Crazy beautiful 6

Fic TWC de Setsuka

Capítulo 6: So big…

Una semana pasó desde la última vez que Tom vio a Bill. Su padre lo castigó por llegar tarde ese día y se las arregló con Bill en la noche, una vez Tom se había ido «tranquilamente» a su departamento.

Tom no se explicaba cómo su padre no lo regañó por eso pero si a Bill. No entendería jamás, aunque fuera muy obvio para todo el mundo; él aún seguía sin entender…

Durante esa semana se comunicaron cada día por teléfono. A veces la conversación se tornaba necesita, más emocional, especial, como si se tratara de una pareja que no se había visto en años. Pero eso era normal, considerando el nivel de cercanía que tenían.

Quizá fue mejor que tomara un poco de distancia, Tom pensó. En ocasiones estar cerca de Bill era demasiado para soportar, porque Bill tenía algo tan único, una especie de garras que atrapaban y probablemente te conducirían a la locura…

El sonido de su celular interrumpió los pensamientos de Tom. Sonrió, era Bill.

—Holaaaa— se escuchó animadamente.

—Hola, Bill—sonrió al oírlo tan feliz.

—¿Que hacías?

—Estaba recopilando algunos datos, ya sabes…la tesis.

—Oh—se escuchó su voz con poca emoción.

—Pero…ejem, ya terminaba por hoy—sonrió, imaginándose la cara media molesta de Bill.

—Te envié un regalo—dijo con su voz cantarina, cambiando rápidamente de tema.

—¿Sí?

—Sip, te va a encantar.

—Um…no lo sé—se arriesgó a decir, sabiendo que Bill iba a molestarse un poco. Al fin y al cabo, todo lo que viniera de su parte tenía que ser especial y valorado.

—Vas a arrepentirte de lo que has dicho. Buenoooo…. el regalo venía con bonus track, pero como no confías en mi buen gusto…vendrá sin el agregado.

Tom y su bocota, pensó luego de un segundo.

Tocaban la puerta, pero Tom la ignoró. Era su momento con Bill, no podía desperdiciarlo por alguien que irrumpía. 

Cuando el sonido se volvió insistente y molesto, tuvo que ir a ver de quien se trataba.

—Espera un segundo, Bill.

—No…

—¿No?

—No…

—Hay alguien tocando como un maniático— se detuvo unos pasos antes de llegar a la puerta.

—Quizá sea un maniático. No deberías abrir, ya sabes… hay tipos raros que se ponen en la puerta, tocan insistentemente y luego se tiran sobre ti.

—Demasiadas películas—se rió. Bill decía cada cosa…

Caminó el pasillo restante, abriendo sin preguntar. Pronto habían dos manos atadas a su cuello; Bill estaba tratando de asfixiarlo de la emoción, y Tom no pareció molesto, ya que recibió el abrazo felizmente, sin protestar, sólo experimentando el confort de tener a Bill cerca nuevamente, sintiendo ese aroma tan familiar pero tan lejano por todos esos días de distancia obligada.

Cuando cesó el abrazo, Bill lo miró a los ojos pestañeando adorablemente.—Te dije que andaban tipos raros tirándose sobre la gente.

Tom no pudo evitar sonreír, pero al mismo tiempo sentir un cosquilleo familiar en su estómago.—Pasa.

—Ya estoy prácticamente adentro—rió.

—Me imaginaba que no tenía que invitarte—siguió al menor hacia el living.—¿Y bien?

—No pareces alegre de verme—hizo un puchero.—¿Tenías planes?

—¡No!—se apuró a decir. Era una enorme sorpresa tenerlo, cierto, pero por nada del mundo estaba triste o algo similar.

—Vengo a quedarme un par de días—declaró, tirando su mochila en el living, sentándose en el.

El corazón de Tom se aceleró ¿Verdaderamente estarían unos días a solas? ¿ Bill sería todo para él? Se quedó allí, sorprendido, sin saber que decir. Estaba más que feliz, quería saltar, pero iba a verse ridículo que lo hiciera.

—¿No es genial?—sonrió el menor.

—Lo es—asintió.—Pero…aumm papá…

—Salió de viaje. Por fin. Al decir verdad esperaba que se fuera antes, pero eso jamás sucedió—suspiró, desparramándose aún más en el sofá.—Hoy lo llamaron de urgencia y se tenía que ir por…no lo sé…¿3 días? Bueno, da igual, con que me quede unos dos días compensará la falta de afecto.

Algo en el estómago de Tom se contrajo placenteramente, sonriendo como un niño con su dulce.

—Quiero comer—exigió el menor, levantándose.

—¿Comida china?—preguntó, señalando el celular que aún tenía en la mano.

—¡Si!

—Antes quiero mi regalo—exigió.

Bill se señaló a él mismo y sonrió.— Pero no viene con el bonus track…

—Entonces no hay comida china.

&

Bill había dormido toda la tarde con la excusa de haberse acostado la tarde anterior, por eso Tom lo dejó dormir por primera vez en la habitación que había designado para él, mientras el terminaba de apilar la información necesaria para su trabajo.

Se fue a bañar porque estaba seguro que Bill despertaría en cualquier momento, y obviamente no quería estar desnudo frente a él. Nada positivo iba a surgir de aquello, no pensando en su persona, porque se imaginaba que para Bill no sería nada.

Caminó hacia la cama para tirar la ropa que iba a usar, analizó un poco el conjunto para ver si combinaba y sonrió satisfecho. Soltó la toalla y cuando iba a tomar la primera prenda se escuchó un estruendo, cuando volteó Bill lo miraba con los ojos desorbitados y la boca ligeramente abierta.

Tom no tuvo tiempo para buscar algo y taparse, simplemente se quedó congelado viendo los ojos de su hermano, que miraban de arriba a abajo su anatomía, sin vergüenza alguna, simplemente con la misma expresión atónita que en un principio, sin despegar la mirada, analizándolo con su adorables ojitos avellana.

Bill estaba asombrado ante esa visión. No habían pasado muchos días desde que se había repetido esa película porno sólo para ver a ese chico que le recordaba a Tom. Claramente lo vio desnudo y podía decir por lo que veía ahora, que definitivamente el chico de la película se parecía sólo en la cara, porque de cuerpo… Santo Dios, Tom le pegaba mil patadas a ese poco dotado actor porno.

Lo más increíble de la espectacular visión era su parte más íntima. Lo primero que pasó por su mente al verla fue que era lo más grande que había visto en su vida. No, y no se trataba de la edad, porque obviamente ese actorcillo de quinta se veía visiblemente más mayor, pero su pene era tan decadente como el de Andreas…Ok, no tanto. Pero claramente esto era algo diferente, era grueso, del largo preciso, se veía suave, tenía algunos vellos rubios en la base. Era increíble, no podía encontrar alguna otra palabra para describir el don que algo divino le había dado a su hermano.

Se sentía un poco pervertido viendo tan atentamente a su hermano mayor, pero su culpabilidad no se comparaba con el deseo que sentía por palparlo, sentirlo, jugar o lo que fuera que se pudiera hacer con el.

Bill sintió que el calor de sus mejillas se equiparaba al calor que sentía en su parte más baja. Era demasiado para soportar, así que el fue el primero que dio el paso, saliendo de la habitación con una apagada disculpa, porque la verdad era que para nada lo sentía, es más, estaba infinitamente agradecido de ser tan irrespetuoso, metiche e inoportuno.

Caminó hacia su nueva habitación y cerró con un portazo, no del enojo, sino de la emoción de lo recién experimentado. Suspiró contento palmeando ligeramente su erección. Decidió que lo mejor era dormir un poco más, no quería deshacerse aún de ese calor y cosquilleo, así que prefirió no masturbarse y entregarse a los sueños, donde seguro esa hermosa figura imponente de su hermano lo acompañaría.

&

Tom decidió que lo que había pasado hace un par de hora no iba a arruinar su relación con Bill. No iba a enojarse con el menor por haber irrumpido, no… nada, no hablaría de aquello que a parte de haberlo enojado lo había degradado. ¡Su hermano lo había visto desnudo! No se sentía con el valor de volver a verle a los ojos, ni dirigirle la palabra, pero aunque quisiera ignorarlo no podría hacerlo.

Demonios ¿ Qué había pasado por la mente de Bill en ese momento? ¿Estaría asqueado? ¿Lo odiaría por ser un exhibicionista?. Si, estaba en su propia casa, en su propia habitación, pero no le daba derecho para andar desnudo como si fuera el único ser en la tierra.

No tenía que seguir pensando. 

Se sentó en el living, cambiando los canales como un autómata. No tenía ni la más remota idea de lo que veía, pero era mejor parecer inmerso en los canales que estar en silencio, sin hacer nada, pensando constantemente en la mirada desencajada de su hermanito. Ahora estaba pensando en la cara de shockeada de su hermano, pero con ruido, cosa que extrañamente era mucho mejor.

No se dio cuenta de la presencia de Bill hasta que sintió un peso en el sofá. No se atrevió ni a mirar porque sabía perfectamente de quién se trataba.

—¿Qué ves?—preguntó con el tono simpático de siempre.

Tom respiró aliviado al no escucharlo molesto.—No veo nada—admitió.

—Oh, ok— fue toda la respuesta.

Pasaron algunos minutos y Bill volvió a hablar.—¿Me pasarías entonces el control?

—Ok—respondió escuetamente, sin siquiera mirarlo. Se lo entregó y sus manos se rozaron ligeramente.

Siguieron viendo tele en silencio, cuando se escuchó nuevamente un ruido. Al parecer Bill se quejaba del contenido del programa.

—Es grande—dijo Bill. 

Tom esta vez si lo miró.—¿Qué?—su estómago se apretó.

—Es enorme—dijo esta vez.—Tu novia debe estar feliz.

—Bill, ¿Qué demonios?—pestañeó confundido. Bill no podía estar diciéndole eso.

—Supongo que está satisfecha—continuó, sin pizca de vergüenza.

—No se supone que deberías estar diciéndome eso—se sonrojó.

—Pero es cierto—lo miró por primera vez, sonriendo.—Es… es… si, es enorme. Eres como, no sé, un fenómeno—pareció pensar un poco.— Pero en el buen sentido.

Tom quería taparse la cara de la lo abochornado que se sentía.—Bill, esto es estúpido. 

—Entonces…¿Está feliz o no?

—No hablaré esto contigo ¿Ok?—sentenció.

Lo que continuó fue un eterno silencio, no se distinguía si habían pasado dos minutos o media hora. Bill no había vuelto a hablar, pero Tom hubiera preferido escucharlo decir algo más, cualquier cosa, porque ese silencio lo estaba matando.

—Si que es enorme—casi susurró.

No de nuevo, pensó Tom.

—Es que es tan…

—Bill, no—advirtió.

—Ok— optó por decir.—Pero no podrás negar ese hecho—se levantó del sofá, dirigiéndose de vuelta a la pieza.—Me avisas cuando la cena esté lista.

Cuando Bill desapareció, Tom se tapó regazo con el cojín, sintiéndose expuesto de pronto.

&

Bill estaba acostado en su habitación. Su padre lo había castigado por haberse ido con Tom durante dos días sin su consentimiento. No se enteró por si solo, sino que se lo habían comentado, y Bill imaginaba quien era el soplón.

Ahora estaba completamente aburrido, sin amigos, sin chicas, porque sí, aún las adoraba con pasión. No porque hubiera visto un par de películas porno y se hubiera imaginado a su hermano cada vez que se masturbaba, iba a marcar la diferencia y hacerlo gay. Él era definitivamente un heterosexual vividor de nuevas experiencias. O al menos así deseaba llamarse para que sonara más estético.

Aburrido comenzó a leer una revista, cuando a su mente llegó nuevamente su adorado hermano, el que el último tiempo se había convertido en su símbolo sexual. ¿Cómo ni había podido verlo antes? Tom siempre fue un chico atractivo, mucho más atractivo que cualquier chico que conociera con anterioridad, pero nunca le atrajeron los hombres para que viera de otro modo, por eso no había forma que lo notara antes. Pero ahora…Suspiró con cara risueña, sintiendo como su erección de erguía, apretando sus pantalones de modo desesperante.

No era adicto a la masturbación, pero últimamente se sentía en la necesidad de hacerlo. No importaba en su mente cuán equivocado estuviera al pensar en su hermano mientras lo hacía, aún continuaba su labor con suaves sacudidas, terminando por volverlas frenéticas cada vez que evocaba la imagen de su hermano de cualquier manera erótica.

Hace un día que no se había masturbado y era requerido en ese instante. 

Cerró la puerta con llave, volvió a la cama para tener mayor comodidad, y se retiró los pantalones. Quería tomarse su tiempo para hacerlo, quería disfrutar en momento como no muchas veces lo hacía, ya fuera porque siempre estaba pensando que alguien podría oírlo o por la frustración de no poder gritar libremente. Esta vez iba a ser diferente, ya que estaba solo en casa, y dudaba que llegara alguien, aunque siempre era bueno prevenir, encerrándose.

Una vez desnudo, sonrió al encontrar su miembro erecto con los ojos cerrados, le dio pequeñas sacudidas que generaban un gran placer, mucho más que antes y la razón era obvia, podía gritar y gemir sin miedo a nada. Continuó su labor tomando todo lo que pudo en su mano derecha y empezó a masajear con lentitud, respirando agitadamente, acelerando el paso cada vez que recordaba el cuerpo desnudo de su hermano, su cara, sus labios rojos, ese sexy piercing que no hacía más que enloquecerlo.

Continuó el paso frenético, gritando el nombre de Tom incansablemente, como si fuera una plegaria, como si por el hecho de decir su nombre, Tom fuera a aparecer y a hacer aquello mucho más placentero de lo que era, mucho más pegajoso y sudoroso. 

Volvió al paso normal, pero cuando se dio cuenta que no le estaba dando ningún placer, hizo algo que jamás pensó que iba a hacer en toda su vida, introdujo un dedo en orificio, sintiendo un choque eléctrico que lo llevó hasta la culminación de aquel natural, pero al mismo tiempo pecaminoso acto.

De su boca salió el nombre que jamás debió nombrar para un acto sexual, sin embargo, ahí estaba, desnudo encima de la cama luego de haberse masturbado pensando solo en una persona, nombrándolo como la re afirmación de su pensamiento.

Esperó que su respiración se calmara para pensar un poco en lo sucedido. Aún su dedo índice descansaba en ese lugar prohibido para un chico. Cuando lo retiró, no pudo evitar sonreír. Si así se había sentido un dedo, imaginaba como iba a sentirse algo aún más grande. Su estómago se revolvió de placer, y sonrió como un tonto al imaginar que era lo que exactamente quería que se ubicara allí.

—Soy un maldito pervertido. Si Tom supiera esto…—negó con la cabeza, luego recogió toda la ropa, sentándose en la cama.—El hermanito correcto—se mofó.—Eso jamás pasará.

El sentimiento de frustración era mayor que la culpabilidad, y eso en vez de hacerlo sentir mal, le entibiaba el corazón. El saber que prefería algo prohibido lo emocionaba más que el arrepentimiento de haber hecho algo que se consideraba equivocado o raro.

Se levantó de la cama para ir a darse una ducha.

No podía creer que quería algo con tanto fervor y jamás lo tendría. 

Tom era inalcanzable y tendría que empezar a hacerse la idea de ello.

Continúa…

Gracias por la visita. Te invitamos a dejar un comentario.

por administrador

Publico con autorización del autor

Un comentario en «Crazy beautiful 6»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!