
Fic Toll de RubelangelTwc
Capítulo 14
(Koda – Radioactive)
Pasaron unas semanas, la primera de ellas estuve fatal a casusa de los síntomas de la quimio. Por suerte tan solo se me cayó el cabello de la cabeza, ya que según el doctor incluso podría ser el de todo el cuerpo, pero no pasó.
Simone vino un día a pedirme disculpas y a hablar conmigo un tiempo de lo que me estaba pasando ya que se lo contó Bill. Más que mi suegra parecía mi madre, y amaba eso.
Yo cada día me encontraba mejor, con más fuerzas, y sentía que el dolor en el cuerpo iba desapareciendo. El doctor me dijo que las terapias fueron un éxito, pero que aún así debía de tener una vida saludable y me volvió a avisar que tan solo lo ralentizaba pero el cáncer jamás desaparecería, yo ya lo sabía y era consciente de ello. Y Bill… él cada vez se veía peor, como si yo me alimentara de su salud.
La mayor parte del día estaba cansado y yo me quedaba tumbado con él en su camilla, hablando de cosas triviales y sin importancia. Cuando se dormía entre mis brazos no hacía nada más que admirarle, admirarle y pensar cómo podría estar un ser tan perfecto y precioso entre mis brazos, preguntándome constantemente por qué se estaba muriendo, por qué nuestro final sería doloroso, por qué el para siempre no existía en nuestra historia de amor, y quizá es porque sería demasiado perfecta si existiera realmente, quizá si estuviéramos juntos para siempre el dolor no existiría, este dolor que me mataba al verle dormido, al pensar en el final que esperaba que nunca llegara.
Pero él me enseñó que la vida sin dolor no es eso, no es vida.
Y ojalá hubiera llegado antes a su vida, para destruir antes esa rutina monótona y enamorarme mucho antes de él, quizá podríamos haber llevado ya años juntos, quizá ya me hubiera casado con él importándome muy poco ser tan jóvenes, sólo quería verlo jodidamente feliz mientras estuviéramos juntos, quería que sonriese hasta el final, hasta nuestro final. Porque una cosa estaba clara entre nosotros dos; si uno caía, el otro también lo haría.
Quizá era malo ser dependiente de él, y que él lo fuera de mí, pero es que no teníamos nada más a lo que aferrarnos, nada más a lo que creer y amar, a lo que sentirnos bien y seguros. Él era mi hogar y yo era el suyo.
Si no podíamos estar juntos en la vida lo estaríamos en la muerte.
Pero es que lo quería tanto que si me faltaba algún día no podría respirar porque dolería, dolería saber que ya no podría compartir mi vida con él, o él conmigo.
Había historias de amor que acababan con un final feliz, otras con una discusión, pero tan solo conocía la nuestra que acabase con la muerte.
Pero ni la muerte nos haría separarnos, no conseguiría que nada ni nadie consiguiera separarme de él, de esto tan fuerte que siento por alguien, mi primer y único amor.
A veces pienso que el destino lo quiso así, que nos encontráramos en el peor momento de nuestras vidas, donde todo ya había perdido el sentido para así darnos nosotros mismos ese sentido que consistía en no morir para no alejarnos.
Joder, cuánto te quiero. Y ojalá pudiera haber un reloj que parase el tiempo, para estar todo el tiempo así contigo, admirándote, mientras te sientes seguro en mis brazos, y yo me siento seguro entre los tuyos.
Ojalá pudiera ser como ese pastor, ojalá mi beso verdadero pudiera curarte y vivir un final feliz a tu lado, pero cariño, los finales felices nunca existirían, y esta historia contigo siempre será feliz si la cuento a tu lado, mientras nos miramos a los ojos y te beso delicadamente los labios, susurrándote cuánto te quiero, susurrándote que sin ti no soy nada. Que gracias a ti soy quien soy ahora, que gracias a ti todo vale la pena si es contigo.
Y ahora, mientras despiertas entre mis brazos, no hago más que ver cómo abres esos ojos que me enamoraron hasta las entrañas. Sonreír porque la historia aún no ha acabado, y prometo hacernos felices hasta el adiós.
– Ya te has despertado, dormilón – susurré sobre su oído, Bill sonrió y soltó un ronroneo. Besé sus labios delicadamente y al separarme de él Bill me agarró de la nuca y me hizo profundizar aquel beso, metiendo nuestras lenguas en la boca contraria y dejando que ellas jugaran a su ritmo. Sonreí sobre sus labios y cerré los ojos, deleitándome por el sonido húmedo y la grata sensación de nuestras bocas unidas en una sola. Yo bajé mis manos a sus caderas y Bill hizo un pequeño movimiento para quedar encima de mí. Sus manos ahora viajaron a mi pecho y se recostó sobre mi cuerpo, rompiendo el beso para poder respirar mientras dejaba sus labios en mi mejilla en un pequeño beso. Nuestros pechos estaban completamente pegados en una posición un tanto extraña pero cómoda, mis manos estaban en su espalda, acariciándole, mientras él tenía sus manos alrededor de mi cuello.
– ¿Sabes? He soñado una cosa muy rara… Bueno, más que rara imposible – dijo, girando su cabeza y mirándome a los ojos. Yo pasé una de mis manos por su cabello negro y fruncí el ceño.
– No me extraña con todo lo que has dormido – sonreímos y volvió a dejar su cabeza contra mi pecho mientras yo le acariciaba ahora el cabello – ¿Qué has soñado? – pregunté por mera curiosidad.
– Pues… no sé, que estaba en playa y me bañaba… No sé por qué he soñado eso si nunca he ido a ninguna playa – se encogió de hombros y suspiró.
– ¿Te gustaría…? – pregunté con una loca idea en la cabeza. Quizá, solo quizá… No era tan imposible ¿No?
– ¿Qué? – preguntó un tanto confundido.
– ¿Te gustaría ir de viaje a la playa? Como lo has soñado y eso… No sé, quizá te gustaría… He pensado que te gustaría – completé un poco nervioso. Bill se irguió sobre su cuerpo, quedando sentado en mi regazo, yo también me erguí y quedé sentado en la camilla con él encima de mí.
– Nunca he ido de viaje a ningún sitio, supongo que… Sí, claro que me gustaría ir a la playa. No sé… Quizá ponerme un poco moreno y no estar tan blanco. Pero bueno, supongo que ya lo haré en mi próxima vida – rio al decir lo último, y mi cabeza empezó a maquinar mil y una de opciones, cada una más loca que la anterior, y estaba decidido a ponerlas en práctica, a hacer que no fuera tan imposible ese sueño, que en esta vida sí podría viajar.
– Tengo que hacer un par de cosas… – dije falsamente, removiéndome un poco e haciendo que se quitara de encima de mí para poder levantarme de la camilla y dejarle a él allí, con un suave entrecejo fruncido – Ahora mismo vuelvo, de mientras… Eh… Juro que antes de que acabes de leer alguna revistas de estas… – dije sacando una de las miles que había en su cajón, haciendo que una sonrisa apareciera en su rostro – ya estaré aquí – encontraba mis movimientos y mis palabras nerviosas, haciendo que Bill se diese cuenta y riese por mi torpeza. Dejé un cálido y pequeño beso en sus labios antes de despedirme de él y salir por la puerta.
Me quedé por un momento en blanco, parado detrás de la puerta y pensando en lo que iba a decir.
Está bien, Tom. Tú siempre consigues lo que quieres, y esta vez no será una excepción. Te prometiste hacerlo feliz y lo vas a hacer cueste lo que cueste. Me dije mentalmente dándome a mí mismo ánimos.
Y, por una vez más, me encaminé por los pasillos en busca del doctor para poder hablar con él, siguiendo ese camino que ya me sabía más de memoria. Esto probablemente era una completa locura, la mayor de todas las que alguna vez hice, pero joder, sería la mejor puta locura del mundo.
Podría hacerle mucho más feliz, ya me lo imaginaba sonriendo y besándome por la felicidad y… ¿Haciendo el amor por segunda vez? Quizá. Aunque eso prácticamente ahora era lo que menos me importaba, sólo quería que todos sus putos días recordara que tiene millones de cosas por las cuales seguir viviendo y llorando de la jodida felicidad.
Sí, yo le haría el hombre más feliz del puto mundo, haría que no desperdiciara ni un segundo de su vida, que todos ellos fueran recordados e inolvidables, haría todo lo que estuviera en mis manos para poder verle bien.
Ya conseguí una vez salir a la calle con Bill durante un día gracias a mis argumentos… ¿Podría conseguirlo de nuevo pero, esta vez, salir y nunca volver? Eso esperaba realmente.
Era casi la hora de comer, así que supuse que ahora mismo no tendría ninguna cita ya que era la hora de descanso en la cual tenían tiempo de bajar a la cafetería y pedir algo de comida, por ello reuní mis ánimos cuando me encontré velozmente parado frente a su puerta y piqué suavemente con los nudillos.
Suspiré y me coloqué bien la gorra, ese pequeño tick que tenía siempre que estaba nervioso. Escuché su grave voz contestar con un «adelante» y posé mi mano sobre el pomo, apretándolo con fuerza antes de girarlo y entrar con una pequeña sonrisa de saludo. Él estaba recogiendo un par de papeles que tenía sobre su escritorio y cuando se dio cuenta de que era yo -para variar- me sonrió y me estrechó la mano cuando estuve cerca de él después de cerrar la puerta tras de mí.
– Hombre, mi gran paciente Thomas Kaulitz de nuevo por aquí, te veo muy bien, demasiado bien optaría por decir – hice un extraño ruido con la garganta de afirmación mientras me condecía un sitio frente a él y me sentaba en la silla -. Lo que hace el amor, eh, jovencito – probablemente me sonrojaría hasta la punta del cabello… Si ahora tuviera.
– Sí… Supongo que sí – afirmé, sabiendo totalmente que era gracias a ello, gracias a Bill que estaba bien.
– Bueno, me temo que no me has venido a hablar precisamente de tu vida amorosa, ¿No? – negué con la cabeza y él cruzó sus dedos – Y por lo bien que estás supongo que los exámenes recientes han ido bien y tampoco vienes a por preguntas sobre la quimioterapia, ¿O me equivoco? Así que cuéntame, muchacho, ¿Qué favor quieres?
– ¿Tan convincente soy? – pregunté con los ojos levemente abiertos, todo el mundo siempre conseguía adivinar todo de mí, incluido Bill la primera vez que llegué aquí y nos vimos.
– Demasiados años de práctica, jovencito – asentí y le miré directamente a los ojos, quizá siendo demasiado directo a lo que quería preguntar.
– Bueno, eh… – dije buscando las palabras exactas para adentrarnos en el tema sin rodeos – ¿Qué probabilidad hay de que nos pase algo aquí como si estamos fuera? Es decir… ¿Qué diferencia hay entre estar ingresados aquí como fuera del hospital? – pregunté totalmente interesado.
– Supongo que me hablas de ti y…
– De Bill Kaulitz – completé yo su frase.
– Me lo imaginaba. Bueno, sabes las reglas que tomamos con Bill, él… está muy enfermo, Tom, y si le pasara algo fuera del hospital… Las probabilidades de no llegar a tiempo con prácticamente altas. Y tú, bueno, tienes menos riesgos ya que acabas de salir de la quimioterapia pero hay que mantenerte vigilado a toda costa por si acaso.
– Si a Bill le ocurriera de nuevo algún ataque como el anterior… ¿Podríamos llegar a tiempo a algún hospital cercano?
– Sí, si no están muy lejos de él por supuesto que sí, el único problema es que tendría los pulmones más tiempo encharcados de ese líquido por lo tanto el tiempo que podría respirar sería menor y las consecuencias mayores. Pero tan solo sería tenerlo por un tiempo más vigilado si todo resultara bien – asentí, formándome un esquema mental en la cabeza – ¿A qué viene todo esto, Tom? Tengo una vaga idea, pero…
– Somos mayores de edad, por los cual si firmamos algún contrato o algo podríamos salir del hospital… ¿No? – pregunté frunciendo el ceño. El doctor se quedó en silencio por un momento antes de asentir.
– Sí, podrían hacerlo, pero… No nos responsabilizamos de nada, tienes que estar totalmente seguro de ello.
– Quiero el alta – dije decidido, completamente seguro de mi decisión.
Abrí de nuevo la puerta de nuestra habitación con un par de papeles en mano después de un tiempo más en el cual estuve hablando sobre el tema con el doctor. Me encontré a Bill en la misma posición en la cual le dejé mientras ojeaba la revista, despegó los ojos de ella y me miró cuando se dio cuenta de mi presencia.
– Justo me faltaba media página para acabara, casi incumples tu promesa, Thomas Trümper – dijo sentándose al borde de la camilla, me acerqué a él y me quedé frente a él – ¿Qué es eso? – pregunté señalando el par de papeles que tenía.
– Bill Kaulitz, aquí está nuestra libertad – dije sonriendo mientras los agitaba al aire – ¿No querías viajar a la playa? Pues si firmamos esto mañana mismo nos vamos a mi casa, compraré los billetes del primer avión que salga hacia la costa y nos iremos juntos, tu madre y tu hermana si quieren. Alquilaré algún piso grande que haya por allí cerca y venderé la casa de mis padres para conseguir más dinero, no nos hará falta trabajar y cada día podrás ir a la playa, te pondrás moreno y serás libre de entre estas putas cuatro paredes. Y te prometo que te daré el final que quieras si estamos juntos.
Soltó un inaudible jadeo, y me sentí un completo marica cuando me entraron unas fuertes ganas de llorar de la puta felicidad cuando vi que alzaba las cejas y una pequeña curva aparecía en su rostro.
– Me estás diciendo que… ¿Ya no voy a volver aquí? Que… ¿Podré ser libre? Que saldré de aquí ni no voy a volver, que soy libre, que vamos a la playa, que… Que mi sueño se va a cumplir – susurró en un hilo de voz, yo asentí y Bill no dijo nada durante un pequeño momento, antes de llevarse las manos a la boca y soltar un pequeño sollozo por la impresión que hizo que mi puta felicidad subiera a mil – ¡Oh, dios! ¡Tom! – gritó tirándose a mí con fuerzas, agarrándose de mi cuello con sus brazos y de mis caderas con sus piernas, haciendo que perdiera el equilibrio y los dos cayéramos al suelo riendo fuertemente como un par de idiotas, como un par de idiotas felices. Bill puso por un momento su frente contra la mía mientras me miraba a los ojos con una sonrisa que me daba la vida antes de empezar a llenarme el rostro a besos; por las mejillas, la frente, la barbilla y, por último, la nariz antes de parar su rozar sus labios contra los míos. Yo tenía los ojos entrecerrados mientras le sujetaba de las caderas para que no cayese de encima de mi cuerpo -. Has venido para cambiar mi vida en un giro de 360 grados, Thomas Trümper, por eso te amo tanto.
Una de sus lagrimas cayó contra mi mejilla antes de fundirnos en un húmedo beso necesitado justo en este momento, donde él iba a ser completamente feliz y yo, yo iba a gozar de verle así, sonriente solo por mí. Metí mi lengua dentro de su cavidad y él hizo lo mismo en la mía, le agarré de la nuca para profundizarlo mucho más, mientras le mordía el labio inferior levemente antes de chupárselo y rozar nuestras lenguas, fuera de nuestras bocas, chocando nuestros húmedos labios los cuales no tardarían en estar rojos y besarnos con ganas, muchísimas ganas de comernos el uno al otro los labios.
– Soy como… tu hada… – susurré entre el beso. Bill sin duda se había convertido en un gran besador, y ahora mismo las riendas las portaba él – hago tus sueños realidad, eh… – susurré abriendo los ojos y pasando uno de mis dedos por sus mejillas, palpando el tubo que tenía entre ellas. Decidí dejar de besarle cuando sentí que su respiración comenzaba a ser muy agitada y se quedó encima de mí, mirándonos.
– Tengo un deseo más… – murmuró alternando la mirada entre un ojo y el otro, con una gran sonrisa.
– El que quieras – murmuré de la misma forma, robándole un beso.
– Quiero que me hagas el amor en la playa… Bajo la luna – solté un jadeo y sonreí.
– Prometo hacerlo realidad, si me prometes algo.
– Lo que quieras – dijo de la misma forma que yo.
– Que nunca vamos a dejar de querernos, pase lo que pase… Sea el final que sea.
– Te amo, rapero y… No hace falta que prometa algo que no voy a dejar de hacer nunca, porque siempre te voy a amar.
– Yo tampoco voy a dejar de amarte nunca, rockero – y volvimos a besarnos para sellar esa promesa.
Sólo quería que este día pasase rápido, para poder irnos cuanto antes, para poder sentir la arena sobre nuestros pies, el mar contra nuestros cuerpos, y nuestros sentimientos por tenernos totalmente juntos.
Bill Kaulitz, me temo que has robado mi corazón, y voy al compás de tus notas, las cuales no dejan de sonar en mi cabeza en un compás lento en el cual no dejamos de bailar, el cual jamás dejará de sonar.
Porque ese compás es el latido de nuestros corazones que luchan por amarnos hasta el final, y hemos jurado querernos para siempre.
Continúa…
Gracias por leer. Te invitamos a dejar un comentario.