Fic Toll de RubelangelTwc

Capítulo 10

Desperté por la luz del sol que ya comenzaba a impactar contra mi rostro incesantemente. Intenté estirarme pero un cuerpo que estaba recostado encima de mí me lo impidió, haciendo que abriera los ojos a pesar del sueño que seguía invadiéndome.

Sonreí al darme cuenta de que todo seguía como ayer, que no había sido producto de mi imaginación nada de lo que ocurrió. Bill dormía plácidamente, respirando pausadamente y sin emitir ningún ronquido.

Sus brazos estaban inertes sobre mi pecho, y dejé un beso en su frente para después girar mi cuerpo y envolverle con mis brazos, ganándome un enternecedor ronroneo de su parte.

– Prometo escribirte un cuento – susurré sabiendo perfectamente que él no me escucharía, y era mejor así, porque no sentía tanta presión por ser cariñoso con él.

Ahora los dos éramos novios, y… me sonaba tan surreal. Jamás imaginé estar así con alguien ya que nunca creí en el amor, y nunca quise una relación al ir de flor en flor, lo cual, ahora me parecía realmente absurdo. Y ahora que me sentía querido por alguien, se sentía jodidamente bien.

Escuché que picaban en la puerta, pidiendo permiso para entrar, y ni siquiera sentí un mínimo de vergüenza de que me vieran así con Bill al decir «Adelante» y ver que la abrían, dejando pasar el cuerpo de Nat quien comenzó a hablar sin dirigirnos una mirada y percatarse de la situación.

– Buenos días, he venido porque hoy a ti, Tom, te hacen el PET, y necesito hablar con Bill al ser su psicó… – se quedó callada cuando levantó la mirada de las hojas y nos observó a ambos, arqueando una ceja – ¿Qué ha pasado aquí? ¿Por qué… estás abrazando a Bill? – preguntó confundida, y yo me reí sin soltarle, tan solo girando la cabeza para mirarla.

– ¿Tú qué crees? – pregunté jugando, y Nat abrió los ojos al darse cuenta de lo que ocurría realmente.

– No me digas que… – dejó la frase suelta, y yo tan solo asentí para darle la razón – Oh dios… Pero… ¿¡Por qué Bill no me contó que le gustabas!? Y tú… ¡Claro! Por eso estabas tan atento por él y… ¿Cómo no me pude dar cuenta antes? Estoy tan feliz… Ay mi Billy. Sabía que os ibais a llevar bien. Bill debe de estar tan feliz… – se tapó la boca con las dos manos y sonrió entre ellas.

– Vas a despertarle con tus gritos… – dije, mirándole y dándome cuenta de que ya comenzaba a removerse levemente.

– Claro, me voy, luego volveré. Y… hablaré con Bill. Por cierto, dentro de un rato os traerán el desayuno para ambos, eso de tomar cafés por la mañana va a desaparecer… Tenéis que seguir la dieta – asentí y alcé la mano despidiéndome de ella cuando volvió a desaparecer tras la puerta.

Todos se lo estaban tomando muy bien, y yo al principio matándome por gustarme un chico… Era imbécil, jodidamente imbécil.

– Mhmm… ¿Qué eran esos gritos? Joder, me han despertado… – susurró quitando sus brazos de mi cuerpo para estirarse todo lo largo que era, haciéndome gracia. Abrió los ojos después de tallárselos y suspiró enderezándose un poco en la cama.

– Buenos días, dormilón – susurré besando la comisura de sus labios. Él frunció el ceño y cuando se desperezó totalmente supongo que recordó todo lo que pasó ya que dejó escapar entre sus labios un «Oh…» junto a una reprimida sonrisa de la cual me di cuenta -. Que sepas que te ha despertado Nat con sus gritos… Por cierto, ahora los dos estamos jodidos… Bueno, yo ya lo estaba, pero ahora tú también – frunció el ceño y me miró confundido.

– ¿De qué? – preguntó.

– No vas a poder tomar café por las mañanas, ¿Sabes la comida que me ponían y te burlabas de ella? – pregunté con una sonrisa, él asintió y yo seguí hablando – Pues ahora tú también la vas a tener ¡Já!

– ¿¡Qué!? Noo… Yo quiero mi café… – se quejó como un niño pequeño – Encima de que me ponen esto – dijo tocándose los tubos que le ayudaban a respirar -, ahora me prohíben beber café – bufó estirándose ahora en la camilla boca abajo, y mi vista inconscientemente bajó a su culo. Era pequeño pero estaba bien puesto, sin duda, joder… tenía unas ganas de probarlo… Mierda, Tom, contrólate. Me regañé mentalmente, desviando la vista de él.

Coloqué mis rodillas a cada lado de su cuerpo y sin previo aviso comencé ataqué a sus costados con mis dedos, haciéndole cosquillas las cuales sabía perfectamente que no aguantaba. Comenzó a reírse estrepitosamente, contagiándome incluso a mí su risa que tanto me gustaba escuchar.

– ¡Tom! Jajaj… ¡Ah! – pataleó y se giró bajó mi cuerpo en un intento fallido de que dejara de hacérselas. Miré su cara y vi que incluso comenzaban a formarse lagrimas en sus ojos por la risa que me enamoraba – ¡Basta! ¡Jajaja! ¡Toooom! – simplemente paré cuando me di cuenta de que ya su respiración era irregular, pero no pude evitar quedarme viéndolo desde arriba, observando cada facción de su cara, admirando esa sonrisa que estaba en su cara gracias a mí. Cuando se calmó conectó sus ojos con los míos y sonreí – Me pones nervioso cuando me miras, estoy horrible por las mañanas y… – no dejé que acabase la frase cuando me fundí con sus labios en un beso necesitado y más que deseado.

Nuestras lenguas comenzaron a jugar entre ellas, compartiendo fluidos y comiéndonos prácticamente los labios. Bill pasó sus brazos por mi cuello, haciendo que me recostara encima de su cuerpo, poniendo mis codos en la camilla para poder besarnos más cómodamente. Saqué mi lengua por un momento de su cavidad y la paseé por su labio inferior el cual ataqué con mis dientes, escuchando un pequeño gemido que emanó de su garganta, haciendo que todo dentro de mi se removiera. Poco a poco se hacía todo más húmedo, y se escuchan los sonidos que hacían nuestros labios al separarse y volverse a unir.

– Ah… – volvió a soltar un quejido, y supe cuando el calor ya me estaba ganando que si no parábamos ya, esto iría a más y no podríamos controlarnos.

– No sé si lo sabes… – susurré contra sus labios, dejando pequeños besos sin lengua en sus labios – Pero tenemos diecinueve años…

– ¿Y qué? – preguntó acercando su cabeza más hacia mí para hacerlo húmedo de nuevo, pero me separé mínimamente, tan solo chocando nuestros labios.

– Pues no sé tú, pero yo tengo las hormonas disparadas… Y contigo es difícil controlarse – asintió, separándose de mí. Nuestras frentes quedaron juntas y nuestros ojos conectados. El silencio reinó en la habitación, tan solo escuchándose débilmente nuestras respiraciones. Sentía que sus ojos hacían en mí un extraño efecto imán, impidiéndome desviar mi mirada de sus preciosos ojos.

– Me gustas más que el café por las mañanas – murmuré.

Bill se me quedó mirando y suspiró.

– No puedo, Tom – susurró contra mis labios. Estiró una de sus manos y comenzó a acariciarme la mejilla -. Tú no mereces esto… – dejó escapar, y yo le miré extrañado.

– ¿Por qué dices eso? – pregunté sin entenderle a qué venía precisamente eso ahora.

– Porque es la verdad. No puedo luchar contra el cáncer, Tom, y sabes que cualquier día moriré, no volveré a estar aquí… Y no me perdonaría hacerte pasar por todo eso, no a ti – agachó la mirada y siguió acariciándome.

– ¿Qué? – fue lo único que dije, desorientado totalmente.

– No te enamores de mí, Tom, solo te harás daño. Déjame, por favor… Déjame tú porque sé que yo no voy a ser capaz de hacerlo

– Escúchame – le cogí de la barbilla e hice que nuestras miradas quedaran otra vez juntas -. Es demasiado tarde para pedirme que no me enamore de ti, lo hice desde el primer momento en el que te vi. Y ¿Sabes qué? No me importa que me rompas el corazón, porque cuando eso pase, sabré que te quiero más que a nada en este jodido mundo. Y estaré orgulloso de sabes que te hice sonreír de verdad. No me pidas alejarme de ti, ya no puedo…

– Pero…

– Quiero que me rompas el corazón, Bill – terminé de susurrar antes de besar delicadamente sus labios.

– Te quiero tanto… – me dijo, abrazándome como si su vida dependiera de mí. Iba a contestarle cuando picaron de nuevo la puerta. Joder, estaba hasta los cojones que nos molestaran – Mierda, será mi madre – asentí y besé sus labios antes de bajarme de la camilla y acercarme a abrir la puerta.

Si Bill y yo queríamos hacer alguna vez el amor lo tendríamos muy mal si cada media hora nos interrumpían… Mierda, otra vez pensando en eso no.

– ¡Tommy! – lo primero que se me abalanzó fue Sophie en menos de un segundo al verme.

– Hola, pequeña. Mira, ayer preguntabas por tu hermanito, pues ahí está. Anda, salúdale que te ha echado de menos él también – le dije cuando me agaché a su altura y ella me recibió con un gran beso en la mejilla para después sonreír y asentir, pasando dentro de la habitación casi corriendo. Volví a enderezarme para saludar a Simone con un intento de abrazo ya que llevaba una bandeja de comida para Bill, supuse.

– Buenos días, Tom – me saludó.

– Buenos días, suegra – murmuré para que solo ella me escuchara. Me miró y sonrió ampliamente al darse cuenta de mi indirecta. Era malo cogiendo indirectas, pero era bueno lanzándolas… ¿Quién lo diría? Bueno, aunque a estas alturas ya nada me impresionaba viniendo de mí mismo -. Pasa – le hice espacio para que pudiera pasar y así lo hizo con esa sonrisa alegre que no se molestó en quitar de su rostro.

– ¿Y esto qué es? – vi que preguntó Sophie al lado de Bill, donde yo estaba anteriormente, señalando al fino tubo que tenía.

– Me ayudan a respirar, pequeña. ¿Los quieres probar? – ella asintió efusivamente, concentrada totalmente en esos tubos, como si viera algo totalmente surreal. Bill se quitó la cánula y dejó que su hermana se lo pegara a su nariz con sus pequeñas manos y respirara.

– Es raro… Hace muchas cosquillas en la nariz – sonrió -. Creo que respiro mejor, pero es raro, prefiero no tener nada – se lo quitó y le devolvió los tubos a Bill, quien se notaba ya en sus respiraciones ausentes de ese tubo que le ayudaba a respirar mejor.

– Mejor, espero que no los utilices nunca, pequeña – dijo limpiando con su bata los tubos antes de pasárselos por detrás de las orejas e introducírselos de nuevo en la nariz.

– Esto es lo que me han dado que tienes que comer – dijo Simone haciendo presencia, acercándose a Bill y dejando la bandeja sobre la mesa de noche -. Buenos días, cariño – abrazó a Bill y dejó un beso sobre su mejilla. Bill me miró y frunció el ceño, sabiendo perfectamente a qué se refería, se preguntaba por qué su madre estaba ahora tan cariñosa, y yo solo le sonreí – Ah, Tom. Me dijeron que no puedes desayunar porque como te harán el PET tienes que estar unas horas sin comer

– ¡Já! ¿Ahora quién se jode? – me dijo Bill sacándome la lengua para burlarse de mí.

– Bueno, al menos no tengo que comer eso – señalé a su bandeja, contratando con autosuficiencia. Bill suspiró rendido y yo me acerqué, alejándome de la puerta donde estaba de pie. Sentía que día tras día me dolía mucho más la pierna, y cada vez me costaba más quedarme de pie – ¿Qué es eso? Se parece más a una suela de zapato que a carne – me gané una pequeña risa reprimida de Bill y revoloteó los ojos.

– Igualmente no me lo iba a comer, soy vegetariano. Pero por lo que se ve una señora aún no se lo ha dicho a los médicos… – murmuró entre dientes dirigiendo una mirada divertida a su madre.

– Oh, con lo tranquilo y desganado que estabas antes y lo repelente y activo que puedes llegar a ser – me reí y justo cuando Bill iba a replicar el sonido de, otra puta vez, alguien picando a la puerta nos interrumpió. El doctor entró con un tablón en la mano y un par de hojas en él.

– Oh, veo que están todos, siento molestar – se excusó, quitándose las gafas y mirándome particularmente a mí -. Venía a quitaros un momento a Tom, toca tu escáner para checar que todo sigue igual, ya sabes, algo normal – asentí y, dudando un poco pero aún así decidido dejé un beso en la mejilla de Bill para luego desaparecer tras la puerta sin decir nada más. Me daba demasiada vergüenza mirara atrás. Un enfermero me esperaba fuera con una silla de ruedas y me senté en ella con mi médico detrás mientras tiraban de mí por los pasillos.

– ¿Duele? – pregunté sin saber cómo entablar una conversación para poder hablar de ello y despreocuparme un poco. Tenía una mala señal, y eso me estaba matando.

– No, pero primero necesitamos administrarte un radiofármaco por vía intravenosa, un pequeño pinchazo. Estarás unos veinte minutos en una habitación donde podrás cambiarte y dejar que el radiofármaco haga efecto. Después solo viene el escáner – asentí, aun con esa incomodidad – ¿Has sentido algún tipo de dolor en el cuerpo? ¿Alguna molestia en la pierna?

– Bueno… la pierna últimamente me duele más y… me siento cansado, como si el cuerpo me pesara, ¿Eso es malo? – no me contestó y eso mínimamente me asustó.

– ¿Algún dolor en específico? – preguntó esquivando mi pregunta.

– Parte de arriba de la cadera – murmuré.

– No sabremos si es malo hasta que te hagamos el escáner, Tom. No te puedo confirmar que sea simple cansancio, pero por si te lo preguntas, sí, Tom, pueden ser síntomas. No te quiero asustar, Tom, pero debes tenerlo claro, no te quiero mentir e ilusionarte – asentí cabizbajo y cerré los ojos con fuerza. Me bajó los ánimos, la felicidad que ahora tanto me inundaba por estar con Bill, pero le agradecí mentalmente que no me diera alas, que me dijera que no es cáncer… Para después serlo realmente, para que la caída doliese más.

Estaba jodidamente tenso, más de lo que llegué a pensar.

¿No tenía suficiente? ¿No tenía suficiente con saber que me iban a cortar una puta pierna?

Pues no, por lo que se ve la vida quería joderme más de lo que ya hizo.

El tiempo pasó a mi gusto demasiado lento, haciendo que la desesperación por saber las respuestas se convirtiera exasperante.

Me colocaron una inyección o algo raro a lo que no presté demasiado atención y, como me dijo el doctor, esperé un rato en una habitación donde me quité todos los metales que llevaba puestos y me cambié de bata, poniéndome ahora una blanca. Después de ello me dieron señal de que ya podía entrar a la sala y me colocaron sobre una camilla antes de entrar a esa máquina que parecía un donut. Escuchaba ruidos casi imperceptibles que propinaba esta, y lo peor fue que tuve que estar ahí metido durante media hora sin poder moverme, siempre en la misma posición y con los ojos cerrados, esperando y quedándome lentamente adormilado, pero aún así mi cabeza seguía maquinando demasiadas teorías de las cuales intentaba pensar en que ninguna de ellas era cierta.

Y ahora estaba aquí, de nuevo vestido y con un leve dolor en el brazo el cual era normal por el escáner, esperando los resultados que mi doctor estaba comentando con un tío. Movía mi pierna incesantemente, mirando mis manos como si fueran la gran odisea, tragando saliva cada vez que bajaban la voz para que no los oyese o me dedicaban alguna mirada cómplice.

El doctor asintió, y el tío ese el cual desconocía se fue quedando esta vez los dos solos en su despacho. Se acercó a la mesa y se sentó, ocupando su sitio. Me miró cruzándose de brazos y miró los papeles que tenía sobre ella, en silencio, con miedo a hablar. Y yo con miedo a escucharle.

&

Andaba de nuevo por los pasillos del hospital, no había nadie por allí, tan solo un par de enfermeros observando que todo estuviese en orden. Ya era de noche, después de pasar todo el día en el patio sin querer ir de nuevo a la habitación y ver a Bill. Simplemente quería que me diese el aire un poco para poder despejarme y… tan solo pensar solo por un tiempo.

Había comenzado a llover y estaba totalmente empapado, ganándome miradas extrañas de las pocas personas que por allí había. Mi cabeza la mantenía mirando mis pies, sin querer mirar al frente, apretando entre mis dedos los papeles de mis resultados, haciendo que estos se doblaran un poco a causa de mi fuerza ejercida.

Tan solo subí la cabeza cuando me paré frente la puerta que me separaba de él, y la abrí deseando que estuviera dormido.

– Hola – su voz me hizo suspirar y cerrar los ojos, apretando más fuerte mis puños. No le miré y seguí con mis ojos calvados en mis pies, caminando por la habitación para guardar los papeles a arrugados debajo de la almohada – ¿Dónde has estado todo el día? Estás empapado – le hice caso omiso a sus palabras y escuché un par de pasos dirigirse hacia mí, junto a un par de manos posarse sobre mi espalda en una pequeña caricia, consiguiendo que mi tensión desapareciera, suspirando levemente, quitándome todo el peso que llevaba en mi espalda -. Ven, tienes que cambiarte… – me dejé llevar por él, cogiéndome de la mano y girándome para que le mirara a los ojos. Mi cara probablemente estaba demacrada, y le agradecí de que no hiciera preguntas ahora mismo. Pasó sus brazos por mis hombros, intentando desatar la bata totalmente mojada que llevaba puesta, sin quitar sus ojos de los míos. Subí una mano hacia su rostro y lo acaricié, deleitándome con él y sus grandes y jodidamente bonitos ojos que ahora estaban maquillados.

– Eres tan guapo… – susurré inclinándome para poder acaparar sus labios en un pequeño beso. Pasé un brazo por su cintura, atrayéndolo totalmente a mí, mientras con el otro seguía acariciándole. Bill enseguida abrió la boca y dejó que mi lengua se entrometiera en su cavidad, en un beso húmedo y cargado de amor. Sus manos consiguieron desatarme lentamente cada botón de la bata y fue cuando nos separamos por un solo momento, con las respiraciones aceleradas y nuestras miradas conectadas.

– Hazme el amor ahora, porque sino, nadie me lo hará jamás… – susurró cerrando los ojos.

– No permitiré que eso ocurra – susurré de la misma forma.

Continúa…

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