Fic Toll de RubelangelTwc

Capítulo 12

Sonreí como el hombre más feliz de este puto mundo cuando desperté entre los brazos de Bill y recordé todo lo que pasó entre nosotros. Ya había pasado un largo rato desde que me desperté, pero aún así mi sonrisa no desaparecía a pesar de lo que estaba haciendo ahora mismo.

– ¿Y esa sonrisa? Que yo recuerde a lo largo de todos mis años nunca he visto a un paciente feliz por lo que estás haciendo ahora mismo… – me encogí de hombros cuando mi doctor me dijo aquello, levantándome de la silla en la que estuve sentado y conectado a esa aguja que me traspasaba líquido a mi cuerpo.

– Sólo soy feliz – susurré.

– Me alegro mucho por ti – asentí y me puse una gorra sobre mi cabeza, la cual debería de llevar a partir de hoy -. Sabes cuales son los síntomas, ¿No? Te los dije antes. Te mandaré un doctor que ira a revisarte cada día para ver cómo estás, y te aplicaremos una dieta diferente – moví la cabeza de arriba a abajo -. Dentro de una hora empezarán las nauseas y te sentirás muy mal, así que procura estar preparado para ello. En cada sesión te sentirás peor, la cual será la semana que viene… Pero por favor, Tom, te soy sincero con lo que pasará, pero no lo dejes. Sabes los síntomas y aún así has aceptado, ahora sólo queda esperar.

– Está bien – murmuré, sentándome ahora en mi silla de ruedas -. Esperaré hasta la semana que viene – le dediqué una pequeña sonrisa y me fui de allí.

Sólo quedaba esperar… Esperar a que quizá todo esto pasara, o esperar… a que algo peor sucediera.

La operación se había suspendido ya que con el tratamiento tenía los glóbulos rojos muy débiles y podría resultar fatal.

Ahora mismo me importaba muy poco los síntomas que tendría en unos minutos, sólo quería ver a Bill y estar con él para poder descansar un rato.

Después de andar por los pasillos y bajarme del ascensor vi que Simone se acercaba a nuestra habitación y entraba en ella sin lograr verme ya que estaba lejos de ella. Recé porque Bill ya estuviera despierto y hubiera arreglado todo para que no se diera cuenta de lo que hicimos… Pero cuando me acerqué y puse la oreja sobre la puerta me di cuenta de que no había sido como deseé.

– Mierda – escuché la voz de Bill adormilada, y me lo imaginé totalmente rojo bajo la atenta mirada de su madre. Joder… Tendría que haberle despertado o haber recogido yo mismo la ropa del suelo…

– ¿Qué… Qué es todo esto? – ahora preguntó Simone con voz nerviosa, me di una palmada mental en la cabeza y suspiré. El silencio se hizo presente donde Bill no dijo nada, y me dieron ganas de entrar en la habitación y explicar yo mismo lo que había sucedido, pero no, no podía meterme en esa conversación la cual, a pesar de incluirme, era de madre-hijo – ¿Bill? – volvió a decir Simone, seguramente esperando una contestación.

– Mamá… Ehh… Lo… Yo y Tom… Sabes lo que ha pasado… No me hagas decirlo, me da mucha vergüenza… – no pude evitar formar una sonrisa en mi cara por el tono de voz de Bill, se veía como un niño cuando estaba nervioso.

– ¿Habéis… tenido sexo?

– Joder, sí, hemos hecho el amor. Joder, mamá… Esto es demasiado vergonzoso… ¿Por qué no vuelves después?

– No, yo… Lo entiendo, Bill. Eres adolescente, le quieres y… es normal, supongo. Menos mal que ha sido con él y no con el niño piojoso que tenías como novio – escuché la suave risa de Bill y la de Simone al decir eso. Me sentía incómodo al escuchar conversaciones ajenas, pero no podía dejar de hacerlo a pesar de todas las personas que me miraban por tener la oreja pegada a la puerta.

– Tom es diferente – sonreí como un estúpido enamorado y cerré los ojos.

– Lo sé, cariño. Sólo… ¿Estás seguro de esto? Sé como piensas y sé que no le quieres hacer daño, siempre me lo dices.

– Sólo pienso que es idiota por estar conmigo sabiendo las consecuencias. Me dijo que no pasaba nada… Pero creo que si todo esto fuera al revés yo no podría aguantarlo como él hace… Me dolería demasiado – y ahí vino una fuerte puñalada en el pecho, donde mi sonrisa desapareció y me distancié de la puerta, sin querer escuchar más la conversación.

Si fuera al revés… Si yo me estuviera muriendo, si fuera yo el que peor estaba, no podría aguantarlo… ¿No estaría conmigo?

Yo no podría aguantarlo como él hace… Me daba igual saber cómo acabaría todo cuando supe por lo que Bill estaba pasando, pero… ahora que todo era diferente a pesar de que él no lo supiera… Me daba miedo, me daba muchísimo miedo…

Me dolería demasiado… ¿Me dejarías, Bill? ¿Si yo… Si yo me estuviera muriendo me dejarías?

Le iba a doler, joder, sabía que le iba a doler demasiado si se enteraba, si se daba cuenta de la puta realidad. Y no quería que esto acabase con él, que yo acabara con él… Pensé en distanciarme de él cuando me dieron las respuestas antes de hacer el amor, pero no, simplemente no pude y ahora me daba cuenta de lo egoísta que fui, de lo mierda que me porté. Porque ahora no sabía qué le dolería más, dejarle o… seguir con esto a pesar de… que ese tal vez que él creía sea realidad.

Aún podía pararlo, aún podía hacer que esto acabase para que no le doliera tanto. Sí, eso haría, me distanciaría de él hasta que no quedase nada entre nosotros. Solo lo haría por él, para que estuviera bien y la caída no fuera tan dura. Le dejaría… Le dejaría a pesar de que me matase por dentro hacerlo, a pesar de las millones de lágrimas que quería derramar por él, por mí, por esta relación y por la mierda que me estaba pasando.

Apreté la mandíbula y me sentí una mierda. No debí haberle dicho que le quería, no debí haber hecho el amor con él… No debí hacer nada de eso porque así ahora sería todo más fácil, así ahora el dolor que me mataba por dentro no sería tan grande.

Pero estaba dispuesto a hacerlo… A dejar todo, a dejarle a él… Solo por su seguridad y felicidad.

Sólo esperaba que el dolor no fuera tan grande.

&

Y así fue, pasaron tres semanas y yo cada día, cada hora, cada minuto y cada segundo me encontraba peor. Las nauseas jamás desaparecían y Bill cada vez estaba más preocupado por mí…

– Tom… Llevas vomitando durante días y ni siquiera me hacer caso para ir a ver al doctor… – me dijo después de que hubieran pasado cuatro días desde que me distancié de él. Ya no le tocaba, ya no le besaba, y ni siquiera le miraba. No dormía junto a él, y las noches eran lo peor, cuando sentía su ausencia. Cuando las lagrimas no hacían más que desbordarse silenciosas. Yo me excusaba diciéndole que me encontraba mal y no quería hablar, ni comer, ni besarle por el sabor a vómito. Mentiras que cada vez cobraban menos sentido, viéndole cada vez más aburrido de toda esta situación.

– En unos días iré a hablar con él, sólo… es un pequeño resfriado, no te preocupes – y eso hice, en unos días fui a hablar con él, pero no precisamente sobre el resfriado que él creía que tenía, sino para el segundo tratamiento.

Ese día lo recordé como el peor, me sentía mal, muy mal, las nauseas ahora no desaparecían ni por un maldito segundo. No podía moverme por el cansancio que siempre estaba presente y no comía, ni bebía, quedándome cada vez más delgado y sin ganas de nada.

Llevaba mucho tiempo sin besar a Bill, sin abrazarle… Y eso era peor que todo lo que estaba sintiendo.

Hoy discutí con él porque no comía, después de una semana más del tratamiento los vómitos ya no eran tan regulares, pero la palidez sí. El doctor me dijo que la tercera y última sesión sería dentro de dos semanas, y lo agradecí.

Cada vez Bill estaba más cansado, más aburrido de mí y de mi insensibilidad. Y la peor noche fue una vez que lo escuché llorar, silencioso, pero aún así le escuché. Me rompió el corazón saber que lloraba por mí, por esa distancia y el gran muro que había creado entre nosotros, pero no flaqueé en mi decisión.

Al día siguiente intentó abrazarme, venir a mi cama y dormir lo que quedaba de noche conmigo, pero le rechacé, le dije que estaba sudado y asqueroso, lo cual a él no le importó, pero después de tanto insistir tan solo hizo un asentimiento y se marchó.

No podía aguantar tanta presión y ese día no volví a la habitación, me quedé todo el tiempo del mundo llorando en la última planta la cual estaba deshabitada. Lamentándome y odiándome.

Recordé que Simone incluso intentó hablar conmigo, pero mis únicas respuestas fueron una negación sin querer hablar del tema.

Y yo… todo era cada vez peor… más oscuro, sin ese sentido casi incoherente que me daba Bill siempre que estaba con él.

Ahora ni siquiera Bill reía, ni sonreía, y ya había dejado de maquillarse. Esa alegría que le caracterizaba ya no existía, y eso era lo peor de todo.

Pero estaba dispuesto a dar todo por él aunque doliese, aunque me matase.

Y hoy era el terrible día, el día en el que todo con él acabaría… Era mi decisión y no cambiaría.

Desperté por el dolor de cabeza y estómago que tenía, viendo que el sol ya estaba presente. Me acomodé en mi camilla y parpadeé repetidas veces, mirando a mi alrededor y descubriendo que Bill comía silencioso del desayuno que las enfermeras ya habían traído. Él se percató que me había despertado y me miró con una pequeña sonrisa, esa que siempre guardaba para mí a pesar de que sus ojos llorosos le delatasen.

– Buenos días – me susurró y yo no le contesté, recibiendo tan solo que me encogiera de hombros. Él asintió y apartó su mirada de mí, concentrándose de nuevo en comer – ¿Vas a comer?

– No tengo hambre – dije mirándole esta vez yo.

– Como siempre – murmuró más para él mismo que para mí, pero aún así le escuché -. He pensado que podríamos subir arriba, hace mucho que no vamos juntos… – y siempre estaba así, buscando salidas desesperadas para estar juntos. Tragué saliva y agaché la cabeza.

– Bill…

– No – dijo él cortándome con una voz rota, le miré y vi que su cabello le tapaba el rostro -. Da igual – se puso el flequillo tras la oreja y vi una sonrisa dolida cuando a una lagrima que no tardó ni un segundo en quitar -. Entiendo que te encuentras mal, solo… soy idiota, no pasa nada. Mejor me voy yo solo, lo siento – ya se había acostumbrado a resignarse, y vi que se levantaba de su camilla, dejando allí su comida.

– Bill… – pero antes de acabar mi susurro ya se había ido tras la puerta, quedándome en un odioso silencio el cual solo hacía hundirme – ¡Joder! Mierda, mierda, mierda… – empecé a gritar, tirando la comida al suelo y dándole un puñetazo a la pared, descargando mi ira y cayendo al suelo al resbalar mi espalda por la pared, escondiendo mi cabeza entre mis rodillas y, de nuevo, comenzando a llorar a escondidas. ¿Por qué tenía que ser tan difícil? ¿Por qué tenía que doler tanto? No sería capaz de dejarle, pero… era su bien, solo por su bien… Pero, ¿Y el mío? ¿Dónde quedaba yo en todo esto? Mi felicidad solo dependía de él y… si le dejaba por completo no tendría a nadie, y probablemente estas sesiones que estaba tomando ya no merecerían la pena. Estaba confundido, demasiado confundido… Cegado por el dolor y mi decisión.

– ¿Tom…? – levanté la cabeza y miré hacia arriba para ver quién me llamaba, y vi a Simone con el ceño fruncido sobre el umbral de la puerta y, al verme llorar, se acercó a mí – Oh, cariño… – se agachó a mi altura cuando ya estuve cerca de mí y me abrazó. Desesperado yo también la rodeé con mis brazos y lloré sobre su hombro. La sentía como la madre que nunca tuve, y por ello me permití el lujo de mostrarme como era ante ella – Cariño… No sé que os pasa, a ninguno de los dos, pero…

– Todo es mi culpa… – sollocé. Jamás pude creer que lloraría así por alguien cuando siempre me mostré fuerte e insensible, jamás, pero ahora todo era tan diferente… Tan surreal que sentía que ahora estaba logrando ser realmente yo mismo.

– No, no digas eso… Acabo de ver a Bill salir de aquí llorando y ahora te veo a ti aquí, haciendo lo mismo. Él no me ha querido contar lo que está pasando, pero necesitáis hablar entre vosotros para aclarar las cosas, cariño. Hablando la gente se entiende – me acarició la espalda y me separó lentamente de ella. Me limpié las mejillas húmedas y asentí decidido a hablar con él. Necesitaba contarle toda esta situación, ser sincero y que él mismo eligiese qué decisión tomar. Si decidía dejarme lo entendería, y si quería seguir conmigo… seguir con esto sabiendo las consecuencias, volveríamos a ser los de antes.

– ¿Dónde está? – pregunté, levantándome junto a ella del suelo.

– Creo que ha subido arriba – moví la cabeza en forma de asentimiento y decidido a ir a verle anduve hasta la puerta, pero antes de abrirla la voz de Simone me interrumpió.

– ¿Le sigues queriendo o…? – dejó la frase colgada y yo negué.

– Sigo sintiendo lo que te dije esa vez – agaché la cabeza y me coloqué bien la gorra, esa que llevaba siempre a partir de ese día.

Mantuve mi mente en blanco todo el recorrido hasta la última planta, donde podías salir al exterior.

No quise pensar simplemente porque ya lo había hecho demasiado, y suficiente dolor había conseguido.

Miré por las ventanas que allí había antes de abrir la puerta y salir, y vi a un pequeño cuerpo con la cabellera totalmente negra sentado sobre el césped, mirando al frente, pareciendo perdido.

Suspiré y salí fuera, armándome de valor para acercarme a él, sintiendo que a cada paso que daba más inseguridad crecía en mí, pero fue demasiado tarde cuando ya lo tuve a unos centímetros de mi cuerpo y él se dio cuenta de mi presencia cuando se giró y conectó sus ojos llenos de lagrimas con los míos, las cuales se limpió antes de quitar su mirada de la mía y volver a mirar al frente. Cerré los ojos y cogí aire, sentándome a su lado sin decir nada, en un silencio sepulcral donde solo se escuchaba el sonido de los coches y del aire.

Quería hablar, pero nada de mi garganta salía, haciendo que él tomara la primera palabra.

– No creía que vendrías – susurró jugando con la hierba.

– Yo tampoco – me sinceré, abriendo los ojos y mirándole por un corto plazo de tiempo -. Necesitamos hablar, Bill…

– Lo sé, pero no quiero… No quiero escucharte – su mandíbula comenzó a tiritar y supe que sus lagrimas volverían a salir, pero no hice nada, solo fruncí el ceño y suspiré.

– ¿Por qué? – dije confundido, sin entender por qué no quería escucharme.

– No quiero oír cómo me dejas… No quiero, Tom. Yo… es mejor hacerlo así, ahora tú te irás, o yo, me cambiaré de habitación y haré como que jamás haya pasado todo esto, como que jamás me hayas dejado. Así todo es más fácil. Me has hecho muy feliz, Tom, pero entiendo que quieras dejarme.

– No, Bill, cállate y escúchame – pedí en una opción desesperada. Él ya estaba llorando y solo hacía que esto me resultara muchísimo más difícil de lo que me imaginé que sería. Hice que me mirara, cogiéndole del mentón y conectando sus ojos con los míos, mirándonos a los ojos, los dos derramando lagrimas.

– ¿Sólo me querías para esto, no? Sólo… Querías sexo y ahora que ya lo has conseguido ni me miras a la cara, ni me tocas… Ni… No me quieres – negué con la cabeza e intentó apartar la vista de mí, pero no le dejé. Verle llorar era lo peor de este jodido mundo.

– No, no te quiero solo por el sexo ¿Me escuchas? Te quiero, joder, pero estas semanas… Bill, si sigo contigo solo te haré daño – ¿Se lo iba a decir? Sí… Por supuesto que se lo iba a decir.

– ¿Qué? – preguntó en un hilo de voz.

– ¿Te acuerdas de ese día en el que no fui a la habitación durante todo el día? Antes de… eso – él asintió y yo decidí seguir, tragando saliva y soltando la bomba -. Cuando me hicieron el PET… Dios, Bill, todo estaba iluminado… ¿Sabes esos conciertos de… rockeros? – dije con una sonrisa, llorando – Todo, el hígado, la pierna, el pecho…

– No… – sus lagrimas cada vez bajaban más seguidas y su cara estaba completamente roja, al igual que la mía.

– Sí… No me operaron de la pierna porque no servirá de nada si igualmente voy a morir… No me queda mucho, unos meses o… un año quizá. No he tenido un resfriado, Bill, estoy tomando quimioterapia… Llevo esta gorra porque hace unos días ha comenzado a…

– Tom… – no me dejó acabar la frase y pasó una de sus manos suavemente por mi rostro, tocando mi cabello y estirando de un mechón de él, quedando ese trozo de pelo en su mano. Se tapó la boca y negó con la cabeza repetidas veces, sollozando y llorando como nunca le había visto, partiéndome en mil pedazos verle así.

– Sabía lo que me estaba pasando antes de que hiciéramos el amor, pero… No tuve fuerzas para decírtelo y… solo quería compartir todo contigo, saber que te tuve por una vez. Y… al día siguiente cuando vine de la primera sesión de quimioterapia… escuché que hablabas con tu madre y… le decías que si todo esto fuera al revés no podrías soportarlo y decidí que lo mejor era alejarme de ti. Bill, te quiero, joder, y… entiendo que me dejes porque no lo podrás soportar…

– Tom… No podría soportarlo pero… yo… no puedo, no puedo dejarte, no ahora que… te quiero demasiado – cerré los ojos y juntamos nuestras cabezas, compartiendo nuestro llanto -. Me da igual que…

– Que me esté muriendo – acabé la frase por él.

– No, no te estás muriendo, solo… es una prueba. Como… en los cuentos, ellos también tienen pruebas que superan y…

– Este cuento va a acabar mal, lo sabes mejor que nadie – susurré.

– Me da igual no llegar a viejo contigo, me da igual todo, Tom… Podría dejar ahora mismo todo y me daría igual porque estoy contigo, joder y… No pienso dejarte. Somos un cuento, una flor… Ya me da igual lo que seamos. Me da igual si somos un cuento pequeño, o uno grande, si somos un grano de arena o una flor, solo me importas tú, joder…

– ¿Vas a estar conmigo? – murmuré abriendo los ojos al mismo tiempo que él.

– Hasta el final – asentí y nos fundimos en un beso húmedo a causa de las lagrimas.

Fue difícil pensar que volvería a estar con él de esta manera, besándole y abrazándole, siéndole sincero y aún así seguir conmigo.

Supongo que fue difícil volar cuando lo único que esperaba era la caída.

Ahora ya no nos importaba nada, solo nosotros dos mismos, nuestras inmensa felicidad.

Y a veces pienso que el amor es peor que el cáncer, te mata igual, pero es una muerte lenta y dulce, una muerte que vale la pena.

Continúa…

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