(Poner música de configuración cuando lo ponga)
Fic Toll de RubelangelTwc
Capítulo 16
– ¿Te gusta? – le pregunté a Bill cuando estuvimos los dos solos en nuestra habitación de hotel después de pedir dos en recepción y pagarlas, lo cual a Simone le molestó excusándose que ya había pagado lo suficiente, pero aún así no la hice caso y no dejé que ella pagara. No me importaba, tenía suficiente, ¿Y para qué quería seguir teniendo dinero para cuando me muriese? Prefería gastármelo todo, o lo máximo que pudiera, con Bill.
– Me encanta – dijo con una gran sonrisa mientras miraba alrededor nuestro, era una de las habitaciones más grandes del hotel, con unas vistas preciosas a la playa. Tenía una gran cama para dos en el medio, el cabezal era de un color oro brillante, tenía un gran escritorio junto a un par de sillas. Después, a un lado de la gran y espaciosa habitación la cual también tenía armarios que se veían modernos, estaba el baño, el cual tenía una bañera rectangular que hidromasaje junto a un gran espejo en una de las paredes.
Había muchísimas más cosas, pero no resaltaban tanto como las otras y las dejé un poco a parte para poder concentrarme completamente en Bill, quien había salido fuera, al gran y rectangular balcón, el cual a un lado de este había una mesa con cuatro sillas. Bill estaba inclinado en la barra mientras miraba alrededor nuestro, viendo el mar que había frente a nuestras narices, de un azul intenso y calmado, con tan solo unas pocas olas pequeñas.
– Me alegro de que te guste – dije abrazándole por la espalda y poniendo mis brazos alrededor de su pequeña cintura mientras recargaba mi barbilla sobre su hombro.
– Creo que esta noche va a haber fiesta o algo – me susurró Bill señalando un pequeño trozo de playa el cual estaba lleno de mesas y sillas, supongo que para cenar esta noche.
– Tenemos que ir esta noche allí, pero antes… – me separé de él y la agarré de la mano, haciendo que volteara y entrara junto a mí de nuevo en la habitación – Tenemos que ir a la playa – sentí un repentino dolor en la cadera que me hizo doblarme levemente, mierda, ahora no. Suspiré y agradecí de que no se hubiese dado cuenta, seguí andando hasta las maletas y solté la mano de Bill, me agaché y cogí un par de bañadores de la maleta. Justo en ese momento vi una revista de las que Bill siempre ojeaba de moda y supe que ahí estaba la flor, entre esas páginas, así que la agarré sin que se diera cuenta y la metí dentro de uno de los cajones que habían en la mesa de noche. Después le lancé uno de ellos a Bill para que se lo pusiera y yo me volví a erguir para ponerme el mío.
– ¿Quieres ir ya a la playa? – me preguntó Bill, yo le miré y me quité los pantalones.
– Es por lo que hemos venido – le dije poniéndome ahora el bañador, le sonreí y me quité la camiseta. Agarré una de las toallas de playa que había a un lado de la cama y me la puse alrededor de los hombros.
– Tienes que hacer más deporte, eh – me dijo Bill con una sonrisa pilla, arqueé una de mis cejas y vi que se estaba poniendo el bañador. Cuando acabó se acercó a mí y me tocó el pecho con uno de sus dedos -. Ya no tienes tantos músculos – ahora pasó a poner toda su mano y acarició mi pecho de arriba a abajo, contorneando mis músculos que a pesar de no tener tantos seguían siendo visibles.
– Pero sigo teniendo, y te encanta – susurré contra su boca.
– Eso no te lo puedo negar – sonreímos y antes de poder juntar nuestros labios picaron a la puerta. Me separé enseguida de él y rompí el contacto, dando unos pasos hacia atrás para poder abrir la puerta y, al hacerlo, una pequeña niña saltara contra mí y yo la cogiera en brazos.
– ¡Vamos a la playa! – gritó Sophi estirando sus cortos bracitos, de un momento a otro se bajó de mis brazos y corrió hasta el centro de la habitación antes de tirarse de cara a la cama – ¡No se vale! Esta es más grande – dijo ella. Volvió a ponerse de pie y agarró la camiseta que me había quitado -. Esto me sirve de vestido, pero es de chico, no me gusta – de nuevo la tiró sobre la cama y me reí por la capacidad que tenía de cambiar de tema tan fácilmente.
– ¿Nos vamos? – preguntó Bill frotándose los ojos ahora sin maquillaje. Yo asentí y cogí en brazos a Sophi otra vez, saliendo de la habitación junto con Simone que se había quedado fuera.
– ¿Crees que haré algún amigo, Tommy? – me preguntó Sophi mientras íbamos por el ascensor para bajar a la planta de abajo.
– Claro, antes mientras veníamos he visto a un niño que seguro querrá ser tu amigo, así podéis ir juntos a la playa y jugar con él, ¿Qué me dices? – le pregunté.
– Pero me da vergüenza hacer amigos… Tu me caíste bien porque tienes el nombre de mi osito de peluche – me dijo jugando con sus manitas contra mi pecho.
– Pues entonces imagínate que tienes un osito con su mismo nombre – dije y justo salimos del ascensor.
– ¡Sí! Pero también quiero un osito con el nombre de Billy, no tengo ninguno de mi hermanito – dijo mirándole con una mueca triste, Bill sonrió de ternura y acarició su cabello.
– Yo te compraré un osito y le podrás poner el nombre que quieras, ¿Vale, pequeña?
– Eh, no soy pequeña, soy muy fuerte, mira – alzó uno de sus finos bracitos e intentó sacar músculo haciéndonos reír a los tres – Soy más fuerte que tú – me dijo pinchándome el brazo.
– Claro – dije yo, y vi al fondo del vestíbulo a un niño de más o menos la edad de Sophi sentado en la entrada jugando con un par de coches, a quien había visto al entrar -. Mira, allí está tu amigo, corre y ve a saludarle – murmuré revolviéndole el cabello y dejándola en el suelo. Vaciló por un momento pero después de compartir un par de miradas fue hacia allí corriendo y vimos que saludaba a ese niño con un tímido y divertido «Hola».
– Creo que voy a ir a vigilarla antes de que se pierda – dijo Simone sonriéndonos y yendo hacia allí justo después.
– ¿Sabes nadar? – le pregunté a Bill cuando salimos de la entrada y nos quedamos parados antes de pisar la arena. Él me miró y asintió – Pues yo no sé, así que por hoy tendrás que ser mi profesor de natación – informé y Bill arqueó una ceja sonriendo antes de mover la cabeza de arriba a abajo. Miré de nuevo al frente y de repente sentí los suaves labios de Bill sobre mi mejilla en un pequeño beso que me hizo estremecerme y mirarle a los ojos – ¿Y eso? – pregunté frunciendo el ceño.
– Para agradecerte todo esto – murmuró sonriendo. Curvé mis labios y le tendí mi mano, la cual agarró sin dudarlo y Bill dio un paso hacia la arena, el cual enseguida quitó – ¡Está ardiendo! – gritó.
– Seguro que no es para tanto – dije poniendo un pie sobre la arena, sí, quemaba, pero era algo que podía soportar -. Es soportable, vamos – dije tirando de su mano, pero Bill negó con una mueca y yo bufé -. Bueno, señora diva, entonces me temo que tendré que llevarle hasta la orilla, así que súbete – dije poniéndome en cuclillas para que se subiera a mi espalda, Bill vaciló por un momento, pero agarró su mochila donde estaba la bombona de aire y se la puso tras su espalda antes de dar un pequeño salto y subirse a mi cuerpo. Le agarré de las piernas y enrolló sus manos en mi cuello poniendo su barbilla sobre mi hombro.
– Perfecto – murmuró riéndose de mí, yo sonreí y empecé a andar hacia la orilla donde había mucha gente tomando el sol o bañándose.
– Pesas más – murmuré casi llegando ya.
– Sigo pesando lo mismo, lo que pasa es que tú has perdido fuerza – me dijo picándome el pecho con una de sus negras uñas. Me reí y di un par de pasos más hasta llegar a la orilla, donde la arena ya no quemaba.
– Ya puedes bajar del carruaje reinal, princesa – murmuré de broma haciendo que Bill riese. Me agaché y dejé a Bill sobre la arena, en esa parte no había nadie, sin duda, nos habíamos ganado la mirada de la mayoría de personas que estaban allí, por obvias razones. Dejamos las toallas sobre la arena y Bill se sentó en la suya – Oh, no pensarás quedarte ahí todo el día, ¿No? – pregunté frente a él.
– No puedo bañarme… Tengo esto y si se moja ya puedo ir diciendo adiós a mis pulmones de mierda.
– Quítatelo, si estás relajado puedes respirar normal, yo te ayudaré – susurré, y Bill me miró con una mirada interrogante antes de asentir dudoso. Le ayudé a ponerse de pie y fuimos hasta la arena mojada, lo más cerca que pudimos del agua, él vacilante se quitó el tubo que le ayudaba a respirar y cerró los ojos.
– Se nota mucho la diferencia… – susurró cerrando los ojos, yo le di la mano y fuimos hacia el agua, Bill miró sus pies cuando tocaron esta y sonrió. Nos fuimos metiendo, hasta que nos cubría hasta el pecho, entonces vi que Bill cada vez le costaba un poco más respirar, así que decidí sentarme flotando en el mar tranquilo y sin olas, y que él se pusiera sobre mí – Tom… – replicó, pero yo negué con la cabeza.
– Concéntrate, sé que puedes conseguirlo sin que duela – murmuré sobre su oído, Bill colocó su cabeza sobre la mía y agarré su mano para que fuera a mi pecho y sintiera mis respiraciones – Sigue las mías – susurré.
– Es difícil, Tom…
– No pienses en nada, sólo respira. Este aire es muy bueno, no hay contaminación como en Berlín. Sé que puedes conseguir que sea fácil y no duela – estuvimos un tiempo así, hasta que vi que se formaba una sonrisa en la boca de Bill y abría los ojos.
No sé cuánto tiempo estuvimos en el agua, pero Bill a cada segundo parecía más feliz e incluso metió la cabeza por un corto momento en el agua y mojarse entero. Tenía una sonrisa que podría llegar a iluminar una cuidad entera.
Estaba feliz, tan jodidamente feliz que tan solo por esto, por este momento, por esta sonrisa y por esa mirada dirigida a mí, sentía que haber tenido cáncer no era tan malo.
Si me hubieran dado a elegir entre tener cáncer y conocerle, o no tener cáncer y no conocerle, elegiría mil veces tener cáncer porque conocerle había sido lo mejor de esta vida, conocerle superaba lo malo del cáncer. Porque a pesar de no haber tenido cáncer, me hubiera estado muriendo, porque no tenía nada ni nadie por quien luchar, pero al tener cáncer, es como si no me estuviera muriendo porque él me daba esa vida plena, contradictorio ¿No?
Pero es que todo era mejor con él. Prefería estar muriendo a su lado que estas viviendo sin él.
Bill después de un tiempo corto salió del agua para ponerse ese par de tubos y respirar, se quedó sentado en la arena, donde las diminutas olas le tocaban los pies. Yo me quedé dentro mientras Bill me daba instrucciones desde allí para poder nadar. Al principio no fue fácil, peor después de un tiempo cogí el truco y pude flotar y nadar de un lado a otro.
Cuando salí del agua Bill estaba tomando el sol sobre la toalla y me puse encima de él para joderle y mojarle, él me enseñó el dedo del medio con una sonrisa que era incapaz de esconder, pero el beso que dejé sobre su mejilla hizo que se sonrojara y volviera a esconder su cabeza entre sus brazos.
Después vinieron Sophi junto a ese amigo que al final había conseguido, Simone iba con ellos y se quedó con nosotros mientras Sophi jugaba con la arena y de vez en cuando iba al mar a bañarse.
Fue una mañana agotadora, o bueno, todo el día fue agotador. Comimos en el hotel y por la tarde Bill decidió dormir un poco y yo fui con él mientras Simone y Sophi daban una vuelta.
Así llegó la noche, y entonces vimos que comenzaban a preparar las mesas de fuera donde iríamos a cenar. Bill fue a ducharse y de mientras yo comencé a pelearme con mi maleta, decidiendo qué poder ponerme que fuera un poco más elegante y no tan rapero.
Me traje una camisa de mi talla pero sin llegar a apretarme mucho, era de color azul como con rayitas de ese color ya que el fondo era blanco, era bonita, así que decidí ponérmela y me até los botones, después cogí unos vaqueros ajustados los cuales no sabía que tenía, supongo que metí lo que fuera al vaciar todo el cajón. Me puse un cinturón también negro y me miré en el espejo de la habitación antes de colocarme la gorra.
Me veía estúpido, elegante, pero estúpido porque no estaba acostumbrado a utilizar esta clase de ropa, sin embargo, me quedaba bien a mi gusto, pero ni de coña llegaría a ponérmelo cada día. Una vez al año y ya era suficiente.
Cogí unos zapatos que vi que Bill tenía y que no utilizaría, ya que lo que se pondría se lo había llevado al baño. Utilizábamos el mismo número de pie así que me valieron, prefería mis tenis, pero bueno, eran cómodos y soportables para una noche.
Me puse perfume para oler bien y suspiré nervioso, tenía que bajar para dar nuestros nombres y reservar una de las mesas para cuatro, así que antes de que Bill saliera de la ducha fui a recepción y reservé la mesa, entonces fui a coger de nuevo el ascensor, pero me topé con Simone sin querer.
– Oh, lo siento voy despistada – se disculpó, pero cuando subió la mirada se dio cuenta de que era yo y abrió los ojos – ¡Tom! – gritó sonriente, mirándome de arriba a abajo sorprendida – Estás guapísimo – me dijo.
– Gracias, aunque tú también estás a la altura – dije mirándola, iba con un vestido muy bonito de un color crema.
– Tú estás mucho más guapo, deberías de vestirte más así ligarías con cualquiera.
– Oh, no me hace falta ligar, ya tengo ligado a quien quiero – Simone sonrió y asintió.
– Bueno, yo me voy fuera que Sophi se ha quedado jugando y tiene que vestirse – asentí y nos despedimos.
Yo volví a subir a nuestra habitación y cuando abrí la puerta vi que Bill también abría su puerta del baño, quedando los dos mirándonos con una sonrisa que se nos formó enseguida al vernos mutuamente.
– Vaya… – murmuró él al mirarme. Cerré la puerta y Bill se acercó a mí con los ojos bien abiertos – Estás… – susurró dejando la frase colgada, mirando sin despegar la mirada de mí.
– ¿Estúpido? – pregunté.
– No, estás precioso, pero… ¿Gorra? – dijo sonriendo ampliamente.
– No te quejes, en las revistas de moda que tú ves se visten mucho peor que yo – dije riendo.
– Oh, de verdad – dijo sonriendo y poniendo los ojos en blanco – ¿Por qué nunca te vistes así? Te queda jodidamente perfecto – dijo.
– No es mi estilo, pero si te gusta…
– Me encanta – dijo corrigiéndome.
– Si te encanta podría hacer una excepción por ti – sonreí y miré a Bill, él vestía con una camiseta negra con algunos toques plateados y rojos, guapísima, tenía unos vaqueros ajustados que iban de un blanco al principio a un color gris oscuro al final, todo ajustado a su cuerpo, Un cinturón con una calavera cruzaba su cintura y se había planchado el cabello el cual caía sobre su rostro perfectamente maquillado. Tenía un collar plateado alrededor de su cuello, estando jodidamente perfecto, hermoso, precioso… Y todos los miles de adjetivos posibles – Eres perfecto y estás perfecto – dije compartiendo la mirada. Se sonrojó y se encogió de hombros.
Después de eso nos picaron Simone y Sophi al cabo de un rato, la pequeña iba vestida con un vestido rosa y con el cabello suelto, el cual caía por sus hombros precioso, al igual que el de Bill, pero el de ella era ondulado.
Fuimos a nuestra respectiva mesa, todas estaban ya ocupadas menos la nuestra. Ese trozo de la playa estaba adornada por antorchas que iluminaban todo el sitio, las mesas tenían velas y era una comida deliciosa y exquisita. Bill estaba frente a mí, al lado de su madre, y Sophi estaba a mi lado.
Hablábamos de cuando Bill era pequeño, de todas las cosas que hacía haciendo que se avergonzara. Todas las contaba su madre y yo no podía hacer más que reírme mientras Bill completamente rojo se escondía detrás de su plato en un intento desesperado.
– Una vez con unos seis años se escapó de casa y fue corriendo por la calle desnudo, cuando le pillé me dijo que era Superman e intentó volar pegando un salto, pero estrelló su cara contra el suelo, le empezó a sangrar la nariz pero no dejó de reírse y gritar que era Superman. Yo ese día me morí de vergüenza con todos los vecinos mirándonos – me carcajeé y Bill se quedó callado con una sonrisa.
– No hacía falta que Tom lo supiese – murmuró.
– Oh, claro que sí – dije yo. En ese momento llegó el camarero y nos retiró los postres los cuales ya habíamos terminado.
Se quedaron un rato hablando Bill y Simone, pero después dejaron de hacerlo y nos quedamos en silencio, en ese momento escuché la música de la que antes no me había dado cuenta y se me pasó una descabellada idea por la cabeza.
(Poner música que hay arriba en configuración)
Destino o casualidad – Melendi
– Ven – le susurré a Bill poniéndome de pie y tendiéndole mi mano con una sonrisa. Él ya había terminado de comer, y miró hacia arriba frunciendo el ceño. Vi a Simone a un lado de Bill, mirándonos con una sonrisa, mientras que Sophi no hacía más que prestarnos atención -. Vamos a bailar – dije.
– Tom… – susurró Bill mi nombre con un leve sonrojo en sus mejillas, mirando alrededor a toda la gente que había – Ahora no, todos nos están mirando – sonreí y le agarré de su mano, tirando de él para que se levantara de la silla. Lo hizo y chocó contra mi pecho, totalmente rojo.
– Que vean a mi precioso novio y se jodan por no tenerle – susurré contra su oído, anduve hacia la arena y rodeé sus caderas con mis brazos mientras él me rodeaba el cuello.
– Qué vergüenza… – murmuró escondiendo su cabeza entre mi hombro y mi cuello.
– Cierra los ojos y sólo déjate guiar por mí, no tengo ni idea de bailar, pero por lo que veo parece fácil – yo hice lo mismo, cerré los ojos y él apoyo su cabeza en mi hombro -. Déjate llevar, no hay nadie, solo nosotros dos bailando horrendamente una canción – escuché una pequeña risa de Bill contra mi oreja y me estremecí.
– Prometo no pisarte – me reí y lo apreté mucho más contra mí. La música sonada a nuestro compás, y nosotros no hacíamos nada más que movernos al suyo, sintiéndonos y dejándonos llevar por nuestros cuerpos que se movían solos. Bill tenía los ojos cerrados, siguiendo mis pasos, y yo decidí abrirlos por un momento, mirando que la mayor parte de las personas nos estaban mirando, pero no lo estaban haciendo mal, sonreían al vernos bailar en la playa como dos idiotas, y pude observar que comenzaban a salir un par de parejas a bailar donde nosotros estábamos.
No pude evitar sonreír y poco a poco, mientras la música sonaba, más parejas salían a bailar junto a nosotros.
– Da la vuelta – susurré.
– ¿Qué? – preguntó confundido, pero antes de responder me separé de él y le di una de mis manos, haciendo que diera una vuelta frente a mí. Nos reímos e hice que volviera a chocar su pecho contra el mío. Esta vez nuestras frentes quedaron juntas mientras nos mirábamos a los ojos. Yo volví a rodear su pequeña cintura y él rodeó mi cuello con una espléndida sonrisa – Eso no me lo esperaba – murmuró.
– Créeme, yo tampoco – sonrió y cerramos los ojos -. Te amo, Bill Kaulitz. No sé si esto ha sido el destino, o la casualidad tal vez, pero estar ahora así contigo es lo mejor del puto mundo – susurré.
– Yo también te amo, Thomas Trümper. Y eres lo mejor que me ha pasado en esta puta vida – sonreí y seguimos bailando bajo la luna, esa que nos estaba alumbrando en este noche preciosa, donde la música era acompañada por las olas del mar. Bailábamos sin que nos importaba absolutamente nada, tan solo nosotros dos mismos, siguiendo esta extraña melodía que nos acompañaba. Nos quedamos en un completo silencio cómodo, donde solo se escuchaba la música sonar, siguiéndola con nuestros torpes pasos que tan poco nos importaban. No borré mi sonrisa, esa que tan jodidamente feliz me hacía por tenerle así, conmigo, amándome, amándole, amándonos.
Lentamente la música fue acabando, tocando sus últimas notas cuando el cantante dejó de cantar. En ese momento abrimos los dos los ojos al mismo tiempo, y sonreímos mirando a nuestro alrededor sin separarnos, viendo a todas las parejas unidas que habían dejado de bailar al acabarse la canción.
No pude evitar dejar en un momento como este un beso en sus labios, dándome completamente igual las personas que nos estarían mirando. Al separarnos sonreímos con un sonrojo en nuestras mejillas y juntamos nuestras manos.
Probablemente nos dirían que qué hacíamos bailando un par de adolescentes hormonados en medio de la playa, otros nos mirarían con asco por ser dos chicos los cuales se habían besado. Otros nos mirarían mal por ser idiotas y bailar solos, pero nada de eso pasó, de repente una chica comenzó a aplaudir mirándonos con una sonrisa, seguido de su novio, y así poco a poco nos aplaudieron todos y Bill se escondió levemente detrás de mí al estar completamente avergonzado.
Quizá fueron un poco más comprensivos con nosotros al ver que teníamos cáncer, ya que era obvio. Yo no tenía cabello, y Bill tenía ese tubo que le ayudaba a respirar. Aunque poco me importó fuese la razón que fuese, ya que hice una reverencia de broma en forma de agradecimiento. Bill apretó más mi mano y se rio junto a mí.
Después de eso, cuando todos se fueron yendo de allí ya que la cena había acabado y los camareros ya empezaban a limpiar todo, Bill y yo nos fuimos lejos de allí, a la orilla de la playa donde no pasaba nadie y las luces estaban muy lejos, tan solo iluminados por la poca luz de la luna. Simone se llevó a Sophi ya que tenía sueño, así que nosotros decidimos venir aquí.
Nos sentamos uno al lado del otro y miramos al frente, viendo el mar calmado y sus olas sonar al llegar a la orilla.
– Lo de antes ha sido raro – murmuró Bill mirándome, yo también lo hice y nos quedamos así.
– Pero ha sido bonito – susurré, él me sonrió y poco a poco fuimos acortando nuestra distancia, juntando nuestros labios en un beso que enseguida se tornó húmedo.
– Tom… – susurró mi nombre sobre mis labios mientras yo le agarraba de la cintura y me colocaba sobre él, volví a juntar nuestros labios y el beso aumentó de nivel.
– ¿Qué? – pregunté cuando me separé por un momento de él.
– ¿Te acuerdas de mi deseo? – preguntó – De que me hicieras el amor en la playa bajo la luna… – susurró, y yo asentí sonriendo – Quiero que lo hagas ahora – me mordí el labio y sin más hice lo que me pidió.
Hicimos el amor los dos juntos en la playa, mientras la luna era la única testigo de nuestro amor.
Hicimos el amor por segunda vez, y cada vez que tocaba su cuerpo sentía una conexión muy fuerte con él.
Yo era completamente suyo y él era completamente mío.
Nadie supo de este hermoso pecado que cometimos porque nadie había allí, tan solo nosotros dos y estas terribles ganas de profesar nuestro amor al otro.
Me sentí en el jodido cielo cuando acabamos y supe que esto era real.
Después de hacerlo fuimos al hotel y nos adentramos en nuestra habitación, durmiendo lo que quedaba de noche los dos juntos, abrazados.
Continúa…
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