Fic TWC de lyra
Capítulo 8
No pudo evitar dejarse caer sobre Bill, estaba agotado. Una cosa era hacer el amor con calma teniendo la intimidad necesaria, y otra estar pendiente de ser pillados de un momento a otro. ¿Qué cara pondrían los demás si de repente uno de ellos entrara por la puerta y les pillara en mitad de la faena? Dos hermanos que se amaban, haciendo el amor sobre la cama del productor…
—Me aplastas—murmuró Bill entre jadeos.
Tom sonrió y besándole en el cuello se movió saliendo de su cuerpo. Se sentó a un lado en la cama, recuperando el aliento perdido mientras colocaba sus ropas. También le echó una mano a Bill, volvió a colocarle el tanga donde estaba y subió la cremallera de sus pantalones de cuero.
—Estoy exhausto—gimió Bill rodando por la cama.
Se quedó tumbado, con su pecho subiendo y bajando agitado. Tom se inclinó sobre él para verlo mejor, sus ojos tenían una luz especial y sus mejillas estaban sonrojadas. Se inclinó más sobre él y se apoderó de sus labios, besándoselos con suavidad una y otra vez, hasta que escuchó pasos en el pasillo y se levantó de golpe.
—Tranquilo, que no es aquí—dijo Bill sentándose en la cama.
Tom escuchó con más atención, dándose cuenta que había sonado en el piso de al lado. Suspiró aliviado sentándose de nuevo en la cama, pensando porque eran tan delgadas las paredes. ¿Quizás les había escuchado el vecino de al lado? Habían aprendido a hacer el amor sin apenas ruido, mordiéndose los labios si era necesario para impedir que saliera de ellos algún gemido incontrolado, pero muchas veces les era difícil contenerse.
—Hoy ha sido un día movidito—dijo Bill en un suspiro.
Tom asintió y levantando un brazo lo puso sobre sus hombros, atrayéndole a su pecho. Sintió como Bill se recostaba contra él y suspiraba, alzando la cara para mirarle. Tom bajó la suya, sus labios estaban a punto de encontrarse de nuevo…entonces la puerta se abrió y antes de que pudieran reaccionar entraron dos personas con algo de prisa.
Los hermanos no sabían que hacer o decir, solo observar como el dueño de la casa se besaba con una chica a la que no podían ver la cara desde donde estaban, solo una melena rubia y larga…
—¡Natalie!—se le escapó sin querer a Bill.
Los recién llegados se separaron de golpe y miraron a los hermanos muy avergonzados.
—¿Qué hacéis aquí?—preguntó David cerrando al puerta del dormitorio.
—Descansaba un poco—contestó Bill sintiendo que se sonrojaba también—Dijiste que…que si me sentía peor podía descansar un poco en tu cama.
—Si…es verdad, perdona—murmuró David carraspeando—Se me había olvidado…
—¿Qué se te había olvidado?—murmuró Natalie, mirando a David con ganas de estrangularle.
—Bill no se siente bien—intervino Tom levantándose de la cama.
—La cabeza me está matando—explicó Bill imitándole.
David asintió y decidió que era hora de dar la fiesta por terminada. Abrió la puerta de su dormitorio y salieron de el los cuatro, caminando en silencio por el largo pasillo.
—¿Dónde os habíais metido?—preguntó Andreas al verlos juntos.
—Fuimos a ver si Bill estaba bien—contestó David por todos—Le duele mucho la cabeza y ya se va a casa.
Todos asintieron, llevaban casi 3 horas y había llegado el momento de irse cada uno a su casa. Recogieron sus abrigos y se despidieron del productor, agradeciéndoles la cena.
—Conducid con cuidado—dijo David, dirigiéndose a Tom en particular.
Tom asintió y esperó su turno para despedirse de Dunja, quien llevaría a casa a Silke y a Natalie.
David aprovechó que Bill estaba solo y se le acercó con la excusa de confirmar dos sesiones de fotos para la próxima semana.
—Espero que mañana te encuentres mejor—murmuró David.
—No es nada—murmuró Bill a su vez.
Sabía que David quería darle una explicación por lo que había visto, aunque él no se la había pedido. No hacía falta, él y Natalie eran adultos y no tenían que dar explicaciones a nadie, y menos a dos niños.
—Yo…nosotros…—empezó a decir David en voz baja—Os pediríamos discreción. Llevamos viéndonos unos meses y aún es pronto para hacer pública la relación. Aparte de la publicidad que traería…
Bill asintió, no iba a decir nada a nadie y sabía que tampoco Tom.
—Hacéis buena pareja—comentó sonriendo.
—Gracias—dijo David imitándole.
Bill asintió y viendo que no había más que le quisiera decir se fue a reunir con su hermano y sus amigos. Salieron todos del apartamento de David y una vez en el parking se despidieron de las chicas y entró cada uno en su coche.
—¿Puedo conducir yo?—pidió Gustav dirigiéndose a Tom—Mañana se llevarán el coche y quisiera probarlo.
Tom asintió y le pasó las llaves. Se sentó atrás entre Bill y Andreas, que parecía sumido en sus pensamientos.
—Ha sido una buena cena, ¿verdad?—preguntó Gustav arrancando.
—Ha salido mejor de lo que me esperaba—contestó Tom mirando a Bill de reojo.
—Opino lo mismo—apuntó Andreas.
—¿Y eso?—preguntó Gustav con interés.
—Natalie casi ha caído a mis pies—contestó Andreas sonriendo.
—¿De verdad? Pues no lo parecía—dijo Gustav picándole.
—Es verdad—intervino Georg—Le ha hecho más caso a David que a cualquier otro.
—Parecía que había algo entre ellos—dijo Gustav riendo.
—Estás borracho—saltó Andreas enfadado—Entre ellos no hay nada, no hay más que verlo. No hay…no hay chispa. Se han pasado toda la noche hablando de asuntos del trabajo, se notaba entre ellos una gran frialdad.
Pero Georg y Gustav siguieron en sus treces, picando a su amigo con un posible romance entre su productor y su estilista y maquilladora. Sabía que era mentira, nunca antes habían visto nada que hiciera sospechar que entre ellos había algo más que una simple amistad.
—Seguro que ahora Natalie está dando la vuelta al coche y pasará la noche con David—siguió picando Georg.
—Di lo que te dé la gana, sé que es mentira—insistió Andreas—La próxima vez que la vea pienso pedirla una cita, te vas a tragar tus palabras.
Bill y Tom escuchaban en silencio, se miraron y tímidamente sonrieron. Solo ellos dos sabían que las palabras de sus compañeros de grupo eran acertadas. Pero no iban a contar nada, era un secreto que ya saldría a la luz en el momento adecuado, si es que tenía que saberse.
David y Natalie estaban «condenados» a verse secretamente.
«Como nosotros»—pensó Tom mirando a Bill fijamente.
Bill asintió como si le hubiera leído la mente, y aprovechando la acalorada discusión que se había desatado sobre si Andreas tendría alguna vez una posibilidad con Natalie, se atrevió a coger a Tom de la mano. Sus dedos se entrelazaron y sin dejar de mirarse a los ojos, se dijeron todo sin palabras.
«Te amo con toda mi alma…»
&
Una semana después el grupo se hallaba sumergido en la gira de nuevo. Terminado uno de sus numerosos conciertos viajaban rumbo a Praga a bordo del gran autobús. Era de noche, David una vez más iba sentado al lado del chófer trabajando en su portátil. Tom había subido a acostarse y Georg acababa de entrar en el baño. En el piso inferior solo quedaban Gustav y Bill, el primero leyendo un libro y el segundo terminándose un bol con cereales.
Gustav le observaba con disimulo, su amigo no iba maquillado a esas horas de la noche y desde donde estaba podía apreciar unas grandes ojeras bajo sus castaños ojos. Sonrió oculto tras su libro, hacía tiempo de esa lejana conversación mantenida y se moría de curiosidad por preguntarle que tal le había ido.
Y que mejor ocasión que esa, estando los dos a solas como la vez anterior. Esperó a que terminara su tentempié y cuando le vio pasar por su lado dejó el libro sobre la mesa y se le quedó mirando.
—¿Qué tal?—preguntó esbozando una sonrisa.
Bill se encogió de hombros como respuesta y siguió su camino. O eso trató, pues Gustav parecía tener ganas de conversar.
—Se te ve cansado, ¿va todo bien?—insistió Gustav mirándole fijamente.
Bill se le quedó mirando alzando una ceja, pensando que le podía contestar. Entonces cayó en la cuenta que con él no hacía falta ser discreto, o no tanto. Ya habían mantenido una conversación tiempo atrás y nuevamente tenía ante él un nuevo problema de temática sexual.
Negó con la cabeza y se ocupó un asiento al lado de su amigo, que esperó en silencio a que hablase.
—Estoy agotado—confesó Bill sonrojándose.
—¿Sigues viéndote con el mismo chico?—preguntó Gustav, viéndole asentir—¿Y has puesto en práctica lo que te dije?
Bill asintió de nuevo mordiéndose el labio, le daba algo de vergüenza tocar ese tema con Gustav pero si una vez le dio el consejo adecuado, en esa ocasión no iba a ser distinta.
—No…no puedo más—empezó a decir Bill en voz baja—Al principio era todo maravilloso, lo hemos hecho en todos los lugares que se nos han puesto al alcance, nos pasamos el tiempo pensando donde hacerlo y yo…yo ya no puedo seguir así. No me concentro pensando que nos pueden pillar en cualquier momento y…estoy tan agotado…
Gustav le escuchaba en silencio, su amigo estaba abatido. Le había estado observando desde entonces, al principio le veía muy animado y siempre sonriendo, pero en esos momentos estaba punto de echársele a llorar.
—Tenéis que daros un tiempo de respiro—dijo Gustav tras mucho pensarlo—No digo que lo dejéis, solo que…no sé, probad a estar unos días sin nada de sexo. Luego lo cogeréis con más ganas.
—Eso mismo pensaba yo—murmuró Bill—Pero tengo miedo, mi…mi pareja es muy activa en cuanto al sexo y no sé como se tomará que le pare los pies cuando yo mismo lo empecé todo.
—Háblalo con él—dijo con firmeza Gustav—Lo entenderá.
Bill asintió con la cabeza, era lo que tenía que hacer. Tom era muy compresivo, y sabía que no se iba a enfadar porque le pidiera unos días de calma, por mucho que le costara. Y como Gustav bien había dicho, pasado ese tiempo lo retomarían con más ganas.
Le dio las gracias y subió a acostarse. Una vez arriba y viendo que no había nadie más, se puso esa vez un pijama y se metió con Tom en su cama. Pero se quedó quieto tumbado sobre su espalda, con los ojos fijo en el techo escuchando el silencio, roto por una suave respiración.
Permaneció así unos minutos hasta que le sintió volverse en sueños, poner una mano sobre su vientre y acariciárselo con los ojos cerrados. Se dejó hacer, separó los labios y suspiró al sentir esa mano meterse por el pantalón de su pijama y querer ir más abajo. Pero no lo permitió, puso su mano sobre ella y la retuvo haciendo que Tom se despertara.
—¿Qué pasa?—preguntó Tom sin entender.
—No…no tengo ganas—musitó Bill conteniendo el aliento.
—Yo…yo también estoy cansado, pero al sentirte a mi lado pensé que querías y…bueno, ya sacaría las fuerzas de donde fueran—confesó Tom entre risas.
Bill se echó a reír también, estaban los dos igual de cansados pero no se atrevían a decir nada por miedo de perder a su contrario. Se dio la vuelta en la cama quedándose de lado, mirando a Tom fijamente a los ojos.
—He vuelto a hablar con Gustav—empezó a decir—Se lo he contado por encima y me ha dicho que nos demos un tiempo. Nada de sexo por unos días, y que luego lo retomaríamos con más fuerza.
—No hay que forzar la situación—dijo Tom de acuerdo con sus palabras—Ya lo haremos cuando sea…donde sea…
—Como sea…—cantó Bill en voz baja.
Tom se echó a reír, no era la primera vez que le oía cantar esa canción. Era de una de sus artistas favoritas, Nena, y desde bien pequeño le había escuchado cantar algún tema de ella. Suspiró y abriendo los brazos se abrazó a él con los ojos cerrados.
—¿Con quién sea?—susurró alzando una ceja.
—Solo contigo—dijo Bill con firmeza.
Tom asintió conforme con sus palabras al tiempo que se estiraba en la cama.
—¿Dormimos un rato?—preguntó otra vez suspirando.
—Si, por favor—contestó Bill acomodándose entre sus brazos.
Tom le acogió en ellos y bajando la cara le besó en el pelo suspirando. No podía dejar de amarle con toda su alma, se había desvivido para que su relación no cayera en la rutina, habían pasado unos meses maravillosos amándose a escondidas y ahora solo tocaba descansar para coger fuerzas.
Ya se les ocurriría nuevos lugares donde amarse y besarse, y cuando el cansancio pudiera de nuevo con ellos solo tenían que buscar una cómoda cama donde hacer realidad sus sueños…
FIN
Y fin….sé que aún hay miles de sitios donde lo pueden hacer, pero eso ya lo dejo para vuestra imaginación, que la mía ya se agotó de tanto pensar donde lo harían, como y cuando.
Gracias una vez mas por leer!!!