«EaaRumA» Fic de MissAnunnaki

Capítulo 11

Tuvimos que dejar la camioneta atrás debido a que una de sus ruedas se pinchó, y como no había repuesto, nos vimos obligados a abandonarlo. Me daba pena hacerlo, había sido mi primer y único vehículo, y debía dejarlo porque a la señorita loba se le había dado por manejar, todos nos negamos a excepción de Hagen, por lo que el final era el que ya se conocía. Pero no estaba enojado con ella, sino por el berrinche que armó Moritz para que la dejáramos manejar, había un capricho dentro del caos que nos rodeaba, no quería tener más problemas así que por eso cedí; fue una mala idea.

-Lo sé, soy mala para la vida mundana. -decía decepcionada Riza, todos íbamos por la carretera, a media mañana peregrinábamos como unos religiosos. Nadie se quejaba del dolor de pies y rogábamos por no encontrarnos con algunos vampiros, o con el mismísimo Bart.

-No es que seas mala, lo tuyo en realidad es la vida salvaje -Yo no sabía a qué jugaban esos dos, Hagen la seguía tratando como antes, solo en ocasiones se comportaba como un idiota profesional.

Y ahí iban de nuevo, ellos empezaron a atrasarse porque la discusión había tomado lugar, Bill tan solo los miraba con una sonrisa divertida mientras pasaba por al lado, yo le observaba e intentaba comprender cómo era que podía detectar las cosas con tan solo echarles un vistazo. A él le había tomado un segundo en darse cuenta de lo que se traían esos dos, en cambio, yo tardé años en saberlo.

– ¿Cuánto queda para llegar a Dresde? -preguntó Riza saliendo de la discusión.

Dresde era el único camino hacia la libertad, en realidad podríamos haber tomado el lado opuesto, pero salir hacia la República Checa era lo mejor. Debíamos abandonar Alemania cuanto antes, aunque tenía la leve sospecha de que no podría hacerlo, no sin antes cruzarme con Bart. Y aunque Bill se negaba a que lo viera, yo tenía un plan en mente. Debía retrasar el grupo, solo así se acercarían, y junto a todo el mundo, Bart vendría a por mí cabeza.

Sabía que era una idea arriesgada y bastante estúpida, pero era la única manera de hacerles quedar en el país. Constantemente sentía un aura densa que nos rodeaba, no sabía si solo yo lo sentía, quería preguntarle a Bill pero sabía que se negaría a aceptarlo; él haría lo que fuera para desviarme de ese anticipado encuentro. Y si íbamos al caso de preguntarle a Hagen, que también tenía el mismo don que yo, pero mucho mejor, tampoco me lo iba a decir, porque no quería crear pánico.

-Será mejor que nos apresuremos. -habló Riza. -Algo está oliendo muy mal aquí.

Miraba a su alrededor como si desconociera el entorno, observaba con incertidumbre y ansiedad. Pronto todos empezamos a hacer lo mismo, Bill aplicaba su sistema de rastreo y nos abandonó en un segundo. Lo que me preocupaba era la actitud defensiva de Hagen, tomó sus herramientas de defensa y trotó hasta colocarse detrás de mí, quedando yo en el medio. La loba nos volteó a ver y me tomó de la muñeca, comenzó a tironear para que emprendiéramos la caminata; todo me tomaba desprevenido, no sabía lo que ocurría, pero cuando puse en práctica mi don, me daba cuenta de que el aura que rondaba cerca de nosotros comenzaba a asfixiarme, antes nos acechaba y mantenía cierta distancia, pero no por eso dejaba de ser tan molesto. Ahora era insoportable y te daban ganas de salir corriendo.

-Hagas lo que hagas, no sueltes mi mano. -Riza había adoptado el rol de madre, a tientas enviaba información al cerebro para tratar de calmarme. De repente una guerra en mi cabeza se iniciaba: la lucha por defenderme o dejar ser defendido. La razón y los sentimientos empezaban una disputa por la salvación.

Por mi parte, quería quedarme y ver quien venía tras nosotros, tras de mí, pero otra, me decía que era preferible actuar como un cobarde y retirarme antes de enfrentarme con el enemigo. ¿¡Pero yo no era así!? Sabía que éstas cuestiones eran originadas debido a la sensibilidad que Bill había despertado en mí. Era una armonía y un caos que se ensalzaban, me ponían inestable, me hacían dudar de mi posición. Mi misión era defender a los demás, ¿Cómo debía actuar ahora, si el afectado era yo? Me tocaba a mí ser el vulnerable, sintiéndome un mundano más. Pero no, ¡No debía ser el indefenso! Yo estaba en ésta reencarnación para salvar a los mundanos de los vampiros, estaba en ésta vida para eliminar a Bart, y acabar con ésta eterna maldición que le hacían tanto mal a Bill, mi Bill.

– ¡Espera, Riza! -Me zafé de su agarre, ella me miró algo sorprendida debido a mi voz elevada. -No quiero huir, ¿Para qué hacerlo? Quiero saber quiénes están por matarme.

– ¿Tú estás loco? -Se señaló con el índice en la sien, el entrecejo fruncido se presentó y el total desconcierto tomó lugar en ella. – ¿Quieres que te maten? ¿Quieres volver a morir?

-Quiero terminar con esto de una buena vez. -lo admití, si no tomaba las riendas ahora, si no le ponía el pecho a la bala en esta oportunidad, quizás nunca podría volver a hacerlo. -Soy cazador en esta vida, ¡Puedo matarlo!

-Hasta te crees el héroe. -masculló Moritz, quién nunca presentaba preocupación por alguien en una situación tan dramática. -Tenemos que irnos, Tom.

– ¿Y dejar que se salgan con la suya de nuevo? -les miré a ambos, no supieron contestar. -si muero, al menos podré volver a ver a ese malnacido antes.

Riza se alertó otra vez, gruñó aún sin saber de quién se trataba la presencia. Me puse a pensar que, quizás, Bart no sería tan estúpido de salir a la intemperie como si nada; deducía que primero mandaría a alguien en su nombre. Sí, eso podía suceder en este instante.

-Debes apresurar el paso. -Me giré en noventa grados y Bill estaba atrás de nosotros. -Si no haces lo que te digo, te obligaré a cumplirlo.

Un viento nos cubrió de repente, la mañana se tornaba gris y silenciosa, escalofriante y temeraria. Sospechaba de alguna clase de magia negra, el día parecía estar lindo y de la nada todo se volvía opuesto. La soledad era nuestra compañía, no había nadie en la carretera, estábamos siendo intimidados por algo o alguien que, por el momento, se rehusaba a dar la cara. Eso comenzaba a fastidiarme, ya que sembraba el misterio antes de dar la presencia final. Odiaba que hicieran eso; normalmente los vampiros clase D hacían ese tipo de cosas. Ellos provocaban cualquier efecto en cierto lugar, te mareaban o confundían, armaban pequeños números para poder tener una entrada triunfal, y atacar a su presa con facilidad, cuando el inocente no podía defenderse debido al espectáculo que habían montado para él.

Oímos unos gritos, y luego, a una velocidad irreconocible, podíamos ver que unos vampiros se desplazaban hacia nosotros con una locura incurable por la carretera. Sus ojos estaban completamente en blanco, corrían con total desequilibrio pero lo hacían a gran velocidad que eso no importaba. Ahora ya no pensábamos en huir, era demasiado tarde, ahora debíamos procurar cuidar la espalda del otro. Yo debía defenderlos a ellos, tenía que protegerlos, aunque muriera en el intento.

-Debes irte, ¡Ahora! -me ordenó el vampiro a medida que caminaba para ponerse adelante de nosotros y protegernos. Su andar era determinante, me causaba una gran impresión, siempre lograba que me sorprendiera de lo que hacia.

-Ni hablar. -le desafié. -No moriré aquí.

Los dos nos miramos directo a los ojos. Tenía que grabar esa mirada en mi largo plazo y en el alma, para así recordarlo la próxima vez, aunque no iba haber otra. Sus ojos color miel se cristalizaban, o solo era parte de mi imaginación. Su cabello se mecía debido al brusco viento que nos rodeaba a todos, sus labios estaban presionados uno con el otro, intentando dar una expresión de fastidio pero me causaba un poco de gracia en el fondo.

Los dos pasamos a tener un protagonismo que nos llevaba más allá de la realidad. Veía como ese rostro permanecía, y lo único que cambiaba era su cabello y la ropa que traía. Mi corazón latía con fuerza, un montón de recuerdos pasaron por mi cabeza y esos enternecedores ojos que transmitían calidez seguían fijándome, envolviéndome más y más en esa utopía, donde solo él y yo vivíamos. Ese lugar donde solo existíamos nosotros, donde podíamos amarnos sin pensar en la muerte, donde todo era eterno.

-No voy a permitir que te arrebaten la felicidad de nuevo. Lo prometo.

Le dije luego de unos segundos. No podía calificar su mirada luego de eso, parecía de alegría pero también de tristeza. Era como si estuviera contento por hacerle esa promesa, y al mismo tiempo, parecía estar triste, porque era seguro que se lo había dicho en mis anteriores vidas, y siempre terminaban en fracasos. Pero esta vez era totalmente diferente, ahora era cazador, y un cazador podía exterminar hasta al más antiguo de los vampiros.

Yo podía exterminar a Bart, y lo haría con mis propias manos, aunque tuviera que eliminar a medio mundo vampírico.

&

La adrenalina y el sudor frío, que comenzaba a salir por mi cuello del apretujamiento que estaba sintiendo, debido al problema en el que nos estábamos metiendo, me hacía sentir con absoluta ansiedad. Esos vampiros empezaron a desaparecer y aparecer en otros lugares, por lo que rápidamente mis compañeros decidieron moverse, y me encontraba solo en un instante. Riza saltaba a un par de demonios que desgarraban los tímpanos con sus gritos, ellos lucían temerarios, sus ojos blancos me hacían dar cuenta de que estaban bajo un mandamiento. Los vampiros no tenían ese color de ojos a menos que fuera alguna clase de brujería, y eso tenía que ver con la mundana. Seguramente ella había mandado a éstos para poder hacernos perder tiempo.

Observé fijo que uno se me acercaba con suma rapidez, no lo había visto venir, por lo que intentó morderme a la primera, pero lo único que obtuvo fue hacerme caer para atrás, sosteniéndolo por sus hombros, al tiempo que observaba sus dientes. Siempre era la misma escena pero diferente chupasangre, en ocasiones quería rendirme y dejar que me mordiera, pero luego, antes de encontrarme con Bill nuevamente, decía que no debía morir, que todavía no había llegado mi hora. Por desgracia, la hora había llegado, solo que no iba a morir en manos de un vampiro estúpido, sino de un vampiro antiguo.

Le di una patada y saqué el arma blanca que, por ahora, era lo único con lo que podía defenderme. Se lo clavé enseguida en el pecho y éste me quedó mirando, el cuchillo estaba cerca de su corazón, lástima que no había dado en el punto exacto, pero era indicio de que su final estaba cerca. El vampiro dejó de mostrarse como mi enemigo y se quedó estupefacto, sus colmillos a la intemperie me amenazaban, sus ojos ya no estaban de color blanco, tomaron su color común cuando quería alimentarse. Por un instante permaneció inmóvil, pensaba que era porque había bloqueado algo con respecto a lo que le habían inculcado.

Y luego lo desconocí, se transformó en un animal incontrolable, sus ojos se volvieron azules y perdió el control. Comenzó a retorcerse y quería abalanzarse a mí como podía, yo luchaba, con una mano sosteniendo el cuchillo y moviéndolo, y con mi brazo atajándolo por el cuello para que su rostro no se acercara al mío. La fuerza y voluntad comenzaron a tomar lugar, entonces ejercí aquellos con todo, logrando que retrocediera, eché un grito al quitar el cuchillo, para luego incrustárselo de nuevo, y esta vez, en el lugar perfecto. Lo empujé cuando me di cuenta de aquello, entonces me puse de pie para continuar, necesitaba saber cómo estaban las cosas y todos estaban ocupados.

Logré correr hasta toparme con otros, miles de recuerdos con respecto a mis reencarnaciones se me venían, por lo que comencé a efectuar esos mismos movimientos. Giraba sobre mí, extendía el brazo con la fuerza necesaria para mantener firme el cuchillo que era mi única arma, apretaba los dientes mientras calculaba la distancia entre la próxima víctima y mi defensa. Las piernas actuaban por voluntad de quién sabía qué, se desplazaban como si estuviera coordinando los mismos de las reencarnaciones, pronto el paisaje a mí alrededor cambiaba, transformándose en otro lugar, llevándome a vidas pasadas. A muertes que aún no habían sido concluidas porque antes debía luchar por eso; la misma situación, diferente vida y circunstancia, los mismos movimientos; distinto tipo de vestimenta pero misma ira, similar rencor hacía el único que me hacia morir, una y otra vez.

Pero, a diferencia de esos movimientos, lo que no contaban mis antepasados, era que yo no iba a dejarme matar por alguien, si Bill había intervenido en todas esas vidas para ser quien era hoy, no le iba a defraudar. La muerte ya se me hacía un juego, siempre terminaba perdiendo, pero estaba decidido a que, esta vez, eso iba a ser diferente. No iba a ser yo quien se hundiría, Bart pagaría por todo el sufrimiento que le había ocasionado en todo este eterno tiempo para él.

Oí el grito de Riza, miré por sobre mi hombro y, por intuición, me coloqué de cuclillas elevando la vista, y la loba saltó sobre mí para llevarse entre sus amenazantes dientes a un vampiro que estaba por atacarme. Siguió trotando, al tiempo que veía que otros se ponían sobre ella y gruñía por el dolor que sus colmillos le ocasionaban. Agradecía que los lobos solo iban a ser lobos, el veneno de los vampiros les era inmune, así que no terminarían siendo como ellos si les mordían o rasguñaban, el daño que les ocasionaba era como cualquier tipo de daño.

Me estamparon contra el suelo, mi cara adolorida se arrastraba por el pavimento. Alguien me llevaba a rastras, sentían como unas garras que se clavaban sin compasión sobre mis piernas, estiraba las manos para agarrarme de algo, veía que mi cuchillo lo había abandonado hacia unos cuantos pasos atrás. Me sentía indefenso, porque mi cuerpo era atormentado por el frío y duro pavimento, mi torso estaba siendo rasgado y podía percibir el aroma a sangre por las lastimaduras que me generaba. Me di la vuelta y logré ver que otro vampiro me tenía en su poder, alejándome del grupo. Les observé y Hagen se percató de aquello, por lo que empezó a correr tras de nosotros y, con su arco, nos apuntó con la flecha, pero no podía concretarlo, ya que unos se le tiraron encima y evitó de que siguiera siendo llevado como un animal herido.

Las patadas siempre estuvieron presentes, mi corazón se aceleraba a tal punto que pensaba que me iba a desmayar de tanta adrenalina junta. Eché otro grito al sentir mi cuerpo en el aire, abandonando el suelo. Mis brazos colgaban y podía ver todo de cabeza, moví la vista para ver de qué iba todo eso y alguien se llevaba al vampiro que me tenía sujeto entre sus garras. Cuando verifiqué quién se lo llevaba, Bill estaba completamente fuera de sí, sus ojos estaban extremadamente azules, tan escalofriantes y furiosos. Su mano estaba presionando el cuello del vampiro, las garras de pronto no se sentían tan aferradas a mi piel, y en un segundo, me sentía liberado. Pero lo que no tenía en cuenta, era que estaba cayendo directo al pavimento, y sin ningún bloqueo esponjoso, mi muerte anunciada iba a ser estampando contra la carretera.

La brisa era acribillante, parpadeaba constantemente debido a que el viento me secaba la retina. Mi cuerpo estaba muy ligero, todo se ponía denso nuevamente, y mi vida se pasaba frente a mis ojos, como si fuera que el final se acercaba. Suponía que así era. Me estaba por morir de la forma más estúpida posible, estaba por reencarnar de nuevo en otra persona, pero lo triste era que tenía que esperar a que Bill me encontrara, sin contar que tendría una amnesia eterna, hasta que algo lograra desbloquearlo, despertando en mí todos mis antepasados y el amor que sentía por el vampiro.

Eso era demasiado triste, porque él debía pasar por todo de nuevo, debía buscarme, amarme en silencio y tener paciencia para que recordara. Me sentía muy mal entonces, y al mismo tiempo, el miedo me envolvía hasta que me digné a cerrar los ojos para no tener que ver el impacto estúpido de mi cuerpo contra ese negro brillante, que me esperaba con los brazos abiertos.

&

Era una lucha, una lucha entre la luz y la oscuridad, se ensalzaban, demostraban quién era más poderoso que el otro, al tiempo sentía presiones en mi panorama, se volvía difuso y estaba frío. Podía sentir una brisa que me devolvía a la realidad, entonces la luminosidad ganó, porque había abierto los ojos. Me encontraba rodeado de pinos y árboles desnudos, sus esqueletos me resguardaban de algunas gotas de lluvia que comencé a rescatar cuando recobré el sentido. Parpadeé seguido debido a que me molestaba, las nubes grises pasaban de forma rápida por el manto blanco que los cubría.

Sentía todo mi cuerpo congelado y me ardía por ello, fruncí el ceño y me senté.

¿Cómo había parado aquí? ¿Habré muerto y me encontraba en un sueño eterno hasta despertar nuevamente? La confusión me invadía por completo, un escalofrío abrazó mi espalda y eso me hizo levantarme del suelo mojado. Retrocedí varios pasos, la desesperación y la alteración tomaban lugar en mi cerebro, no reconocía este lugar por nada del mundo, ni siquiera sabía si había muerto en verdad, porque antes de impactar había cerrado los ojos. Parecía que había entrado en un coma luego de eso, ya que no recordaba lo que había sucedido después.

Giré sobre mí dos veces, tratando de encontrar alguna salida segura, pero me encontraba en el interior de un bosque, y no sabía para qué dirección ir. Tanteé el cuerpo con las manos y todo estaba en su lugar, no había muerto, no sentía dolor, solo un mareo que no me dejaba estar tranquilo. Percibía algo terriblemente hipnótico, un aura andaba cerca, y no solo era esa, habían demasiadas pero esas eran feas, no denominaban algo agradable.

El peligro me acechaba y sabía que debía correr por instinto, no sabía si había muerto y andaba en un recuerdo, o estaba vivo y debía, esta vez, ir hacia la muerte para sentirla real. De todas formas debía correr hacia esa dirección, solo así encontraría la respuesta.

La velocidad se desató, mis piernas corrieron a una sola dirección fijada, miraba todo lo que había a mi paso, trataba de no resbalar o tropezar, de lo contrario me insultaría y no debía alterarme más por la intriga de saber en donde estaba metido. ¿Qué les había sucedido a los demás? ¿Por qué ninguno estaba cerca? ¿Dónde me encontraba? Solo esperaba que no estuvieran heridos o cautivos, porque eso me iba a poner en mal plan, y no tendría con quien descargarme ya que me encontraba solo en este esquelético bosque.

De pronto, mientras corría, veía que unas figuras se desplazaban en paralelas a mi trayectoria, no podía reconocerlos, había algo que les hacia ver difusos y no sabía si era debido a que yo corría demasiado rápido o los árboles desnudos eran demasiados y estaban amontonados uno con el otro. Por raro que me pareciera, una de las dos figuras se me hacía conocida, el aura que percibía también era agradable. Mi sentido se agudizó y me di cuenta de quién se trataba, entonces frené de golpe, y ambas figuras hicieron lo mismo.

— ¡No vayas en esa dirección! —El vampiro avanzó hasta ponerse frente a mí, nuestras respiraciones eran profundas y entre cortadas. Depositó una mano sobre mi pecho y una alegría inmensa se acogió en la misma; quería abrazarlo, pero estaba tan alterado que apenas podía reconocer que no estaba solo.

— ¿Por qué? Si Bart está ahí… —me detuve al oír unos gritos femeninos, aquellos que solo le pertenecían a una sola persona. — ¿¡Dónde está Riza!?

La otra persona que venía en paralela, se trataba de Hagen, trotaba a mí y parecía cansado. Le quedé mirando, permanecimos examinándonos, podía comprender lo que quería decirme con la intensidad de sus ojos al observarme. No quería creerlo, no podía ser cierto que eso estaba sucediendo, ¡No, esto tenía que ser una pesadilla! Quería que así fuera, solo parte de mi imaginación en un sueño eterno, pero cuanto más alto oía los gritos de Riza, más me convencía de que estaba ocurriendo en la vida real.

— ¡Tenemos que ir por Riza! —adelanté unos pasos pero fui tomado del brazo, me giré y el vampiro me observaba con incertidumbre. — ¿Qué estás haciendo?

—Es una trampa —sentenció Bill, me quedé estático, ¿Por qué usaban a Riza? ¿Por qué ella? No tenía nada que ver en todo esto, ¿Qué había sucedido en ese lapso que estuve «inconsciente»?

Y de pronto comprendí, Bart no quería matarme de forma directa, él me haría sufrir, ¿Y cómo sabía esto? Porque recordaba cuando Bill lloraba sobre mí, abrazándome, diciéndome que no le abandonara, que no permitiera que todo ocurriera de nuevo. Me dolía el pecho de tan solo volver a pensar en eso, morir para que el sufriera, hacerme pasar un calvario antes de partir era la peor parte de cada reencarnación. Pero tampoco quería quedarme de brazos cruzados, yo tenía que salvar a Riza, ella no tenía nada que ver con nosotros, ¿Por qué la tenían?

—Yo iré —habló Hagen, deposité un mano sobre su pecho y la seriedad llegó a mí, nos miramos unos segundos y luego hablé:

—No, puedes morir.

—Tu también. —La voz de Bill me suplicaba que me quedara. En parte lo creía egoísta, porque dejaba que ellos hicieran con Riza lo que quisieran, pero también le entendía: él no quería perderme de nuevo. No obstante, nadie se quedaría relajado si ninguno de los tres iba; Georg no era culpable de la obsesión de Bart, no debía morir por algo que me involucraba. Por lo tanto, y aunque Bill estuviera en contra de ello, además que debía ser así siempre, yo debía ir por ella.

—Pero él no quiere a Georg, es a mí a quien busca.

—No podemos morir, Tom —la inocencia de Moritz me causaba gracia, pero no era el momento para echarse una carcajada. Él no sabía quién y cómo era Bart, aunque o tampoco le recordaba, tal vez si le veía la cara podría reconocerlos de todas mis reencarnaciones; por ahora se mantenía en incógnita y eso lo hacia interesante. Yo negué con la cabeza.

—Tú no entiendes. —mascullé.

Ejercí tal fuerza que Bill me soltó del agarre, emprendí la caminata. Pisaba todo lo que había en mi dirección con determinación, rompiendo ramas y aplastando hojas secas que resquebrajaban contra la tierra mojada. Si ellos me querían seguir, no me iba a oponer, pero no iba a permitir que se metieran en mi asunto. Yo debía ponerle punto final a esta historia, y lo haría por mi cuenta, sin la ayuda de nadie.

—Pero no tienes con qué defenderte —La voz calma de Moritz me impresionaba, se colocó a mi lado en un trote, y me observaba. — ¿Cómo harás?

—No será necesario eso, si quiere un intercambio, tendrá que ser a golpes.

—Lo que estás diciendo es estúpido —la velocidad de Bill lo llevó a ponerse frente a mí, obstaculizando el camino. Mi vista fue directo a sus ojos, aquellos se encontraban brillosos y no era por la magnífica presencia que tenía frente a mí, o porque se quería mostrar a la defensiva debido al peligro, sino porque parecía que quería llorar. —Te estás entregando en bandeja.

—Bill, Riza no tiene porqué pagar por algo que tú hiciste.

Su boca se entreabrió al oír eso, la ira que me carcomía me impedía medir las palabras y había dicho lo que el caos tenía encerrado en su pequeña jaula. Dejó de respirar unos segundos, al tiempo que se alejaba con una lentitud penosa, haciéndome caer en la realidad que había dicho en una frase. Sentí como si algo se hubiera roto entre nosotros, comenzó a parpadear varias veces y se sintió desorientado, fruncía el entrecejo sin entender. Bajó la mirada, alejándose de mí, le seguí con la vista pero no me preocupé, ya que estaba más enfocado en rescatar a Riza.

Continué mirándolo y logré que alzara la mirada, ojalá comprendiera porqué quería salvarla, ojalá no pensara mal de todo eso, y ojalá… no dudara de mis sentimientos hacia él.

Continúa…

Gracias por la visita. Te invitamos a continuar con la lectura.

por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

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