Crazy beautiful 2

Fic TWC de Setsuka

Capítulo 2: Experimento

—No entiendo—dijo Bill un poco confuso.

—¿Que no entiendes?— lo miró Andreas con los ojos como huevo frito.— Te masturbas, pero no sabes masturbar a otros. Genial, Bill, genial—movió los brazos dramáticamente.

—No es eso—dijo un tanto inseguro.

—¿No?

—No soy gay, Andreas.

—No es necesario que lo seas para que lo experimentes. Estoy seguro que te gustará y me rogarás.

—Ewwww, bastardo—le tiró la almohada en la cara.—Eso me haría extremadamente gay. Jamás le rogaría a un hombre para que me la tocara. ¡Dios!

—Te morderás la lengua en un futuro,amiguito.

—Si estás necesitado ve a buscarte a un putito, yo estoy disponible.

—No es eso—aseguró.— Esto es otro nivel dentro de la adolescencia. Créeme que todos los chicos pasan por esta etapa de descubrimiento del cuerpo de otro individuo—terminó, totalmente convencido.

—¿Estás seguro?—preguntó. No estaba para nada convencido de lo que le decía el blondo.Nunca en su vida escuchó algo sobre que los amigos debían masturbarse mutuamente. Además, jamás podría estar duro frente a su mejor amigo, ni tampoco podría permitir que la mano de Andreas estuviera sobre su intimidad.

Simplemente asqueroso.

—Lo estoy cien por ciento. Si quieres le preguntas a otros, pero… estarías desconfiando de tu mejor amigo—terminó, mostrándose dolido.

Bill no era tan tonto para creerle su cara de tristeza, así que se levantó de la cama, despidiéndose de su amigo con un gesto con la mano.

—¡Billl!— se escuchó gritar, cuando había cerrado la puerta principal de la casa de Andreas.

&

Bill ingresó a la habitación de su hermano mayor y se sentó a los pies de la cama. Tom no se había percatado de la intrusión, y escribía enérgicamente en un cuaderno.

Suspiró. Tom era alguien muy responsable y esforzado, todo lo que él no era. Seguramente por eso su padre poco lo tomaba en cuenta a la hora de tomar decisiones, porque era un fracasado que no podía rendir bien en la escuela.

Pero al menos tenía a Tom.

Bill decidió hablar con él otro día. Tom se veía completamente inmerso en lo que hacía y seguro iba a ser una gran distracción.

—¿Bill?—preguntó Tom, que finalmente se había percatado de la presencia del otro, solamente por el aroma que este desprendía. En un principio pensó que imaginó, pero al voltearse, ahí estaba el dueño de todas sus fantasías.

—Hey, Tomi— se sentó en la cama de este.—Te ves ocupado.

—Tengo tiempo para ti—aseguró.

Nunca le diría que no a su pequeño Bill. Jamás. No había cosa más placentera que escuchar su melódica voz y ver como esos labios se movían sensualmente. 

Bill era ese tipo de personas que no se esfuerzan para parecer hot, lo son. Es uno de los dones que poseen ciertas personas. Otras son tiernas, bonitas, habladoras, otras no tan lindas, pero con un corazón de oro. Y ahí estaba Bill, tan hot y tierno a la vez, una categoría que salía de regla o que no era muy común. 

Se preguntaba como Bill podía lograr ese balance perfecto. No es nada fácil balancear lo hot y que al mismo tiempo parezca tierno.

—Yo…—se sonrojó—. Tenía una pregunta boba.

Bill se veía visiblemente nervioso, pero Tom era la única persona en la que confiaba cien por ciento, y era el único que podía responderle esa pregunta sin mirarlo como si fuera un alien o sin alejarse de él permanentemente.

Angelo era un buen chico…creía, pero jamás sintió esa conexión especial, conexión que si sintió el día que Tom le sonrió por primera vez, cuando tenía cuatro años. 

Tom se levantó de su escritorio, caminando hacia Bill, sentándose a su lado.— ¿Y bien?—preguntó.

—Tu…tus amigos…en la juventud aumm…¿Qué tipo de cosas hacías con tus amigos cuándo tenías mi edad?

—Salíamos de fiesta, conocíamos chicas, nos emborrachábamos, nos juntábamos para hablar de nada…

—No,Tomi…hablaba sexualmente.

Tom pestañeó reiteradas veces. 

—¿Qué te hace pensar que tuve algo sexual con mis amigos?

Sus palmas comenzaron a sudar ¿Bill se había dado cuenta como lo miraba? ¿Pensaba que era gay? No, no podía ser, no podía…¡No era gay! Jamás lo iba a ser. Bill era una cosa distinta, no miraría a otro hombre que no fuera su propio hermano.

—No lo sé—guardó silencio un segundo.—Pensé que los amigos se masturbaban unos a otros.

Tom no entendía cómo habían llegado a eso, pero decidió tenía que borrarle de la mente ese tipo de cosas que no tenían ningún sentido.

—No, Bill, los amigos no hacen eso ¿Quién te dijo semejante estupidez?

—Nadie; siempre me lo pregunté—mintió.

No podía creer que aún así estaba defendiendo al idiota de Andreas que le había armado un cuento falso. 

Lo que más le dolía era estar mintiéndole a Tom, pero sabía perfectamente que si se enteraba que su amigo le había dicho eso, iba a encargarse que nunca más viera la blondo. Y a pesar que a veces Andreas era un estúpido, aún así no podía tirar por la borda una amistad de siete años por algo tan nimio como eso.

—Es una pregunta algo extraña—dijo el mayor, tocándose la barbilla.—Muy extraña. Jamás me pregunté algo así en mi vida.

Bill se sentía totalmente avergonzado de haber tenido que recurrir a su hermano mayor para algo que al final era una maldita mentira. Ahora Tom iba a pensarlo gay.

—No es lo que imaginas. No soy gay— se cruzó de brazos.—A veces tengo ideas imbéciles como esas.

—No estoy cuestionando tu sexualidad,Bill— negó con la cabeza.

En ocasiones Bill se tomaba las cosas demasiado enserio. Eso comprobaba que era aún un niño.

Cuando Bill abandonó la habitación, Tom no pudo evitar cuestionarse sobre esa pregunta. Bill no podía pensar cosas así por si solo, alguien tenía que estar sembrando tonteras sin sentido alguno en su cabecita confundida.

&

Camino a su casa, Bill pensaba en sus deberes. Mil pruebas se acercaban y lo único que podía hacer era resignarse a ser el peor del curso como cada año. Habría preferido tener buenas notas antes que tener esa personalidad que agradaba a todos.

Andreas iba a su lado, molestándolo desde que habían dejado la escuela. Pero iba a ignorarlo hasta que el blondo tuviera su castigo bien dado. 

Nada mejor que el látigo de la indiferencia, pensó.

—Bill ¡oh vamos, Bill! No puedes enojarte por eso. No tiene nada malo experimentar.

Bill continuó su trayecto poniendo atención en su propios pensamientos, y de vez en cuando escuchando las excusas tontas de su amigo que sinceramente eran patéticas.

Cuando llegó a su casa, abrió, pero no cerró. Dejó a Andreas ingresar con él. Al fin y al cabo no quería perder a un amigo, sino darle un lindo escarmiento para que entendiera que no se juega con Bill Kaulitz.

—Bill—lloriqueó dramáticamente.— Lo siento, lo siento, lo siento.

El pelinegro se detuvo afuera de su habitación y rodó los ojos. Andreas estaba de rodillas como si le fuera a pedir matrimonio.

—Lo siento, Bill— se levantó.—Y soy honesto.

Tom que casualmente iba subiendo la escalera, vio la ridícula escena y negó con la cabeza. Todos en la casa conocían lo llorón y actor que era el mejor amigo del menor.

—Me pregunto si algún día obtendrá el papel de actor en Hollywood— se preguntó Tom antes de volver a encaminarse a su habitación.

&

—Bill, por favor. Por algo no me cerraste la puerta de abajo, porque estás pensando seriamente en darme una nueva oportunidad.

Andreas lo conocía. O quizá era muy obvio.

—Ok, Andreas, estás perdonado. Pero no por eso pienses que no estoy sentido contigo—se cruzó de brazos.— ¿Que demonios planeabas con mentirme?

—Aún sigo pensando que la experimentación entre amigos es sana.

—Tienes muchos amigos.

—Pero tu eres el mejor de ellos— se sentó en la cama.

—Como sea. Aún pienso que lo que estás hablando es una imbecilidad del porte de un buque. Voy a darme un baño—avisó.

&

—¿Qué haces?—preguntó Bill al ingresar a la habitación.

—Estoy jugando en facebook.

—Aburrido.

—Sé de algo que puede ser muy entretenido—puso su cara malvada.

—Estás enfermo. No voy a dejar que me toques.

—Entonces tócame—sugirió.

Bill dudó un segundo ¡Lo dudó! No, no iba a hacerlo ni que le pusieran una pistola en la cabeza. Eran amigos, Andreas no le producía nada. Los hombres no le producían ningún sentimiento más que amistad. Tendría que haber alguien un hombre que fuera extremadamente despampanante para que Bill se rindiera a sus pies.

Pero no iba a pasar. Y eso no iba a cambiar porque a Andreas se le había ocurrido una descabellada idea en su mente.

Sin previo aviso Andreas comenzó a sacarse la ropa frente a un estupefacto Bill.

—No…

Antes que terminara la frase su amigo procedió a retirar la última prenda. Bill inmediatamente cubrió sus ojos.

Nada iba a pasar.

—Estás dudando, es obvio que quieres tocarlo— dijo como si fuera lo más normal del mundo.

—Estás completamente loco— se sacó la mano de los ojos y miró detenidamente el miembro de su amigo. Era pequeño…no, no, de hecho era la cosa más minúscula que había visto en su vida. 

De pronto empezó a reírse sin control, rodando por la cama riéndose sin parar.

Andreas tenía el pene del porte de un maní. Ni erecto era decente. Era la cosa más decadente que había visto en la corta historia de su vida. Estaba seguro que ni los chicos con los que se bañaba en la hora de gimnasia lo tenían tan pequeño como su amigo. Gracias a Dios no compartía la clase de gimnasia con el blondo, sino lo habría molestado cada vez que se desvistieran.

Iba a morir de la risa.

—¿Qué es tan divertido?—alzó una ceja.

¿Andreas estaba bromeando?, pensó Bill.

El pelinegro no podía ni pronunciar palabra de la risa que sentía. Cuando finalmente logró calmarse dijo— Es algo pequeño— y volvió a carcajearse.

Ya todo se volvió serio cuando ambos chicos sintieron la puerta abrirse y vieron a Tom asomarse con cara horrorizada.

Bill pensó que se generaría la tercera guerra mundial el día que se enterara que Andreas le había estado metiendo cosas en la cabeza. Y ahora con esto, definitivamente sabía que vendría algo igual o peor.

Tom jamás iba permitir que un intruso entrara en su territorio. Lo había clamado hace mucho tiempo, silenciosamente. No era que no permitiera que estuviera con chicas, porque eso lo había asumido desde que Bill había traído a su primera novia a la edad de quince. Pero los chicos era algo muy distinto que jamás le había conocido a Bill y que no dejaría por nada en el mundo que sucediera.

Bill Kaulitz no iba a estar con ningún hombre que no fuera él. Y si nunca sucedía nada entre ambos ya no importaba, porque el resto de su vida se la pasaría alejando los buitres que se acercaran tanto con buenas como con malas intenciones.

—Toma tus cosas y sal de la habitación— ordenó.—No me importa si sales desnudo de la casa, sólo vete—dijo fríamente y a Andreas no le quedó más que utilizar la ropa desperdigada en el piso para tapar su entrepierna y salir.

Cuando finalmente se quedaron solos, Bill se mordió el labio inferior, tratando de esquivar la mirada penetrante de su hermano.

—No puedo creer que le hayas confiado tu cuerpo a ese extraño.

—Tom, yo…no es lo que piensas…

Tom alzó la ceja con incredulidad. Ahora no estaba seguro de nada, no después de saber que Bill no había confiado en su palabra y si en la de su amigo que ni siquiera tenía un lazo sanguíneo con él.

—Es cier…cierto—tartamudeó.—Acabo de bañarme. Jamás me habría desnudado para mostrarle algo a un chico.

—Pero fácilmente dejaste que Andreas se desnudara frente tuyo. 

Tom actuaba celosamente mas que como un hermano preocupado. Sabía que debía cambiar el tono y sonar como un hermano mayor que protegía a su hermanito, pero no podía evitar mostrar su sentimiento de posesión.

—Tomi, el no esperó a nada y lo hizo. Lo juro. Me conoces—pronunció algo dolido.

—Lo que más odio de todo esto es que no confiaste en mí totalmente ¿ Jamás ibas a decirme que era él quien te estaba metiendo cosas en la cabeza?

—Como sab…

—No soy tan estúpido como parezco—dijo subiendo el tono de voz, cosa que jamás hacía con el pelinegro.

Bill abrió de par en par los ojos, viendo con sorpresa al de rastas. Estaba inmensamente triste. Era la primera vez que Tom le gritaba y lo miraba con esa cara acusadora.

Iba a morir de tristeza si Tom no lo perdonaba. El rubio era lo único verdadero que existía dentro de su vida, lo más importante, lo más cercano al cariño y amor. No esa clase de amor de pareja, pero era un amor especial y diferente. 

Estaba seguro que lo que tenía con Tom salía de lo normal. Pero se sentía excelente.

—Lo siento, lo siento—dijo primero alto y luego fue bajando el volumen.— Lo siento, Tomi—se cubrió la cara con las manos, avergonzado haberle mentido.—Soy un idiota, lo soy. No me odies…

Tom, que no podía estar enojado con Bill más de cinco segundos, se acercó, sentándose en el suelo a un lado de su hermano, que estaba aún sentado en la cama

—No te odio—quitó las manos de la cara de Bill.—Mírame—ordenó.

Bill parpadeó, sus ojos acuosos, apunto de llorar. Tom se sintió el peor hermano del planeta por poner así a su hermano.

Largos segundos pasaron y Bill empezó a tiritar. Tom no quería abrazar a Bill, menos después de lo sucedido, y más, viendo que su hermano aún estaba semidesnudo con una pequeña toalla anudada a su cintura.

—Ve a abrigarte—dijo suavemente.

—No— dijo con una voz algo insegura.—No hasta que me perdones.

—No tengo nada que perdonarte. No estoy molesto si es lo que te preocupa, solo… decepcionado.

—No lo estés—subió su tono de voz.— No volveré a hacerlo. Jamás.

Tom suspiró y asintió.— Ok, sólo ve a vestirte.

El pelinegro se levantó un poco inseguro, pero finalmente fue al armario a sacar una polera, boxers y unos pantalones sueltos. 

Estaba congelándose.

El mayor lo siguió con la mirada. Su corazón se detuvo cuando Bill soltó su toalla desvergonzadamente exponiendo su bien formado trasero…un trasero de un Dios. No podía explicar cuán rápido su miembro se levantó, sintiéndose increíblemente duro bajo sus pantalones, mucho más que cuando tenía sexo con Adelin… no, eso era poco…definitivamente mucho más duro que cuando se imaginaba penetrando incesablemente a su hermano en sus más locas fantasías.

—Tomi…aumm ¿Tomi?

Tom saltó del suelo tapándote inmediatamente su regazo, acusándose solo, porque bajo sus enormes pantalones no se veía nada.

Bill ya estaba vestido, y se acercó lentamente a su hermano arrodillándose a su lado.

—Tomi yo— puso su voz melosa, la que siempre usaba cuando quería se abrazado y cuidado.—No quiero que estemos mal— se acomodó en el regazo del otro, y Tom volvió a saltar, pero aún así lo abrazó.

Tom sudaba cada momento que Bill se acercaba más a su miembro.—Oh,Dios—abrió desmesuradamente los ojos cuando lo sintió. Bill estaba precisamente allí, acomodándose.

—¿Tomi?— preguntó, ignorante del bulto y la batalla mental que tenía el otro.

—No estamos mal, no estamos mal, no estamos mal— empezó a repetir varias veces, como si fuera un rezo.

—Pero…— se abrazó a su cuello, sonriendo.—Repararé mi error.

—No es necesario—aseguró, sudando cada vez más.

—Pero quiero hacerlo—sonrió dulcemente.

—Bill, no…

—¿Recuerdas que la última vez iba a hacer algo muy bueno?

—Mm… ehhh….—su miembro saltó dentro de su pantalón, atrapado y desesperado. Quería saber que tenía para él, pero el destino no quería que pasara.

—Eso voy a regalarte—dijo con su voz cantarina.
—No.

—¿No?— alzó la ceja.

—No— sonaba visiblemente nervioso. No quería por nada del mundo que su hermano lo descubriera. 

—Ni siquiera sabes que es— frunció sus labios.

—Tengo que hacer cosas para la universidad.

—Ughhh— se levantó el menor.— Siempre la universidad—rodó los ojos.— Como sea.

—Bill— pidió. Conocía perfectamente cuando Bill se ponía en ese estado amurrado y sentido.

—Ok, ve, ve, no vaya a ser que papá se vaya a molestar porque no haces tus deberes.

—Bill— repitió. Pero inmediatamente recordó que cuando Bill se ponía así, más se calentaba.—Ok…aumm…yo….me …voy— salió corriendo.

En la primera puerta que encontró se encerró. Cuando comprobó que era la de Angelo, se congeló. No pensaba masturbarse allí, de ningún modo, pero estaba tan desesperado por masturbarse que ya no importaba si su otro hermano entraba y lo descubría haciéndolo.

—Lo que sea— se dijo mentalmente.— Lo haré, al demonio todo.

Rápidamente lo sacó y comenzó a darse placer, primero lentamente, luego desesperadamente, rogando que acabara. En otra circunstancias lo hubiera disfrutado, pero en ese momento no era correcto tomarse su tiempo, jugar con sus testículos, como le gustaba hacerlo. Ahora tenía que ser rápido y preciso.

—Oh, Dios, Oh Dios…Bill, Bill, Bill. Oh, demonios. Si, si…—cerró los ojos, concentrándose en las sensaciones.

Estaba cerca, tan cerca que quería gritar. Pero tenía que guardar silencio.

—Ummmmm…Bill— apretó la base ligeramente, incrementando a fuerza a medida que llegaba a la punta.—Bill— dijo nuevamente.

Cuando pensaba en Bill todo se hacía más placentero, más delicioso, y desesperante.

—Oh, Oh…¡Bill!—dijo fuerte, pero no lo suficiente para que todos en su casa oyeran.

Se deslizó por la pared, y cerró sus ojos.

—Eso fue bueno— suspiró.—Pero mucho mejor sería si estuviera Bill presente— pensó amargamente.

De pronto oyó la puerta de entrada. Si era Angelo y le preguntaba que hacía allí, no iba a tener ninguna respuesta. Lo más curioso de toda la situación era que no le preocupaba en lo más mínimo en ese preciso instante. Su mente aún estaba pensando en lo que Bill quería darle, que según él era muy, muy bueno.

Escuchó pasos en el pasillo. Se subió sus pantalones, el cierre, y esperó, aún en un estado de éxtasis por su reciente liberación.

Nada importaba demasiado, sólo pensar en Bill.

Continúa…

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3 comentario en “Crazy beautiful 2”

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