
Fic TWC de Setsuka
Capítulo 5: Problemas
—Me agrada el estilo.
El departamento había sido amoblado por el gusto de su padre, pero a Tom no le molestaba demasiado. Al fin y al cabo esa intrusión no era nada comparado con todas las cosas en las que su padre se había metido referente a su vida.
—Está bien.
Tom pensó que la primera persona en ver su departamento sería Bill; sin embargo, las últimas dos veces que fue a la casa, Bill había salido con sus amigos.
Ahora estaba en su departamento con su novia, mostrándole cada habitación.
—Te extrañé—besó sus labios.
Tom había estado tan concentrado en sus propios problemas que no tuvo tiempo de extrañarla, así que asintió en medio del beso, dejándose seducir por ella. Si, seducir, porque ya había olvidado todo significado de amor de pareja. Verdaderamente necesitaba que Adelin le recordara la razón por la que estaban juntos.
—¿Estamos bien, verdad?— preguntó la chica al cabo de un largo silencio.
—Lo estamos—asintió.
—Pareces distraído—acarició su rostro.
Antes le habría contado sus problemas, pero ahora estaba un poco cansado de ser mostrar su verdadero yo. Tenía que demostrarse fuerte frente a todas las personas, no importando si fuera su novia, su madre o su pequeño hermano. Incluso por esa última razón tenía que mantenerse imperturbable, no volver a mostrar debilidad como lo había hecho hace algunos días con el menor.
—Todo bien—le regaló su mejor sonrisa.
Adelin sonrió coqueta, lo condujo al sillón. Lo besó profunda y necesitadamente.
De pronto ambos escucharon el celular de Tom sobre la mesa. Este se paró inmediatamente para contestarlo, suspirando al ver en la pantalla de quien se trataba.
—¿Si?
—Lamento llamarte, hijo. Sé que tienes ocupaciones, pero necesito que vayas a presentarte a la escuela de Bill.
—¿Le pasó algo?—preguntó con preocupación.
—Bill sólo puede traer problemas—dijo con esa voz hastiada, típica que usaba cuando se refería a Bill.—Quiero que vayas a interceder por mí.
—Pero papá—dijo con sorpresa.
No podía entender que no fuera él. Sabía que su padre no era muy agradable con Bill, pero eso no significaba que pensara que su padre no podía darse un poco de tiempo para representar a su propio hijo.
—No tengo tiempo. Hijo, confío en ti, por eso te lo pido. Quiero que lo lleves inmediatamente a la casa ¿entendido?
—Ok—asintió, pese a saber que su padre no lo vería.
Era mejor así, seguro que su padre lo iba a insultar en frente de todos si se trataba de problemas.
Tomó las llaves del apartamento, antes de salir le avisó a Adelin que la iría a dejar a su casa por razones de fuerza mayor.
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—Adelante, señor—dijo la secretaria.
Tom aborrecía que le llamaran señor, porque ciertamente lo lo era, sin embargo, prefirió ignorarla e ingresó.
—Oh, que sorpresa verte aquí, Tom. Ha sido un largo tiempo.
—Umm… Si.
Tom no se sentía para nada cómodo estando allí con ese señor que nunca le agradó. Estar en la escuela no le gustaba, porque fue el lugar donde siempre tuvo que ser perfecto para que su padre no lo castigara o hostigara.
—Un alumno destacado, el mejor. ¡Qué placer!
No podía entender por qué el hombre se esforzaba por decirle cumplidos que no quería oír. Ya era pasado, no se suponía que debían estar hablando de él, sino de su hermano.
—Hola, Tomi— sonrió genuinamente el pelinegro.
—Hola, Billy—sonrió. Sólo la mirada de Bill podía entregarle paz.
—Me alegra que tú vinieras—acercó su asiento al de su hermano, tomando la mano del otro que descansaba sobre su muslo.
—Me alegra ver…
—Y bueno—el hombre tosió.—Espero que les trasmitas mis palabras a tu padre para que tome cartas en el asunto.
—¿Cartas en el asunto?—alzó una ceja.
—Si, verás…Bill no es el alumno que tú solías ser, mi querido Tom.—miró de reojo a Bill.—al contrario, es uno de los peores alumnos que tenemos en la escuela.
Tom no quería que se fuera en rodeos, o insultara a Bill para llegar al punto, sino que quería que lo dijera de una vez. No iba a permitir que pasara a llevar a su hermano.
Bill apretó su mano fuertemente, volviéndolo a la Tierra.
—¿Que fue exactamente lo que hizo?—interrumpió el parlamento del hombre.
El director tosió nuevamente, se arregló la corbata, tomó agua y suspiró dramáticamente.—Tiene bajas todas las materias, no pone atención en clases, aparte de ser un irrespetuoso.
—Ok—pareció meditar el rubio.
—Me gustaría que tu padre lo solucionara. Me parecer que con Bill se tiene que usar el método antiguo del cinturón.
Tom frunció el ceño.—¿Y le parece un método sensato?—levantó un poco la voz. Ese hombre estaba sugiriendo que su padre golpeara a Bill.
—Estoy seguro que su padre estaría de acuerdo.
—Entiendo—asintió, guardándose todas la palabras sucias que tenía en mente.—Le haré llegar sus palabras—mintió.
—Me alegra que entiendas el punto.— sonrió.— Vas a ser un excelente padre.
Tom quería saltarle encima por ese último comentario. ¿ Realmente no había captado el punto? Ok, el caballero ese un reverendo idiota; siempre lo había sido.
—Ha sido un gusto hablar contigo, hijo—le tendió la mano, luego miró despectivamente a Bill y los condujo a la puerta.
Una vez fuera del colegio, Tom tomó a su hermano del brazo y lo abrazó.—Lamento que tuvieras que pasar por eso, Bill—susurró a su oído.
—Está bien—aseguró, no muy convencido. Claro que le habían dolido las palabras, pero se veía prácticamente resignado a todo, a que todo el mundo lo creyera una mala persona, que no confiara en él o siempre lo estuviera criticando por todo. No era tampoco que él hubiera puesto mucho de su parte para que las cosas fueran distintas.
—Te llevaré por un helado y luego iremos a mi departamento para que te familiarices— se separó del menor, corrió algunos pelos rebeldes de la cara de este, sonriendo.—Es un grandísimo idiota. No le diré nada a papá, pero debes prometer que tratarás de comportarte bien, subir las notas al menos un poco. Si quieres puedo ayudarte con las materias…
—Haré lo que me pides sólo porque eres tú. Que me ayudes con las materias sería una perfecta excusa para salir de casa y quedarme contigo—rió traviesamente.
—Bill, estudiaremos, no jugaremos, así que no te hagas ilusiones.
Bill negó con la cabeza. Tom era demasiado correcto para acompañarlo en sus travesuras.
El de rastas tomó de la mano, conduciéndolo al auto con él, mientras era cautelosamente observado por el director desde su ventana.
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—Oh mi Dios, este departamento es asombroso— quedó boquiabierto.—¡Quiero ver mi habitación!—saltó emocionado.
Ya habían estado unos veinte minutos viendo cada rincón del departamento y el mismo Tom se había sorprendido de no haberse enterado de algunos compartimentos del mismo. Pero gracias a la curiosidad de Bill aquello estaba resuelto.
—Hay tres habitaciones. Elegí la mejor como prometí—aseguró, conduciéndolo a ella.
Al entrar, la habitación era blanca y tenía un hermoso ventanal ubicado a en la cabecera de la cama que daba al jardín.
—¡Tomi!—lo abrazó.— Esta definitivamente es la habitación más linda. Esto parece una casa.
—Si, esto es más grande de lo que imaginé.
Caminaron hacia la cocina, una vez allí, Bill saltó sobre el refrigerador para sacar el helado que habían decidido comprar para llevar.
—¿Qué le dirás a papá?—preguntó Bill, llevándose una enorme cucharada de helado a la boca.
Tom miraba estupefacto como su hermano devoraba el helado. Por su mente pasaba una serie de cosas prohibidas y retorcidas que muchas veces había pensado, pero que ahora sabiendo que estaba completamente solo con el menor, le daba más deseos de llevar a cabo, como si por eso fuera menos equivocado.
Su estómago se revolvía, algo en su mente le hacía pensar que algo pasaría. Tenía una extraña sensación viendo a Bill allí, enfrente, tan natural, desinhibido, que algo malo pasaría o algo muy bueno, depende del punto de vista con el cual se mirara. No sabía si sería mutuo o simplemente él se tiraría sobre Bill y lo corrompería más de lo que Andreas o cualquier otra persona había hecho hasta el minuto.
—Tomi, Tomi, Tomi—se quejó Bill.—Odio que no me pongas atención.
—Si, aumm—antes que su mente pudiera procesar Bill ya estaba sentado sobre él, aún comiendo su helado, mirándolo con su típico puchero de niño malcriado.
—¿En qué pensabas?—sonrió dulcemente.—Imagino que cosas sucias—susurró sin pensarlo demasiado.
Bill ya no era tan inocente como Tom pensaba. Los días pasados había estado viendo películas gays como un loco. Ya había pasado la hora de negación sobre el deseo de seguir viéndolas. No se creía gay, pero cada vez que se le presentaba una oportunidad le gustaba juguetear con un chico, fuera su amigo o hermano.
Debía reconocer que había algo totalmente distinto cuando estaba alrededor de Tom, algo más emocionante y extremo al estar en su brazos, sonriéndole, viendo la cara estupefacta de su hermano cuando saltaba sobre él, le susurraba algo tierno o a veces muy íntimo. Quizá todo era más especial porque su hermano era mayor, atractivo… mucho más experimentado que todas las personas que había conocido en su vida.
Moría de emoción cuando veía la hermosa y masculina cara del mayor tomándole completa atención.
—Bill, cállate— negó con la cabeza, tratando de guardar la compostura y toda la fuerza de voluntad que tenía para no tirarse sobre su propio hermano.
—Ok—guardó silencio. Más adelante seguiría hostigando a su hermano mayor.—Pregunté que qué le dirás a papá.
—No lo sé—admitió.—Pero se me ocurrirá.
—Seguro que si se enterara me mataría.
—No lo haría, Bill, no seas dramático.
Bill no bromeaba. Su padre era muy violento, sólo que se había contenido de agredirlo gracias a la presencia de su madre y la mayoría de las veces por la de Tom, que siempre estaba a su alrededor.
—Ya no quiero comer— se levantó.
—¿Estás bien?
—No quiero regresar a casa—se quejó.—Papá sabrá que mientes y me castigará. Estoy seguro que llamará al director para saber.
—Papá confía en mí. No lo hará—aseguró.
—Ok. De todos modos tendrás que decir que hice algo malo. Papá no va a creerse ninguna otra cosa que no sea un desastre de mi parte.
Tom no iba a negarlo. Efectivamente su padre no creería algo bueno de Bill, por más triste que sonara o por más cruel que pareciera.
—Sabes, deberías pensar en el ahora, no en lo que pasará más tarde con él. Ahora estamos tu y yo; podríamos ver una película o hacer algo.
—¿Cuándo vas a desempacar tus cosas?
—Algún día. Hoy saqué lo necesario de una caja y eso ha sido todo.
—Que genial, estar en libertad te está convirtiendo en un holgazán.—rió.—Otra excusa para venir aquí ¡Que emoción! Te ayudaré a ordenar.
Pasaron la tarde hablando de nada en realidad. Acercándose la noche habían visto una película, pero finalmente se habían rendido al sueño porque la elección había apestado. Su disyuntiva había sido entre una película de terror y una de comedia, ganando finalmente la de terror, que de eso no tenía nada. Era más una masacre con escasos efectos especiales.
El primero en despertar fue Bill, sonriendo al ver al de rastas así de apacible. No recordaba haberlo visto muchas veces así de tranquilo, respirando calmado, con su cara no contraída, sin problemas, como si por el hecho de llegar al mundo de los sueños ellos se desvanecieran.
Su mente diabólica encontró un modo poco convencional de despertarlo. Sacó su lengua y acarició como un cachorro la mejilla de Tom, haciendo divertidos sonidos húmedos que terminaron por despertar de un sobresalto al de rastas.
—Hey,Tomi—saludó de los más normal.
Los ojos de Tom estaban de abiertos de par en par sin entender lo que pasaba por la cabeza del otro.
—¿Distinto modo de despertar,uh?—se lamió los labios. Al decir verdad Bill estaba copiando lo que vio en una película, esperando la reacción, emocionado de ver que le estaba resultando maravillosamente.
La mente de Bill vivía más la emoción que las consecuencias de todo lo que estaba empezando. Y eso se extrapolaba a todo orden de cosas. Era más delicioso vivir el momento mientras hacía las maldades que pensar en lo que vendría después. Claro que al final subía el pánico, pero ya era muy tarde para retroceder.
Bill sabiendo todas estas cosas, aún seguía cometiendo los mismo errores.
—Si—continuaba atónito.
—Soy tu gatito y puedes arrendarme por algunas noches si es que no quieres comprarme.
—¿Mi ga…to?
—Sip, ya sabes, el gatito que siempre te lamerá y se meterá en tu cama para buscar calor—se acercó acurrucándose.
—Hora de irte a dejar—decidió. Su mente aún procesando la lamida, más el tono de voz empleado por el menor. ¿ Era un sueño? ¿ Era su idea o Bill le miraba de otro modo? Eso jamás sucedió entre ambos.
—Pero no quiero irme—se desparramó una vez Tom se levantó.
—Bill— tomó su mano. Este puso su otra mano sobre la del mayor, volviendo a darle esa mirada extraña que terminó por asustar del todo a Tom.—A casa.
No iba a ilusionarse con nada, ni conducir a Bill a un error. Tenía todas las ganas de besar a Bill, incluso hacer algo más, pero no iba arrastrarlo a su agujero de perdición. ¿Y si se equivocaba y estaba leyendo mal las señales?
—Ok, llévame a casa—se encogió de hombros. De solo pensar la mirada que su padre pondría al verlo llegar tan tarde le espantaba.
Pero no por eso iba a dejar de hacer travesuras, y todo tipo de cosas contra las normas.
De camino a casa ninguno de los dos dijo nada. Bill estaba tan inmerso en sus propios pensamientos que no tuvo tiempo para ver la cara inquisidora del mayor. Tom estaba peleando por concentrarse en Bill y en el camino, pero cada vez que pensaba sobre la lamida se volvía más difícil.
—Es muy tarde, papá va a matarme— dijo Bill, bajándose del auto.
Tom no podía creer que Bill pensaba en eso mientras su mente se deshacía de la inquietud por descifrar los actos de su hermano.
—Voy a hablar con él.
—No es suficiente—murmuró.
Tom ya no tuvo tiempo para discutirle algo. Su padre apareció frente a ambos con una expresión indescifrable, pero que no traía buenos augurios.
—A tu habitación—le ordenó a Bill.
—Papá—negó Tom.
—¿Quieres pasar?—suavizó la voz.
—Aummm… no…sólo vine a dejar a Bill.
—¿Demasiado problemas?
—No, lo de siempre. Debe subir sus notas y me comprometí a ayudarlo—mintió.
—Ok. No sé cómo no salió como tú.
—Papá,no…
—Pero es cierto, hijo. Bill no es el hijo que deseé.
Aquello le rompió el corazón al de rastas. Su vida completa se la había pasado agradeciéndole a algo divino por la presencia del menor, y su padre lo único que pensaba cada día era en lo desdichado que era por tenerlo en la familia.
—Lo ayudaré—no supo que más decir. A veces estar frente a su padre le daba un poco de miedo, lo dejaba imposibilitado de decir mucho.
—De acuerdo. Eres un gran chico—palmoteó su brazo.
—Me voy. Dale saludos a mamá— fue lo último que dijo,dándose media vuelta.
Antes de abordar el auto sintió un mano en su muñeca, al voltearse recibió un dulce beso en la mejilla.
—Adios, Tomi—pestañeó adorablemente.—No te librarás de mí—fue lo último que dijo, volviendo a la casa.
Tom estaba aturdido. Aún podía sentir ese beso en la mejilla y la mirada dulce de Bill, tan única, irresistible, tan genuina e inocente.
Se golpeó internamente por pensar algo equivocado de su hermano.
Bill jamás lo miraría con otros ojos.
Continúa…
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