
Advertencia: Capítulo muuuuuy sucio
Fic TWC de Setsuka
Capítulo 9: Perdición 2
La mañana siguiente, el primero en despertar fue Bill. Su cabeza si que se partía esta vez. A su mente llegó enseguida lo que había hecho. Su boca sabía extraño, un sabor que jamás se había albergado en su boca antes, allí estaba. Bien sabía de lo que se trataba, pero era algo tan nuevo, que recién estaba asimilándolo.
Estaba tan cómodo que no quería levantarse. Yacía a un costado de su hermano, abrazándolo. Ambos continuaban con ropa, sólo que Tom seguía con su pantalón y boxers a mitad de sus muslos, exponiendo su parte íntima.
Bill quedó viendo con atención su miembro flácido. Anoche recordaba haberlo visto húmedo, con vida, pero así, aún conservaba esa hermosura que hace unas cuantas semanas había descubierto. Incluso se veía más despampanante con la luz que entraba por el ventanal. Su estómago se contrajo placenteramente.
—Dios—se lamió los labios. Algo malo o muy bueno había venido a su mente. Totalmente sobrio, pensó en cuánto quería sentir dentro a su hermano. Pasó las tres últimas semanas dilatándose con distintas cosas, pensando que era Tom muy dentro de él. Ahora la oportunidad estaba allí, con Tom semi desnudo, casi listo. No podía renunciar a su propia oferta mental.
Vio por varios minutos la apacible cara de su hermano mayor, luego su pene y toda gota que restaba de cordura quedó olvidada.
Se levantó sigilosamente para posesionarse horcajadas en los muslos de Tom, muy cerca de su intimidad. Se meció lentamente hasta lograr despertar al de rastas.
—Bill, que…—no pudo continuar. A su cabeza llegaron los eventos de la noche anterior y cerró su boca.
—Buenos días,Tom—su mirada malévola le dio a entender al mayor que Bill tenía una nueva idea. Su miembro pareció revivir al pasar varias imágenes prohibidas sobre los dos.
Lentamente Bill retiró su polera, meciéndose al mismo tiempo. Tom no podía articular palabra ante la perfección de lo que tenía en frente. El cuerpo de Bill era tal y como su mente lo dibujó en sus sueños. Su piel era mucho más blanca que la de sus brazos. No había rastro de grasa en ningún lado. Sus huesos podían verse con claridad, pero no lucía anoréxico, sino más bien, todo quedaba bien puesto en ese diminuto cuerpo. Su miembro no era exactamente pequeño, sino que adecuado para su edad.
Ya desnudo Bill se detuvo. Miró con curiosidad el miembro ya erecto de Tom. Acercó su dedo índice para darle un ligero toque. Con su mente más clara, menos mareado, esto era absolutamente mucho mejor. No podía describir lo emocionado y excitado que Tom lo había puesto. En su mente quedó olvidada la palabra hermano, hombre y todas las cosas que antes se cuestionó o le parecieron ridículas en algún minuto.
Era su momento.
Tomó la mano derecha de su hermano, conduciéndola a su boca, donde succionó un par de dedos, tratando de llenarlos de saliva. No quería esperar tanto para esto. Su desesperación se encontraba en niveles ridículos.
—Bill no creo…
Bill condujo los dedos a su entrada. Elevó un poco su cuerpo, afirmó la otra mano en el estómago del otro y se sentó en los dos dedos, entrando y saliendo de ellos tan enérgico como podía. Tom miraba boquiabierto la maravillosa visión de un extasiado Bill, de boca ligeramente abierta, mirando directamente a sus ojos.
—Ummmm…—entrecerró sus ojos, entregándose a la sensación.
Luego de estar por un buen rato acostumbrándose al dolor, volvió a acercar la mano de Tom, lamiendo un dedo más y volviendo a lamer los otro dos. No era muy delicioso sentirse a él mismo, así que embadurnó con saliva lo más rápido que pudo, repitiendo el proceso anterior de posesionarse a la espera que ese placer volviera a llenarlo. Pero esta vez eran tres dedos, así que sabía que dolería como el infierno.
—Oh,oh…ughhh…Tomi—gimió. Trató de recobrar en aire y se sentó repetidas veces en esos dedos, que lo estaban dilatando dolorosamente.
—Suficiente—dijo Tom, viendo la expresión compungida del menor. Retiró sus dedos, viendo con ojos desorbitados como el pelinegro temblaba.—Te hice daño.
—Tomi, no. Lo he hecho antes.
—¡¿Qué?!—quedó boquiabierto.—Dime que no con Andreas…
—Tom, ewww…¡No!,Tom, no tengo tan mal ojo —rió. No podía creer que aún se diera tiempo de reírse por esas cosas cuando estaba tan desesperado.
—Bill, hablo enserio—pareció volver en sí. Su erección aún palpitaba lacerante , pero ahora se había agregado otro dolor muy dentro en su corazón. Bill no podía no ser virgen. Un hombre no podía haberlo corrompido con sus sucias y pérfidas manos. No una maldito hombre que no fuera él.
—Yo también hablo en serio—sonrió.—Me he dilatado con anterioridad.
—¿Tú?
—Uju—sonrió.
—¿Solo?—trató de conservar la calma.
—Si —dijo, como si se tratara de una proeza.
—Pero tu no…
—Es parte del juego—besó su otra mano. Deslizó su mejilla tiernamente sobre ella y sonrió.—No lo arruines.
Tom cerró la boca. Bill miró de medio lado, con una sonrisa entre tierna y extraña, como si tuviera algo en mente.
—Creo que estoy listo—sentenció.
—¿Li…listo?
—Uju —asintió. Miró el pene erecto de Tom, lamiéndose los labios libidinosamente. No sabía que fijación tenía con el, lo único que tenía claro era que quería tener eso dentro, no importando si lo dañaba más de la cuenta.
Con todo el valor que había ganado esas semanas, se elevó y posesionó en el lugar que supuso que era correcto, tratando de calcular que la punta golpeara su entrada. Cuando finalmente sintió algo duro y mojado tocar allí, supo que no había vuelta atrás, que había llegado tan lejos para concretarlo, que tenía que hacerlo.
Reuniendo más que valor se sentó, logrando que la punta entrara solo unos milímetros. Abrió los ojos de par en par, se mordió el labio, y continuó hundiéndose en el miembro del otro. Afirmó una mano en su propio muslo y la otra en el estómago plano de su hermano, tratando de buscar estabilidad.
—Oh, si—suspiró, mientras trataba de ignorar el agudo dolor para que el miembro de Tom se hiciera paso en su estrecho cuerpo.
Tom tenía los ojos bien abiertos, viendo todos los movimientos del menor. No quería perderse por nada del mundo una visión tan espectacular como esa. Por fin lo estaba consiguiendo, por fin años de deseo frustrado se estaba concretando. Bill se estaba sentando en su miembro sin que el se lo hubiera pedido. No podía desear más.
—Tomi,Tomi…—dijo con voz agitada.—Toma mis caderas,mmm,por favor—rogó.—Presiónalas hacia abajo.
Tom hizo lo pedido, tratando de ayudarle a Bill en su tarea. Tomó sus caderas firmemente ayudando a que se hundiera completamente.
—Ngh…—se quejó.
Tom continuó hasta que supo que ya no había más distancia entre sus caderas y el trasero del otro. Se detuvo en seco, viendo que Bill sudaba un poco. Nunca había visto algo que lo provocara más aturdimiento que la visión de Bill sentado sobre su miembro, sudando, con sus labios separados y sus ojos cerrados.
Quería decirle lo hermoso que se veía, pero no podía, porque sabía que esa no era la clase de cosa que Bill esperaba de él, sino que estuviera dispuesto.
Se quedaron algo que parecieron largos minutos conectados. Bill trababa de olvidar la punzada de dolor, trataba de ignorar lo partido que se sentía por la intrusión. Respiró profundamente, elevándose sin aviso, volviendo a sentarse. Dolía como la mierda, pero no se comparaba con lo emocionado del suceso. En su vida pensó que iba a llegar tan lejos, pese a que lo soñó en reiteradas ocasiones.
Pronto sintió que a pesar del dolor, valdría la pena, así que continuó elevándose unos centímetros, para luego sentarse con fuerza. Repitió la acción varias veces, tratando de buscarle un sentido a todo lo que hacía. Decían que el sexo era bueno, tenía que haber algo bueno y no sólo ese dolor casi insoportable. Se elevó y trato de cambiar el ángulo para sentirse más cómodo y continuó. Más que sexo, parecía una tarea de matemáticas.
Tom no sabía que decir o como actuar frente a la excitante, pero al mismo tiempo enferma situación. Su mente estaba concentrado en lo que ese estrecho cuerpo generaba en su pene, cubriéndolo por completo, dándole calor, quemándolo. No quería correrse, pero cada vez que veía lo enérgico de Bill , como se mordía su labio de forma sexy, como subía y bajaba a pasos cortos, le nublaba la visión, le calentaba y hacía que ese cosquilleo en su parte baja se hiciera insostenible. Pero tenía que durar, por su orgullo y por Bill.
—Tomi,Tomi,Tomi—repitió. Ahora Bill se escuchaba mejor, más agradado que antes. A Tom le dio la sensación que Bill había encontrado finalmente el ángulo que le acomodaba más.
Bill saltaba frenéticamente sobre su miembro, como un experto, como un Dios del sexo y Tom no podía más que mirarlo con más pasión que antes. Era maravilloso, increíble, indescriptible.
El pelinegro tomó su propio miembro y lo acarició, gimiendo aún más fuerte, lazando su cabeza hacia atrás sin ningún pudor. Y era que Bill estaba demasiado cautivado por las recientes sensaciones que se había olvidado que no estaba sólo y el de rastas veía cuidadosamente cada uno de sus movimientos.
—Casi,casi,casi,casi—dijo el menor. Pero Tom ya no podía pensar en la labor del otro, sino en la suya, así que sin poder esperar más, se corrió dentro de ese estrecho cuerpo, con un grito apagado. Luego de eso, vio como el cuerpo de Bill se convulsionaba de placer frente a su propia liberación, corriéndose sobre su polera.
Ambos permanecieron en silencio. Bill sin pensarlo mucho se levantó y posesionó sobre el cuerpo inerte del mayor. Los dos, gastados, trataron de recobrar el aliento sin mencionar ninguna cosa. El pelinegro buscó refugio en la curva del cuello de Tom, dando varios suspiros largos. Estaba visiblemente cansado, pero finalmente toda esa agonía previa había valido la pena enormemente.
—Mmmm…—se quejó. Se acomodó mejor, aún con los ojos cerrados. Ignoró que su propio semen en la polera de su hermano ya había mojado su cuerpo y suspiró contento.
—Bill—habló Tom, al cabo de unos minutos.
—Shhh…—lo silenció con un dedo.
Varios minutos después el celular de Tom vibró en su bolsillo. Bill, que dentro de todo ese silencio había escuchado el celular golpear contra las llaves, lánguido se levantó hasta estar a horcajadas en las rodillas de Tom para buscar el molesto artefacto. Una vez lo encontró, miró a la pantalla, apretando el botón de contestado. Volvió a su posición original, sosteniéndole el celular a Tom cerca de su oído.
—¿Tom?—se escuchó al otro lado de la línea.—¿Tom?—repitió la chica.
—Um…si—dijo temeroso.
—He estado tratando de localizarte la mañana entera. Anoche también te llamé pero no contestaste, ¿ qué pasó?, pensé que volverías.
—Surgieron…problemas—fue lo único que se le ocurrió decir.
—¿Problemas?
—Bill se enfermó y…tuve que… cuidarlo—mintió. Horribles mentiras sumadas a su gran historial de falsedad.
—Oh, ya veo—se escuchó dubitativa.— Pero al menos debiste avisar—reprendió.
—No lo pensé—admitió. Y eso no era una mentira.
—Ok…no cuestionaré más—dijo Adelin.— Lo hemos hecho tan bien estas últimas semanas sin discusión alguna que te perdonaré esto.
—Uju…
—¿Crees que nos podamos ver hoy?, anoche planeaba darte un regalito después de la fiesta—se escuchó su voz con un tono sensual.
—No—casi gritó y Bill, que sostenía el celular medio adormilado, saltó.
—Pero…
—Bill aún está enfermo. Hoy se quedará en mi casa y…
—¿No lo puede cuidar su madre? Deberías ir a dejarlo.
—Mamá ha tenido mucho trabajo estos días para cuidarlo. Yo me encargaré de él—dijo rápidamente. Miró a Bill, que descansaba en su pecho y sonrió.
—Oh, ok…—se oyó.
—Debo dejarte; te llamaré en cuanto me desocupe—prometió.
—Te amo—dijo Adelin antes de colgar.
Luego de eso Tom tomó el celular de la mano de Bill tirándolo lejos en la alfombra.
Bill acomodó nuevamente su cabeza en el cuello de Tom, inhalando su piel expuesta.—Eres un gran mentiroso—rió.
—Y tu eres un gran problema —cerró los ojos, abrazó a su hermano, acariciando su espalda de arriba a abajo. Podía escuchar la suave respiración de Bill.—No puedo creerlo.
—Adelin no tiene por qué enterarse—dijo Bill, muy cerca de su oído.
—No puede—reafirmó.
—No deberías sentirte tan culpable, se nota que no la quieres.
—Si la quiero.
—Seguro—rodó los ojos. Se acomodó nuevamente, abrazando a Tom por el cuello.—Auch—se quejó.
—Te herí—bajó una de sus manos hacia la entrada de Bill, tocándola con suavidad.—Estás sangrando.
—Tom, no ahora—cerró los ojos. Aquella sensación de sentir el toque de Tom era placentera, mucho más que cualquier toque recibido.
—Iremos a limpiarte y luego te llevaré a casa—sentenció.
&
—No quiero ir a casa—lloriqueó como un niño malcriado. Y bueno, no estaba muy lejos de ser cierto, al menos de parte de su madre y Tom. Ambos lo consintieron desde que era un pequeño y ahora nadie podía quejarse de aquello.
—Bill, vamos—tomó suavemente su brazo.
—Me duele el trasero; no puedo caminar—volvió a quejarse. Bien, le dolía, pero no tanto como para no poder moverse, así que era lo más cercano a una mentira.
—No eres convincente—le sonrió tiernamente. No podría odiar a Bill bajo ninguna circunstancia. Nunca. Eso era lo maravilloso de su relación, que Bill podía hacer las cosas más extrañas y él aún así podía perdonarle todo. No entendía cómo podía lidiar con este niño travieso.
—Tomi, te daré un hermoso regalo si me dejas quedarme—le puso su cara más encantadora.
—No, debo ir a dejarte.
—Dame una buena razón para que me dé por vencido.
—Que anoche te portaste mal—entrecerró los ojos acusadoramente.
—¿Yo?—preguntó con inocencia.
—Hiciste cosas que ni siquiera puedo poner en algún lugar en la lista de tus diabluras.
—Pero te gustó—le entregó esa sonrisa entre tierna y malvada.
—No hablaremos de eso. No puedo creer que te dejara.
—Me dejas hacer cualquier cosa, ¿quién puede negarse ante esta perfección?— se levantó audazmente, acercándose peligrosamente a la figura del mayor.
—¿No que estabas convaleciente?—alzó la ceja, cruzó los brazos de modo de crear una barrera entre los dos.
—¿Es mi idea o me estás alejando?
—Estoy asegurándome que no cruces ninguna línea el día de hoy.
—¿Hoy? —rió.— ¿Que hay de mañana?—puso una cara diabólica, completamente diabólica.
—¡Bill! Te llevaré a casa. Ahora—negó con la cabeza. Esto era muy, muy, muy raro; Bill no solía comportarse tan irreverente, ¿ era el lado que no conocía de Bill? Si era así le daba miedo que es lo que podría pasar en un futuro.
—Aburrido—se cruzó de brazos, imitándolo, luego volvió a sonreír.— Creo que por hoy no seguiré molestándote…um… pero… eso no significa que no lo haré la próxima vez. Creo que lograré convencerte de que lo que hacemos no es nada malo, y hasta quizá te animes para una segunda vez con tu adorado hermanito—rió travieso.
Pestañeó varias veces.—Te llevo casa.
La situación definitivamente se habían salido de control.
De ahora en adelante las cosas cambiarían radicalmente.
Continúa…
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Ay, siento que Tom se desenamoró de Bill ☹️.
Hacete el que no te gustó bandido, se que lo haces por que si fuera por ti mi querido Tomi, el pobre de Bill estubiera inválido 😏😈