Fic Toll de RubelangelTwc

Capítulo 15

– Pero, ¿Qué pasa aquí? – preguntó Simone cuando abrió la puerta y vio toda nuestra ropa encima de ambas camillas. Ya era el día siguiente, por la mañana a primera hora y como cada día Simone entraba por la puerta junto a Sophi. Los dos estábamos haciendo la maleta, metiendo la poca ropa que teníamos aquí guardada en los cajones.

– ¡Mamá! – gritó un Bill sonriente tirándose a los brazos de su madre, la cual le abrazó un poco extrañada al ver todo patas arriba – Prepara las maletas, mamá. Mete toda la ropa de verano tuya, de Sophi y la mía que tenga en casa – dijo separándose de ella, viéndose completamente ilusionado como un niño de cinco años.

– ¡Tommy! – gritó la pequeña, me acerqué a ellas y cogí a Sophi entre mis brazos, mientras dejaba un beso en mi mejilla y yo en la suya – Te he extrañado – dijo con esa voz tan aguda al ser una niña pequeña mientras me daba un abrazo con sus pequeños bracitos.

– Yo también, pequeñaja. ¿Qué has hecho estos días? – pregunté, y ella me miró con sus potentes ojos.

– Pues… no sé, aburrirme mucho. Pero mamá me dejaba irme a la cama tarde – sonreí y ella agitó su cabeza, junto a ese par de trenzas.

– ¿Sabes qué? No te vas a aburrir nunca más, porque nos vamos a ir a un sitio muy, muy bonito donde vas a tener muchos amigos y te lo vas a pasar muy bien – dije.

– ¿Qué? – preguntó Simone frente a mí. Miré a Bill complacidamente y él me sonrió.

– Tom ha conseguido el alta, hoy mismo nos vamos de aquí y mañana nos vamos ¡De viaje! ¡A la playa! Sólo hace falta comprar los boletos para nosotros y nos iremos mañana mismo – Simone se quedó parada, en un silencio sin saber qué decir.

– P-pero… Bill… ¿Tienes el alta? Y… No tenemos el suficiente dinero como para…

– Tranquila, Simone, el dinero no es un impedimento. Yo mismo lo pagaré, venderé la casa de mis padres y tengo mucho dinero que me dejaron heredarlo, el dinero es lo de menos. Alquilaremos algún piso grande cerca de la playa, o en un hotel, no importa, yo venderé la casa que tengo aquí para poder tener un poco más de dinero. Mañana mismo cogemos el avión, así que deberías de ir a tu casa y comenzar a hacer las maletas para una larga temporada – sonreí.

– ¡A la playa! – gritó Sophi estirando sus brazos.

– ¿Todo… lo has organizado tú? ¿Por Bill?

– ¿Por quién sino? Me dijo que soñó que estaba en la playa y que le gustaría ir, y pensé ¿Por qué no intentarlo? Después de todo es mejor estar allí que encerrados aquí dentro, pero a la mínima que Bill se encuentre mal iremos a algún hospital cercano – avisé mirándole con las cejas levantadas para que se diera cuenta de ello.

– Me lo has dicho unas diez veces en solo esta mañana – dijo revoloteando los ojos, sacándome una pequeña risa.

– Bueno, Sophi, debes de llevarte un bañador y mucha ropa de verano, ¿Vale? Y ayuda a mamá a hacer la maleta – dije bajándola de mi cuerpo, agachándome para dejarla sobre el suelo.

– ¡Síii! – gritó dando saltitos mientras abría la puerta de la habitación y salía fuera.

– ¡Sophi! ¡Espérame, cariño! – gritó Simone para después mirarme a mí – ¿Puedo hablar un momento contigo? – preguntó casi en su susurro. Yo asentí y salí junto a ella dejando a Bill dentro de la habitación volviendo a ordenar toda la ropa – Tom, yo… prometo devolverte todo el dinero, pero últimamente no voy muy bien económicamente porque tengo muchos gastos de Bill y con un solo sueldo cuesta llegar a fin de mes, pero juro que…

– Simone – le corté para que dejara de hablar, ella se calló y me miró -. No me importa el dinero. Si… Joder, si tan solo hubieras visto su cara cuando se lo dije… eso es mucho mejor que todo el dinero del puto mundo. No me importa, y no quiero que me pagues nada, sólo… tómalo como un agradecimiento por dejarme estar con él – sonreí como un idiota, un idiota enamorado, y vi que Simone fruncía el ceño.

– Tom, cariño, tú… ¿Estás seguro? Es decir, no lleváis mucho tiempo juntos y esta decisión es precipitada…

– Estoy seguro de lo que hago. Sí, no llevaré un año con él, pero llevo lo suficiente como para darme cuenta de que le quiero, le quiero más que a nada y… Cuando tienes cáncer es como si todo dejara de importar, sientes todas las emociones multiplicadas por mil, y te arriesgas al puto máximo para vivir cada segundo antes de la caída. Le quiero, Simone, estoy enamorado de tu hijo y estoy seguro de lo que hago porque cuando sonríe… Cuando él sonríe todo es mejor, y mucho más si es gracias a mí. Iremos a la playa, no sé cuánto tiempo estaremos allí, un mes, un año… No lo sé, pero será bonito ir allí en vez de quedarnos aquí más tiempo de lo que Bill ya ha estado – dije -. Así que ahora iras a casa y prepararás un par de maletas, Bill vendrá a mi casa y nos vemos mañana en el aeropuerto, yo me ocupo del resto – acabé de decir, y al ser mucho más alta que ella le agarré de los hombros e hice que volteara.

– Tom, esto… No sé cómo agradecerte todo lo que haces por Bill… Eres… eres fabuloso.

– Me lo agradecerás cuando mañana nos veamos en el aeropuerto – susurré antes de despedirme de ella agitando mi mano antes de adentrarme de nuevo en mi habitación.

– Wow… ¿Todo esto es sólo para ti? – preguntó Bill cuando estábamos frente a mi casa. Ya habíamos conseguido el alta y salimos de allí, cogimos un taxi y ahora mismo nos encontrábamos frente a mi casa, de nuevo después de tantos meses. Hice un par de llamadas al aeropuerto y ya conseguí los boletos para viajar mañana, así que todo estaba saliendo bien.

– Bueno, era de mis padres, pero sí, ahora es mío – dije, tirando de ambas maletas para acercarnos a la entrada, saqué las llaves y abrí la puerta, entrando como si nada después de todo este tiempo.

– Es enorme – dijo Bill adentrándose en el comedor.

– Normalmente todo lo que tengo es grande – dije de broma, Bill me miró con el ceño fruncido, y cuando lo pilló se rio y me dio un pequeño manotazo en el pecho antes de soltarse a reír. Sonreí y me acerqué más al centro del salón -. Todo sigue igual, aunque ahora tiene polvo – dije pasando uno de mis dedos por la estantería.

– ¿No te aburrías solo aquí durante todo el tiempo? – preguntó.

– Bueno, casi nunca estaba en casa. Por el día trabajaba y estudiaba, y por la noche llegaba tan cansado que me dormía, aunque los fines de semana siempre salía de fiesta con… ¿amigos? – dejé la pregunta en el aire y pasé de seguir hablando de mi pasado – Bueno, este es el salón y allí está la cocina, las habitaciones están arriba junto a los baños, aunque hay uno también aquí abajo – asintió y bostezó.

– ¿Puedo irme ya a dormir? Tengo sueño – dijo frotándose los ojos.

– ¿No quieres cenar? – pregunté, pero Bill negó con la cabeza. Miré la hora me di cuenta de que ya era tarde y mañana tendríamos que madrugar – ¿Quieres dormir conmigo? – pregunté subiendo las escaleras junto a Bill, vi que se le formaba una pequeña sonrisa y sus mejillas se coloreaban levemente.

– Por favor – susurró, y yo asentí sonriente. Abrí la puerta de mi habitación y encendí las luces, viendo todo como lo dejé. Afortunadamente estaba en orden y mi cuarto era grande – ¿Tienes una mesa de mezclas? – preguntó Bill acercándose a mi escritorio.

– Hobbies – dejé escapar, bostecé y me tiré en la cama -. Oh, la había extrañado – susurré cerrando los ojos. Suspiré y me levanté tan solo para quitarme las tenis, los pantalones y la camiseta, quedando en tan solo bóxer. Me metí dentro de la cama y me quité la gorra, mirando a Bill que seguía mirando todo a su alrededor.

– ¿Libros? – preguntó.

– De la universidad la mayoría, lo otro sin libretas donde a veces dibujaba – dije mirándole, vi que cogió una y comenzó a ojearla.

– Son muy buenos – dijo pasando cada hoja. Cuando acabó la libreta volvió a dejarla en su sitio y me miró -. Nunca voy a acabar de conocerte.

– Mejor, el Tom de antes era una mierda – dije palmando el otro sitio de la cama para que durmiera conmigo.

– ¿Con qué voy a dormir? – preguntó.

– Pues en bóxer como yo – dije, y vi que dudó un poco pero al final se sentó en el borde de la cama y comenzó a quitarse la ropa, y cuando se quitó la camiseta pude apreciar todos los lunares que tenía en la espalda, los cuales contrastaban perfectamente con el blanco de su piel. En ese silencio pasé mi mano por esos lunares y me dieron ganas de besarlos cada uno de ellos. Bill se recostó en la cama junto a mí y pasé uno de mis brazos por su cintura, acurrucándole junto a mi pecho – Da dos palmadas – susurré sobre su oído.

– ¿Qué? – preguntó dudoso.

– Tan solo hazlo – se giró y me miró extrañado. Pero entonces sacó sus manos e hizo un par de palmadas, haciendo que la luz se apagase y quedara todo oscuro.

– Wow… – dejo escapar entre sus labios.

– Buenas noches, Bill Kaulitz – susurré besando sus labios.

– Buenas noches, Tom Trümper – susurró de la misma forma, recostando su cabeza en mi pecho y pasando sus brazos por mi cintura.

Cerré los ojos y me dejé llevar, quedándome dormido en cuestión de segundos junto a Bill.

Estábamos esperando en el aeropuerto, ya era el día siguiente y, después de que yo metiera un poco más de ropa que tenía en casa junto a bañadores, gorras, y un neceser, decidimos venirnos al aeropuerto. Teníamos los cuatro boletos en mano, esperando a Simone y a Sophi ya que solo faltaba una hora para que saliera el avión. Bill y yo nos encontrábamos sentados, él tenía su cabeza apoyada en mi hombro mientras jugábamos con nuestras manos.

– Estoy nervioso, nunca me he montado en un avión y no me gustan precisamente mucho las alturas – dije.

Justo en ese momento las vimos aparecer y cuando nos reunimos fuimos a embarcar después de pasar esos típicos controles por si llevábamos alguna bomba que consiguiera matar a todo el avión, pero no, ninguno de los cuatro llevábamos, así que muy amablemente nos dejaron pasar, y sentí unas terribles ganas de comer algo, pero pasé de ello cuando anunciaron por los altavoces que tan solo faltaban pocos minutos para que saliera el avión, así que nos acercamos a la puerta de embarque y cuando dimos nuestros boletos nos dejaron pasar y sentí que me ponía mucho más nervioso de lo que pensaba que me pondría. Aún así bufé y me di a mí mismo ánimos.

– ¿Cuánta gente crees que habrá muerto en un avión? – pregunté mientras pasábamos entre el estrecho pasillo para llegar a nuestros asientos.

– Tom – me recriminó Bill. Suspiré y vi que llegamos a nuestros asientos.

– ¿Pasillo o ventana? – le pregunté.

– Pasillo, cabe mejor la mochila que me han revisado unas cinco veces por mi traía una bomba, aunque sí que llevo una bomba, pero de oxígeno, y eso lamentablemente de momento no puede matar a un avión entero porque además también moriría yo, entonces sería muy idiota, ¿No crees? – preguntó, yo estaba completamente distraído, ya sentado y mirando por la diminuta ventana.

– Por supuesto, sería idiota – asentí y Bill se sentó a mi lado. Simone y Sophi estaban detrás nuestro, y la pequeña no hacía más que mirar por la ventana.

– Sigo preguntándome cuánta gente habrá muerto en un avión – susurré.

– Menos que en un hospital seguro – me dijo.

– Eso no me tranquiliza puesto que acabamos de salir del hospital – contesté mirándole.

– Pues… No sé, ¿Qué transporte te gusta? – me preguntó.

– Desde luego el avión no – negué con la cabeza y justo escuchamos la voz del piloto anunciar que saldríamos ya y que nos pusiéramos el cinturón – ¿Para qué quiere que nos pongamos el cinturón? Si el avión se cae un cinturón no nos va a salvar la vida.

– ¡Tom! – gritó Bill sonriente. Dejé escapar el aire que guardé en mis pulmones y me puse el maldito cinturón.

– Sophi, ¿A que Tom es un tonto por tenerle miedo? – preguntó Bill mirando hacia atrás. La pequeña rio y se tapó la boca.

– ¡Tonto! – gritó con su aguda voz.

– ¿Quieres que Tom te lleve en brazos y te haga cosquillas? – pregunté, y Sophi asintió sonriente, casi hiperactiva – Entonces dime que soy muy guapo y no soy tonto.

– ¡Tommy es muy guapo y no es tonto! – gritó, y yo le sonreí.

– Muy bien, pequeñaja – dije haciendo que chocara su mano contra la mía.

– Pero, ¿Quién es más guapo? ¿Tu hermanito Billy o Tommy? – preguntó Bill a Sophi.

– Yo soy la más guapa – dijo la pequeña, haciendo que los cuatro nos riésemos y volvimos a sentarnos correctamente.

– Le has pegado tu narcisismo a mi hermana – me dijo Bill. Sonreí, pero enseguida esa sonrisa se fue a la mierda cuando sentí que nos movíamos.

– Oh… ¡No, no, no, no! – grité negando con la cabeza, apreté mis manos fuertes sobre el reposabrazos del asiento. Bill me miraba riéndose de mí mientras el avión aceleraba a cada segundo más y mi nerviosismo aumentaba junto a la velocidad.

– Tom, ya está. No va a pasar nada – me dijo con una sonrisa en los labios, mirándome sin perder detalle de lo que hacía, y apreté los labios en una fina línea.

– No pasará nada, cariño ¿A que no, Sophi? – dijo Simone detrás nuestro, Sophi seguramente negó con la cabeza y yo bufé.

– Hasta una niña de seis años tiene menos miedo que tú – se burló Bill de mí.

– Le tengo pánico a las alturas… ¡Oh, mierda! – me quejé cuando vi que el avión comenzaba a alzarse del suelo, y Bill me dio la mano, entrelazando nuestros dedos, la cual apreté fuertemente sin dejar de mirar por la ventana – ¡Bill, estamos volando! ¡Joder! – grité entusiasmado como un niño pequeño, sonriendo como un idiota – ES LO MEJOR DEL PUTO MUNDO – dije sin despegar la mirada del cristal que me dejaba ver el exterior, lentamente nos íbamos alzando más y más alto, viendo todo minúsculo. Escuché una tierna risa de Bill a mi lado y sentí que dejó un beso en mi mejilla -. Es putamente genial, cambio lo que dije; AMO las alturas – dije apretando menos la mano de Bill, pero sin soltarla.

– A veces pareces un niño de cinco años, y me encanta – susurró Bill. Recostó su cabeza sobre mi hombro y yo la recosté sobre la pared del avión para poder seguir mirando por la ventana.

El viaje no era muy largo, de unas casi cuatro horas hasta Sylt, donde después iríamos a algún hotel de esa pequeña isla al desembarcar.

Esta mañana habíamos madrugado mucho, por lo cual estábamos muy cansados ya que habíamos dormido muy poco tiempo.

Pasó una media hora donde yo creí que se había dormido, ya que estaba en completo silencio, me alcé un poco para poder mirar atrás sin dejar desapoyada la cabeza de Bill en mi pecho, viendo que ambas; Simone y Sophi estaban dormidas.

Bill ronroneó y le miré, viendo que tenía los ojos abiertos.

– ¿Te he despertado? – pregunté bajito, y él negó.

– No me puedo dormir, estoy nervioso por llegar ya – sonreí y pasé uno de mis brazos por detrás de su cabeza, acurrucándolo contra mí, yo apoyando mi cabeza contra la suya y él contra mi pecho. Nuestras manos seguían unidas, y me permití el lujo de dejarlas así -. Eres lo mejor de mi vida, has hecho mucho más de lo que nadie hubiera hecho por mí. Ahora mismo quizá incluso estaba muerto, o depresivo entre las cuatro paredes del hospital, pero estoy aquí, en un avión, con el amor de mi vida rumbo a algo que creía completamente imposible – murmuró y no pude evitar dejar un beso en su revuelto cabello.

– Haría todo lo que hiciese falta por mi rockero – rio y me sentí el hombre más afortunado de este jodido mundo.

– Estoy enamorado de ti – susurró, y sentí mi corazón bombear con fuerza al escuchar esas palabras salir de su boca. Me había dicho que me quería, incluso que me amaba, pero nunca que estaba enamorado de mí, sabía que lo estaba porque yo también lo estaba de él, pero escucharlo salir de sus labios completamente dirigido hacia mí era una sensación demasiado satisfactoria. Sabes que a alguien le importaba en esta vida que creí inútil cuando era niño y estaba completamente solo en este mundo que desconocía, sin mis padres. Pero de un momento a otro llegó él y me hizo la persona más afortunada y querido de toda la galaxia. Me dio algo mucho más que amor; me dio vida, esa que creí perdida.

– Yo también estoy enamorado de ti – susurré de la misma forma que él, y una gran sonrisa contra mi pecho. Acaricié la palma de su mano y las vi así, juntas, compartiendo ese contacto físico que no podía evitar romper, para que sintiera mi cariño por él, para compartir esta locura preciosa con él.

Nuestro amor era una locura demasiado preciosa como para tener un final.

Después de eso nos quedamos ambos dormidos, así, abrazados, y tan solo nos despertamos por la voz del piloto al informarnos que ya íbamos a aterrizar.

Tuvimos que separarnos y bajamos del avión, fuimos a por nuestras maletas y, cuando estuvimos fuera del aeropuerto, miré a Bill con una sonrisa.

– Sylt… ¡La playa! – grité sonriente.

– La playa – murmuró mirándome.

Un pequeño paraíso para compartir esta locura a lo grande.

Este pequeño paraíso que me haría amarle más si podía.

Continúa…

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