Este capi es especial por una razón: El Dr. Isaac Asimov tenía una expresión «escribir por sobre las posibilidades», ella hacía referencia a cuando una historia está por sobre la media de las capacidades de determinado autor. Bueno, en este capi hay cierta escena que estaba por sobre mis propias capacidades de escritura, no conseguí plasmar la emoción necesaria para mostrar la acción que transcurría en mi cabeza. Es por eso que le pedí ayuda a mi adorada Archange, quien puso su maestría a trabajar en dicha escena. (les diré cuál en las notas al final, para no spoilear, pero creo que notarán su trazo).
Muchas gracias cariño, por tu ayuda en esa escena y en el largo proceso que hubo tras este capi. ¡Un gran beso y un abrazo peludo!
No puedo dejar de agradecer también a mi Ady, que siempre ha fungido como madrina de mis bebés y me ayuda a que esta historia siga honrando el tag de fluff que por está puesto, aunque orita no se note mucho.
«Blame it Tom Kaulitz» Fic de Haruxita
Der Valentinstag-Massaker. Part I
El 14 de febrero de 2015 es un día que los habitantes de Berlín (y en especial los padres y alumnos de la Ellen—Key Schule) difícilmente olvidarán.
~Bill~
La tarde anterior no cenó, se encerró en su habitación apenas llegó y no atendió las llamadas de sus amigos, ni siquiera los ruegos de su hermano.
¿Cómo esperaban que estuviera de humor para comer, o hablar?
Las palabras de Markus se repetían sin descanso en su mente, «Eres como un hermano pequeño para mí”, » Yo jamás te veré de otra forma», «Si mi presencia es nociva, le presentare mi renuncia a tu hermano». Estrujando su corazón hasta dejarle un enorme hueco en el pecho y una severa migraña. Su cabeza se sentía como una gran calabaza a punto de explotar y regar vísceras anaranjadas por doquier.
Lloró tanto que cuando finalmente se detuvo lo hizo por puro cansancio. Pero el llanto no trajo alivio, sólo la garganta irritada, los ojos como huevos saltones y ruido blanco zumbando en sus oídos.
Después de Val, Markus era la persona más importante en su vida. Por siete años había estado junto a él en los momentos más difíciles. Bill sabía que podía contar con su apoyo en todo sentido, que no importaba qué sucediera Markus no lo abandonaría…
Hasta ahora.
El ruso no sólo había barrido con sus ilusiones románticas, por si ello no fuera suficiente amenazó con desaparecer de su vida completamente.
Cada vez que Val viajaba en compañía de su guardaespaldas, Bill quedaba con el alma en vilo por partida doble durante esos escasos días en que ambos estaban fuera. ¿Cómo esperaba Markus que continuara con su vida como si nada si él se iba lejos? ¿Y qué demonios era eso de “Abrir su corazón y conseguir un novio”? ¿Acaso sus sentimientos no contaban?
Él amaba a Markus desde… ya ni recordaba desde cuándo.
«No puede exigirme que simplemente lo borre de mi corazón como quien formatea una tarjeta de memoria».
Por años Bill mantuvo la íntima creencia de que cuando fuera lo suficientemente mayor su paciencia sería recompensada, Markus dejaría de rechazarlo con el consabido «Eres muy joven aun»y su relación avanzaría de forma natural hasta el siguiente nivel.
No pocas veces fantaseó con la escena: los tres sentados en la sala, Markus a su lado sosteniendo su mano, confesándole a su hermano cuán enamorados estaban y como esperaban su bendición. Val en principio se opondría, pero los sólidos argumentos del ruso acabarían por convencerlo.
Nada de eso sucedería ya.
~Tom~
Su corazón latía como un caballo desbocado.
La noche anterior durmió poco y mal, culpa de la anticipación y de sus emociones mezcladas. Revivió ese infame beso en su mente hasta que los límites del recuerdo se volvieron difusos y dejó de distinguir realidad y fantasía. En su mente él tomaba el lugar de Georg, las risitas de «la puta» eran para él, así como sus labios, que Tom lamía con avidez antes de invadirlos con su lengua.
Como siempre que se masturbaba pensando en Bill Trümper, se tragó sus gemidos, junto con sus lágrimas y su vergüenza. Mientras una voz en su cabeza (su propia voz) salmodiaba la que se había convertido en su oración personal: «Ya va acabar, pronto el sufrimiento va a terminar».
Poco o nada le importaban los medios, lo único que deseaba era poder volver a caminar con la frente erguida, sin que le acometieran aquellos deseos antinaturales. Deseos que no le había confesado a Nick cuando aún se hablaban, ni siquiera a su «hermano» Uwe, la persona en quien ahora más confiaba en el mundo, luego de la traición del veterinario.
Ese ignominioso secreto desaparecería para siempre junto con «la puta». Y el volvería a ser una persona «normal».
~Nick~
Esa mañana prometía ser tranquila, no habían cirugías programadas y apenas un par de citas figuraban en la agenda.
Sin mucho más que hacer, cogió un paño de sacudir y repasó todas las superficies de su consulta hasta que no quedó mota de polvo.
Dejó para el final un cuadro que estuvo varias veces a punto de quitar. Se sentía doblemente estúpido al verlo, en especial luego de la reciente intervención. Sobre el vidrio protector habían escrito en rotulador con letra ampulosa «Para mí más fiel admirador, XOXO«, junto a una firma de caracteres picudos y la huella en carmín de un beso.
La fecha en que fue realizado era un misterio, aunque apostaba por el momento en que él, concentrado en inocular a Pumba, le pidió espacio al dueño del cachorro.
La frase, pero en especial el gesto, eran típicos del modelo —reflexionó—. Arrebatado, impetuoso, irónico.
Suspiró, frotando el vidrio con cuidado de no borrar parte del mensaje. Aún no superaba el golpe en su orgullo. Pero, más doloroso si cabe, era lo mucho que lo extrañaba.
Nick había llegado a creer que entre los dos se había desarrollado una verdadera amistad
Más allá de los arranques de diva y el lacerante sarcasmo de Val –que experimentó en carne propia— se escondía un chico que se desvivía por su hermano y un devoto doglover. Ambas cosas que él le admiraba profundamente.
El veterinario maldijo su profunda ineptitud social, de no ser por ella aun conservaría su amistad y sus paseos los sábados en el bosque no serían tan solitarios.
El modelo venía rondado sus pensamientos por más de dos semanas, desde esa soporífera noche de viernes en que, haciendo zapping, se topó con el spot por primera vez y no pudo apartar la mirada del televisor.
Sin querer cuestionarse siquiera el por qué lo hacía, esperó pacientemente que el bloque de Fashion Police acabara, hizo guardia hasta que el anuncio volvió a ser emitido y lo guardó en la memoria.
El adagio aseguraba «Dos veces es casualidad, tres es tendencia».
Ya no podía excusarse en un despiste. No cabía mal entendido posible. Esta vez sabía perfectamente que, bajo ese maquillaje y las mallas que simulaban una piel escamosa, se ocultaba un hombre.
Un hombre que propiciaba reacciones en su cuerpo que hacía mucho que no sentía con semejante intensidad.
En la pantalla, una andrógina Serpiente del Edén se deslizaba con sinuosidad entre las ramas de un frondoso árbol y seducía a una incauta Eva con un frasco de perfume que emulaba a la mítica manzana.
Podría repetir la secuencia completa en su cabeza, para alguien que no tenía idea de perfumes de mujer lo había visto más veces de las consideradas razonables.
~Val~
Amaneció con un mal presentimiento que lo tuvo inquieto toda la mañana. Ello se tradujo en que activara el «modo Bitchy» y descargara su tensión con quien tuviera la mala suerte de cruzarse en su camino.
Algo sucedía con Bill y, por más que Andreas le restara importancia asegurando que eran «meras tonterías de adolescentes», él no conseguía dejar de pensar en ello.
Su hermano tenía mal carácter. Cuando pasaba por problemas se encerraba en sí mismo y no había forma de acceder, rasgo que la pubertad no hizo sino fortalecer. Sin embargo, estos arranques rara vez se extendían en el tiempo. Luego de realizar su rabieta, azotar la puerta y poner el sistema de sonido a tope, su furia se calmaba gradualmente y al par de horas regresaba a la sala, como si nada.
Esta vez ello no sucedió. Al contrario, esa mañana al topárselo en el pasillo Bill pasó de él.
Ese era su día especial, tenía sobrado derecho a indignarse, sacar a la diva en todo su esplendor y exigir los honores correspondientes.
No lo hizo.
No le reclamó en absoluto.
Lo vio tan apagado, disminuido, que no fue capaz de regañarlo.
Estaba convencido que el chico ni siquiera reparó en su presencia.
Lo que fuera que sucedía con él, era realmente grave.
Por la mañana intentó sutilmente sonsacarle información a Markus —en ocasiones puntuales, y usando los comandos de voz apropiados, el ruso soltaba valiosos retazos de información—, pero esta vez el hombre permaneció impasible.
~Bill~
No quería verlo. No quería ser interrogado sobre sus ojos inyectados de sangre, o su atuendo (eran muy pocos los que sabían que vestía de blanco cuando estaba teniendo un mal día, Markus entre ellos).
Pero ante todo, verlo ahora que sabía que lo suyo jamás podía ser realidad, era una tortura.
Siempre podía contar con Geo para recogerlo, ya fuera a una fiesta o algo más aburrido, como la secundaria.
Ese día, más que nunca, odió la renuencia de su hermano a dejarlo tener un auto. Aunque sabía conducir desde los catorce (merced a un montón de ruegos y pucheros a su… a Markus) Val dejó muy en claro que jamás le compraría vehículo de motor alguno.
Esa pelea estéril siempre acababa de la misma forma: con el moreno gritando que sólo retrasaba lo inevitable, pues tarde o temprano —en cuanto el pudiera costeárselo— se compraría el auto más veloz y ostentoso solo para incordiarlo y con Val dirigiéndole una mirada glacial.
Ese tema era sensible para su hermano. Por mucho que aparentara normalidad, el accidente de sus padres dejó fuertes secuelas psicológicas y temores férreamente acendrados en él.
~Tom~
“La puta” estaba triste esa mañana, aunque intentaba enmascararlo con un humor de perros. Se desquitaba con quien fuera que se cruzara en su camino, así fuera para saludarlo o entregarle un regalo por San Valentín.
En especial a aquellos que portaban regalos de San Valentín.
En el tiempo que Tom llevaba espiándolo (desde el primer día de ese semestre) nunca lo vio perder su permanente sonrisa. Ni cuando estaba tirado en piso, respondiéndole con golpes e insultos mordaces, su sonrisa vaciló.
Ese día «la puta» se veía y actuaba diferente. Tom no comprendía como nadie más, ni siquiera los que decían sus amigos, se daban cuenta. Cómo dejaban que el maquillaje sabiamente aplicado los engañara.
«La puta» había estado llorando, durante horas quizá.
Pronto él le daría un motivo de peso para hacerlo. Ese pensamiento calmó un poco su pecho inquieto, como cada vez que él estaba cerca… pero que ese día se vio redoblado por cada chica mal informada y por cada maricón que se acercaba a él con flores o los más variopintos regalos.
Tom estaba demasiado ocupado espiando el menor movimiento de «la puta», como para darles atención a las chicas que lo buscaban con semejantes intenciones. ¿Quién tenía tiempo para mujeres cuando su tranquilidad se veía amenazada?
~Bill~
Deseó estar soñando, pero no, ahí estaba: Atado a su locker por un par de finos listones, un formidable globo en forma de corazón, de un rojo tan brillante que lastimaba la retina.
Definitivamente alguien allá arriba era un cabrón o tenía un retorcido sentido del humor.
Probablemente ambos.
Lo jaló de las cintas y lo reventó con saña, sin siquiera prestar atención a la tarjeta.
—Era lindo ¿Por qué hiciste eso? Si no lo querías pudiste dárselo a alguien —le recriminó Mandy—. No todas tenemos a alguien que nos salude en San Valentín, ¿sabes?
¡San Valentín!
Lo había olvidado completamente. Tenía cosas más importantes en las que pensar, como en los pedazos de su corazón que quedaron en casa, en el papelero bajo su escritorio.
Maldijo floridamente. Significaba que aún quedaba todo un día por delante aguantando mierdas de gente que ni conocía.
Deseó no haberse levantado. De hecho, si fue a clases ese día fue únicamente porque tenía demasiados deméritos y su record escolar no aguantaba una inasistencia injustificada.
«Día de mierda»—masculló.
*
Bill era un entusiasta de San Valentín, desde siempre.
De pequeño ese era el día en que su madre le llevaba el desayuno a la cama a su hermano y él le saltaba encima, se colgaba de su cuello y le cantaba una pequeña estrofa de lo que le hubiera compuesto ese año.
Luego de la muerte de sus padres él se encargó de mantener la tradición, aunque aquel primer año su intentó de desayuno acabó con una visita de los bomberos y un gran susto.
Esa mañana se había saltado el desayuno y salido de casa sin despedirse.
Cogió el móvil para llamarlo pero luego recordó que esa mañana tenía una sesión de fotos, Val no había parado de hablar de ello el día anterior (su hermano se ponía de mal humor cuando lo interrumpían en medio de su trabajo).
Se encogió de hombros, haciéndose el propósito de, al año siguiente, hacer algo asombroso para compensar.
~Tom~
Durante el primer periodo los cuatro miembros de «la familia» se ausentaron de clases para implementar los últimos detalles del plan (obstruir todas las salidas, desconectar los altavoces y sabotear los generadores de emergencia).
Tom tenía la ventaja de que su reputación de malote lo respaldaba, ya nadie se sorprendía si no lo veían entrar en alguna clase. Simplemente daban por sentado que estaba fumando o fajando con su última conquista.
~Bill~
Su día recién comenzaba y ya era una total y completa mierda, ignoraba como conseguiría sobrevivir hasta el almuerzo
Durante el primer periodo le esperaban sobre su mesa una caja de bombones en forma corazón y un ramo de rosas rojas.
Le arrojó la caja a Gustav farfullando —“dáselos a tu novia”—, acto seguido (y con una enorme sonrisa cínica) se puso de rodillas ante Mandy y le ofreció el bucket.
—Para que dejes de cacarear.
La chica alegó que prefería los chocolates, pero de todas maneras se hizo con las flores y no tenía visos de pretender deshacerse de ellas.
~Tom~
Para la hora del receso Tom con las justas conseguía controlar su ansiedad.
Volteó nervioso al sentir un par de palmaditas en su hombro.
Uwe le sonrió con suficiencia, derrochaba una calma y seguridad en sí mismo envidiable. Tom lo admiró aún más por enfrentar los prolegómenos del ataque con sangre fría. El chico lo llevó aparte y le susurró al oído.
—Tranquilo, Tomichu. En un par de horas todo habrá terminado, Ellen Key estará libre de escoria y tus problemas no serán más que un recuerdo desagradable.
Tom siguió la mirada de su «hermano»: estaba fija en Bill Trümper quién —con cara de pocos amigos— empujaba un enorme oso de peluche en brazos de la nerd de su grupo.
«Sólo media hora más»—se repitió mentalmente, relamiéndose con la lengua el costado del labio en que traía el piercing.
Agradeció que su tortura estuviera próxima a acabar.
Ese día él lucía más atrayente que lo usual. Llevaba una chaqueta blanca, que Tom no recordaba haberle visto anteriormente —él nunca olvidaba uno de sus atuendos— y ese semblante acongojado que despertaba irracionales impulsos de cubrirlo de besos hasta consolarlo, de lo que fuera que lo dejó en ese estado.
Tom reconocía que su condición no había hecho sino empeorar desde que cesaron los enfrentamientos con el moreno. Habiendo llegado a un punto en que sus deseos carnales acabaron escalando en deseos de otro tipo.
«La puta Trümper» debía morir ese día, de lo contrario Tom dudaba que fuera capaz de seguir resistiéndose a sus impulsos.
~Bill~
La gota que rebasó el vaso llegó en el segundo periodo, un enorme título en la pizarra anunciaba que durante esa clase analizarían un fragmento de«Romeo y Julieta».
Bill se sintió de pronto atrapado en una estúpida comedia adolescente americana. Solo faltaba el quarterback y la porrista rubia.
Sobrepasado, se puso de pie y enfiló a la salida.
—¿Sería tan amable de informarle a la clase adonde se dirige, señor Trümper? —Lo interrogó el profesor de inglés.
—Al baño.
—¿Me podría mostrar su permiso?
Estuvo a punto de mandarlo al quinto infierno, pero aún le restaba algo de sentido común.
Algo…
—Cuando la naturaleza llama, hay que responder, señor.
Salió de prisa, como si su urgencia fuera biológica. Pudo escuchar algunas risas en el salón y la voz de su profesor retomando la lectura. El sujeto era agradable, cuando no se le atravesaba en el peor día de su vida.
Corrió al baño de hombres del primer piso, se metió en un cubículo y puso pestillo. El dolor causado por su corazón roto lo había anestesiado. Ya no podía llorar más, estaba seguro que si lo pinchaban con una aguja no sentiría nada.
~Tom~
Tom entró a la clase de inglés con pies de plomo. Producto de los nervios, tenía la sensación de que la bilis había subido hasta su garganta y dejaba un regusto acre en su boca. Hizo amago de sacar la goma de mascar de su mochila, pero se arrepintió a medio camino. Un descuido como ese —obtener una nota por mascar chicle en clase— podía poner en jaque la integridad del plan.
Los minutos pasaban tortuosamente lento; de improviso «la puta» se puso de pie y salió del salón sin más.
No contaba con ello, él bien podía tardarse cinco minutos como toda una eternidad. Ese imprevisto trastocaba por completo el timing. Rogó para que se diera prisa, el éxito del plan se basaba en aprovechar el elemento sorpresa para dar cuenta de su lista de forma eficiente.
*
A las 09:37 una sensual ayudante de cupido se presentó en el laboratorio de química, portando una cesta decorada con rosas de papel y listones. El profesorFaustse rascó la calva, estaba convencido que en la última reunión de consejo acordaron —ante las protestas de la agrupación de feministas— rechazar la iniciativa. Pero bien podía equivocarse, desde que había dejado de fumar su nivel de concentración había ido en picada. Le sostuvo la puerta para que entrara y de paso hacer un escáner completo de su parte posterior.
*
Alexa dio inicio al plan con una puntualidad asombrosa. Los primeros tres disparos se oyeron sucesivos y precisos a las 09:41.
Los dos estudiantes eran inmigrantes, el profesor Faust venía acosando a su hermana pequeña y a otras chicas durante el último año. Aunque el asunto era un secreto a voces en la secundaria, nadie dio crédito a las denuncias.
Los siguientes disparos provinieron de la cafetería —en donde Uwe tenía dos nombres. La cocinera, una mujer de color y el copero, un chico abiertamente gay— y del gimnasio —la clase de Bertolt. Dos chicas que eran pareja, un chico de color, una chica judía y el profesor, cuyo gran crimen fue darle una amonestación por llamar a una de las chicas “jubelhure”*.
Todo ello sucedió de forma casi simultánea, tan rápido que nadie tuvo tiempo de reaccionar. Tal como ellos lo habían concebido.
Hubo sólo un fallo en el plan:
Tom se paralizó, de pie en medio del salón de inglés, y no fue capaz ni de sacar su arma. Un millón de imágenes inconexas lo golpearon de pronto, acribillándolo sin piedad. Era Bill, fogonazos de vida que se clavaron en su pecho como agujas: sus ojos brillantes, la forma en que movía su cabello al caminar, la frescura de su risa… Y en una mezcla sangrienta la visión en ráfagas alucinatorias de su cuerpo ensangrentado en el suelo del pasillo: los ojos muertos, la risa apagada para siempre, toda su belleza hecha pedazos, destruida por su propia mano. Tuvo que cerrar los ojos, presa de un pánico helado. Apenas podía mantenerse en pie. No podía hacerlo. Tom sólo buscaba liberarse de un chico que lo obsesionaba y lo hacía mirar al abismo de sus propios deseos. Si usaba la pistola y acababa con él estaría encadenado para siempre a su recuerdo. No, no podía hacerlo.
~Bill~
Estuvo largo rato encerrado en el cubículo, hasta que la sensación de agobio se tornó insoportable. Lo mejor sería marcharse de una vez, no a casa desde luego. Quizá al centro comercial o al cine.
Salió del baño con los audífonos aun puestos y la vista pegada al móvil. Redactaba un breve mensaje para su grupo, pidiéndoles que inventaran una excusa para el profesor y le guardaran su cuaderno de inglés.
Se volteó al sufrir un fuerte empujón que tiró su móvil al piso y que le recordó los tiempos en que tenía su propio bully de cabecera. No pudo identificar al agresor, el pasillo estaba abarrotado de gente.
Todos corrían descontrolados como bajo alerta de incendio, pero las alarmas no estaban sonado. No entendía que carajos sucedía y no podía llamar a sus amigos para preguntar. No supo si fue el golpe o la gente que le pasó encima, lo único cierto era que su móvil yacía despedazado en el suelo.
Se hizo a un lado de la marea de estudiantes y se quedó pegado a la pared, protegido por la hilera de lockers. Esperaba oír las instrucciones de evacuación desde la oficina de Dirección, como majaderamente les repetían en cada simulación de emergencia, pero los altavoces permanecieron en silencio. Si esa era una emergencia real, los protocolos de seguridad no se estaban cumpliendo.
Abruptamente, alguien lo jaló del brazo. No recordaba su nombre, pero su cara le sonaba demasiado: era la chica que se sentaba en la mesa contigua a ellos en la cafetería.
—¿Tú eres Bill Trümper? —chilló. La chica respiraba trabajosamente y giraba su cabeza a ambos lados del pasillo, casi con paranoia—¡¿Por qué no estás huyendo?!
—¿Adonde? Ni siquiera sé qué mierda está suc…
—¡Ellos te buscan, estás en la lista! ¡Corre!
—¿Ellos? ¿Quienes? ¿Cuál lista?
—Ese demente de undécimo grado, Mundlos y sus amigos. ¡Están matando gente! Dicen que tienen una lista y tú estás en ella.
~Tom~
Perdió la cuenta cuánto tiempo estuvo paralizado, sólo reaccionó una vez que el profesor lo jaló del brazo y lo obligó a abandonar el salón. Apenas en ese momento cayó en cuenta que era el único que quedaba en el lugar y salió al pasillo con el resto de los estudiantes.
Su cerebro procesaba la información en cámara lenta, mientras nuevos disparos se iban sumando desde diferentes lugares del edificio, aumentando el caos generalizado.
Por todas partes había gente corriendo, en medio de un ataque de histeria o con las manos y ropa ensangrentadas.
Muy lentamente el peso de la situación cayó sobre Tom como una cubeta de agua fría.
Su larga preparación estudiando planos del edificio, aprendiendo a manipular armas, agregando y descartando nombres en la lista maestra fue paulatinamente deshumanizando a sus víctimas. Convirtiendo a compañeros y profesores en meros blancos de tiro adosados a un muro y nombres escritos con bolígrafo, en una cruel semblanza de una lista de víveres.
La ira y determinación con que inició el día acabaron de irse a la mierda. No podía hacerlo, ya enfrentado a la realidad, no había manera en el mundo en que cumpliera con su parte del plan.
Caminó por inercia, sin rumbo fijo, horrorizado por la carnicería que él mismo ayudó a organizar. Al doblar a la derecha llegó a una sección completamente desierta, salvo por él y Alexa, que caminaba directamente en su dirección.
Pero su «hermana» no estaba sola, como creyó erróneamente, arrastraba un bulto oscuro con ella.
Hiperventilando, con los oídos tapados por un molesto pitido y el corazón apretándose dolorosamente en su pecho Tom fue regresado con violencia a la realidad.
El lloroso bulto junto a Alexa no era otro que Samira Jachram, el primer nombre de su lista.
Continuara…
La escena de toma de conciencia de Tom, cuando comprende en que consiste realmente el asesinato y el porqué nunca podrá matar a Bill es obra de Archange Maudit. Creditos y mil gracias a ella.
Jubelhuresignifica literalmente “puta de fiesta”, es una manera despectiva de llamar a las lesbianas en alemán.