Fic Toll de RubelangelTwc
Capítulo 13
– ¿Vas a venir cada día a partir de ahora o qué? Te recomiendo que no es muy divertido ver cómo me pinchan y me ponen droga en el cuerpo – le dije a Bill esa mañana mientras envolvía su cuerpo con mis brazos, y es que últimamente no podía dejar de estar así con él, necesitaba hacer que cada minuto con Bill mereciese la pena hasta que se acabaran, hasta que estos valiosos minutos dejaran de existir.
– ¿Más asqueroso que tener que rajar un ojo y que el líquido te caiga en la cara? – fruncí el ceño y él rio – Cuando tenía trece años tenía una profesora, creo que se llamaba… ¿Anne? Y nos hacía ir al laboratorio para hacer cosas raras – sonreí y los dos comenzamos a comer de nuestra bandeja, él sobre mi regazo y yo con uno de mis brazos alrededor de su cintura.
El cáncer sin duda te hacía cambiar.
Cuando estás al borde de la muerte te das cuenta de lo que a palabra «vida» significa.
El cáncer te hace cambiar, como a mí, mi insensibilidad y mi chulería la había mandado a la mierda, ¿De qué servía? Estaba mucho mejor así, abrazando a Bill por la espalda, siendo cariñoso con él y, siendo, simplemente, yo mismo como siempre debió ser.
– Creo que esta es la primera vez que le tengo miedo a la muerte – me susurró muy cerca del oído dejando su plato a un lado, me miró y dejó reposada su cabeza sobre mi hombro.
– Yo también – susurré de igual forma.
– Estos días… Todo ha sido una mierda, Tom. Mi doctor me ha propuesto también la quimioterapia, dice que mi cáncer avanza rápido y yo lo siento, siento que…
– Cállate, solo… no digas nada – escondí mi cabeza entre su cabello e hice que su cuerpo quedara mucho más cerca al mío, esperando que esta sensación de dolor por él desapareciera.
– No, debes saberlo, Tom. No voy a aceptar la quimioterapia, hace unos años… la primera vez que me la administraron decidí que no volvería a tomarla, es una decisión propia y no voy a flaquear en ella. Me dijo que mis pulmones pueden fallar en cualquier momento, que no hay un tiempo predeterminado en el que pueda esperar la muerte, puede ser ahora mismo, mañana… Pero está seguro que no duraré un año, o diez meses… Así que Tom, por favor, escúchame, ¿Vale? Tú eres fuerte, sé que lo eres, joder, y… con la quimioterapia tienes muchísima esperanza de vida, más que yo, desde luego así que… ¿Te puedo pedir un favor?
– Bill… – dije en un susurro desesperado, estaba al borde de las lágrimas. No quería escucharle porque tenía miedo.
– Tom, si no salgo de esta…
– No digas eso… y ahí iba mi primera lagrima.
– Prométeme que si me muero antes, cuidarás de Sophi. Por favor, Tom, promételo… Dime que serás como un hermano mayor para ella, la mimarás y la defenderás de los matones. No quiero que sufra cuando deje de estar a su lado… Ella te ha cogido mucho cariño, ya eres como su hermano. Así que no la dejes sola cuando… yo me vaya – negué con la cabeza y me limpié el rostro con el dorso de mi mano.
– Lo prometo y… También te prometo que no vas a morir sin verla crecer – asintió con una débil sonrisa y me abrazó sinceramente. Yo también hice lo mismo y cerré los ojos mientras respiraba y olfateaba su olor, un olor que siempre desprendía y que me encantaba.
– Tom… – susurró tan cerca de mi cuello que sentí un escalofrío a lo largo de mi cuerpo. Hice un casi inaudible sonido con la garganta el cual se escuchó por el silencio que había entre nosotros dos ahora mismo – Deberíamos de ir a tu sesión – asentí haciendo menos fuerza alrededor de su cuerpo para que se separara levemente de mí y así poder levantarse de la camilla donde estábamos recostados tirando de mi brazo para que me bajara yo también. Él cogió esa mochila que hace poco le dieron para que pudiera desplazarse sin tener que quitarse el respirador. Yo me senté en mi silla de ruedas y tiré de ella para salir de allí con Bill detrás de mí.
– No deberías de venir, parezco drogado, como si me haya fumado algo que te deja tonto – dije mientras andábamos por los pasillos, Bill me miró y frunció el ceño.
– ¿Más de lo que estás? – sonreí ladeadamente y solté una carcajada junto a él. Me fascinaba la facilidad que tenía para hacerme reír.
– Gracias por tus preciosas, como yo – dejé escapar junto a una tos falsa – bromas – dije acabando la frase. Bill negó con su cabeza repetidas veces sin esfumarse esa sonrisa de su rostro.
– Gracias por tu narcisismo – argumentó.
– De nada – fue lo último que dijimos en esa pequeña y divertida conversación, tan solo tardamos un par de minutos en llegar al sitio y entrar después de picar a la puerta. Mi doctor ya estaba allí esperándome y cuando vio a Bill pasar se asombró ya que le expliqué todo lo que estaba sucediendo, que no le quería decir nada a él para que no le doliera, pero aún así no lo mostró y carraspeó saludándonos a ambos estrechando nuestras manos.
– Buenos días – asentimos los dos en forma de saludo y yo me levanté de la silla dejándola a un lado -. Bueno, este será tu último ciclo de momento, pero te tendremos que ir vigilando de cerca. La quimioterapia lo único que hace es ralentizar el cáncer, pero no lo cura, Tom, debes tener eso claro – moví la cabeza de arriba abajo y me sonrió levemente.
– Lo sé – susurré siguiéndole hacia la camilla donde siempre me sentaba para que me pusieran la jodida aguja. Me senté en ella y vi a Bill que se quedaba en el mismo sitio con la mirada perdida en algún sitio de la habitación, sin centrarse en mí.
– Tom, este ciclo será más fuerte que el resto, ¿Está bien? Así que debes de estar en completo reposo y no dejar de comer, ahora no puedes dejar de comer aunque no tengas apetito, es muy importante las proteínas en tu cuerpo ahora mismo – le di mi afirmación y suspiré -. Hazlo por él, muchacho – murmuró señalando a Bill con una fina sonrisa -. Muy bien, ahora vendrá una enfermera que te lo administrará – dijo en voz alta para también captar la voz de Bill. Dio media vuelta y se despidió de nosotros antes de salir por la puerta y dejarnos a nosotros solos en un silencio un tanto incómodo por la situación.
– ¿Por qué no quieras la quimioterapia? – fue lo primero que se me ocurrió y pasó por mi mente para romper el silencio, me gané la mirada de Bill y se encogió de hombros, acercándose a mí para sentarse en una silla que había al lado de la camilla donde yo estaba sentado.
– ¿Por qué quieres la quimioterapia? – preguntó él al revés de mi pregunta.
– Para vivir un poco más – respondí.
– Ahí tienes tu respuesta, Tom. Me prometí que cuando llegara la hora de… morir, no tendría miedo, no alargaría un poco más mi vida porque no quiero jugar con la muerte. Me dije que no dependería nunca de una máquina para vivir, y mírame, tengo este respirador ahora mismo que me ayuda a eso, a respirar para poder vivir, no quiero romper otra promesa. Antes no me hubiera importado morir… antes – terminó de decir mordiéndose el labio inferior en una mueca que no supe calificar -. Me has hecho quererte tanto que no quiero morir simplemente porque tendré que irme de tu lado.
– Buenos días – justo interrumpió la enfermera haciendo que Bill desviara su mirada de mí y cambiara su rostro a una pequeña pero no verdadera sonrisa en forma de saludo a ella. Yo me quedé en silencio, sin dejar de mirarle simplemente porque no quería y no podía hacerlo. Maldito momento para hablar de esto – ¿Thomas Trümper? – cuando escuché mi nombre enseguida subí mi cabeza y la miré.
– Sí, yo, lo siento – me disculpé por no haberla saludado pero ella hizo un gesto diciéndome que no pasaba nada, se acercó a mí y pude ver que era joven, diferente a las otras que había tenido que ni una sonrisa me dieron -. Muy bien, quimioterapia intravenosa, este es tu último ciclo ¿No? – dijo leyendo el papel que tenía sobre sus manos, yo asentí y ella dejó la hoja a un lado – Solo sentirás un pequeño pinchazo y dentro de… unos quince o veinte minutos volveré a retirártelo y podrás irte de aquí.
– Vale – dije sin más. Aparté la mirada porque pasaba de ver cómo metían una aguja en mi cuerpo la cual transportaba líquido que, más que ayudarme, parecía veneno que me mataba los primeros días. Bill me tendió la mano y, a pesar de verlo innecesario ya que no dolía, tan solo me daba grima mirar, no desperdicié la oportunidad y se la agarré entrelazando nuestros dedos. Sentí un pequeño pinchazo, esta vez un poco más fuerte que los anteriores y enseguida sentí el líquido que me quemaba levemente por dentro, pero enseguida dejé de notar eso y volví a mirar.
– Perfecto – dijo la enfermera mirando la bolsa del líquido ese raro que estaba metiéndose en mi cuerpo antes de coger de nuevo el papel y apuntar un par de cosas -, entonces en un rato nos vemos, os dejo solos – asentimos y se marchó tras la puerta. En un movimiento involuntario metí la mano en uno de mis bolsillos de la bata y fruncí el ceño cuando sentí algo en él, lo agarré y lo saqué ante mi vista, viendo que era una flor un tanto fea ya por haber pasado tanto tiempo ahí metida. ¿Por qué tenía una flor?
– ¿La sigues teniendo? – preguntó Bill extrañado pero a la vez sonriente, entonces recordé, esa vez en la que subimos arriba, cuando Bill me dijo que se quería trasladar de habitación… Y arranqué una de las flores.
– No lo sabía, pero está muy fea – era bonita, sin duda, sus pétalos eran de un color rojo intenso pero no se mantenía en pie y ahora un color grisáceo atacaba a su tallo verde.
– No es fea, dámela – fruncí el ceño y se la tendí, Bill la agarró y se agachó un momento a su mochila donde llevaba la bombona de aire y sacó una… ¿Enserio?
– ¿Enserio llevas revistas de moda ahí? – dije carcajeándome. Bill me miró con una sonrisa y me enseñó el dedo del medio en forma de broma. Abrió la revista por la mitad y colocó ahí la flor antes de aplastarla con los dos extremos de la revista, quedando la flor en medio.
– Ahora se quedará plana y dentro de un tiempo estará muy bonita, ya verás. Mi madre lo hacía – fruncí el ceño pero aún así le hice caso y agarré la revista, quedándomela yo.
– A veces pienso que eres raro, pero me gusta – dije, y Bill sonrió desviando su mirada de mis ojos.
– Sólo no me gustan las cosas normales – dijo, y sonreí como un idiota..
– Pues, ¿Sabes lo que tiene de bueno tu mundo raro? – dije.
– ¿El qué? – dijo extrañado, sin entender a qué venía esa pregunta.
– Que tiene algo bueno, ¿Sabes? Porque te tiene a ti – no supe si lo dije por la droga, pero me sentí bien al decírselo. Bill sonrió muy ampliamente y sus ojos se tornaron brillantes, haciéndome sentir especial. Agarré su mano y cerré los ojos cuando de repente me atacó un pequeño mareo.
– ¿Estás bien? – me preguntó Bill con voz preocupada apretando más mi mano.
– Sí, solo ha sido un mareo, después estaré peor probablemente – volví a abrir los ojos e hice una mueca despreocupada cuando miré a Bill a los ojos -. ¿Alguna vez te han dicho que eres muy guapo? – pregunté riendo, Bill sonrió y negó con la cabeza con un pequeño sonrojo en sus mejillas que joder, cuando me gustaba.
– Bueno, mi madre y mi hermana, pero supongo que es normal que te diga eso tu familia aunque seas muy feo – se encogió de hombros y desvió por un momento la vista.
– Pues añádeme en tu lista, tu novio te dice que eres muy guapo y no es coña, eres perfecto.
– Sí, por eso tengo cáncer, porque soy perfecto – dijo sarcástico y vaciló en una sonrisa ladeada, un poco dolorosa.
– Eres perfecto y no sé si es por la droga esta – dije alzando el brazo que estaba conectado a la aguja – pero no me importa que los dos tengamos cáncer, eso es lo de menos. Siento que me da igual cómo acabe todo esto. Me da igual no tener un final feliz contigo, porque simplemente cuando se trata de ti no quiero un puto final.
– No va a ser fácil – susurró después de un pequeño silencio entre ambos. Me extrañaba no sentirme incómodo ahora mismo por abrirme totalmente, pero necesitaba serle sincero, no guardarme nada porque no teníamos todo el tiempo del mundo, y no quería sentirme mal cuando ya no le pudiese decir todo lo que sentí, o que él se sintiera mal cuando ya no pueda decirme todo eso que siente. Cuando estás al borde de la muerte ya nada te importa, solo él.
– No quiero que lo sea, es mejor así – asintió y se inclinó para colocar su cabeza en mi pecho. Nuestras manos aún unidas seguían entre nuestros cuerpos, y en ese pequeño y hermoso silencio empezamos a jugar con ellas. Él estiró su mano y yo volví a atraparla entre la mía, así durante un largo o, quizá corto tiempo. Nunca separábamos nuestras manos ya que el otro se encargaba de volverlas a juntar, a veces riéndonos y yo, sintiendo que la droga me hacía marearme un poco, pero aún así lo peor llegaría dentro de una hora como siempre. En un movimiento no esperado estiré el brazo de Bill y cuando giró la cabeza le di un pequeño beso sin profundizar sobre sus labios, ganándome una sonrisa de su parte. Nos separamos un poco, sin soltar nuestras manos, cuando escuchamos que picaban a la puerta y entraba la enfermera de antes.
No presté mucha atención a lo que me dijo ya que me sentía mareado y cansado, con un leve dolor en el brazo, tan solo me levanté de la camilla y me dejé caer en la silla de ruedas, ella me dijo un par de cosas y firmé un papel que me tendió antes de despedirse de nosotros y salir por la puerta.
– Bill… – susurré su nombre tirando de mi silla de ruedas, ya íbamos por la mitad del pasillo, casi llegando a nuestra habitación de nuevo. Bill volteó su cabeza y me miró.
– ¿Qué? – preguntó esperando que siguiera hablando.
– Creo que… es la hora de esto – dije agarrando un trozo de mechón de mi cabello. Él lo entendió e hizo una mueca afirmativa mientras acariciaba mi rostro con su pálida y suave mano.
– Como quieras – me sonrió para darme ese poco de ánimos que justo ahora me faltaban, pero debía hacerlo. Asentí y justo entramos otra vez en la habitación. Fui hacia mi camilla y dejé sobre mi mesa de noche la revista la cual portaba dentro la flor, y cogí la maquinilla para cortar el cabello que estaba en uno de los cajones guardada – ¿Desde cuando la tienes? – me preguntó Bill bajo su atenta mirada. Me giré y fui hacia allí, yendo junto a él al baño, frente al espejo.
– Se la pedí a Nat – Bill asintió y encendió las luces del baño, dejándonos ver frente el espejo, viendo mi delgada cara junto a esa gorra que nunca me quitaba. Bill me miró por el cristal, conectando nuestras miradas, se agachó y pasó sus brazos por detrás de mis hombros, quedando los dos con las mejillas juntas, mirándonos al espejo. Me sentí jodidamente bien y tranquilo en este momento, dándome fuerzas con ese suave beso que me dio en los labios antes de enderezarse y conectar la maquinilla para que funcionara.
– ¿Dónde está ese narcisismo que tanto me gusta? – se burló sacándome una sonrisa.
– Aunque no tenga cabello seguiré siendo guapo, ¿No? – pregunté más animado.
– Siempre serás guapo, aunque seas viejo y arrugado – sonreí y cerrando los ojos para darme a mí mismo ánimos me quité la gorra, dejándome ver esos mechones que aún quedaban en mi cabeza a pesar de que la mayoría del cabello se me hubiera ido cayendo estos días. Me sentí cohibido bajo su mirada, al verme así, tan mal, pero esa jodida sonrisa que me mostró, verdadera y preciosa, fue como un chute de puta adrenalina para mí – ¿Listo? – preguntó agarrando la máquina de cortar el cabello y poniéndola en marcha.
– Listo – dije con un leve asentimiento. Bill se acercó a mí y comenzó a pasar esa dichosa máquina por mi cabeza, viendo en cámara lenta cómo mi cabello (o lo que quedaba de él) caía al suelo uno a uno, quedándome a cada segundo sin cabello, ese que tanto amaba con mis rastas, y que el jodido cáncer me hizo quitarme.
Pero aún así, cuando después de un tiempo acabó, decidí que ni esto ni nada podría acabar conmigo.
El cáncer no me iba a destruir si tenía a Bill a mi lado.
Estaba tan jodidamente enamorado que daría mi vida por él sin siquiera dudarlo.
Me tienes jodidamente enamorado por ti, Bill Kaulitz.
Y joder, ojalá esto nunca acabe.
Pero una cosa estaba clara; aunque alguno de los dos muriese, no íbamos a dejar de querernos nunca.
El para siempre en nuestro amor sí existía aunque no estuviésemos ese para siempre juntos.
El cáncer nos haría separarnos, pero el cáncer no conseguiría dejar de amarle.
Porque Bill es mi final y mi principio. Mi final y mi principio de esta preciosa historia que, seguramente, acabe mal, pero que tan poco me importaba si cada día podía mirarle a los ojos y darme cuenta que aunque me estuviese muriendo, él me daba esa vida.
Continúa…
¡Hola! Casi nunca me paso por aquí xD
Tan solo os quería agradecer por seguir leyendo esta pequeña historia que tanto cuido últimamente y avisaros que se está acercando el final de esta fic.
Espero que os esté gustando ♡