Der Valentinstag-Massaker. Part III


Para comprender un poco el apuro de Tom les recomiendo ver este vid.

https://www.youtube.com/watch?v=9VURUQOQUOc

«Blame it Tom Kaulitz» Fic de Haruxita

Der Valentinstag-Massaker. Part III

~Tom~

Ignoraba si existía una cosa parecida al cielo, con una deidad de blancas barbas, rodeada de hermosos querubines tocando arpas doradas. Empero —quien fuera que reinara en lo alto— de seguro se estaba descojonando a costa suya, obligándolo a pasar el día de San Valentín en forzada compañía con el moreno.

Tom pasó saliva, le supo dulce. Siempre recordaría (si sobrevivía a ese día, desde luego) que los labios de «la puta Trümper» eran suaves, fríos —culpa del aire helado que se colaba por algún sitio—— y con sabor a melocotón.

Un rato considerable después de que tomara los labios del otro chico por asalto, su corazón aún continuaba martillando con fuerza en el pecho y latiendo en sus orejas y sienes. Una parte de él aún no se terminaba de convencer de que aquello realmente había sucedido. Pero los vestigios eran demasiado omnipresentes para pasarlos por alto, como el suave perfume del moreno que parecía haberse impregnado en su piel y que lo estaba volviendo loco.

~Bill~

Primero molesto, más tarde asustado.

Ahora se había agregado “confundido” al mix de emociones de ese día.

No conseguía comprender por qué “Bob Marley” venía actuando extraño durante toda la mañana.

Y no sólo por el asunto del beso…

Ese beso que no acababa de comprender —la excusa de “Te cubrí la boca para que no gritaras, de puro buena onda que soy” no se la tragaba ni con un litro de Aquarius—.

Sí, hubo furia en ese beso (lo cual era “normal” dadas las circunstancias), pero también pudo identificar algo semejante a…

¿Avidez?

De acuerdo, él distaba mucho de ser un experto en besos, pero tenía la experiencia suficiente como para distinguir cuando había ganas de por medio y cuando no. Como el beso que Geo le dio el día anterior, por ejemplo. Ese fue un beso en plan de joda, su amigo se esmeró porque buscaba probar su punto, pero hubo algo que indudablemente faltó.

No podía expresarlo en palabras, era de ese tipo de cosas que sólo se sienten y ya.

Finalmente desistió de seguir ahondando en ese asunto, porque las teorías que cruzaron por su cabeza eran cual de todas más perturbadoras y le estaba empezando a dar migraña.

~Tom~

Necesitaba calma para pensar, pero su mente era un lugar ruidoso y oscuro, esa mañana más que nunca. En su cabeza las risitas de complicidad entre «la puta» y Geo se entremezclaban con las suplicas emitidas a gritos por Samira, los lacerantes insultos de su padre y la frase que su hermano empleó para sacarlo de su vida. Las voces resonaban en sus oídos de forma ensordecedora, en medio del silencio sepulcral que reinaba en el refugio

Por otra parte, aunque él lo ordenara con desesperación, su corazón se resistía a calmarse. Imposible hacerlo si sus labios aun hormigueaban, como si el fantasma del beso robado habitara en ellos.

~Val~

Val se estremeció.

Dio saltitos y se frotó enérgicamente los brazos con ambas manos para entrar en calor. El traje que usaba había sido diseñado para verse sensual, no para abrigar, y esa mañana de febrero el clima estaba particularmente helado.

En cuanto el veterinario notó la peculiar coreografía se quitó raudamente su cazadora.

Val desplegó una sonrisa ante los infructuosos intentos del siempre caballeroso Nick Kaulitz de poner la prenda sobre sus emplumados hombros.

Finalmente, su recién recobrado amigo se dio por vencido. La cara de circunstancias de éste fue tan graciosa que se permitió una risita.

—Lo supiste todo el tiempo —reclamó el hombre, algo avergonzado, ante la descarada mofa del modelo.

—Fue divertido verte intentarlo —reconoció con total desparpajo.

Resultaba gratificante comprobar que ese tono amistoso y juguetón que caracterizó a su amistad con el veterinario no se había perdido del todo.

—¿Qué se supone que sea esto, de todas maneras? —inquirió éste, recogiendo una de las largas plumas negras que se habían desprendido de su traje—Pareces…

—¿Una “Gallina Sado”?

Debió darle crédito extra a Nick: sus esfuerzos por no reír fueron notorios, pero esa forma tan distintiva en que se le hincharon los carrillos lo puso en evidencia.

—N—no, claro que no. Se ve que es una prenda vanguardista y—y… —divagó, batiendo las manos, como buscando dar con el eufemismo adecuado— con mucho estilo.

—Nick —tocó suavemente su antebrazo y movió su cabeza de forma negativa, sin borrar su linda sonrisa—, no intentes enmendarlo, sólo lo empeoras.

El hombre suspiró. Si Val no tuviera absoluto control sobre las reacciones de su cuerpo, lo habría secundado con una expresión bobalicona en su rostro. Nick era en verdad adorable y transparente, como un niño en un cuerpo de adulto. Se cuestionó cómo lo concibió capaz de una conducta ruin.

~Nick~

—Lo siento. Mis conocimientos de ropa empiezan en mezclilla y acaban en franela —se excusó, algo avergonzado por su ignorancia.

—Dame eso —pidió el modelo, extendiendo sus manos para tomar la chaqueta que aun colgaba de una de las manos del veterinario, y enfundar ambos brazos en las cálidas mangas—. Humm, mucho mejor— agregó, con un ronroneo de placer, que llenó el pecho del veterinario de burbujeantes cosquillitas—. Y, sólo para tu información, el mote de «Gallina Sado» es creación de mi dulce hermanito.

Eso le hizo mucho sentido: si el tal Bill era la mitad de “inventivo” que su propio hermano, Val debería escuchar barbaridades como esa todo el tiempo.

—Es un adolescente, piensan que ser bordes los hace «cool». Yo creo que pareces un ángel caído.

Se arrepintió de sus palabras al segundo en que estas abandonaron sus labios: la expresión del modelo mudó de sonriente a una de total sorpresa. Debía aprender a pensar antes de hablar si no quería ser abofeteado, acabar con un coctel por sombrero nuevamente o, aún peor, que Val no volviera a dirigirle la palabra nunca más.

—N—no quise decir q—que parecieras maligno, a—aunque tu interpretación de la Serpiente del Edén fue muy convincente…

¡Dios! ¿No podía solo morderse la lengua y ya?

~Val~

¿No es absolutamente adorable?”

El modelo suspiró para sus adentros y maldijo su suerte.

Era tan injusto (por no mencionar frustrante) que, teniendo las armas para seducir al hombre que él escogiera, se enamorara precisamente de aquél que nunca podría tener. Debía haber algún tipo de Karma o sino involucrado en ello; cuando la vida da a manos llenas se cobra en proporción.

Lo peor era que su amigo no se daba cuenta siquiera —Val estaba seguro de ello— de lo seductor que resultaba ese contraste entre su apariencia sexy y su ternura intrínseca.

~Tom~

Existían tres planes de contingencia, Uwe era previsor y detallista al punto de la obsesión.

Días antes escondieron suministros en dos sitios estratégicos del edificio —en caso de que fueran sitiados por la policía—: Comida, armas de recambio con sus municiones correspondientes y una bomba en el conducto de ventilación sobre la oficina de Müller. Su «hermano» iba realmente en serio con aquello de «Si algo sale mal,vivos no nos atraparán«.

Ninguno de esos escenarios supuestos en que «algo salía mal» había ponderado el factor humano. Uwe daba por descontado que los cuatro miembros de «la familia» estaban genuinamente comprometidos con la causa y que cumplirían con su parte del plan a cabalidad y sin fallos

«Eres un jodido pusilánime, Tom Kaulitz, un pelele… —repitió, como un mantra, el sermón que había memorizado de oírlo tantas veces de boca de Jorg—una mierda de hijo, no eres un hombre, eres una vergüenza».

No debía llorar, no esta vez. Ya era bastante humillante haber sucumbido a un momento de debilidad ante «la puta«, como para que este lo viera llorar «como la nenita que eres«.

Apretó los puños hasta enterrar las uñas en sus palmas, dolorosamente.

Eso estaba mejor, el dolor era bueno, lo distraía de sus pensamientos. Mientras más intenso, mejor.

Habría seguido hasta que sus manos se adormecieran pero el entrometido sentado a su lado lo jaló del brazo.

—¿Qué mierda estás haciendo? —lo oyó preguntar

—Hay muchos lugares en donde podrías meter tu nariz, Trümper, podría sugerirte algunos bastante apropiados. Mis asuntos no son uno de ellos.

—¡Estás sangrando, idiota! —insistió el moreno, en un siseo.

Abrió sus manos y se inspeccionó las palmas, efectivamente las uñas habían provocado pequeñas heridas en forma de medialuna, por las que escurrían gotitas de sangre.

—Son apenas un par de rasguños —agregó, frotando un pulgar ensalivado por las heridas, restándoles importancia— Nada comparado a cuando me fracturaste la nariz. ¿Y desde cuándo te interesas por mi integridad física?

—Que no se te suba a la cabeza, Bob Marley. Tú me importas menos que nada, pero no es lindo ver a alguien auto mutilarse junto a ti. Además las manchas de sangre no se quitan y no quería que salpicaras mi chaqueta.

Ante el ademán de empuñar nuevamente sus manos, el moreno le dio una fuerte colleja en la nuca.

—¡Deja eso! —masculló por lo bajo— Supongo que eras de los que se chupaba el pulgar hasta el Kindergarten.

—¿Qué? ¿De qué estupideces estás hablando?

—Tics —indicó con su cabeza los bajos de su camiseta, que inadvertidamente había comenzado a estrujar entre sus dedos—. Siempre haces eso cuando estas nervioso.

¿Desde cuándo «la puta» prestaba atención a sus movimientos?

—¿Desde cuándo te fijas en lo que hago o dejo de hacer?

El otro chico bufó, rodando sus ojos…

Esos hermosos ojos almendrados, que lucían aún más grandes y atrayentes con ese maquillaje difuminado.

—…ciones.

Por estar distraído divagando se perdió la respuesta del moreno, cosa que sucedía con odiosa frecuencia. Si no se quedaba pegado mirando sus ojos, eran sus largos caninos, sus labios carnosos o ese llamativo lunar bajo ellos los que absorbían toda su atención.

Volteó la mirada al piso, no fuera que nuevamente le acometieran las ganas imperiosas de besarlo, justo ahora que su autocontrol estaba en off.

«La puta» era un peligro andante, apenas por una afortunada casualidad nunca se le cruzó por delante mientras conducía a la secundaria o pudo acabar estrellando su camioneta contra un árbol o atropellando a un cachorro.

~Val~

Nick se ausentó por unos minutos para intentar conseguir algo de información con el oficial a cargo, por razones obvias Val permaneció en la camioneta. El modelo sacó su IPhone y chequeó las redes en busca de noticias frescas para matar el tiempo. Lo que encontró tuvo el mismo efecto de un cubetazo de agua fría en plena nevada.

A través de las redes sociales de los medios de comunicación, más temprano, se realizó un llamado a los rehenes de que fueran precavidos con la información que compartía en estas. En especial en un medio de acceso público como Twitter, ya que existía una gran posibilidad de que los tiradores también vieran esa información.

Los nervios o quizá el propio desconocimiento del real peligro en que se encontraban los llevó a publicar como confirmados presunciones y rumores. Hubo inescrupulosos incluso que hicieron circular información inventada sólo por tener algo que contar y conseguir unos cuantos followers más.

Aun peor —y desoyendo la orden de la policía de no dar nombres para no generar pánico en las familias—, la información que se repetía más a menudo era con respecto a la identidad de los atacantes. Los mensajes de los rehenes sindicaban a un grupo de estudiantes del mismo establecimiento como los responsables de la matanza.

El nombre del menor de los Kaulitz figuraba en esa lista

Val Trümper no había sabido mucho del hermano pequeño de Nick desde que dejara de acosar a Bill.

Por lo que este relató de pasada, el chico misteriosamente dejó de molestarlo de la noche a la mañana, y aunque en principio el moreno encontró la situación un tanto inexplicable, luego pasó de él y se dedicó a disfrutar del periodo de paz.

«Quizá se dio cuenta de que yo soy un hueso duro de roer y se marchó con la cola entre las piernas —comentó esa vez, encogiéndose de hombros—. ¿Yo que sé? Ese tipo de idiotas son todos unos cobardes»

~Bill~

—¿Eres idiota o qué? —Farfulló, sacudiendo enérgicamente una mano para disipar el humo. El chico sentado a su lado hizo oídos sordos a sus reclamos, parecía estar disfrutando bastante su cigarrillo— Olvídalo, ya sé la respuesta. No sólo agotas MI oxígeno, sino que cualquiera que entre por esa puerta vendrá directo a nosotros guiado por el olor.

El de rastas bajó su cigarrillo, sonrió de lado y exhaló el humo lentamente en dirección al techo.

—Por si no te has fijado, hay un hueco en la pared. Quizá tu cerebro relleno de aire no lo registre, pero eso significa que no moriremos, no asfixiados al menos.

Por supuesto, el hueco. Lo había olvidado por cinco segundos completos, jodido “Bob Marley” que se lo recordó. Se estremeció de frío, aquello debía ser pura sugestión.

Lanzó un par de floridos improperios entre dientes y le quitó el cigarrillo de las manos.

—¡Hey!

Cerró los ojos y dio una profunda calada. Su organismo agradeció el golpe de nicotina, no se comparaba a un cappuccino, pero no estaba del todo mal. Si al menos fueran Camel…

~Val~

Al regresar Nick no trajo grandes novedades. Por lo visto la policía era más cautelosa que la prensa y entregaban la información con cuentagotas.

En principio dudó si contarle las desafortunadas nuevas al veterinario, pero en la espera tuvo tiempo suficiente para confrontar pros y contras.

Sería mucho peor si oía los rumores descarnados o se enteraba luego, en algún reporte oficial.

—Dame tu mano.

—¿Eh?

Miró a Nick con extrañeza, solo cuando el hombre extendió su mano en su dirección comprendió sus palabras e hizo lo que se le solicitaba.

Este dejó una moneda de chocolate en su palma.

—¿Una moneda por mis pensamientos? —bromeó, no sin bastante nerviosismo. Si el veterinario tan sólo supiera lo que pasaba por su cabeza en esos instantes.

—Hoy es San Valentín y yo pensé…

Val empalideció súbitamente y a punto estuvo de regresar la golosina con diplomacia.

¡Ambos tenían pareja, Dior bendito!

Luego recordó que se trataba de Nicholas Kaulitz, mejor averiguaba sus verdaderas intenciones antes ponerse en modo Drama Queen.

—Debo darte mérito por originalidad, nunca he sido cortejado con monedas de chocolate. —bromeó, con sobreactuada coquetería.

Sus suposiciones resultaron del todo acertadas. Regresaron los tartamudeos, Nick se ruborizó hasta las orejas e intentó explicarse por todos los medios, con más encanto que eficacia.

~Nick~

Se pasó ambas manos por el rostro, tenso y con algo de temor.

¿Acaso nunca dejaría de joderla?

—Metí la pata de nuevo. N—no fue e—esa mi—mi… no quise acosarte… te llamas Valentino, hoy esSan Valentín. Y—yo… lo siento. Fui i—inapropiado,otra vez.

Ante su intento de recuperar la moneda, Val retiró la mano y acunó el pequeño disco dorado en su pecho, sonriente.

—Es mi regalo de santo, los regalos no se regresan.

~Bill~

El encierro fue largo, tanto que llegó un minuto en que el silencio se tornó incómodo y se moría por hablar, aun cuando su interlocutor fuera el “impresentable” de Kaulitz.

A Bill no le agradaba el chico, si le hubieran dado a escoger entre todos los estudiantes de Ellen Key alguien con quien le gustaría compartir escondite, «Bob Marley» no habría cruzado por su mente ni por asomo. Pero estaba aburrido, se conocía cada veta en la madera y cada clavo regado en el piso. Tom era el elemento nuevo en ese lugar, sin contar con el gran misterio que trajo con él.

Bill resopló y, ya sin poder contenerse más, acabó por exteriorizar la pregunta que le había estado revoloteando en su cabeza toda la mañana.

—¿Por qué no estás afuera, con tus amigos, jugando a los vaqueros?

Silencio absoluto.

No era como si esperara que el de rastas se abriera de buenas a primeras. Pero él era insistente y —así como consiguió un beso de Geo a base de pura majadería— seguiría golpeando esa roca, confiado de que tarde o temprano cedería.

—Mundlos y tú eran inseparables. ¿Qué sucedió? ¿Por fin se dio cuenta que eras un idiota?

—Algo así —masculló de mala gana el otro chico, que en ningún momento le sostuvo la mirada.

Eran las primeras palabras que le dirigía en… no tenía idea cuánto había pasado desde que le robó el cigarrillo. Sin su móvil no había forma de medir el tiempo.

~Val~

Debió echar mano a toda su diplomacia para aligerar la noticia y plantearla de forma objetiva, despojada de los visos truculentos que los rehenes le agregaban.

A medida que hablaba pudo notar como el semblante de su amigo entristecía progresivamente. Muy pocas veces había experimentado con tanta fuerza el significado de la palabra IMPOTENCIA con todas sus letras.

—Debes tener en consideración que es sólo un rumor, de los cientos que circulan por la red —agregó, tomándole una mano, en un intento por confortarlo.

Siempre había visto a Nick alegre y relajado, le partía el corazón verlo en ese estado. Esperaba que los rumores fueran sólo eso, o la próxima vez que viera al chico Kaulitz le daría una gran bofetada, por Bill y por Nick.

~Tom~

—¡No metas tu nariz donde no te llaman, maricón de mierda! ¡Recuerda lo que le hizo la curiosidad al gato!

El moreno no había dejado de incordiarlo con preguntas incisivas durante largo rato, al punto que lo obligó a salir de su pasividad y olvidarse de toda medida de seguridad, como mantener su tono de voz en un volumen bajo.

—¡Tú no eres capaz de asesinarme!

La seguridad de la afirmación lo enervó. ¿Tan cobarde lo creía?

—Si continúas presionando acabarás averiguándolo.

—Estoy desarmado, lo he estado desde que llegaste. Incluso pudiste valerte del efecto sorpresa y aprovechar que me diste un susto de muerte, pero-no-lo-hiciste —remarcó con enojosa soberbia—. Además, por si lo has olvidado, de todas las veces en que nos peleamos, tú eras quien sacaba la peor parte.

Si Bill seguía metiendo el dedo en la llaga Tom estaba dispuesto a acabar con ese suplicio, aunque para ello tuviera que meterse una bala justo en medio de su propia frente.

—¡¿Quieres callarte por todas las…?!

Tom traía una gran tensión contenida de todos esos meses en que forzosamente tuvo que reprimir insultos y golpes por comando de su hermano Uwe, más le valía al moreno no cabrearlo, porque aún tenía una bala con su nombre en ella.

Como si lo hubiera invocado mentalmente, el chico arremetió con renovados bríos y un tonillo burlesco que lo sacó de quicio.

—¿O qué? ¿Vas amatarme? Porque hasta el momento para lo único que has tenido pelotas es para besarme.

Ese maldito beso le penaría el resto de su vida no bastaba con su propia conciencia recordándoselo en todo momento. «La puta» no iba a perder ocasión de restregárselo en la cara durante el resto de su vida, por lo visto.

~Nick~

Nick conocía a su hermano pequeño. Él era un buen chico, pero bajo las medievales enseñanzas de su padre y la nociva influencia de sus nuevos amigos Tom había cambiado mucho. Deseó creer que su hermano no estaba involucrado, que los rumores no tenían fundamento y que Tom no sería capaz de lastimar deliberadamente a alguien, pero el chico había cambiado peligrosamente al alero de su nuevo grupo.

~Bill~

Sucedió tan rápido que no lo vio venir. En lo que tarda un parpadeo se encontró arrojado contra el piso, con el otro chico montado a horcajadas sobre él, inmovilizando sus muñecas sobre su pecho. La situación le resultaba familiar empero, el inédito brillo maníaco en los ojos del de rastas le dio un poquito de miedo.

—¿MUCHA CURIOSIDAD POR SABER LO QUE ME PASA? ¿EH?—masculló el otro, con saña, bajando su rostro a un escaso par de centímetros de distancia, tan cerca que Bill podía percibir claramente cada exhalación sobre su piel— ¿POR QUÉ NO HABLAMOS MEJOR DE LO QUE SUCEDE CONTIGO? ES SAN VALENTÍN Y HAS PASADO DE TODO EL MUNDO. LLORASTE LA VÍSPERA, TODA LA NOCHE PROBABLEMENTE. PERO AYER AL MARCHARTE A CASA ESTABAS DE UN HUMOR INMEJORABLE. ¿QUE SUCEDIÓ EN CASA, HUMM? ¿QUE HACE QUE LA PUTILLA MAS POPULAR DE LA SECUNDARIA ESTÉ TRISTE?

—No sé qué estarás fumando, pero sin duda te fundió el cerebro. —espetó, preguntándose cómo era que el rubio estaba en conocimiento de todas esas cosas. Estaba seguro de que el maquillaje había escondido todo vestigio de su llanto, y su mal humor había logrado convencer a todo mundo de que sólo se había levantado del lado erróneo de la cama. Ni siquiera el detallista de Gus se dio cuenta (o al menos mencionó) de que algo andaba mal con él.

—Por eso traes esa chaqueta, ¿no?

—¡¿De qué carajos hablas?!

—Solo vistes de blanco cuando estás triste.

De acuerdo, eso sí que lo asustó. Esa era una información demasiado íntima que sólo le había comentado a Markus. Val lo sabía porque su hermano era muy perspicaz y ató cabos luego de observarlo por mucho tiempo pero… ¿Cómo era que el idiota de«Bob Marley»lo sabía?

—No sé de dónde te inventas tanta estupidez.

—¿No es cierto? ¿Supongo que tampoco es cierto que te abriste de piernas para Geo?

El de rastas aparentaba estar fuera de sí, como para que Bill se tomara la situación a la ligera. Sin embargo, acojonado y todo, había costumbres que no se perdían. Provocar al otro chico era de sus favoritas.

—Lo que Georg y yo hagamos no es de tu incumbencia.

—¡Entonces SI han follado!

El rubio estaba realmente furioso, por algún motivo ese pensamiento lo sacaba de sus casillas. Bill decidió tentar a la suerte.

—Sigues sin responderme por qué carajos sería tu asunto. Dicen que tras un homofóbico siempre se oculta un gay de closet. ¿No será que estás celoso? Te entiendo, Georg es realmente sexy.

~Tom~

Su corazón bombeó acelerado ante el temor de haberse puesto en evidencia. Revisó sus dichos recientes, pero estaba demasiado alterado y nervioso para recordar sus palabras exactas.

~Bill~

Valiéndose de su palabrería como fuente de distraccion consiguió desconcentrar a su atacante y obligarlo a bajar la guardia.

Ni tiempo tuvo de ponerse melancólico, o recordar los apuros en los que se vio por culpa de sus hormonas cuando Markus —sobre él, en una posición de ataque semejante a la que empleaba el de rastas para neutralizarlo— le enseñó la “Salida de montada”.

Simplemente realizó los movimientos que había perfeccionado —en base a la continua «práctica» en sus peleas con el rubio— y pasó rápidamente de presa a agresor.

No entendía como el otro chico aún no se daba cuenta de que sus holgadas ropas le estorbaban y le otorgaban a él una considerable ventaja, al permitirle jalarlo con facilidad.

—Deberías darte por vencido, Bob Marley –planteó, alegremente No importa cuanto lo intentes, siempre te derroto. Si sigues insistiendo en buscar pelea, acabaré pensando que te gusta que te ponga contra el piso.

~Tom~

«La puta» no empleaba con él lenguaje en doble sentido. Nunca lo había hecho y resultaba inconcebible que comenzara justo ahora. Pero esas últimas palabras, aunadas a la forma en que le sonreía y usaba su cuerpo para bloquear cualquier intento suyo por recobrar el control, tenían al cerebro de Tom trabajando doble turno para contrarrestar las estragos que ese tono de voz y, en especial, el contacto con el bajo vientre del otro chico estaba provocando.

Pudo notar humedad en sus manos y frente, estaba sudando pese a la corriente de aire frío.

Las palabras del moreno se oían, estruendosas, por sobre el resto de voces en su cabeza.

«¿No será que estás celoso?», «Te gusta que te ponga contra el piso».

¿Su inmundo secreto había quedado finalmente al descubierto?

Tentó un amago de rebelión, lo que resultó contraproducente. El moreno redobló su agarre y bajó aún más sus caderas hasta quedar virtualmente recostado sobre él.

Tom cerró los ojos y volteó la cabeza a un costado con un humillante jadeo, rendido ante la fatalidad.

Ignoraba cuanto tiempo conseguiría retardar lo inevitable, pero no sería mucho. De solo pensar en que apenas un par de delgadas capas de mezclilla y algodón separaban sus…

—¿Qué es ésto?

Tres simples palabras que, dichas en un tono sorprendido, enviaron una corriente eléctrica a su espina.

Estaba acabado. Ahora tendría que echar mano a su pistola, si o sí.

El repentino mutismo del otro chico movió una imprudente curiosidad y entornó levemente sus párpados.

Se encontró con un primerísimo primer plano del hermoso rostro del moreno. No era un buen momento para distraerse, «La puta» tenía sus ojos desmesuradamente abiertos y su mandíbula desencajada. El que liberara una de sus muñecas para tener una mano con que inspeccionar su reciente hallazgo solo confirmó sus temores.

Tan avergonzado estaba por haber sido descubierto que ni siquiera se aprovechó de su nuevo estado para intentar escapar.

Cuando «la puta» tanteó sus pantalones apretó nuevamente los parpados y se preparó para lo peor.

~Bill~

Los bolsillos de tan enormes pantalones parecían estar conectados con otra dimensión. Sus dedos eran largos pero no tanto, por lo que requirió de una suerte de maniobra gimnástica topar el fondo si soltar completamente el agarre sobre su cautivo. (Se juró a si mismo que, si vivía para contarlo, se dejaría crecer las uñas al menos un centímetro).

Su esfuerzo y tenacidad se vieron recompensadas cuando su mano emergió de entre la tela con el móvil del chico de rastas.

El hallazgo lo puso eufórico. Ante lo tensa de la situación, en ningún momento se le pasó por la cabeza que —a diferencia del suyo— el teléfono del otro chico aun debería estar operativo.

Se incorporó de un salto y, cogiendo el aparato con ambas manos, le dio un sonoro beso a la pantalla.

Ignoró el comentario soez del rubio —»Además de maricón, cleptómano»—, demasiado feliz ante la posibilidad de contactar a su hermano.

~Tom~

Se sentó en el piso, aun incrédulo de que su —mala— suerte le hubiera dado una pequeña tregua. Supuso que al ser barbado que regía su destino le divertía más postergar su agonía.

Mientras el otro chico estaba ocupado manipulando su móvil aprovechó de acomodar su cargamento con un par de jalones.

Había estado realmente cerca —metafórica y literalmente— esta vez. Aunque el hecho de que «la puta» estuviera en posesión de su teléfono lo ponía a un pelo de rana calva de una tragedia aun mayor, el moreno sólo necesitaba localizar la carpeta adecuada.

~Bill~

Su burbuja de alegría se pinchó al toparse con un escollo que pasó por alto en un primer momento: el código de seguridad.

Bajó el móvil con cara de circunstancias. El de rastas, ahora sentado a lo indio en el piso, lo miraba con los brazos cruzados y una sonrisa de triunfo.

—¿Ahora, quién ríe de último?

—Debo hacer una llamada, conseguiré esa clave por las buenas o las malas. Así que más te vale cooperar.

—¿Y el tuyo? ¿Agotaste la batería jugando Candy Crush?

—Eso, como todas mis cosas, no es tu asunto.

—Entonces no hay clave.

—¿Hola? No es una petición.

—Un teléfono bloqueado no nos sirve a ninguno de los dos. Ese es mi precio. La contraseña de mi móvil a cambio de saber qué pasó con el tuyo.

No había duda, Tom Kaulitz era el sujeto más raro con que se hubiera topado.

Él no cedía a chantajes, pero esa era situación desesperada. Necesitaba hablar con su hermano, pedirle perdón y decirle cuánto lo amaba y la condición era tan absurda que no encontró excusa para declinar.

—De acuerdo, tú ganas. Está en el pasillo fuera del laboratorio de computación; roto —agregó, ante la cara de incomprensión del otro chico—. Supongo que corrí con suerte, algunos han perdido algo más que el teléfono.

En lo que el otro chico tardó en desbloquear el móvil se preguntó si para esas alturas Val ya estaría al tanto de lo sucedido. Esperaba que no, ya había arruinado bastante su día como para que encima tuviera un ataque de pánico por su causa.

Finalmente cogió el teléfono que le tendía el de rastas y marcó con dedos temblorosos.

Agradeció que su hermano lo obligara a memorizar su número años atrás. La paranoia de Val con respecto a las emergencias por fin estaba demostrando ser útil.

~Val~

Su teléfono llevaba sonando toda la mañana, amigos, conocidos y hasta periodistas que no comprendían que en ese momento no deseaba hablar con nadie. Estuvo a punto de apagarlo, pero una corazonada lo persuadió y lo mantuvo sólo en vibrador.

Por ello ignoró esa llamada, hasta que Nick cogió el móvil (con la vibración se cayó de encima del tablero de la camioneta) y se lo tendió con una extraña expresión en el rostro.

—Creo que ésta sí es importante.

Intrigado porque su amigo no solía ir de misterioso aceptó el aparato y chequeó la pantalla, no reconoció el número entrante, pero de todas maneras siguió el consejo de Nick y respondió.

~ Bill~

Hubiera llorado de no haber vaciado sus lagrimales el día anterior.

—Val, soy yo: Bill —. Pudo reconocer el momento exacto en que su hermano contuvo un sollozo. Probablemente estaba en público y se esforzaba por no quebrarse—. Perdóname.

~Val~

Ahogó un jadeo y se cubrió la boca con la mano, esa simple llamada le regresó el alma al cuerpo.

Val no era de lágrima fácil —muy por el contrario, ante las situaciones de estrés mostraba su cara más dura—, pero perder a Bill era un terror omnipresente. Una de las múltiples secuelas psicológicas que le dejó el accidente. Por lo que, pese a que apretó los parpados con fuerza no consiguió contener el llanto que fluyó al oír la voz de su hermano

Inhaló profundamente, obligándose a recuperar la calma y actuar con naturalidad. Recordando las palabras que Nick le dijera más temprano. Lo último que el adolescente necesitaba en ese momento era que él le transmitiera su nerviosismo.

—No digas eso, Bibi. No hables como si esto fuera una despedida, te lo prohíbo. ¿Estás bien, Frijolito?

~Bill~

Rodó los ojos, Val no perdía lo mandón ni en las crisis mas oscuras.

Estimó que el humor negro no caería bien a los nervios de punta de su hermano, la idea no era asustarlo aún más de lo que ya estaba. Se guardó su«aún en una pieza» ydijo lo que éste esperaba oír.

—Estoy bien, a salvo.

—¡Gracias, Mi Dior!

Apretó la mandíbula, lo necesitaba tanto a su lado en ese momento.

—Necesito un abrazo —confesó, no importando sonar como un niño asustado, porque eso era.

Cuando salgas te abrazaré y no volveré a soltarte, Bibi.

—Te quiero Val.

Yo te quiero más—el moreno sonrío ante ese dialogo simple y manido, la formula en que se daban las buenas noches cuando era pequeño, luego de que su hermano espantara al trasgo que le robaba los cordones de las zapatillas—¿Qué sucedió con tu móvil? he llamado toda la mañana pero no consigo comunicarme.

—Es una larguísima historia. Este teléfono me lo prestóBob Marley.

¿Quién?

—El id… Tom Kaulitz —enmendó en mitad de la frase —. Estamos escondidos juntos.

~Val~

El segundo que tardó en procesar las palabras del chico su paranoia proyectó un sangriento thriller con Bill y el hermano de Nick como protagonistas.

Su corazón se oprimió y, de forma instintiva, dirigió una mirada de pavor al hombre a su lado. La alegría de recibir el llamado de Bill se había esfumado al momento de escuchar el nombre del chico de rastas.

Le importaba un cacahuate que se tratara del hermano pequeño de Nick o de la Reina de Inglaterra. Si alguien osaba ponerle siquiera un dedo encima a Bill, él se encargaría personalmente de que le otorgaran la pena máxima, en vistas de que una tarde de detención y una simple amonestación verbal probaron no ser suficientes.

Empero, aunque el tono de Bill distaba mucho de ser calmo —justificable dado la tensa situación en que estaban inmersos— su sentido del peligro, que permaneció alerta desde esa madrugada, se mantenía estable y ello lo tranquilizó un poco.

Supuso que si el chico Kaulitz realmente fuera parte del grupo de asesinos no le facilitaría libremente su teléfono a un rehén. Máxime uno con el que tuvo incontables desavenencias en el pasado.

—¿Estás bien, Frijolito? — preguntó con temor.

Se mordió el labio y tamborileó los dedos de su diestra sobre su rodilla. Escogió muy bien sus siguientes palabras, no era su intención ofender a su recientemente recobrado amigo pero necesitaba asegurarse.

—¿Kaulitz no ha intentado nada extraño contigo?

~Bill~

Abrió sus ojos con asombro y se atragantó con su propia saliva. Su hermano no tenía manera alguna de estar enterado de lo que había sucedido con el rubio —todolo que había sucedido entre ellos, beso incluido—. Su tardanza en responder debió alertar al adulto que insistió en su cuestionamiento.

Frijolito. ¿Ese chico te hizo daño?

El moreno evaluó rápidamente los hechos.

Considerando el historial que ambos acarreaban, un beso a la fuerza resultabacasianecdótico.

Las amenazas de muerte eran otro cantar… pero la sangre no había llegado al río y no era cosa de asustar aún más a su hermano.

—No, Val. Kaulitz no me ha puesto un dedo encima —Agradeció ser un mentiroso tan convincente—. Está más asustado que yo.

El aludido le arrancó un quejido al propinarle una colleja y un indignado «¡Asustada tu madre!». Ante lo que Bill agregó. —Aunque lo subnormal no se le quita.

~Val~

Ese último comentario le sacó una sonrisa. Bill no perdía su espíritu, no importaba la gravedad emergencia.

Pero debía optimizar el tiempo, no sabía de cuanta batería disponían.

—Bibi, ¿donde están? Por favor manténganse ocultos. Acá afuera no se sabe mucho, pero circula el rumor de que los atacantes son alumnos de la secundaria. El nombre del hermano de Nick ha sido mencionado varias veces.

Val dijo todo esto sin mirar al hombre a su lado, se encontraba en una situación sumamente incómoda.

—Tranquilo, Val. «Bob Marley» ha estado escondido conmigo todo este rato. Si hubiera querido matarme, ya lo habría hecho.

Escuchó como su hermano comentaba algo en voz baja. Supuso que Andreas estaba acompañándolo, nunca imaginó quién podía ser realmente hasta que la respuesta llegó por si sola.

¿Bill? soy Nick. Nick Kaulitz, el hermano de Tom.

Parpadeó varias veces, incrédulo. No podía creer que Val estuviera junto a ese sujeto después de todo lo que había padecido por su culpa. Estuvo a punto de colgar, pero la voz del otro lado de la línea continuó hablando.

Bill, sólo quiero saber si mi hermanito está bien.

A pesar suyo respondió —Lo está — de forma cortante. Tom, a su lado, ignoraba lo que estaba sucediendo.

Gracias a Dios. ¿Podrías decirle que…?

—No soy un maldito servicio de mensajería. Díselo tú mismo.

Dudo que él quie…

De mala gana le regresó el aparato a su dueño.

—Alguien quiere hablar contigo.

~Tom~

¿Tom?

Se le hizo un nudo en la garganta.

Hacía cerca de dos meses que no oía su voz. Creyó que nunca volvería a hacerlo.

Se mordió el labio inferior para contener un gimoteo. Sería la peor de las humillaciones, llorar como un bebé ante«la puta». Pero no pudo hacer mucho para disimular los gruesos lagrimones que rodaron casi de inmediato por sus mejillas.

¿Tom, estás ahí?

Se las arregló para que su voz no sonara demasiado tomada al responder un escuetoSí, soy yo.

Esos dos meses había acumulado bastante resentimiento en contra de Nick, por preferir a «el par de putas» por sobre él. Por haberlo golpeado, algo que jamás había hecho. Por alejarlo de su vida.

Pero, en ese instante, todas las recriminaciones que planeaba enrostrarle cuando se encontraran se esfumaron al oír la voz preocupada de su hermano.

¿Estás bien enano?

Asintió, secándose el rostro con la manga.

—Si. Estamos bien escondidos. ¿Dónde estás? ¿Por qué están ustedes juntos?

Tom, ¿Vas a empezar con eso en un momento como este?

—¡No! Lo que quise decir es… ¿Cómo se enteraron? ¿Qué tanto se sabe allá afuera?

Nos enteramos por la prensa, no se habla de otra cosa. El lugar está acordonado, no es mucho lo que sabemos, pero está lleno de patrullas ¡Parece una película de zombies!

Esas palabras solo lo aterraron más, Uwe tenía razón, no saldrían vivos de esa.

—Nick. Yo… lamento todo lo que te dije. Lamento haber sido un grano en el culo todo este tiempo y…

¡Hey! Soy tu big bro, ¿recuerdas? No importa qué cagada te mandes, siempre te apoyaré—suspiró, una nueva tanda de lágrimas calientes nublaron su visión. Ni siquiera su comprensivo hermano sería capaz de perdonarle esa cagada cuando se enterara de la verdad —.El que debe pedir perdón soy yo. No debí hacer aquello la última vez. No tengo excusa para haber reaccionado de esa manera.

—Nick. Queda muy poca batería, antes que esta mierda se apague quiero que sepas que te quiero mucho, bro.

Yo también enano.

Sonrió. Al menos era un consuelo haber arreglado las cosas con su hermano al final.

—Sólo en caso de que no saliera de esta, ¿podrías…? Nick, júrame que vas a recordarme por mis cosas buenas, ¿sí?

Enano, escúchame: todo va a salir bien. Sólo manténganse ocultos hasta que llegue la policía.

—Adiós hermanito.

~Nick~

Si bien se alegró de poder hablar con su hermanito la llamada lo dejó aún mas preocupado; no era bueno leyendo entre líneas pero conocía al chico bastante bien como para saber que estaba asustado y metido en problemas hasta el cuello.

~Tom~

Al finalizar la llamada no miró a Bill, estaba demasiado avergonzado para hacerlo, pero le espetó con dureza —Adelante, puedes burlarte:‘Bob Marley llora como nena’.

No esperaba que el otro —luego de un largo momento de duda— le acabara confidenciando que le hacían bullying en la otra secundaria, que producto de ello tenía pesadillas y que al despertarse se iba a dormir a la cama de su hermano.

—Aun ahora, cuando Val está fuera de la ciudad (o del país) le cojo uno de sus pijamas para dormir.

Esa imagen mental le provocó una pequeña risa.

—Siempre lo dije, eres una nena.

Bill se rió con él, no fue una risa larga, pero sirvió para romper la tensión.

Le dolía la cercanía del moreno, resultaba tan irónico que buscando arrancarlo de raíz de su vida hubiera terminado escondido junto a él, compartiendo lo más íntimo que poseía, su debilidad.

Tom lo veía como una prueba mas de que, si Dios existía, era un hijo de puta.

—¿Sabes? Cuando no estás siendo un maldito homofóbico no eres tan desagradable. –agregó el otro chico de pronto.

—¿Se supone que ese es un cumplido?

Bill sonrió provocando que el corazón de Tom se anudara. Esa sonrisa alimentaría sus fantasías y habitaría en sus pesadillas, junto al resto de los recuerdos que conservaba del moreno.

~Val~

Habían pasado varias horas desde el inicio del tiroteo y casi treinta minutos desde que el último disparo se dejara oír. La espera lo estaba enloqueciendo tanto como la falta de noticias.

La ultima vez que Nick repitió la manida frase: “la falta de noticias es de hecho una buena noticia” le dio tal mirada que el hombre, amedrentado, no volvió a intentar calmarlo.

—¿Es que este sinvivir se va a prologar todo el día? –Espetó abruptamente. Desesperado por la inactividad.

—Considerando que hay varias personas armadas, el tamaño del edificio y la cantidad de rehenes… Esto puede tardar unas tres horas mas como mínimo.

—¿La policía no puede entrar por la fuerza? ¡Ellos tienen armas y personal entrenado, por Dior!

—No pueden arriesgarse a empeorar la situación. No hay certeza del número de chicos que están armados, ni el tipo de armamento con que cuentan. Es probable que entren un par de agentes por alguna ventana lateral y busquen a los tiradores. Pero un enfrentamiento directo, en un edificio repleto de gente…

El veterinario se calló, exasperándolo aún mas

—Dilo, Nick, no soy un niño –exigió con rudeza.

—…podría acabar en una carnicería.

Continuará…

por Haruxita

Escritora del Fandom

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