo tan distinto, porque ahora podía tomarse su tiempo para mirar, sabiendo que el menor no lo cuestionaría, porque ambos, finalmente, estaban en la misma página.
El mayor rodeó curiosamente su mano en el miembro de Bill, recibiendo un gemido ahogado.
—Más —pidió el menor, tirando su cabeza ligeramente hacia atrás y su cuerpo involuntariamente se elevó para seguir la mano del otro. Su miembro estaba completamente erecto y la punta brillaba. Con su pulgar tiró la piel para atrás, y con el mismo hizo movimientos circulares alrededor de la cabeza, comenzando a mover su mano de arriba a abajo, masturbando a ritmo constante, buscando el modo correcto de hacerle sentir placer, viendo las hermosas expresiones de éxtasis en el rostro de Bill, que tenía la boca ligeramente abierta y trataba de buscar aire.—Oh mi Dios, Tomi —apretó sus ojos.
—Luces hermoso —sonrió Tom, no deteniéndose ni un segundo en su labor. Volvió a mirar la expresión de gozo de su hermano, y eso fue lo que le dio el valor para dar el siguiente paso.
—Oh, oh…Tomi… —abrió los ojos desmesuradamente ante la intrusión. Tom al parecer había llenado dos dedos de loción y ahora los tenía profundamente enterrados dentro de su cuerpo. Con su otra mano seguía estimulando su miembro y Bill se retorcía de placer, gimiendo de vez en cuando, gritando su nombre, estrujando los cojines con sus manos.
—Te amo —susurró a su oído y Bill no pudo evitar tomar su rostro con manos temblorosas y besarlo sonoramente.
—También te amo —dijo, moviendo apenas sus labios. Las manos de Tom trabajaban tan bien en su cuerpo, que no podía pensar claramente; lo único que quería era llegar a su orgasmo y darle placer al rubio, mostrarle que también podía ser tan bueno con las manos como él.—Mmmm… Si, si…oh.
Sus manos incrementaron su ritmo, a medida que los gritos de Bill aumentaban. Sacó sus dedos y volvió a llenarlos de loción, incorporando uno más. Volvió a introducirlos y eso fue lo que llevó finalmente al menor a su orgasmo, porque sus dedos golpearon una y otra vez su próstata, expertamente. Gimió una vez más el nombre del otro y derramó su semilla en su propio estómago y en la mano del de rastas.
—Mmmmm….—se intentó acomodar mejor. Rápidamente sus miradas se encontraron y Tom se acercó para abrazar su cuerpo; corrió alguno de sus pelos húmedos de la cara y besó su nariz, acomodándolo se modo que descansara su cabeza sobre su pecho.
—¿Estás bien? —preguntó Tom, al cabo de unos segundos.—¿Champagne?—ofreció, sonriendo como un verdadero tonto.
—No —negó con la cabeza.
—Ok —se silenció.
—Yo… tu… ahí —se detuvo. No tenía idea como decirle que quería tocarlo, porque bien sabía que bajo esos pantalones enormes había una erección.
—No tienes que hacer nada —rió, suponiendo a lo que se refería el otro.—Puedo soportarlo. Quería que esta fuera tu noche —besó su cabeza.
—No creo que deberías soportarlo si estoy aquí —lo acarició por sobre la tela, recibiendo un sonido ronco desde la garganta del mayor.—Puedo ayudar.
—Creo que puedes —asintió, levantándose y situándose sobre el pelinegro. Besó su frente y con movimientos rápidos y certeros se frotó sobre su cadera, mientras enterraba la cabeza en su cuello, susurrándole palabras dulces.
—Mmmm, Tomi —se aferró a su espalda, llevando una mano a su espalda baja, frotándola perezosamente.— Tu cuerpo se siente tan bien sobre el mío—suspiró.
—Te sientes bien también —se mordió el labio, tratando de amortiguar los sonidos.—Maldita sea, te amo —balbuceó incoherentemente, antes de llegar a su propio orgasmo.
Evitando caer sobre Bill, se dejó caer a un lado; Bill rápidamente albergó su rostro en su cuello, suspirando contento. La respiración de Tom era dificultosa y cerró los ojos para disfrutar de esa sensación que se albergaba en su estómago. Era estúpido describirlo, pero si, sentía un hormigueo; su corazón latía a mil por hora y latía sólo por una persona. Por fin, luego de mucho tiempo de incertidumbre, había algo totalmente concreto en su vida. Ya no importaba si no obtenía elogios por haberse quemado las pestañas con cien mil libros en la universidad, o si su padre no quería volver a hablarle en la vida; tenía todo lo que quería allí a su lado y tenía nombre: Bill Kaulitz, y era una locura, una hermosa locura.
F I N
Administración: Gracias a todos por sus lecturas, y un agradecimiento especial a quienes dejaron comentarios. Están invitados a leer más de nuestros fics «terminados».
Hasta ahorita terminé de leerla 🥹 gracias por tan hermosa historia, la amee y me hara falta los lunes 🥺💖
No te preocupes, ya tendremos algo nuevo que leer los lunes.
MUCHAS gracias 🙂 por leer y apoyar esta web MUAK