
Fic TWC de Setsuka
Capítulo 3: Porno
Andreas se había disculpado, como mil veces anteriormente, y Bill, como siempre, lo perdonó.
Sabía que en ocasiones no importaban los años de amistad, porque a veces los amigos podían ser muy malditos y haber sido «amigos» de toda la vida. Pero Bill no podía evitar sopesar algo que sabía que era estúpido, más la personalidad de Andreas, que desde que lo había conocido había sido maquiavélica y retorcida, nada que le viniera recién a sorprender.
Quizá había razones para justificar sus actos fuera de lugar.
—Sólo tendrás que mantenerte a más de mil metros de mi hermano. No quiere verte en la casa o va a matarte.
Andreas suspiró derrotado.—Ok, sólo porque sé cuán importante es ese…—miró a Bill y este tenía alzada una ceja.—…tu hermano—escogió decir.
—Ok…Y lo más importante de todo—su cruzó de brazos.— No volver a intentar desnudarte enfrente mío. Seriamente, no quiero verte así o yo mismo me encargaré de llamar a Tom para que te dé una paliza.
—Tom,Tom,Tom…como sea. No intentaré nada ¿Feliz?—rodó los ojos.—Sería magnífico si cambiáramos de tema.
—Eres un grandísimo idiota, Andreas— lo empujó levemente.—Un grandísimo idiota con pene pequeño—rió y corrió.
—No lo tengo pequeño—lloriqueó y corrió tras Bill.
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—Ok¿ Y qué veremos?—preguntó la chica que no se había despegado de Bill durante toda la tarde.
—No creo que deba importar mucho—susurró el pelinegro sensualmente a su oído y la chica río.
Claramente no iban a ver nada de la película y Bill se dedicaría a juguetear un poco. Estaba tan necesitado de un beso. Recordaba haber dado su último hace meses, y estaba seguro que esa noche obtendría mucho más que un beso. Tal vez hasta esta chica se dejara manosear, ya que lucía dispuesta a todo.
Pasó media hora. Bill estaba absolutamente aburrido; la chica no hacía más que cacarear y él no quería escuchar nada, porque parecía que le estuviera contando cosas como él fuera su mejor amiga, cosa que no era, por su sexo, y porque recién se estaban conociendo.
—¿Dónde estará Andreas?—se preguntó. Estaban en la casa del blondo, y este no se había aparecido toda la tarde luego de subir al segundo piso con algunos de sus amigos y amigas.
Bill decidió dejar que la chica viera la película, y subió.
El pasillo estaba oscuro, pero aún se podía ver levemente por la luz tenue que salía de la última habitación del corredor. Caminó sigilosamente, como si sus pasos fueran a crear disturbios en la casa. Al llegar a la habitación abrió la puerta un poco, y allí divisó a su amigo, rodeado de dos chicos y tres chicas.
Cuando su mente pudo procesar lo que estaban viendo, saltó en su lugar. Andreas estaba viendo una porno gay con sus amigos y amigas descaradamente en la pieza de sus propios padres.
Lo peor de todo es que entró silenciosamente, y se sentó atrás, viendo con asombro como dos hombres tenían sexo en el sofá de una casa. Pensó que era repugnante en un segundo, pero al seguir viendo un poco más de la película cambió de opinión. Los personajes eran lindos, y no tenían el típico tono o movimiento afeminado que siempre pensó que los gays tenían. Incluso se veían bastante más machos que muchos de los chicos que conoció en su vida.
—Nada mal—pensó.
Algo en su estómago empezó a arder cuando una escena cambió, mostrando a los dos mismos chicos, esta vez en un sillón, un rubio sobre el regazo de un moreno, y el que estaba arriba provocaba al otro para que se pusiera duro. El moreno tomó las caderas del rubio, comenzando a mecerlo sobre si mismo. Gemidos se escuchaban, suspiros y palabras propias de dos adolescentes evidentemente en estado de calentura máxima.
No podía creer que estuviera reaccionando frente a una película de esas características. Era más de lo que podía soportar su mente de dieciséis años. El no era gay. No era, ni lo sería.
Salió de la habitación, tan sigiloso como entró, y corrió de la casa del blondo sin darle explicaciones a nadie.
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Pasaron algunos días y Bill fue olvidándose del episodio en la casa de Andreas. No había punto en estar pensando sobre algo que había sido un incidente. Era un hecho aislado en su vida, que de seguro no volvería a repetirse bajo ninguna circunstancia.
No permitiría que un par de gays besuqueándose en una pantalla lo trastornara. De hecho ya no lo hacía, porque no había sido tan shockeante como esperó.
—¡Diez minutos para servir!— se escuchó decir a su madre.
Bajó sin muchas ganas, y divisó a Tom sobre el sofá, cambiando canales. Sonrió y se fue a sentar sobre su regazo como siempre lo hacía.
—Halooo,Tomi—saludó.
Tom, que ya estaba acostumbrado a esas muestras de cariño de parte de Bill, sonrió.—Hey,Bill.
—¿Qué ves?— preguntó.
—No lo sé. Nada, creo. Este tv cable cada vez más aburrido e inservible.
—¿Aburrido? Yo sé de unos buenos canales porno para jóvenes como tú—dijo en voz baja.
—Serán para ti, si es que tanto sabes de ellos— rodó los ojos.—Bill, eso no es para nada divertido.
Entendía que Bill estuviera medio emocionado sobre el sexo a su edad, pero él a sus veintidós ya había pasado la etapa de la extrema calentura y ahora estaba enfocado en otras cosas. Aunque no podía negar que el sexo era algo bueno, porque sí lo era, pero si se hacía con la persona correcta, no con cualquier individuo.
Podía decir que en sus veintidós años de vida nunca había tenido sexo emocionante, donde hubiera un juego previo, o la chica estuviera dispuesta a intentar nuevas posiciones o lugares distintos. Era todo tan básico, tan rutinario, que verdaderamente le había perdido el gusto con los años.
Claro que de vez en cuando tenía sexo con su novia, pero no tan frecuentemente como cuando tenía quince y había experimentado por primera vez, volviéndose un poco adicto.
—O tú no eres muy divertido—sonrió el menor.
—¿No? ¿ Y quién es el que te hace reír, entonces?—enterró un dedo juguetón en su costilla.
—No sé.
Esta vez Tom empezó a hacerle cosquillas en su cuello y estómago— ¿Quién te hace reír?—repitió.
—¡Tomi!—saltó y se removió en su regazo. De pronto sus orejas se pusieron coloradas, y sus mejillas adquirieron un leve tono carmín. A su mente recurrió la escena en la que ambos chicos se mecían en el sillón, tratando de despertar sus erecciones para hacer cosas que no alcanzó a ver, pero que de seguro eran para mayores de dieciocho.
—¿Soy tan aburrido?—continuó haciéndole cosquillas.
—No, Tomi— se abrazó a su cuello para esconder su sonrojo y siguió saltando sobre él, de vez en cuando, cuando las cosquillas se volvían demasiado para soportar.
Tom tampoco estaba demasiado cómodo sabiendo que Bill estaba prácticamente montándose sobre su miembro, sin embargo, trató de pensar en que todo eso era un juego inocente, simples cosquillas, y continuó molestándolo.
Además, esa sensación era lo más cercano al cielo, así que por nada del mundo pensaba alejar al menor.
—¡Bill, siéntate como corresponde!—regañó su padre. Estaba ya ubicado en la mesa y lo miraba con desaprobación.
Bill se quedó allí, aún demasiado avergonzado para mostrar su rostro.
—Ya no eres un niño—prosiguió.—Dios, alguien deberías enseñarle el significado de asiento propio.
—No lo sabe, se la pasa todo el día sobre su asiento portátil—rió Mandy.
Angelo se limitó a comentar. Todo tema referente a Bill le incomodaba.
—No es un maldito bebé—dijo su padre.
Al escuchar eso, la cara de Bill se encendió más, pero estaba vez de ira, olvidando toda timidez.
Su padre era el único que podía sacarlo de las casillas con facilidad.
—Jorg, no seas así. Bill no está causando ningún daño.
—Papá, está bien— habló Tom.—Mamá tiene razón—trató de encontrarle por el buen lado.Su padre solía ser muy temperamental y no quería alterarlo, no quería que siguiera regañando a Bill.
—No entiendo como lo soportas,hijo—murmuró Jorg, poniendo atención en el plato recién servido.
—La comida está lista—avisó su madre, viendo que los chicos ni siquiera tenían dirigida la atención donde ellos, sino que estaban mirándose mutuamente.
—Gracias Tomi— besó su cuello suavemente y se levantó.
&
Lo de la porno gay quedó en su cabeza por el resto de la semana. No podía evitar pensar en que tal vez no era tan descabellado como su padre se lo había hecho ver desde su niñez, diciéndole que los homosexuales eran tan sólo afeminados que no podían asumir su real género.
Sabía que su padre era un idiota, pero nunca pensó que también un mentiroso.
Nunca en su vida trató de averiguar si lo que su padre le decía era cierto o no, sólo quedó en su memoria como tantas de las cosas que siempre le hizo, incluyendo el maltrato psicológico y la indiferencia con la que siempre lo trató.
Se sentó en la cama, mirando a la pared de enfrente. Eran las tres de la mañana y todos dormían. Era su oportunidad para ver la película porno que había comprado dos días atrás en una tienda gay. El chico que vendía en la tienda lo había mirado extrañamente cuando entró, pero no dijo nada, sólo comenzó a flirtear con él, cosa para la que no estaba preparado.
Negó con la cabeza. No le gustaban los malditos hombres, sólo iba a ver de que trataba todo eso, netamente por curiosidad.
Se aseguró que nadie estuviera despierto, y bajó sigilosamente. Una vez allí, entró al living, donde estaba el televisor más grande de la casa.
No entendía qué lo había impulsado a hacer algo tan arriesgado como salir en medio de la noche para ver una porno gay. Su padre si lo pillara, seguro lo hubiera matado.
Metió la película, asegurándose antes de haber bajado el volumen lo suficiente para que sólo el fuera testigo de lo que sea de que se tratara la cinta. Se acomodó lo más cerca de la tele posible para no perder ningún detalle, y porque también se sentía más seguro estando allí. Apretó play, e inmediatamente aparecieron dos chicos en una cama.
Ok, pensó, al fin y al cabo era una porno, el argumento estaba demás. Conor y Ryan estaban teniendo sexo en la cama. Los chicos eran guapos, nada inocentes, pero si calientes y bien masculinos.
A Bill le llamó enormemente la atención uno de ellos, que se parecía a Tom. Se sintió avergonzado de estar mirando aquella película teniendo en mente que uno le recordaba a su adorado hermano. Era una barbaridad sin precedentes. Pero se quedó allí, viendo como ambos chicos tenían sexo salvaje, y sí se encendió. Llevó su mano a su miembro y le dio un leve golpecito, gimiendo por el leve contacto.
Tenía que hacer algo.
—¿Bill?— se oyó desde la mitad de la escalera, y Bill saltó de su lugar, apagando inmediatamente la televisión.—¿Bill?—volvió a decir.
—Si— trató de sonar compuesto, no moviéndose de su lugar.
Tom bajó y vio a su inocente hermano sentado prácticamente sobre el televisor, y alzó la ceja.—¿Bill?
—Ughhh…. si, si, soy yo— respondió un poco molesto. Le frustraba enormemente que Tom estuviera allí y le hubiera cortado la diversión o que hubiese interrumpido un momento tan íntimo como el que estaba experimentando, viendo en la pantalla a un chico realmente parecido a él, con el cual iba a empezar a masturbarse.
—¿Estás bien?—preguntó al rato de un largo silencio.
—Uju— se limitó a responder. Trató de calmar su enojo, puesto que jamás peleaba con el mayor.
—¿Qué haces de pie a esta hora?
—Umm… nada.
—Mentiroso—rió.—Estas en la escena del crimen—se acercó.
—¿Y por qué se supone que esta sería la escena del crimen?—trató de sonreír. A su mente vino ese chico parecido a Tom y sus estómago experimentó un hormigueo.
—Porque es el lugar donde ibas a concretar tu maldad.
—¿Mal..dad?—dijo medio nervioso.
—Si. Seguro que ibas a ver algo inapropiado y vine a perturbar tu paz.
Tom lo conocía demasiado bien para que fuera a negarlo. No sabía exactamente que era, pero percibía que no era algo muy casto.
—Te mato si le dices a alguien.
Y ambos rieron.
&
La mañana siguiente Bill se levantó feliz. Ya no sentía vergüenza por haberse masturbado con una porno gay, porque si, finalmente lo había hecho, después que Tom había regresado a su habitación. Era una de esas cosas traviesas que los jóvenes hacían, nada de que preocuparse. Andreas no era gay y había estado viendo una.
Bajó y encontró a Tom, Mandy y Angelo ya sentados en la mesa. Cuando se acercó, Angelo que hablaba con Tom, guardó silencio.
—Buenos días—trató de ignorar la mirada extremadamente seria que le daba el segundo de los hermanos.
—Aguuu a Bill…— saludó Mandy, imitando el lenguaje bebé.
—Hey, Billy—rió Tom.
—¿Y papá?—preguntó.
—Salió con mamá al supermercado—contestó el de rastas, mirándolo atentamente. Amaba ver a Bill cada mañana, con su pelo desordenado, sin maquillaje, con una expresión aún soñolienta.
Bill respiró aliviado. Aborrecía tener que lidiar con su padre que siempre estaba quejándose por algo cuando estaban en la mesa, ya fuera desayunando, almorzando o cenando.
Aprovechó la oportunidad para sentarse en el regazo del mayor a regalonear un rato. Extrañaba sentirlo así de cerca, y era la oportunidad perfecta para hacerlo debido a la ausencia de su padre.
—Y ahí va de nuevo el bebito—se burló su hermana.
—¡Cállate!—la miró y le sacó la lengua.— Sólo busco un poco de amor, no seas celosa—rió, abrazándose al cuello de Tom.
—Mira como muero por sentarme sobre esa bestia—rodó los ojos.
—Te dijo bestia, Tomi—puso su mejor voz de bebé y miró a los ojos al otro para ver alguna reacción.
—No creo que se haya mirado al espejo cuando despertó— fue su respuesta, mientras tomaba una tostada y se la llevaba a su boca con dificultad, puesto que Bill aún estaba agarrado de él.
Angelo rodó los ojos, odiaba como siempre el mayor consentía a Bill como si se tratara de un niño. Y detestaba con su corazón lo posesivo que era su hermano menor, tratando a todo como si le perteneciera.
—¿Aún tienes sueño?—preguntó Tom, viendo que Bill tenía los ojos cerrados. Acarició su pelo una y otra vez, como sabía que a Bill le gustaba.
—Uju—suspiró. Se removió contento, acercándose lo más que pudo al mayor, por primera vez dándose cuenta sobre qué descansaba. Por primera vez desde que era pequeño, lo sintió, como un enorme cojín blandito. Sus orejas y mejillas se encendieron como nunca, la película de la noche anterior volvió a su mente, su masturbación viendo fijamente al chico que se asemejaba a su propio hermano, todo volvió claro y nítido.
Se levantó de repente, con sus ojos abiertos a más no poder.—Oh,Dios.
En ese preciso instante se dio cuenta que esa maldita porno jamás iba a volver a abandonar sus pensamientos.
¿Se estaba corrompiendo más rápido de lo que debía? Ya estaba todo hecho, no podía volver el tiempo atrás.
Y todo esto por una maldita porno gay.
Continúa…
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