Fic Toll de RubelangelTwc

Capítulo 18

(Escuchar canción durante todo el capítulo)
The scientist – Coldplay

Me levanté de la cama después de que Bill se quedara dormido gracias a mis caricias y anduve lentamente hacia el balcón de nuestra habitación, corrí la puerta y salí fuera, respirando un poco de aire y mirando las olas del mar.

Metí mi mano en el bolsillo de mi pantalón trasero y saqué un paquete de cigarrillos, esos que prometí nunca volver a fumar a Bill, pero simplemente el estrés de este mes había podido conmigo, así que de vez en cuando salía y fumaba un cigarrillo para calmarme. Abrí la cajetilla y vi que tan solo me faltaban dos, cogí uno de ellos y lo guardé de nuevo en mi bolsillo trasero. Lo coloqué sobre mis labios y lo encendí con el mechero, aspirando esa droga que tanto necesitaba en este momento.

Cerré los ojos y miré al frente, recordando de nuevo esa conversación que tuvo Bill el mismo día que fuimos al hospital y verificaron que probablemente no le quedaba mucho ya que alguna mierda le ocurría con sus pulmones y su sangre, algo que no me importaba ni quería saber, tan solo tenerle a mi lado. Solté el humo de mis pulmones por la boca y recordé, llevándome de nuevo el cigarrillo a mis labios.

– Bill, tienes que tomar quimioterapia – dijo su madre casi en la entrada del hotel, muy decidida de ello. Nos paramos allí y Bill, quien iba sujeto de mi mano, la miró.

– Sabes cuál es mi respuesta, mamá – susurró negando con la cabeza, me soltó y Sophi agarró mucho más fuerte mi mano al ver que su madre dejaba escapar una lágrima por sus ojos.

– Bill… Tienes que tomarla, sino… no puedes morir, no lo voy a permitir y lo sabes. Llevo cuidando de ti desde siempre, y desde que caíste en el cáncer… me prometí que no te dejaría morir y no lo puedo hacer. Te quiero demasiado como para dejarte ir, y… la quimioterapia es la única solución, lo dijo la doctora… – dijo quebrándose la voz.

– No quiero alargar mi vida, mamá. No quiero porque no puedo, me prometí que no volvería a pasar por la quimioterapia y no lo haré porque el final no cambiará en nada, el final siempre será igual y me da igual que sea una semana antes como una semana después, ¿Qué importa?

– Soy tu madre, tu madre y… No puedes ni siquiera saber lo difícil que es esto, ¡Fui yo la que te di la vida! Quería… Quería ver cómo te casabas, tenías hijos y… ver que me cuidabas cuando yo ya era vieja, no al revés. No puedo ver cómo mi hijo… – dejó la frase colgada y tragó saliva, intentando sacar ese nudo que tenía en la garganta – no puedo ver cómo te vas porque yo te di la vida, porque tendría que ser al revés, no así… – se secó las lagrimas que caían por sus mejillas con la manga de la camiseta y volvió a mirarle.

– La vida a veces es tan injusta que no sigue los estereotipos marcados por ella, a veces hay desvíos, y este es uno de ellos, mamá. No me verás casado, no te daré nietos, no podré cuidarte cuando seas vieja, no podré ver crecer a Sophi, ni la podré defender de los matones de la escuela, no veré su primer amor ni seré quien seque sus lagrimas cuando le rompan el corazón. No podré lograr a ver cómo se casa y me da sobrinos, y no podré porque la vida lo ha querido así, y yo acepté tener cáncer, acepté ser así. No me quiero imaginar pensar cuánto debe de doler perder a un hijo, pero no puedo alargar más mi vida, mamá. Lo siento, pero no puedo. Y sé que conseguirás salir adelante, sé que serás feliz sin mí porque has sido la mejor madre de este mundo, me has aceptado por mi forma de ser, te quedaste conmigo a pesar de que papá se fue, saliste adelante siendo soltera y con dos hijos y, encima, uno de ellos con cáncer. Eres muy fuerte, y podrás salir adelante porque no te cambiaría por nada del mundo, mamá. Fuiste mi modelo a seguir, pero sabíamos que esto sucedería en algún momento – Simone estaba llorando sin poder evitarlo, y Bill, con tan solo los ojos brillosos, le concedió un gran abrazo a su madre -. Te quiero, mamá – escuché que susurró Bill.

– Yo te quiero mucho más, bebé – susurró Simone en ese abrazo. Ella se separó después de un corto tiempo de sus brazos y le miró a los ojos, besándole la mejilla y volviéndole a abrazar con fuerza. Estuvieron así durante un tiempo, y la mano firme de Sophi sobre la mía jamás flaqueaba, mirando sin perder atención a su hermano y su madre. La gente nos miraba al estar llamando sin querer la atención de todos, pero pasamos simplemente de ellos. Ellos dos se separaron y Simone volvió a dejar un beso sobre su rostro, antes de que Bill se volteara y se agachara a la altura de Sophi.

– No quiero que te vayas – dijo Sophi con los labios curvados hacia abajo los cuales le temblaban y sus ojos se llenaban de lagrimas, apretándome aún más la mano.

– Oh, cariño, no llores – le murmuró Bill sonriéndole para darle ánimos, secó sus lagrimas él mismo y puso un mechón de su cabello detrás de su oreja -. Yo estaré bien, y tú también, Tommy cuidará de ti siempre y cuando me vaya todo seguirá igual porque yo siempre voy a estar contigo. Eres la mejor hermanita, lista y preciosa, de este mundo. Te quiero muchísimo, pequeña, sólo te pido que si se burlan de ti jamás les hagas caso porque te tienes envidia de lo guapa e inteligente que eres, si se meten contigo demuéstrales que no te importa con una sonrisa, ¿Vale, bebé? Recuerda que nadie te haga nunca hundir, y si alguien te quiere que lo haga por cómo eres por dentro y no por fuera. En esta vida siempre habrá alguien que te haga llorar, alguien te hará mucho daño pero siempre tienes que ir con la cabeza alta demostrando que vales mucho más. Promételo y me harás más feliz de lo que ya soy, prométeme que cuando seas mayor y mires al cielo recuerdes que tienes a un hermanito que te quiere mucho y siempre te cuidará, no me olvides.

– Nunca lo voy a hacer – murmuró Sophi, soltándose de mi mano y abrazando a Bill mientras se limpiaba con sus pequeñas manos su rostro – ¿Me cuidarás desde el cielo? Tommy me dijo que me cuidarás desde allí – Bill me dirigió una pequeña mirada como de agradecimiento junto a una sonrisa y yo se la devolví.

– Claro – afirmó susurrando.

– Sabes que no me gusta que fumes – escuché un débil susurró detrás de mí, haciendo que me girase y viese a Bill levantado de la cama y apoyado sobre la pared, mirándome.

– No deberías de levantarte de la cama – le dije apagando mi cigarrillo y tirándolo por el balcón.

– Así mejor – me susurró refiriéndose al cigarro. Yo me acerqué a él y le rodeé con mis brazos, conduciéndole de nuevo hacia la cama para que descansara. Ya llevábamos más dos meses aquí en la playa, y más de un mes desde que fuimos al hospital y no volvimos a pisar uno de nuevo.

– Llevo muchas semanas sin salir porque no tengo fuerzas, y… hoy me apetece ir a la playa… – susurró, se sentó en la cama y me agaché, sin apartar la mirada de él – No hagas eso – murmuró acobijándose más contra la manta que cubría su cuerpo.

– ¿El qué? – pregunté.

– Mirarme, no lo hagas. Estoy horrible – agarré su mano y entrelacé sus dedos con los míos.

– Sigues igual de precioso que cuando conocí al rockero del que sigo enamorado.

Me sonrió y escondió la cabeza contra mi hombro.

– Quiero salir de aquí – susurró contra mi cuello.

– Entonces vámonos – dije, poniéndome de pie y ayudando a Bill a que también lo hiciese, sentándose en la silla de ruedas, esa que pedimos en el hospital para que Bill pudiera desplazarse mejor y sin que se cansara. Estaba muy enfermo, y su rostro neutro y pálido lo demostraba, pero seguía igual de hermoso. Él puso su mochila sobre sus piernas y sin más salimos de la habitación los dos juntos. Nos fuimos del hotel y los dos juntos comenzamos a andar sobre la arena mojada, tocando la orilla.

– Quiero irme lejos… Donde no nos puedan encontrar – susurró dejando caer su cabeza a un lado con los ojos cerrados, sintiendo el aire que impactaba contra su rostro.

– Donde tú quieras – le dije, empujando la silla en silencio mientras no dejábamos de ir por la arena. El sol comenzaba a ponerse y en cualquier momento saldría el sol, hacía mucho que no veía una puesta de sol junto a él, o que salíamos los dos juntos de la habitación. Él siempre estaba cansado, mucho más que antes y, al mínimo esfuerzo, le costaba respirar a pesar de la cánula que le ayudaba.

– Este sitio es precioso, ¿No crees? – me preguntó Bill haciendo que volviera al mundo real y dejara de perder la noción del tiempo. Me paré y miré al frente, viendo una pequeña montaña al lado de la arena de la playa junto a un gran árbol precioso y verde, en el mar había unas cuantas rocas donde se podían ver cangrejos grandes sobre ellas, y sonreí.

– Precioso – dije confirmándolo. Me separé de él y puse una gran toalla en la arena para que no nos mancháramos, de nuevo fui hacia él y le ayude a ponerse de pie, andando unos pocos metros hasta la toalla y dejándole allí sentado, dejé su mochila a un lado de su cuerpo y me tumbé junto a él, a su lado. El sol tan solo dejaba escapar un par de rayos, haciendo que todo se tornara oscuro -. Estamos muy lejos del hotel – le susurré, haciendo que pusiera su cabeza sobre mi pecho y mi brazo debajo de la mía en forma de almohada. Él colocó una de sus manos sobre mi pecho la cual uní con la otra mía, dejando un suave beso sobre su cabello.

– Mejor – susurró -. Es perfecto… todo esto es perfecto – murmuró suspirando. Nos quedamos ambos de nuevo en silencio, mirando hacia arriba y viendo que el cielo dejaba ver sus estrellas ahora brillantes y preciosas – ¿Crees que cuando muera me convierta en una estrella? Quizá una así, que alumbre mucho… – susurró señalando con el dedo una de ellas, la que más brillaba entre todas.

– ¿Me esperarás? – pregunté conectando su mirada con la mía – ¿Me esperarás donde sea que estés? Prometo no hacerte esperar mucho – susurré sintiendo mis ojos brillosos.

– Te esperaré donde y cuanto haga falta, nunca te voy a dejar – afirmó, y le abracé contra mi pecho.

– Eres lo que más amo en este mundo, no quiero que nunca lo olvides, eres mi vida, Bill. Has… has conseguido que te quiera más de lo creía que podía llegar a amar, eres mi vida y estoy orgulloso de haber tenido cáncer porque gracias a él te he conocido, y… Ha sido precioso todo contigo – murmuré en un hilo de voz, comenzando a soltar mis lagrimas. Sabía por qué Bill había querido venir aquí, lo sabía y tenía un miedo infinito -. Tengo miedo… Mucho miedo, y ahora mismo… Ahora mismo solo quiero parar el tiempo, joder, sólo quiero que estés conmigo para siempre, me da igual lo que sea justo o no, te quiero siempre conmigo porque eres lo único que tengo en este puto mundo, y estoy enamorado de ti, estoy enamorado de ti hasta el punto de… de dar mi vida – murmuré con las lagrimas en mis ojos, con mi dolor latente en mi pecho, y con mi miedo desbordado.

– Nos volveremos a ver, porque te amo demasiado como para permitir que la muerte te arrebate de mi lado. Te volveré a ver, quizá no en este mundo, pero sí allí arriba, o quizá en nuestra otra vida, pero te prometo que te encontraré en todas las vidas que sean necesarias – murmuró él también llorando.

– Te amo demasiado, nunca voy a dejar de amarte.

– Yo también te amo, y siempre lo voy a hacer. Tan solo… cuando me eches de menos y quieras verme, mira al cielo y cuando veas la estrella que más brille, ahí estaré yo, ¿Vale? Eres el amor de mi vida – mis labios temblaban y cerré los ojos, colocando mi frente sobre su sien, pegando mis labios sobre su mejilla -. Ha sido una buena vida – susurró.

– Un buen cuento – dije yo sonriéndole.

– Nuestro pequeño gran cuento… – completó él sonriéndome de igual forma antes de juntar nuestros calientes labios a causa de las lagrimas.

Dejamos escapar de nuestros labios un último susurro en un verdadero «Te amo», antes de caer dormidos y abrazados uno al lado del otro.

Esa preciosa noche murió Bill Kaulitz sobre mi pecho, simplemente dejó de respirar y su corazón se paró.

Esa noche supe lo que era el verdadero dolor, supe lo que era perder a la persona que más amas. Y me odié, odié por no habernos conocido antes, por no poder haber alargado este precioso cuento que no dejaría de vivir una y otra vez a su lado, en un infimito bucle tan solo por poder ver una vez más su sonrisa.

El final ya había llegado, y sin duda lo odiaba, odiaba que hubiese acabado de esta forma, porque ahora yo estaba solo, con el corazón roto y sin saber a quién dar mis besos, a quién susurrar «te amo» al oído, por quién luchar y por quién sonreír.

El era mi todo, todo lo que tenía en este mundo, en esta puta vida, me enseñó la vida en todas sus perspectivas, y me enamoré como ya no se enamoran.

Le quise como a nadie, y le sentí como mi todo.

Extrañaba su sonrisa, extrañaba esa risa que te hacía reírte junto a él, esa voz repelente cuando te burlabas de su moda, pero sobretodo extrañaba sus «te amo», sus labios, hacernos el amor… Y sentir que con él todo era diferente.

Y es que extrañarle era un efecto colateral de amarle.

Fuimos un precioso cuento mientras duró.

Y creo que jamás me contaron un cuento porque ya lo viví a tu lado, porque tú eras el que necesitaba.

Sin duda fuimos un cuento, nuestro cuento; pequeño como el tiempo que estuvimos juntos, y grande como el amor que sentíamos por el otro. Nuestro pequeño gran cuento.

Ha sido precioso todo este tiempo a tu lado.

Y prometo encontrarte en mi otra vida, para poder amarte igual o más de lo que hago ahora.

Continúa…

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