Fic TWC de lyra
Capítulo 7
Media hora después la fiesta continuaba. David y compañía, lejos de ser los primeros en retirarse o darla por finalizada, eran los que más bailaban y animaban a los más jóvenes.
—Normal que aguanten, ellos tienen alcohol—comentó Andreas resoplando.
Volvía a tener un refresco en las manos, por mucho que había rogado David se había negado en rotundo a servirle alcohol ya fuera a él o a uno de los gemelos. No quería que se cogiera un pedo así por las buenas, era una reunión de amigos nada más, no una de esas fiestas desenfrenadas a las que el grupo acudía tantas veces por motivo primero de trabajo y luego para poder así relajarse tras tantas tensiones acumuladas.
—Vamos, no es culpa del alcohol que no te comas una rosca con Natalie—rió Georg dándole una palmada en la espalda.
—La culpa es de David—gruñó Andreas—Llevan toda la noche hablando y hablando. Si se han pasado casi un mes viajando juntos, ¿no han tenido tiempo entonces para charlitas?
—Viajar de ciudad en ciudad cansa mucho, que lo sepas—intervino Gustav—No paramos ni un minuto, y ellos menos. David se encarga de que todo salga según lo planeado y Natalie de que estemos impecables antes de salir al escenario. Y con Bill puede pasarse una hora solo con su peinado…
Georg asintió con la cabeza de acuerdo con las palabras de su amigo. Tenían la suerte de contar con unos días libres antes de echarse de nuevo a la carretera.
—Y ahora si has dejado de lamentarte, cambia la música—pidió Gustav frotándose las manos—Silke me pidió un baile.
—Joder, hasta él liga—gruñó de nuevo Andreas.
Georg le ignoró y él mismo cambió el cd dando con una balada bien pegadiza. Observó como Gustav cogía a Silke de la cintura y se marcaban un baile ellos solos en el centro del salón. Dunja se había manchado con un poco de vino su blusa nueva y Natalie la había hasta el baño de invitados para ayudarla a limpiarse la mancha.
David aprovechó para acercarse a Bill, que sentado en el sofá de brazos cruzados parecía peleado con el mundo.
—¿Estás bien?—preguntó sentándose a su lado.
—Yo…no me dejarías un cigarro, ¿verdad?—preguntó Bill resoplando.
—Sabes que no, y no porque estés en mi casa—negó David con firmeza.
—Lo sé, lo sé—murmuró Bill suspirando—Debo cuidar mi voz como si fuera de oro.
—Sé que a tu edad hay cosas que desearías hacer pero no puedes—empezó a decir David entendiéndole perfectamente—Verás como tanto esfuerzo tiene luego su recompensa.
«¿Cuándo?»—se preguntó Bill—»¿Cuando sea ya viejo…y no me encuentre atractivo mi hermano?»
Porque había estado a punto de perderlo, todo por culpa del maldito trabajo. Adoraba cantar y el grupo que habían formado, pero eso también implicaba ir de ciudad en ciudad, no tener ni un solo momento de privacidad…o tener que ver como muchas fans se colgaban del brazo de Tom suspirando.
Él quería ser una de ellas, colgase de su brazo y dejarse fotografiar encantado. Robar un beso de sus labios con todo el mundo mirando…
Sentía que la cabeza le iba a explotar, todo eso ya lo había hablado con Tom en su momento y sabían que su amor tendría que ser un secreto, nadie se debía enterar o serían separados sin remedio.
Pero no podía dejar de pensar en eso cada vez que le daba un bajón, o se moría por ir al lado de Tom. Le necesitaba en esos mismos momentos, sentado a su lado en el sofá escuchando la música, puede que incluso Tom le sacara a bailar y aunque el jamás de los jamases bailaba…por él lo haría con los ojos cerrados…
—¿Estás bien?
La voz de David le hizo pestañear y mirarle sin entender.
—Te has quedado tan callado de repente…y con una triste expresión en la cara—explicó David.
—Me duele la cabeza—murmuró Bill frotándose la frente con una mano—La música está algo alta y el ambiente está cargado.
—Oh pues…el baño principal está ocupado, pero en el de de mi dormitorio hay también un bote de aspirinas—explicó David levantándose al momento.
Pero no tuvo oportunidad de ir, Georg había dejado caer sin querer el vaso que tenía en sus manos y éste se había hecho añicos con el suelo.
—Lo siento—se disculpó Georg recogiendo algunos cristales.
—Deja, no te cortes—dijo David yendo en su dirección—Bill, ve a por las aspirinas tú mismo. Y si te sientes peor túmbate un rato en mi cama.
Bill asintió y se dirigió al dormitorio de David…no sin antes dirigir una furtiva mirada a Tom. Caminó por el largo pasillo que separaba el dormitorio de David del salón, pasando por la cocina y la habitación que David usaba como despacho cuando trabajaba en casa.
El dormitorio se hallaba «bastante» alejado, lo que daba toda la privacidad necesaria. Entró en el y dejó la puerta entre abierta sin poder dejar de sonreír. Era como si lo hubieran planeado, Georg provocó una distracción en el momento adecuado y él pudo escabullirse al sitio pensado.
No pasó ni un minuto hasta que llegó un sonriente Tom, quien cerró la puerta tras de sí.
—Deberíamos hacerle un regalo a Georg—comentó sin dejar de sonreír—Por querer ayudar ha tirado la bandeja de los pasteles sobre el sofá y David no lo ha estrangulado con sus propias manos. Gracias a él tendremos unos minutillos más extras.
—Pues venga, muévete—dijo Bill pasándose la lengua por los labios.
Estaba realmente excitado, le ponía el poder ser descubiertos más teniendo cuenta que no podían candar la puerta. Y a Tom le pasaba lo mismo, al momento se encontraba estrechándole en sus brazos al tiempo que se apoderaba de sus labios y los devoraba.
Sus manos no perdían el tiempo tampoco, ya se encontraban subiéndole la camisa a Bill, tratando de desabrochar esos pantalones de cuero que llevaba, tan ajustados que parecían una segunda piel. Aún flotaba en su mente la adorable visión de verle desfilar, como su culito respingaba con cada paso que da daba…volvió a ponerse duro con solo pensarlo, como en el salón cuando todos miraban a su hermano y él babeaba medio empalmado…
—¡Joder!—gritó sin poderse contener.
—No grites…aquí no…—le riñó Bill poniendo un dedo contra su labios.
—Perdón—se disculpó Tom en voz baja besando ese dedo de uña larga—Pero es que.. ¿dónde demonios está la cremallera?
No obtuvo respuesta alguna, a Bill le había dado un ataque de risa y se veía incapaz de hablar.
—Vale, genial—resopló Tom.
—Ais…espera, espera…—pidió Bill entre risas—Es que era una sorpresa.
Tom le miró sin entender, hasta que le vio girarse y darle la espalda levantándose el borde de la camisa que llevaba.
—¡Ostras!—masculló sin poderse contener.
Los pantalones que Bill llevaba tenían la cremallera justo en su lindo trasero, no sabía como no se había fijado en ese detalle cuando desfiló ante sus ojos. Claro, que si solo se fijaba en ese culito que Bill tenía normal que no viera ese detalle.
—¿Y eso?—preguntó sonriendo.
—Cuando lo vi supe que serían ideales para una noche con prisas—empezó a explicar Bill—Así no perderíamos tiempo.
—¿Me estás diciendo que…que no llevas nada debajo?—preguntó Tom frotándose la entrepierna con una mano.
—Lo pensé, pero al final dije que no—negó Bill—No quería mancharme yo mismo los pantalones.
Nuevamente Tom le miró sin saber a qué se refería, solo podía pensar que si no se daban prisa sus pantalones si que iban a mancharse por su culpa.
—Compruébalo por tí mismo—susurró Bill encantado con la situación.
Volvió a girarse y se acercó a la cama, cogiendo un cojín sobre el que recostó su estómago, quedando así sus caderas algo más elevadas. Esperó con una amplia sonrisa en los labios hasta que sintió los temblorosos dedos de Tom bajar la cremallera de los pantalones.
—Si no llevas nada—comentó Tom aún confuso.
—Mira mejor—insistió Bill—Y date prisa, perdemos un tiempo valioso.
Tom el obedeció, separó un poco la tela del pantalón y entonces…entonces lo vio…
—¡Llevas un tanga!—exclamó acordándose de no elevar la voz.
—Sí, y no veas lo incómodo que es—resopló Bill—Me he pasado toda la cena inquieto en la silla.
—Ya te veía algo raro, pero pensé que era por lo que nos esperaba—dijo Tom acariciando sus suaves nalgas.
Sonrió al escuchar el gemido que se le escapó a Bill y volvió a pasar las manos por su desnuda piel. Podría pasarse así un buen rato, pero recordando que no contaban con mucho tiempo y sintiendo su entrepierna a punto de explotar decidió liberarla y masturbarse un poco mientras pensaba como lo iba a hacer.
No tuvo que pensar mucho, cogió con una mano la tira elástica que Bill llevaba entre sus nalgas y la puso a un lado, teniendo entonces todo el campo libre.
—Eres mío—susurró echándose sobre él.
Se aferró a sus caderas con una mano, las elevó con cuidado y tras lamerse la otra mano y pasarla por su miembro, le dirigió hacia la entrada de Bill penetrándole poco a poco. Ya no hacía falta que lo preparase mucho, tras tantas veces como lo habían hecho a lo largo de las últimas semanas Bill estaba más que preparado.
No le costó entrar en su cuerpo y una vez dentro se aferró a sus caderas con ambas manos y empezó a embestirle, haciendo que su cuerpo se hundiera en la cama de David.
Era mejor de lo que habían planeado, el hecho de que podrían ser pillados, las dos sorpresitas que Bill le guardaba…sentía que no iba a durar mucho y trató de frenar el ritmo pero si él estaba excitado Bill también lo estaba.
Tras sentirle entrar en su cuerpo, Bill cerró los ojos y se acomodó al ritmo de las embestidas. Llevó una mano a sus partes y se acarició sobre la tela, sentía una erección luchar contra ella. Sonrió al tiempo que se mordía el labio inferior para no gritar, cada embestida de Tom daba en el punto exacto y no pasaron dos minutos hasta que sintió los primeros espasmos del orgasmo.
Se frotó con más fuerza y separando los labios dejó escapar un gemido ahogado al tiempo que se derramaba dentro del tanga.
Fue eso lo que sintió Tom, como su miembro era aprisionado por las nalgas de Bill al tensarse, y entonces él también se derramó en su interior….
Continuará…