Donde sea FIN

Notas: Como les había mencionado, hay escenas que seguirán apareciendo, como esta 😉 espero la disfruten.

Fic TWC de lyra

Capítulo 12

El sonido del móvil le despertó. Lentamente fue abriendo los ojos, arrugando la frente. Era de noche, serian como las 3 de la madrugada y estaba profundamente dormido pero un solo toque en su móvil le hizo salir del sueño. Era un tono inconfundible, el que le había puesto al número de su hermano para saber que era él quien le llamaba y poder atenderle con toda la rapidez que podía.

Por eso le extrañaba, que sonara de madrugada más estando él plácidamente dormido a su lado. O eso era lo que creía…

Tendió una mano en busca de su cuerpo pero no lo halló. Se incorporó de golpe y buscando a tientas dio la luz de la mesilla. Cerró los ojos gruñendo, acostumbrándose a la fuerte luz que le había cegado y una vez despierto del todo echó un vistazo por toda su habitación. Estaba solo, y no lo entendía.

Ese fin de semana sus amigos habían aprovechado que lo tenían libre y dejándoles el apartamento para ellos solos habían decidido ir a visitar a sus familias. Y por una vez que eso ocurría, que podían compartir la cama con toda tranquilidad del mundo, de repente Bill desaparecía en mitad de la noche.

Otro toque en su móvil le hizo girarse con rapidez, pero cuando sus dedos cogieron el aparato el sonido había cesado. Dos llamadas perdidas de Bill, ¿dónde diablos se había metido? ¿Estaba bien?

Se levantó y salió de la cama llevando en su mano el móvil. Por el camino recogió su ropa interior que fuera lanzada al aire la noche anterior cuando se acostaron juntos en su propia cama, con la intención de hacer el amor como si no hubiera un mañana.

Caminó descalzo por la habitación mientras se vestía y abriendo la puerta salió al pasillo.

—¿Bill?—llamó carraspeando para aclararse la voz.

Esperó en silencio, pero no obtuvo respuesta alguna. Salió de la habitación y se dirigió al baño, hallándolo vacío. Pensó que quizás estuviera en la cocina tomando un vaso de leche y querría que le hiciera compañía.

Y con esa idea en mente, más otra más de cómo sería hacer el amor sobre la misma mesa donde comían todos los días bajó las escaleras al piso inferior del apartamento que compartían como grupo. Fue a la cocina pero igual que el baño estaba completamente vacía. Se quedó en el marco de la puerta sin saber que hacer, hasta que el sonido de un mensaje le hizo dar un bote sin querer.

Levantó el móvil y abrió el mensaje que Bill le acababa de enviar. Era una foto, y no la entendía. Era su estudio de grabación, que se hallaba al final del pasillo que había a mano derecha de la cocina.

Arrugó la frente al leer el texto que acompañaba el mensaje.

«Amo, estoy esperando tu placer»

Se quedó pensativo por uno segundos, hasta que una loca idea cruzó por su cabeza y echó a correr hacia el estudio de grabación sin poderse contener. Recorrió el largo pasillo y abrió la puerta tras la cual halló la habitación en penumbra. Había una lamparita solo encendida, y gracias a su luz descubrió una figura de rodillas en el suelo.

Por un momento pensó que se les había colado un intruso, pues casi no reconoció a Bill. Se había peinado su larga melena azabache en una trenza que caía por su cuello hasta rozar sus hombros. Y la ropa que llevaba….si a eso se le podía llamar ropa claro. Vestía una especie de corpiño de cuero negro y un tanga del mismo color. Nada más, aparte de unas medias negras que le llegaban hasta la mitad del muslo y una correa de cuero negra ajustada a su cuello de la que colgaba una pequeña cadena plateada.

— ¡No jodas!—exclamó entusiasmado Tom.

Bill se mordió los labios en vez de contestar. Aún de rodillas en el duro suelo mantenía la mirada fija en la sus manos que descansaban sobre sus rodillas. Sentía a Tom a su espalda entrando del todo en el estudio de grabación y estudiarle de arriba abajo mientras caminaba a su alrededor.

—Con que quieres jugar…—murmuró Tom sonriendo ampliamente.

—Si, amo—susurró Bill sin levantar su mirada.

Tom sintió que se ponía duro al escuchar su voz, su tono era de sumiso amante a la espera de recibir su merecido.

Suspiró y echando una mirada a su alrededor descubrió sobre la mesa de mezclas una serie de artículos que jamás había visto en persona en su vida. Pero si por internet, y en películas. Se acercó más a observar la compra que su hermano había realizado, había desde unas esposas de peluche negra a una fusta y una venda.

Se giró de nuevo, no sabía por donde empezar. Ni que Bill se le hubiera adelantado al tener esa genial idea, aunque recordaba haberla planteado meses atrás tras su escenita en Gucci de la que ambos guardaban en sus memorias. Como para poder olvidarla…

Carraspeó y se metió en su papel de Christian Grey. Dejó el móvil sobre la mesa al lado del de su hermano y cogiendo la fusta con una de sus manos y caminó lentamente hacia donde se encontraba Bill. llevó la fusta a su barbilla y le hizo levantar la mirada.

—Has sido un niño muy malo—dijo con tono serio, saliéndose un poco de sus papel.

Bill le lanzó una mirada que le hizo borrar la sonrisa. No se estaba comportando como un ricachón amante del sado que tenía a quien quisiera a sus pies. Más bien como un cachondo salido.

Carraspeó y lo intentó de nuevo.

— ¿Me vas a complacer?—preguntó mirándole fijamente a los ojos.

—Sí, amo—contestó Bill sin apartar la mirada.

—Ponte en pie—ordenó Tom.

Bill obedeció de inmediato. Tom aún mantenía la fusta bajo su barbilla y como si fuera de una correa hizo que Bill le siguiera. En mitad del estudio había colocada estratégicamente una silla y fue hacia ella.

Pero antes de sentarse retiró la fusta y se inclinó sobre Bill, apoderándose con suavidad de sus labios.

— ¿Qué palabra de seguridad quieres usar?—susurró contra sus labios.

—Osito de peluche—contestó Bill entre risas.

Tom se echó a reír sin poderse contener, a veces Bill era de lo más infantil.

Carraspeó y dando el beso por finalizado se sentó en la silla. No tuvo que decir nada, Bill se inclinó y se recostó en su regazo, colocando su estómago sobre sus desnudos muslos.

Tom se le quedó mirando, como sus suaves nalgas estaban a su alcance. Pasó con lentitud la fusta por sus muslos hasta llegar a ellas. sabía que era un juego, pero aún así no quería hacerle daño. Separó la fusta y golpeó con suavidad sobre una de sus nalgas, viendo como al momento aparecía una raya roja en su pálida piel y escuchaba el gemido que Bill dejó escapar de sus labios. No era de dolor, todo lo contrario. De placer, y eso hizo que se excitara más de lo que ya lo estaba.

Volvió a levantar la fusta y dejarla caer sobre su piel, así un par de veces más hasta que vio en sus nalgas la señal roja que dejaba. Sentía a Bill removerse, procurando mantenerse quieto sobre sus rodillas. El placer que sentía con cada uno de sus golpes había cesado, empezaba a sentir algo de dolor y aún así se negaba a pronunciar las palabras de seguridad.

Y sentía sus manos, puestas sobre sus rodillas como clavaba con suavidad sus largas uñas que se había pintado de un negro intenso para esa ocasión.

Decidió cambiar de postura y castigo. Le cogió con firmeza del brazo y le ayudó a incorporarse levantándose él también. Se le quedó mirando, como jadeaba con los labios separados. Llevó una mano a sus nalgas azotadas y las acarició con suavidad, viéndole cerrar con dolor por un momento los ojos.

— ¿Seguimos?—preguntó en voz baja.

—Si, amo—contestó Bill en un susurro.

Tom asintió con la cabeza y localizó con la mirada el sofá que tenían en el estudio de grabación. Era un sofá cama que Bill ya había abierto y dejado preparado, colocando en el unas sábanas de satén rojas .

Se había esmerado en todo detalle, y se lo pensaba agradecer.

Cogió las esposas y se las colocó con suavidad en sus muñecas dejando sus manos atadas por delante. Cogió la venda también y cubrió sus ojos con ella. Entonces sonrió al verle en ese estado, listo para cualquier cosa que le quisiera hacer.

Llevó la mano al borde de sus bóxers negros y se deshizo de ellos. Entonces tomó a Bill del cuello cogiéndole por la cadena que colgaba de su collar de cuero y le hizo caminar dos pasos en su dirección al tiempo que daba un pequeño tirón para que se arrodillara a sus pies.

Y una vez le tuvo en esa posición se acercó todo lo que pudo rozando su mejilla con su erección. Bill separó los labios por instinto, hambriento por recibirlo dentro. Pero Tom le hizo esperar unos minutos más, que usó para acariciar su cara con su miembro, llegando a rozar sus labios resecos.

Sonrió al ver como Bill suspiraba y se pasaba la lengua por ellos, separando más sus temblorosos labios.

Entonces entró en su boca, poco a poco sintiendo como sus labios se cerraban en torno a su miembro y lo aprisionaban. Sentía su lengua juguetear con su punta, como lamía y succionaba frotando con suavidad su piercing contra su dureza.

Empezó a mover de atrás adelante sus caderas, entrando y saliendo de su cálida boca. Puso las manos sobre su cabeza para marcar el ritmo de las penetraciones, yendo un poco más lejos esa vez. Cogió aire y de una fuerte embestida entró del todo en su boca rozando el fondo de su garganta.

Ese movimiento le pilló desprevenido a Bill quien tras su venda abrió los ojos por la impresión aguantando la arcada que sintió en el fondo de su estómago. Le sintió salirse del todo y dejarle el tiempo suficiente para coger aire un par de veces.

Una vez preparado de nuevo, Tom realizó la misma acción pero esa vez con más suavidad. Sabía que se había excedido, y no quería que el juego terminara demasiado pronto con lo bien que se lo estaba pasando.

Entró de nuevo en su boca, avanzó por ella con lentitud sintiendo como Bill separaba los labios todo lo que podía dispuesto a tragárselo si era necesario.

Sentía que le costaba respirar viendo como su erección era engullida por esos labios tan deliciosos que tanto le gustaba besar. Sentía la lengua de Bill acariciarle con suavidad, llegando incluso hasta sus testículos cuando estos rozaron sus labios.

Se mantuvo dentro todo el tiempo que Bill pudo aguantar, hasta que le vio llevar sus manos esposadas a su muslos y lo tomó como una señal. Salió de su boca con toda la rapidez que pudo, viendo como su pecho subía y bajaba tratando de respirar con normalidad.

Llevó una de sus manos a la comisura de sus labios y limpió de ellos un hilillo de baba que caía hasta su cuello.

— ¿Estás bien?—preguntó preocupado.

—Si…mi amo…—respondió Bill entre jadeos.

Esperó hasta que su respiración se hubo normalizado, entonces le ayudó a ponerse en pie. Caminaron hasta el sofá donde le dejó sentado, entonces se arrodilló a sus pies. Llevó las manos hasta su tanga y hurgó en el sacando al exterior la erección que su hermano portaba.

Se la introdujo en los labios, sintiéndole dar un bote. Quería resarcirle por lo ocurrido, empezó a succionar con suavidad haciéndole entrar y salir de su boca hasta que cogiendo profundamente aire separó los labios todo lo que pudo y lo engulló hasta su garganta.

Bill se retorcía de placer, con los ojos vendados no veía nada en absoluto y eso le excitaba más de lo que se había llegado a imaginar. Llevó sus manos hasta la cabeza que sentía entre sus piernas, acariciándola con suavidad llevando así el ritmo de las embestidas que daba con suavidad alzando las caderas contra esa cálida boca que tragaba su erección como si nada.

Sentía que iba a desfallecer, el aire llegaba con dificultad a sus pulmones y su pecho subía y bajaba agitadamente.

Y no era el único, Tom sabía que si seguía así le iba a hacer derramarse en su boca y no es que no lo quisiera, no sería la primera vez ni la última que saboreaba la esencia de su hermano en sus propios labios.

No, no quería que el juego terminara tan pronto. Separó los labios y liberó esa reluciente erección que palpitaba ante sus ojos. Se puso en pie y cogiéndole por la cadena que unía las esposas le hizo levantarse del sofá.

Antes de que Bill pudiera reaccionar le había arrojado con suavidad dejándole de cara contra el sofá con las mano por encima de su cabeza. Con los ojos vendados se sentía un poco indefenso, se dejaba hacer pues sabía que lo que iba a venir a continuación sería digno de recordar.

Se acomodó como pudo en el sofá, sintiendo a su espalda como se acostaba Tom sobre su cuerpo y empezaba a frotarse contra sus nalgas.

Alzó las caderas por instinto, no quería que se hiciera de rogar. Necesitaba sentirle dentro una vez más, y pasados unos segundos sintió como la tira elástica de su tanga era apartada a un lado y con una fuerte embestida Tom entraba en su cuerpo haciéndole gritar de sorpresa.

Le sintió quedarse quieto, dándole tiempo a que su cuerpo se adaptara a él aunque no hacía mucha falta pues después de tantos momentos de amor compartidos siempre estaba listo para recibirlo.

Entonces Tom comenzó a moverse de nuevo, entrando y saliendo de su cuerpo mientras que sus manos recorrían su cuerpo de arriba abajo, pasando por sus caderas a las que se aferró con firmeza para poder penetrarle en profundidad y arrancarle así más gritos de placer.

Bill no se podía contener, con los ojos cerrados tras sus venda le sentía llegar hasta lo más hondo de su ser rozando ese punto que le hacía gritar cada vez más alto sin quererse contener.

Con sus manos aún atadas se aferraba a las sabanas y retorcía entre sus temblorosos dedos. Alzaba la cara en busca de aire, separando los labios con cada gemido y grito que escapaba de ellos.

Entonces sintió los de Tom yendo en su búsqueda, se apoderó de sus labios y empezó a besarle profundamente mientras aceleraba el ritmo de las embestidas. Podía sentir su lengua recorrer su boca, frotarse contra la suya y arrancarle otro grito de placer cuando sintió su calidez recorrer cada rincón de su cuerpo.

El tampoco se pudo contener y apretando los ojos se dejó llevar, derramándose contra las sábanas que después de esa noche de pasión no volverían a estar inmaculadas.

&

Pasados unos minutos ambos habían recuperado el aliento. Tras salir de su tembloroso cuerpo Tom le quitó con suavidad las esposas y descubrió sus ojos, viendo que los tenía llenos de lágrimas.

— ¿Te he hecho daño?—preguntó muy preocupado, viéndole negar con la cabeza—Si, no me mientas. Tenías que haber dicho la palabra de seguridad, tus nalgas están marcadas por mi culpa.

—Ha sido mejor de lo que me los esperaba—dijo Bill casi sin aliento.

Se movió bajo su cuerpo tratando de acomodarse en el sofá sin que sus doloridas nalgas se resintieran. Tom lo vio y le ayudó a tumbarse de costado, pasando la mano con suavidad por cada señal que le había dejado. Le sentía estremecerse bajo su contacto, como su piel se erizaba y su cuerpo temblaba.

— ¿En serio ha sido mejor de lo que esperabas?—repitió sus palabras, viéndole asentir esa vez con la cabeza—Porque yo he disfrutado mucho. No sabes cuánto te lo agradezco, por cada idea que has tenido.

—Bueno, tú también has aportado alguna—murmuró Bill sonriendo—Lo de Gucci fue maravilloso, la primera vez que teníamos sexo en público.

Tom sonrió al escucharle, esperaba poder repetir esa experiencia en otra tienda si se daba la ocasión.

.

Minutos después decidieron regresar a la habitación. Pasando por encima de su hermano Tom le cogió entre sus brazos y salió del estudio de grabación llevándole en ellos, sonriendo al sentirle abrazarse a su cuerpo suspirando con los ojos cerrados.

Subieron a su habitación que habían decidido compartir esa noche y le ayudó de nuevo a acomodarse en la cama. También le quitó la escasa ropa que llevaba y guardó con cuidado en uno de los cajones de la mesilla.

Se tumbó a su lado y se abrazó a su cuerpo con una amplia sonrisa en los labios. Sus amigos no regresarían hasta la tarde siguiente, tenían toda la mañana para ellos solo antes de bajar a recoger el estudio de grabación, menuda cara se les quedaría a sus amigos al ver en qué lo habían transformado para esa noche de pasión.

— ¿Está mi amo complacido?—preguntó Bill en un susurro.

—Tu amo está muy satisfecho de tu trabajo—susurró Tom inclinándose.

Se apoderó de sus labios y los besó con suavidad.

—Osito de peluche—murmuró Bill contra ellos.

Tom se separó al momento y se le quedó mirando, alzando una ceja extrañado.

—Quiero que me compres un osito de peluche—explicó Bill entre risas.

Tom se echó a reír al escucharle, le compraría el más grande que encontrara pues se lo había ganado con creces.

F I N

Notas finales: Gracias por leer y las invito a comentar. Si hay más ideas, serán publicadas a continuación.

por lyra

Escritora del fandom

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