Donde sea 6

Fic TWC de lyra

Capítulo 6

La cena transcurrió con normalidad. Charlaron animadamente hasta que llegó la hora de tomar un café junto con unos deliciosos pasteles que David sugirió tomar más cómodos en el salón.

Si sigo así engordaré—comentó Bill dejándose caer en uno de los cómodos sofás.

Pero si estas en los huesos, ¡por favor!—le riñó Dunja.

Es el color negro, que me hace más delgado—se justificó Bill.

Me encantan tus pantalones de cuero—intervino Natalie.

¿Verdad? Me los compré la semana pasada y aún no los había estrenado—explicó Bill levantándose.

Todas las miradas se dirigieron a él sin poder evitarlo. Y como si fuera un modelo experimentado, Bill llevó las manos a sus estrechas caderas y desfiló por el salón como si estuviera en una pasarela. De esa manera sus amigos comprobaron lo bien que le quedaban esos ajustados pantalones de cuero que llevaba…y Tom babeó al reconocer que le hacía un culito deseoso de probar…

Te están como un guante—aseguró Natalie asintiendo con la cabeza.

Seguro que te deben dar un calor horrible—intervino Andreas, celoso de la atención que estaba llamando su amigo—Verás luego par quitártelos.

Ya le ayudo yo—se ofreció Tom.

Todos rieron su broma, incluyendo un ruborizado Tom que acababa de darse cuenta que había hablado sin pensar, diciendo lo primero que se le vino a la cabeza tras ver a Bill desfilar de tan sensual manera.

¿Quién quiere café?—interrumpió David.

Todos asintieron menos Andreas y los gemelos. David dejó sobre una mesa la bandeja que llevaba y sirvió 6 tazas de café. A un lado había otra bandeja llena de pasteles variados de los que disfrutaron charlando animadamente.

Andreas enseguida se cansó de estar quieto y que Natalie le ignorada por completo, enfrascada en una conversación sobre sombras de ojos y maquillaje con Bill. Se levantó del sofá resoplando y se dirigió al equipo de música de David, donde en esos momentos sonaba algo que él no podía llamar música. Era realmente aburrida, y al volumen que estaba bastaba para que le empezara a entrar sueño, un poco más y se quedaba dormido.

Abrió un armarito que había a su derecha y dio con la colección de cd´s de David. No era la primera vez que estaba allí y gozaba de la confianza adecuada para abrir los armarios de David, rebuscar en su música y cambiarla.

Y eso mismo hizo, tras pasarse unos minutos leyendo carátulas y desechando 3 de los cd´s donde las caras de sus amigos aparecían en primer plano. Ya solo faltaba que Natalie al escuchar la voz de Bill decirle cosas como «when I loose myself I think of you” o “just me and you” tuviera un orgasmo allí mismo.

Porque era ya lo que faltaba, no estaba tan ciego para no ver la manera en que se miraban y sonreían. Y no lo entendía, siempre dio por hecho que a su amigo le iban los chicos, y no por los miles rumores sin confirmar que circulaban si no porque le conocía desde que era un niño y aunque no se lo había dicho a la cara, era algo que saltaba a la vista.

Pero eso no significaba ningún problema para su amistad. Le apoyaba al 100%100, lo único que le molestaba era que tontease inocentemente con su Natalie y le levantara su…su polvo de esa noche.

Resopló resignado y tras dar con el cd adecuado cambió la música de inmediato. Subió el volumen y al momento la habitación se llenó con los primeros acordes de una música algo más movidita. Y al parecer había acertado con la elección, al momento cesaron las conversaciones e incluso Silke, Dunja y Georg se levantaron a bailar.

Vamos, que no decaigan los ánimos—animó Andreas uniéndose a ellos.

Y no fue el único, Gustav también se levantó y David le imitó tras terminase el café. Hasta Bill dejó el sofá, lo que intrigó a Tom.

¿Tú también vas a bailar?—preguntó Tom realmente intrigado. Sabía de sobra que jamás bailaba.

Estoy cansado de estar sentado—contestó Bill suspirando.

Cogió otro pastelito de la bandeja y con el de la mano se acercó a uno de los grandes ventanales que había en el salón. Las vistas eran preciosas, aunque ya siendo de noche apenas se percibía de nada. Los días soleados podía divisarse los lujosos edificios del barrio en el que David vivía. Era uno de los mejores y más elegantes, y Bill soñaba con eso mismo. Ganar mucho dinero haciendo lo que más le gustaba, cantar pensando que algún día se compraría un lujoso piso al que no le faltaría de nada y que compartiría con su hermano…al igual que una gran cama…

Sintió un escalofrío recorrer su espalda y se estremeció sonriendo. Aún le temblaban las piernas tras lo ocurrido esa misma mañana.

¿Ves algo interesante?

Se volvió de inmediato al tiempo que se llevaba una mano al pecho. David estaba a su lado y le había asustado.

Perdona—se disculpó David sonriendo.

Estaba….distraído—murmuró Bill carraspeando.

¿Qué le iba a decir? ¿Que estaba recordando buenos tiempos vividos con Tom?

Una pena que sea de noche—comentó David suspirando—No se disfruta tanto de las vistas.

Bill asintió, odiaba cuando hacía frío. Podía pasarse todo el día nublado o lloviendo a cántaros. Prefería más el verano, poder escaparse a una playa…o a una isla, como hacía varios meses atrás cuando él y Tom se escaparon a las Maldivas. Allí vivieron como dos enamorados, dando largos paseos por la playa cuando anochecía cogidos de la mano. ¿Y qué decir de las noches que compartieron? No podían parar de recorrer sus desnudos cuerpos, de hacer el amor hasta caer exhaustos al salir el sol…

Así fue el principio de su relación, luego regresaron a casa y se implantó la rutina. Tenían que verse a escondidas, disfrutar de los pocos momentos íntimos que podían, buscando estar a solas cuando sus compañeros de grupo no estaban en el apartamento que los cuatro compartían. Eso acabó con la llama del amor, o al menos así fue hasta esa gran idea que le dio Gustav. Desde entonces eran más arriesgados, a lo de esa mañana en el probador había que añadir varios besos robados y bueno, esa misma mañana tras las compras hallaron un hueco más para amarse en la intimidad…

El coche…—empezó a decir David.

¿Qué?—gritó Bill sin querer.

Decía que el coche que os han prestado es toda una pasada, ¿verdad?—preguntó David.

Si…esta mañana lo llevamos a lavar—comentó Bill sonrojándose.

¿Qué le pasaba a David? No hacía más que «leer» su mente, y eso le ponía muy nervioso. Más si se podía, pues andaba buscando el momento adecuado para perderse con su hermano.

¿Tanta falta le hacía?—comentó David entre risas—Si está prácticamente nuevo.

Ya conoces a Tom—dijo Bill siguiéndole el juego—Quiso estrenarlo llevándome de compras y pensó que…que era mejor lavarlo por si acaso…

David, perdona—llamó Silke.

David se disculpó y fue donde le reclamaban. Bill se volvió y con los ojos fijos en la ventana observó por ella el reflejo de Tom a su espalda. Sentía sus ojos fijos en él, y un nuevo escalofrío recorrió su cuerpo al recordar lo sucedido en el coche horas antes de la cena….

&

No pudo evitar derramarse sobre la cara de Bill, le había puesto muy cachondo que hubiera introducido sus dedos en su cuerpo, era la primera vez que alguien le tocaba así y quien mejor que Bill, un verdadero experto por lo que pudo comprobar… pero, ¿era él el primero?

Nunca habían hablado de ese tema porque querían olvidar el pasado. Su fama de rompecorazones y…y la posible virginidad de Bill , que escudándose en la teoría que buscaba el amor verdadero reservaba su cuerpo.

Cuando empezaron su relación prometieron no hablar del pasado, no echarse en cara con cuantas chicas se había acostado o chicos en el caso de Bill, aunque Tom podía poner la mano en el fuego que antes que él no había habido ninguno.

¿En qué piensas?

La voz de Bill le sacó de sus pensamientos. Sonrió y se apoyó en el espejo recuperando aún ese aliento perdido por la experiencia vivida.

Mientras, Bill se levantó y cogiendo su bolsa de mano sacó un paquete de toallitas húmedas que siempre llevaba. Con una de ellas se limpió con cuidado la cara tratando de no estropear más el maquillaje de lo que lo estaba, bajando por su cuello y pecho donde unas brillantes gotitas quedaron allí prendidas.

Le pasó una a toallita a Tom sin decir nada y hurgando en su bolso de nuevo sacó una barra de cacao que se pasó por los labios, dejándolos brillantes y jugosos como si no hubiera pasado nada.

Tom se limpió a su vez y recompuso sus ropas, subiéndose de nuevo los pantalones y abrochándolos con esfuerzo entre jadeos.

Trae, lo tiramos luego en una papelera—dijo tendiendo una mano.

Recogió la toallita usada por Bill y juntándola con la suya las hizo una bola y la metió en un bolsillo interno de su cazadora. Vale que usaran el probador para desahogarse, pero no por eso iban a ensuciarlo. No sería nada agradable para la siguiente persona que entrase o para la que le tocara limpiarlo.

¿Qué te ha parecido?—preguntó Bill mirándole a través del espejo.

Te…te quiero—susurró Tom sonriendo muy satisfecho.

Bill sonrió también y se volvió para apoderarse de sus labios, que besó profundamente.

Yo también te quiero—susurró contra ellos.

¿Estás…estás en condiciones de salir?—preguntó Tom alzando una ceja.

Si—contestó Bill suspirando—Sé que no tenemos tiempo para más pero…ya lo encontraremos y entonces me tocará a mí.

Tom asintió con firmeza. Le debía una muy grande.

Se quedaron mirándose hasta que escucharon unos pasos lejanos. Entonces se movieron con rapidez y mientras que Bill se vestía con la camiseta de manga larga que se había puesto esa mañana Tom recogía la camisa que se iba a llevar y el resto de la ropa que había desechado.

Una vez todo listo salieron del probador como si nada hubiera pasado. Dejaron la ropa que no se iban a llevar y fueron a la caja, donde Tom se empeñó en pagar esa vez la compra.

Un regalo—dijo encogiéndose de hombros.

Ya pero…aún me debes algo—murmuró Bill sonriendo.

Tom asintió también sonriendo y una vez pagado recogió el resto de las bolsas y salieron a la calle. Tal y como Bill había prometido esa fue la última tienda que visitaron. Habían dejado el coche en un parking cercano y fueron a por el.

Pero de camino a casa, Tom tuvo una idea y cambió el rumbo.

¿Dónde vamos?—preguntó Bill sin entender.

A lavar el coche—contestó Tom sin más.

¿Pero está sucio?—preguntó Bill mirando a su alrededor.

Nos lo han prestado y en ese parking había muy sucio—explicó Tom por encima.

Bill sacudió la cabeza al tiempo que se acomodaba mejor en el asiento. No entendía esa paranoia por la limpieza que le había dado de repente a Tom. Le dejó conducir en silencio mientras que él se entretenía buscando algo de música en al radio.

Genial, no hay cola—comentó Tom cuando llegaron al túnel de lavado.

Solo tenían un coche delante, y mientras esperaban se les acercó el dependiente para cobrarles.

Quiero el lavado más largo—explicó Tom sacando la cartera—Quiero dejar los bajos impolutos al igual que los cristales. Y que no se te olvide encerarlo.

El chico asintió mientras le cobrara, absteniéndose de comentarle que el coche parecía nuevo y no necesitaba ser lavado. Pero no era el primer pijo caprichoso con el que se encontraba.

¿Te importa si espero fuera?—preguntó Bill ya abriendo la puerta del coche.

Si, me importa—contestó Tom con firmeza.

Bill le miró sin entender, hasta que le vio sonreír con malicia y entonces lo supo. Cerró la puerta de nuevo echando incluso el seguro al tiempo que se pasaba la lengua por los labios.

¿Aquí?—susurró, pensando que era la mejor idea que podía haber tenido.

¿Por qué no?—dijo Tom encogiéndose de hombros.

No tendremos mucho tiempo—se lamentó Bill.

Casi 10 minutos—calculó Tom—Tiempo suficiente para recompensarte.

Vale—accedió Bill suspirando—Pero tenemos que completarlo más tarde.

¿En casa de David?—preguntó Tom echándose a reír.

¿Por qué no?—repitió Bill riendo también.

Tom le miró alzando una ceja, no pensaba que tomara en serio sus palabras. Aunque, mirándolo bien, no era mala idea.

Esperaron en silencio hasta que llegó su turno. Tras colocar el coche en los rieles Tom apagó el contacto dejando solo puesta la radio. Al poco el coche se comenzó a mover, avanzando ante la fina lluvia de agua que le esperaba. Y solo entonces cuando el coche estuvo dentro del todo, Bill y Tom se deshicieron de los cinturones de seguridad.

Tom se movió con rapidez, se inclinó por encima del freno de mano y la palanca de cambio mientras que Bill se incorporaba en el asiento para desabrochar sus ajustados pantalones. Tom le echó una mano, bajándole la cremallera y hurgando en su ropa interior de la misma manera que lo había hecho Bill minutos antes.

No tardó en dar con su presa, que sacó al exterior y lamió.

No te contengas—pidió Tom al sentir como Bill ahogaba un grito—Aquí nadie nos puede oír.

Era verdad, el sonido del agua al caer amortiguaba cualquier ruido que se diera. Bill asintió, pero aún así subió el volumen de la radio, dándose en cuenta entonces de la canción que les acompañaba.

Monsoon—susurró entre risas—Muy apropiada.

Aún recordaba aquella lejana actuación en la MTV donde una fina capa de lluvia los mojó en pleno escenario justo hacia el final. Cuando terminaron corrieron entre bastidores para secarse, lo que hizo al lado de Tom encerrado en el baño. Fue en ese momento cuando lo supo, que lo que había entre ellos era demasiado fuerte como para ignorarlo. Se miraron a los ojos, acortaron las distancias y se besaron sin decir nada. Sobraban las palabras, sus corazones eran los que dictaban.

Desde entonces cada vez que escuchaba llover no podía evitar sonreír y suspirar.

Cerró los ojos y se dejó llevar por la canción al tiempo que en sus oídos repiqueteaba la lluvia que caía sobre el coche. Cerró los ojos y tarareando por lo bajo dejó que Tom le hiciera lo que le diera la gana, dejó que jugueteara con su lengua, que le lamiera de arriba abajo…que succionara y succionara hasta que arqueando la espalda se derramó en su boca gimiendo y gritando sin querer evitarlo….

Continuará…

por lyra

Escritora del fandom

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