Fic TWC de lyra
Capítulo 5
Dos días después se celebraba la nombrada fiesta. Habían pasado ese tiempo descansando en el apartamento y tras vestirse con sus mejores galas entraron en el coche que la discográfica le había prestado, y que esa misma mañana Bill y Tom usaron para unas compras y de paso lavaron. Tom lo llevaba, era algo más grande que el suyo propio pero no tuvo ningún problema. Andreas iba sentado atrás entre Georg y Gustav frunciendo el ceño sin poder evitarlo.
El apartamento de David se encontraba cerca de la discográfica, en uno de los mejores barrios de Alemania. Era un ático desde donde tenían un buen panorama, no era la primera vez que estaban en el. En verano celebraron el final de la gira con una barbacoa en la gran terraza, pero en esos momentos a 2º bajo cero la fiesta se celebraría dentro de casa.
David lo tenía todo ya preparado, tal y como había dicho solo fueron los 4 muchachos, Andreas, Dunja, Silke y Natalie. Querían una cena solo entre amigos, nada de invitar a alguien de fuera que les hiciera sentir incómodo con alguna pregunta privada o pidiendo autógrafos durante toda la velada.
—Entonces…no habrá ninguna chica más—apuntó Andreas resoplando.
—Están Dunja, Silke y Natalie—aclaró Georg sin necesidad.
—Digo de nuestra edad—masculló Andreas—No digo que tenga nada en contra de ellas, pero…no me veo hablando con Natalie y pidiéndole buscar un rincón apartado.
—Primero, Natalie te sacará un par de años y jamás se rendiría a tus encantos—empezó a enumerar Gustav—Y segundo… ¿en casa de David? ¿Estás loco o que?
—Vamos, tendría su morbo—intervino de repente Bill.
—¿Me estás diciendo que si pudieras, te lo montarías en la mismísima cama de David?—interrogó Gustav alzando una ceja.
—Si me surgiera la ocasión, si—contestó con firmeza Bill.
—En serio, no te conozco—murmuró Gustav resoplando.
—Chicos, dejad de hablar—intervino Tom—Hemos llegado.
Vio con alivio como no seguían con el tema. Se había puesto tenso cuando Billmencionó el morbo que le daría hacerlo en la casa de David, cosa que al parecer pensaban hacer ellos esa misma noche. Era como si lo estuviera gritando a los 4 vientos…»esta noche follaré con mi propio hermano y nadie se coscará de nada»
Sonrió de solo pensarlo, la noche anterior habían estado hablando de en qué otros lugares podrían dar rienda suelta a su pasión y la lista era larga.
—¿De qué te ríes?—preguntó de repente Georg.
—De nada—contestó carraspeando Tom.
Georg le miró con el ceño fruncido, había visto esa sonrisa en más de una ocasión y siempre había de por medio una chica. ¿En quien estaría pensando Tom?
Jamás lo supo, llegaron a su destino y bajaron del coche. Entraron en el edificio donde vivía David y pulsaron el botón de la última planta una vez en el ascensor. Mientras subía, Bill se dedicó a retocarse el pelo mirándose en el espejo.
—¿No has tenido suficiente con la media hora que te has pasado encerrado en el baño?—le picó Andreas dándole un ligero codazo.
Recibió como respuesta una fulminante mirada que Bill le dirigió sin dejar de acicalarse. Se había esmerado esa noche, quería estar muy atractivo y guapo para Tom. Sonrió pensando que desde que habían comenzado ese juego de hacer el amor a escondidas antes de que alguien los pillase, tenía las hormonas revolucionadas. Era mirarle y ponerse duro en el acto, teniendo que buscar un lugar donde calmarse o aliviarse.
Y ya lo empezaba a notar, un hormigueo le recorría la espalda de arriba a abajo y ya se imaginaba que era Tom quien se lo provocaba al pasar sus labios por su piel, erizándosela…
—Mmmm…—gimió sin querer.
—¿Decías algo?—preguntó Andreas.
Negó con la cabeza al tiempo que se mordía el labio y sonrojaba. Respiró hondo y esperó a que su amigo se volviera y dejara de mirarle tan fijamente, como si pudiera saber qué estaba pensando con exactitud en esos fogosos momentos.
Respiró aliviado una vez le dejaron a solas con sus pensamientos y mientras el ascensor llegaba a su destino, intercambió una mirada con Tom a través del espejo, pasándose la lengua por sus jugoso labios.
Salieron del ascensor y caminaron en silencio por el largo pasillo. El apartamento de David estaba al final y llamaron a la puerta luciendo sus mejores sonrisas.
—Chicos, bienvenidos—les saludó David abriendo la puerta.
Estrechó sus manos y les señaló el salón, donde les esperaban ya las chicas tomando una copa de vino.
—¿Qué queréis tomar? Hay refrescos—explicó David, consciente de que 3 de ellos eran aún menores de edad.
—Vamos David, no seas remilgado—bufó Tom—Sabes que cuando estamos de fiesta no es una coca cola precisamente lo que bebemos.
—Pero estás en mi casa, y aquí mando yo—dijo David muy serio—Hay coca cola, aquarius, naranjada…
—Yo quiero agua—pidió Bill.
—¿Agua?—repitió Tom alzando una ceja.
—Si, quiero tener la mente despejada—murmuró Bill imitando su gesto.
—Agua para Bill, ¿qué más?—preguntó David.
Los chicos pidieron y fueron a saludar a las chicas mientras que David les preparaba las bebidas. Sobre una mesa a un lado del salón había varias bandejas preparadas con canapés y algo de picar, y se dirigieron hacia ellas mientras Natalie saludaba a Andreas.
—Hacía mucho que no te veía—dijo tras darle dos besos en las mejillas.
—He estado ocupado con los estudios—explicó Andreas mirando fijamente a Gustav.
Con que Natalie no iba a caer rendida ante él… ¡si había ido derecha a saludarlo!
—Las bebidas—dijo David regresando al salón.
Las repartió y les explicó que la cena estaría en 15 minutos.
—¿Qué hay?—preguntó Georg frotándose el estómago.
— Lubina al horno con nata y queso parmesano—contestó David.
—¿No hay carne?—preguntó Georg a punto de llorar.
—Si te quedas con hambre te preparo algo—se ofreció Natalie entre risas.
Todos rieron y siguieron metiéndose con el bajista, momento que aprovechó Andreas para acercarse a Gustav.
—¿Lo has visto?—preguntó en voz baja.
—Natalie solo ha sido amable—contestó resoplando Gustav—No hagas una montaña de un grano de arena.
—Siente algo por mí—insistió Andreas.
—Mírala ahora, bromeando con Georg….ya, ahora me dirás que te está dando celos—rió Gustav.
—Se hace la dura, pero ya verás—dijo con firmeza Andreas.
Siguieron hablando hasta que David les anunció que estaba lista la cena. Se dirigieron a la mesa que estaba preparada al otro lado del salón y se sentaron dispuestos a disfrutar de la comida.
—Bill, hoy estás muy guapo—comentó Silke de repente.
Todas las miradas se dirigieron al cantante, quien tras tomar un sorbo de su copa de agua carraspeó y sonrió a Silke.
—Esa camisa es nueva, ¿verdad?—intervino Dunja.
—Si, estuve esta mañana de compras—explicó Bill con timidez.
—Conmigo—aclaró sin necesidad Tom.
Los hermanos se miraron entre sí y sonrieron ajenos a las miradas que les dirigían las chicas y sus compañeros, recordando esa mañana que estuvieron de compras y entraron en Gucci, de donde era la camisa que Bill llevaba….
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—Dijiste que era la última tienda en la que entrábamos y con esta ya van 4—resopló Tom mirando a su hermano.
—Esta lo es, te lo prometo—dijo Bill con firmeza.
Tom resopló de nuevo y entró tras él. Había accedido a acompañarlo solo porque le engatusó de la mejor de las maneras la noche anterior, terminando haciendo el amor vestidos del todo derramándose cada uno en su ropa interior.
Además, acababa de llegar el coche que les había prestado la discográfica para la cena de esa noche y se moría de ganas por estrenarlo.
Suspiró y siguió a Bill como un corderillo mientras que él rebuscaba de percha en percha sin dejar de alabar cada prenda de ropa que veía.
—Mira esta camisa de seda negra…y la otra con esa franja blanca…—admiraba Bill entusiasmado.
—¿Por qué tienes que estrenar ropa?—preguntó Tom de golpe—Es una cena con los amigos de siempre, no una fiesta donde miles de cámaras te estarán enfocando.
—Simplemente…me apetece—contestó Bill encogiéndose de hombros.
Siguió mirando y cuando tuvo los brazos llenos de ropa se dirigió a los probadores seguido de Tom. Por suerte era una tienda prestigiosa y los demás clientes estaban cada uno a su bola, sin hacer caso a dos adolescentes que entraban en esos momentos en la zona de los probadores. Solo les había parado una dependienta que omitiendo el hecho de que los había reconocido al instante (toda profesional ella, al menos no se había desmayado al verlos o gritado emocionada sus nombres), para desearles unos buenos días y que si querían algo la encontrarían en la zona de la ropa deportiva.
—Tienes 10 minutos—dijo Tom a con firmeza—Si tardas más, me largo.
Bill le ignoró y cerrando la puerta tras de sí dejó la ropa sobre una banqueta y comenzó a probarse camisa tras camisa. Al final se decantó por la última que llevaría a la cena. Era de seda negra con unas chorreras en la parte delantera. Quedarían de fábula con unos pantalones de cuero negro que se había comprado la semana pasada y dejaba para una…una especial ocasión, como esa.
Trató de desabrochársela, pero la maldita etiqueta se le había quedado enganchada en la hebilla del cinturón y no lograba quitarla. Al final no le quedó más remedio que asomar la cabeza y pedir ayuda desesperada.
—Qué no harías sin mi—dijo Tom suspirando.
Entró con él en el probador y cogiendo la etiqueta logró desengancharla y dejar libre la camisa.
—¿Te gusta?—preguntó Bill quitándose la camisa y enseñándosela.
—No está mal—murmuró Tom sin mucho interés.
Se dio la vuelta dispuesto a dejar que se terminara de vestir cuando le sujetaron por la muñeca con firmeza.
—¿Qué pasa ahora?—preguntó volviéndose.
No pudo decir nada más, sus labios se vieron apoderados por los de Bill, quien empujándole con suavidad contra la puerta logró correr de nuevo el cerrojo y tener así algo de intimidad para los dos.
—¿Qué…qué haces…?—preguntó Tom entre jadeos.
—Te deseo—dijo Bill sin más.
—¿Ahora?—gritó Tom sin querer al sentir una mano sobre su miembro.
—Ahora—siseó Bill sonriendo.
—No podemos…la dependienta sabe que estamos aquí, y si tardamos…
—Vale, pero algo rápido entonces—cedió de malas maneras Bill.
Estaba a punto de preguntar el qué cuando Bill se movió, le hizo separarse de la puerta y apoyarse esa vez contra el espejo, arrodillándose si mediar palabras para desabrocharle los pantalones.
—¡Joder, Bill!—exclamó carraspeando Tom.
—Baja la voz—le riñó Bill.
Sacudió la cabeza y terminó de desabrocharle los pantalones al tiempo que cogía aire y se pasaba una lengua por sus temblorosos labios. Ansiaba probar el sabor de Tom…
Suspiró de nuevo e inclinándose empezó a lamer esa erección que sentía palpitar entre sus dedos.
—Joder….Bill… ¡joder!—susurraba Tom entre jadeos.
Trataba de no elevar la voz, pero era casi imposible sintiendo lo que estaba sintiendo. Apoyado contra el espejo del probador había permanecido muy quieto conteniendo el aliento mientras Bill metía una mano en sus pantalones abiertos, hurgaba y sacaba al exterior su miembro ya medio erecto. Había cerrado los ojos y tratado de no gritar cada vez que sentía la lengua de Bill recorrerlo de arriba abajo, llegando hasta sus testículos que lamió y lamió hasta hacerle estremecer.
Y entonces ya no se pudo contener, de sus labios escapaban gemidos y su cuerpo temblaba sin que pudiera hacer nada por impedirlo.
No podía dejar de pensar que la puerta estaba bien cerrada, no quería pensar en la cara que se le pondría a la dependienta si fuera a ver si necesitaban ayuda y les pillara de esa íntima manera. Él con los pantalones hasta los tobillos y su hermano arrodillado a sus pies, usando hábilmente su lengua…
Bajó las manos y acarició el pelo de Bill, quien sin dejar de lamer y succionar logró llevar una mano hasta sus nalgas y coló un dedo en su interior.
—Hummm…—gimió Tom con los ojos cerrados.
Era la primera vez que alguien le hacía algo así, y la verdad es que era muy placentero. Al poco sintió un par de dedos entrar y salir de su cuerpo mientras que la lengua de Bill lamía desesperada.
Era incapaz de describir lo que en esos momentos sentía, los hábiles dedos de Bill manipulaban en su interior, dando con el lugar exacto para que miles de oleadas recorrieran su cuerpo. Jamás llegó a pensar que Bill era tan bueno en eso, en buscar el mencionado punto G masculino, donde en ese momento estaba uno de sus dedos acariciándole con esmero.
—Que bueno eres joder…—susurró entre jadeos.
Bill sonrió con deleite, más cuando alzó la mirada y se vio en el espejo a sí mismo. Sus ojos estaban como idos, sus mejillas sonrosadas y sus apartar la mirada de sus ojos siguió con lo que estaba hasta sentir los primeros espasmos del orgasmo.
Y…y sabiendo que era una guarrada y que en su bolsa de mano llevaba un paquete de toallitas húmedas…sabiendo que en el fondo a Tom le encantaría, separó los labios y sacó sus dedos de donde estaban, alejándose unos centímetros, los justo para que Tom terminase con sus propias manos el trabajillo.
Y así lo hizo, Tom abrió los ojos al sentir que le liberaban justo cuando estaba a punto y vio como Bill se separaba y comprendió. Se pasó la lengua por los labios y cogiendo con una mano esa erección que costaba mantener la dirigió a la cara de Bill y él mismo se masturbó.
Minutos después blancas perlas adornaban las mejillas de Bill, goteando por ellas hasta la comisura de sus labios y barbilla, perdiéndose por su desnudo pecho abajo…
Continuará…