Fic Toll de RubelangelTwc

Capítulo 17

(Poner canción de configuración cuando ponga)

– Buenos días, dormilón – susurré sobre su oído la mañana siguiente.

– Mhmm… ¿Qué hora es? – preguntó removiéndose sobre la cama, se talló los ojos y bostezó enredando su desnudo cuerpo entre las sábanas.

– La hora de levantarse, tu madre y tu hermana nos están esperando abajo para desayunar – dije -. Por cierto, Natalie ha llamado – justo en ese momento acabó de abrir los ojos y me miró directamente con esa cara de recién despierto.

– ¿Nat? – preguntó, yo asentí y di una vuelta en la cama para estirar mi brazo y agarrar del móvil que estaba sobre la mesa de noche, pasándoselo – Llámala, yo de mientras me voy a duchar que… no estoy precisamente presentable por lo de ayer – dije alzando las cejas, Bill me miró y se sonrojó. Dejé un beso sobre su mejilla y me levanté de la cama, yendo hacia el baño con tan solo unos bóxer puestos. Me encerré allí y, antes de dejar correr el agua, me permití quedarme pegado a la puerta para escuchar la risa de Bill al hablar con Natalie.

– ¡Hola, Nat! – saludó – Sí, bueno… anoche tuvimos una noche movida… Oh, por dios, ¡Nat! – utilizó ese tono de voz, ese cuando le decían algo y se sonrojaba – Sí, bueno, bailamos porque el hotel organizó una cena fuera y… Fue todo muy bonito. Sí, lo siento por haberme ido sin haberte dicho nada pero estoy bien, mejor que nunca… Está bien, ve a hacer tu tarea de psicóloga. Yo también te quiero y prometo hablar más seguido, sí, ¡Adiós, Nat!

Después de esa pequeña conversación, de ducharme y salir del baño vi a Bill en la misma posición en la que le dejé. Esa mañana estuvo muy animado y feliz, supongo que le hizo bien venir aquí y… hacer el amor conmigo por segunda vez.

A mí de vez en cuando, al cabo de los días, me dolía un poco la cadera o el pecho, pero nada pasaba más allá de ello. Pasaban los días y a veces no hacíamos nada, tan solo nos encerrábamos en nuestra habitación sin hacer nada y luego salíamos a la playa para ver el atardecer. Recuerdo perfectamente un día que fui con Sophi a jugar porque su amigo ese día no podía, y comenzó a hacerme preguntas como la curiosa y pequeña niña que era.

– Tommy – me susurró, yo alcé la cabeza y la miré – ¿Cómo sabes cuando te gusta alguien? – preguntó de la nada, ella paró por un momento el castillo de arena y estábamos haciendo y miré a Bill quien no se había dado cuenta de ello, sentado sobre la arena con una manta alrededor de él mientras hablaba con Simone.

– ¿Te gusta alguien, pequeñaja? – pregunté alzando las cejas.

– Creo que me gusta Eric – enseguida pensé en su amigo, el tal Eric del que me estaba hablando -. Pero es mi amigo y… No sé si me gusta, ¿Qué se siente, Tommy? Tú eres mayor y me da vergüenza preguntárselo a mi mami – dijo eso susurrando.

– Pues… Cuando estás con la persona que te gusta te sientes muy bien, y… sientes cosas raras en el estómago, como cuando te hacen cosquillas y no puedes dejar de reír, pero lo que pasa es que no puedes dejar de sonreír cuando estás con la persona que te gusta – dije sin saber cómo poder explicarle a una niña pequeña estas cosas.

– ¿Cómo Billy? Él siempre está contento cuando estás tú – sonreí y asentí.

– Sí, ¿Tú sientes eso? – pregunté.

– No lo sé, aún soy muy pequeña. Billy me dijo que no podía tener novio hasta los catorce como mínimo, ¿Cuánto me falta para eso? Yo solo tengo estos – dijo extendiéndome las dos manos, señalando con sus dedos los años que tenía.

– Aún falta mucho, pero de momento puede ser tu amigo especial.

– Yo quiero que mi novio sea como tú, fuerte, y también como Billy, guapo, muy guapo – sonreí y dejé un beso sobre su frente y la abracé contra mi pecho.

– Tendrás a quién quieras, pero… ¿Sabes antes qué tendrás? – pregunté vacilante, ella negó y me puse de pie alzándola junto a mí – ¡Agua! – grité corriendo junto a ella hacia la orilla, tirándome al agua para mojarnos.

Me llegaba a impresionar muchísimo el nivel de entendimiento de Sophi con la edad tan corta que tenía, era una niña maravillosa, infantil obviamente, pero realmente adulta y lista.

(Darle al play)
Hurts Like Hell – Fleurie

Los días siguieron pasando, así hasta que pasó un mes, y pareció que todo iba bien al principio, pero de repente, ahora, todo había caído en picado.

Bill se encontraba siempre muy mal, no quería salir de la habitación y se quedaba horas tirado en la cama sin hacer nada, tan solo respirando y manteniéndose despierto pero a la vez completamente ido. Yo no hacía nada más que quedarme con él todo el tiempo, y tan solo conseguía poder moverle de la cama hasta el balcón para que le diese un poco el aire, junto a esa manta que siempre tenía alrededor de él a pesar de estar bien con manga corta. Sus labios a veces se tornaban morados y su cara había dejado de cobrar esa vida que siempre tenía al sonreír por todo.

Sus sonrisas se habían apagado junto al brillar de sus ojos, ya no reía tan fácilmente, tan solo se quedaba todo el día tumbado, durmiendo o sin hacer nada.

La situación a veces comenzaba superarme y ya no sabía qué más poder hacer para devolverle esa vida que tanto amaba de él, a veces intentaba hablar con él de lo que le sucedía pero siempre se excusaba diciendo que no era el momento, o que estaba cansado para hablar.

Simone a veces se quedaba con él durante el día mientras yo salía un poco a tomar el aire y poder pensar detenidamente en lo que estaba sucediendo.

Sin embargo, hoy, después de una semana intentándolo, conseguí poder llevarle junto a mí a la playa. Le ayudé a ir por los pasillos y bajar por el ascensor, él se mantenía callado y reposaba su cabeza sobre mi pecho, cubriéndose el cuerpo con la manta, yo portaba su mochila con la bombona de aire y así anduvimos hasta la solitaria playa.

Fuimos un poco lejos del hotel para poder estar apartados de todos y así tener tranquilidad. Yo puse una gran toalla en la arena y me senté allí con las piernas abiertas para que Bill se situara de espaldas a ellas y así reposara su cabeza de nuevo en mi pecho. Dejé la mochila a un lado nuestro y le abracé rodeando su cuerpo con mis fuertes brazos, tapándole un poco más con ella.

El mar estaba calmado, como siempre, las olas se escuchaban silenciosas, ayudando a que no estuviéramos en un completo silencio gracias ellas. Corría viento y abracé más a Bill para darle un poco de mi calor corporal.

El sol se estaba escondiendo tras la fina línea que delimitaba el mar al fondo, juntándose con el cielo, el cual tenía pequeñas tonalidades de naranja y rosa gracias a las nubes blancas y a la puesta de sol que había.

Bill ronroneó y cerró los ojos, dejándose llevar por el suave viento y el sonido de las olas.

Sacó una de sus manos fuera de la manta y tocó la arena, palpándola con ella.

– Es un poco irónico, ¿No? – preguntó con su suave voz.

– ¿El qué? – pregunté prestándole toda mi atención.

– Hablábamos de flores y granos de arena… De donde vengo había flores, y donde estoy hay arena… Cuando debería de ser completamente al revés, allí me sentía un diminuto grano de arena, y aquí me siento como una flor… – sonrió, pero era una sonrisa diferente, esta estaba cargada de ese Bill que amaba, el energético que me enamoró.

– Sí, suena irónico – murmuré dejando mi cabeza apoyada sobre su hombro, él giró la suya y nos miramos. Yo pasé uno de mis dedos por sus labios, los cuales estaban fríos, pero poco me importó en este momento. Él los entreabrió pero yo continué acariciándolos con la yema de mis dedos -. Me encantan tus labios – susurré apartando la vista de ellos y mirándole a los ojos, volvió a sonreír y yo me sentí flotar en una nube junto a él. Miramos al frente de nuevo y nos quedamos un corto tiempo en silencio, ya que Bill comenzó a toser en un coto plazo de tiempo, en el cual se tapó la boca con la manta y, al apartarla, vimos sangre en ella.

– Bill… – susurré apretando la mandíbula, él volvió a taparse y negó con la cabeza mientras yo tragaba duro – Por favor, tenemos que ir al hospital, cada día… te veo peor – susurré dolido, pero él se negó acurrucándose más contra mi pecho.

– No – dijo decidido.

– Bill… – de nuevo susurré su nombre, pero el sollozó que escuche de su parte invadió todo, haciéndome callar.

– Quiero quedarme aquí, no quiero… No quiero volver a ir a un hospital nunca jamás. No quiero volver a la mierda de vida que tenía antes, no ahora, no ahora que soy feliz… – le abracé más fuerte y él hizo lo mismo conmigo, no lloré simplemente para darle esas fuerzas que a mí justo ahora tanto me estaban haciendo falta, esa fuerza que se había ido al verle cada puto día peor, al ver que sus intentos por sonreír se habían ido a la mierda.

– Prometo… Bill, te prometo que no te quedarás ingresado, pero necesitas ver a un doctor y que diga qué es lo que te está sucediendo…

– Sé lo que tengo – dijo sin más -. Tengo un cáncer pulmonar terminal, el cual me está matando desde los quince años, y eso mismo me está haciendo. Me está matando y Tom, simplemente no quiero ir a un hospital porque sé lo que me dirán, sé que no me queda mucho, y prefiero gastar mi tiempo contigo que gastarlo en un puto sitio que odio. Sabes que tarde o temprano esto iba a ocurrir, te avisé, pero decidiste seguir conmigo a pesar de todo y, cariño, no puedo estar más agradecido contigo porque este tiempo ha sido jodidamente perfecto a tu lado, no cambiaría nada. Y quiero que sepas que gracias a ti estoy vivo, porque me das vida, me das esas ganas de luchar por todo aunque se acerque el final. Y por primero vez en mi vida tengo miedo de morir, tengo miedo de irme porque ya no estaré a tu lado, pero la muerte forma parte de la vida y debo de estar preparado para afrontarla. Quizá mi muerte no cambia el mundo, no van a poner una calle con mi nombre, no van a poner una estatua dirigida hacia mí, pero tengo suficiente con saber que dejé huella en ti, con saber que alguien en este puto mundo a parte de mi familia me quiere, y eso es mucho mejor que ser recordado. Te he dado todo cuanto tengo, y ha merecido la pena, ahora solo te toca a ti hacer que merezca la pena el resto del cuento.

– Si… Joder, si tan solo hubiera podido conocerte antes… – susurré dejando la frase colgada, sintiendo que las lagrimas comenzaban a emanar de mis ojos al sentir el real miedo de perderle.

– El destino lo quiso así, quizá si nos hubiéramos conocido antes no nos hubiésemos enamorado. Cuando me conociste no me dejaban ni salir de mi habitación, y mírame ahora – susurró, girándose y mirándome con los ojos brillosos por las lágrimas -, ahora estoy aquí, sentado en la arena, en la playa, viendo una preciosa puesta de sol mientras el mar está de fondo, mientras la persona que más quiero me abraza a mi lado, ¿Qué más puedo pedir? Sería injusto y egoísta quedarme para siempre contigo a tu lado porque morir forma parte de mí y de todos. Sólo… Tan sólo quiero que sepas que te voy a amar aunque muera, nunca dudes de eso porque nadie te va a querer más de lo que yo hago. Así que ahora, disfruta conmigo este pequeño o gran tiempo que nos queda, porque es lo único que merece la pena y me da paz – acabó de susurrar antes de secar sus lagrimas y mirar cómo el sol se escondía.

Y cuando la luna salió, él se quedó dormido entre mis brazos.

Siempre habrán días malos y también noches malas pero, siento que contigo son un poco menos oscuras, más brillantes, solo contigo.

Y eso mismo me pasaba, con él todo era mejor, a pesar de ser un día de mierda como hoy, a pesar de que estuviera dormido en mis brazos y no pudiera secar estas lagrimas que caían silenciosas por mis ojos al querer parar el tiempo justo ahora, para quedarnos siempre así, los dos juntos y sin ninguna preocupación más que mantenernos al lado del otro.

Dejé un beso sobre su cabeza y me quedé así, mirando al frente, viendo que los últimos rayos de sol se escondían tras el mar y la luna hacía presencia, quedando todo oscuro de un momento a otro. Me dejé llevar y cerré los ojos, manteniendo el cuerpo dormido de Bill contra mí mientras el sueño también me invadía y me quedaba ahí, con él, durmiendo para sentir que la realidad quedaba a un lado y podía dejar de sentir dolor y miedo.

Después de un tiempo, quizá unas horas, Simone me despertó y entonces me di cuenta de que seguíamos dormidos sobre la arena, así que me levanté y llevé en brazos a Bill hacia el hotel mientras ella me ayudaba llevando la toalla y la mochila de Bill.

– Mañana a primera hora iremos al hospital, quiera o no – me susurró mirándome con los ojos cansados mientras íbamos por el ascensor.

– Él no quiere, lo he estado hablando con él – murmuré saliendo de allí y acercándome a la puerta de nuestra habitación. La abrí con cuidado de no despertar a Bill y nos adentramos en ella.

– Tengo… Tengo que llevarlo, él… necesito asegurarme, Tom – le dejé sobre el colchón suavemente sin despertarle, me giré y miré a Simone quien dejaba la mochila de Bill a un lado de él y la gran toalla ya doblada sobre una de las sillas. En ese momento escuché un sollozo de su parte y me acerqué a ella, abrazándola y dejando que se desahogara como yo lo hice tiempo antes. Lloró sobre mi hombro y entonces supe que perder a un hijo con cáncer era peor que tener cáncer. Para una madre lo más importante de la vida es un hijo, ese que amas y cuidas, por el cual darías tu vida, lo supe cuando sentí su dolor, cuando lloró sobre mi hombro por él – Lo siento… – susurró alejándose de mí, limpiándose las lágrimas – Mejor dejo que duermas que mañana hay que madrugar – asentí y ella fue hacia la puerta, la cual abrió -. Gracias por todo – susurró antes de irse.

Y así fue todo, a la mañana siguiente me desperté a primera hora y también desperté a Bill, quien se negó rotundamente a levantarse de la cama e ir al hospital, pero después de explicarle la situación, después de suplicarle que al menos lo hiciera por su madre, accedió.

Ninguno desayunó ya que no teníamos hambre, tan solo lo hizo Sophi que cogió un par de magdalenas para el camino. Cogimos un taxi que nos dejó en la frente a la puerta de emergencias del hospital, pagué y nos bajamos de allí.

Bill entró por delante de nosotros con su madre, mientras yo me quedaba con la pequeñaja. Anduvimos por los pasillos del hospital y nos quedamos en la sala de espera durante un largo rato. Bill y Simone entraron a emergencias y allí los trasladaron hasta la parte de oncología; cáncer.

Para distraerme un poco fuimos los dos juntos a la sala de juegos que allí había, y comencé a jugar con ella, pero cómo no, siempre salía con sus típicas preguntas curiosas.

– ¿Por qué estamos otra vez en el hospital? – preguntó la niña, ganándose toda mi atención. ¿Cómo simplemente podía explicarle que su único hermano se estaba muriendo? Era incapaz de hacerlo, por ella, y por mí porque sentía que a la mínima las lagrimas volverían a emanar solas de mis ojos, y no quería que ella me viera llorar – Estábamos muy bien en la playa… ¿Por qué tiene que ir a un hospital? Es diferente, pero no me gusta… No me gustan los hospitales, Tommy… Quiero que mi hermanito esté siempre conmigo y que no me deje sola como cuando estuvo mucho tiempo en el hospital sin salir, no quiero que mi hermanito esté enfermo… Quiero que se ponga bien y que no me deje – no puse evitar que algo dentro de mí se removiera al ver que Sophi comenzaba a llorar y me abrazaba para sentirse segura, yo también la abracé y dejé mi barbilla apoyada sobre su cabeza, cerrando los ojos e intentando calmarla.

– Tu hermanito se pondrá bien… Ya lo verás – susurré, pero ella no era tonta.

– ¡No! – gritó rompiendo en llanto – Billy se está muriendo… Escuché que lo dijo mamá, mi hermanito se está muriendo y no quiero que se muera, le quiero mucho. ¡Él me prometió que me cuidaría! Tiene que vivir para siempre – tragué saliva y me controlé para que mis lagrimas no salieran de mis ojos, Sophi tenía un nivel muy alto para interpretar todo lo que estaba sucediendo a su alrededor a pesar de tener tan solo siete años, entendía todo a la perfección y no era fácil engañarla. Se instaló un nudo en mi garganta y separé un poco a la pequeña de mí, limpiándole las lagrimas que no dejaban de salir de sus preciosos ojos.

– Él siempre te va a cuidar aunque no esté, en el cielo – susurré, yo no creía en el cielo, pero supongo que ella debía aferrarse a algo para que supiera que nunca estaría sola -. Tu hermanito siempre te va a cuidar desde el cielo aunque tú no le veas – murmuré.

– Pero no quiero que se vaya al cielo, quiero que se quede conmigo – dijo dejando de llorar, pero con una expresión de dolor.

– Sophi, necesitas saber que todas las personas morimos, tarde o temprano, yo algún día también me moriré, y cuando tú seas viejita y tengas arrugas en la cara también lo harás. La muerte forma parte de la vida… – susurré las palabras que él me dijo la noche anterior – Y tienes que ser fuerte por él, para que cuando esté en el cielo no te vea llorar porque eres una niña muy fuerte, ¿Me lo prometes? – pregunté.

– Te lo prometo – afirmó. Yo asentí y le di la mano, levantándome de allí para salir de la sala de juegos, probablemente después de todo este tiempo ya habrían salido, así que fui junto a Sophi por los pasillos de ese hospital hasta la sección de oncología. No había muchas personas allí sentadas, así que fui junto a ella a una de las sillas y nos sentamos, esperando a que Bill saliera de alguna de las puertas.

Entonces, al cabo de tan solo unos segundos, vimos que una de ellas se abría y enseguida me puse de pie, salieron Simone y Bill, ella ocultaba su rostro con el cabello y Bill… En el momento en que le vi todo se rompió dentro de mí, cuando vi la misma sonrisa comprensiva que puso al enterarse aquel día de que su cáncer había evolucionado. Negó con la cabeza y yo entendí perfectamente lo que significaba eso. El dolor se acumuló en un solo sitio; mi corazón. Esto era peor que aquella vez en la que me ingresaron en el hospital, dolía más esto a que te pusieran la quimioterapia. Dolía más que nada en ese puto mundo. Fue tanta la presión, el dolor y los sentimientos encontrados acumulados en el pecho, tantas lágrimas que contuve emanar, que simplemente todo explotó en mí y no pude hacer nada más que dar media vuelta y salir corriendo de allí como un jodido cobarde, me alejé del problema, quizá cobarde, pero fue lo único que supe hacer.

De un momento a otro sentí que mi cadera comenzaba a dolerme horrores y al ver que estaba lo suficientemente alejado decidí sentarme en una de las sillas y dejar escapar todo, todas esas lagrimas que contuve durante todo el día, todos esos sollozos que querían escapar de mi garganta, todo ese dolor que sentí acumulado en mi pecho.

Escondí mi cabeza entre mis piernas y el dolor salió solo en forma de lagrimas y sollozos ahogados.

Sabía que esto ocurriría, pero jamás supe que el dolor fuera tan grande. Mi miedo de volver a quedarme solo en este mundo que desconocía incrementó, ahora tenía a alguien, a alguien que me había enseñado lo bonito, y también, lo más doloroso de esta puta vida.

Bill me enseñó su mundo, me dejó entrar en él y descubrirlo, haciendo que me enamorara de él y de ese sin sentido mundo que, era simplemente precioso al tenerle a él.

Me enseñó que siempre había alguien que lo estaba pasando peor que tú, y que llorar no servía de nada. Me enseñó lo que nadie nunca quiso enseñarme, ¿Y cómo no amarle? ¿Como no amarle si me enseñó a amar?

– Tom… – escuché un suave susurro con mi nombre en él, subí la cabeza y vi sus preciosos y grandes ojos chocolate mirándome. No pude evitar levantarme y tirarme hacia él, abrazándole como si mi vida dependiera de él, y es que así era, porque él era mi vida. Lloré sobre su hombro sin poder evitarlo, importándome muy poco que estuvieran atrás Simone y Sophi, por un momento quería desahogarme, sacar simplemente todo, sintiendo que el dolor en cualquier momento superaría la poca cordura que me quedaba – Lo siento… – susurró.

– No lo sientas – dije negando con la cabeza.

– ¿Vas a estar conmigo hasta el final? – preguntó.

– Hasta que me pidas que me vaya – contesté.

– No lo voy a hacer – me dijo.

– No quiero que lo hagas – dejé escapar en un último susurro.

Continúa…

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